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Asunto:NoticiasdelCeHu 930/04 - La constitución de un patio trasero europeo ( I ) ( La Insignia, España, 29/5/04 )
Fecha:Viernes, 11 de Junio, 2004  15:33:12 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 

 

NCeHu 930/04                                                                                                                                                                               


La ampliación de la UE en el contexto de la globalización

La constitución de un patio trasero europeo (I)

 

Joaquín Arriola y Luciano Vasapollo (*) 


Ampliación al este y expansión productiva

En el año 1989 empieza un cambio radical en la estructura político-económica de Europa. Es el año de la caída del muro de Berlín y del fin de todo lo que estaba detrás de aquel muro. De hecho, podemos decir con certeza que todo el continente europeo, y no sólo éste, experimentará la influencia de lo que ocurra durante estos años en la Europa central y oriental. Pues bien, estos países, aunque encontrándose en una situación fragmentaria y depresiva en virtud de los recientes conflictos internos, mostraron una considerable tendencia al crecimiento económico, lo cual atrajo a varios países desarrollados, convencidos de poder beneficiarse de las oportunidades de inversión e intercambio que tal área ofrece. Se delinea, de este modo, un nuevo escenario económico de tipo asistencial, con relaciones biunívocas y nunca más unilateral, entre estos países, la Unión Europea y la ONU. Por lo demás, resulta evidente que la UE y la ONU sólo reforzarán sus propias identidades extendiéndose al centro de Europa.

Desde aquella fecha, el Este europeo es un taller empeñado en una gigantesca modernización y en una transición al mercado, que es la parte importante de la demanda en la cual se basan las economías de los países de la UE. Si nos fijamos en Italia, se nota que el gran auge del noreste del país tuvo su impulso en la capacidad de las empresas italianas, sobre todo las medianas y flexibles, para acceder a los mercados de aquel enorme cuadrilátero que se sitúa entre el Báltico y los Balcanes, el Mar Negro y el Adriático. Frente al proceso de globalización en curso, la penetración en dichos mercados tiene fundamental importancia, dada la posición geográfica de esta área. Y si, por un lado, las continuas relaciones bilaterales existentes permiten a los países centro-orientales y balcánicos adquirir una dimensión político-económica de mayor estabilidad e importancia, así como una seguridad social fundamental para una integración mundial más rápida, por el otro facilitan a los países adelantados más importantes, con su presencia en dicha área, una posición particularmente estratégica, primordial para poder observar más de cerca la evolución de los mercados orientales.

Diez años después de la firma de los llamados acuerdos de asociación, el proceso de extensión de la Unión Europea, por lo menos para aquellos países de la Europa central y oriental que pidieron su adhesión, constituye una realidad inmediata a partir de 2004.

Diez de estos países: Chipre, la República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia se convertirán en países miembros de la Unión Europea el día 1 de mayo de 2004. Actualmente, estos países son conocidos por la denominación de "países candidatos". Bulgaria y Rumanía esperan poder hacer lo mismo en el 2007, mientras que Turquía no esta negociando aún su calidad de miembro.

En la base del proceso de extensión de la Unión Europea se encuentran los "principios de Copenhague"que deben satisfacer los países candidatos antes de la adhesión, expresados por el Consejo Europeo en 1993. Estos principios aluden al criterio político (estabilidad); al criterio económico (economía de mercado eficaz); y al criterio de la asimilación del acervo comunitarios.

Los países de la Europa centro-oriental buscan todavía un nuevo equilibrio general, a causa de las constantes mutaciones políticas que les afectan. Los nacionalismos étnicos y las divisiones del poder económico y político influyen sobre sus respectivos procesos de transición, los cuales deberían conducirles a un sistema económico como el occidental. Muchos países se encuentran en una realidad no homogénea entre ellos, si bien existen situaciones más sólidas en Hungría, en la República Checa y en Polonia (los tres países que, desde hace poco, son miembros de la OTAN), y más complicadas en la extinta Yugoslavia, en Bulgaria, en Rumanía y en los países de la antigua Unión Soviética.

Los países de la Europa central y oriental (PECO) desean asociarse a la Unión para gozar de los beneficios económicos que pueden obtener de la UE: libre comercio regulado por el apoyo de normativas y ayudas institucionales; libre movimiento de capitales y de trabajo; coordinación de las políticas económicas; apoyo financiero para acelerar la convergencia y aumentar la cohesión; desarrollo científico; la unión de la moneda. Por su parte, la Unión tendrá que cubrir los gastos; sin embargo, también gozará de los beneficios derivados de la integración de los PECO. Al mismo tiempo, tendrá que elaborar nuevas políticas para la otra parte de Europa que no podrá integrarse por razones obvias.

El interés que las grandes potencias económicas manifiestan por dichos países no es totalmente desinteresado, tal y como se pretende aparentar: para que el proceso de globalización económica pueda tener bases firmes, es necesario que en esta área, históricamente inestable y conflictiva, se garantice una definitiva estabilidad democrática y se abra un proceso de modernización económica. La tragedia yugoslava y la crisis albanesa demostraron que el centro de la seguridad y la estabilidad de la UE -antagonista principal de Estados Unidos- está ubicado en esta zona.

Este espacio posee un valor fundamental para el progreso de crecimiento de varios países de la Unión Europea. Y aunque existan problemas que la desestabilizan, esta área suscita particular interés, pues aquellos Estados cuya importancia no procede de su potencia y de sus motivaciones, sino de su posición estratégica, sirven de base geopolítica. Así, es la posición geográfica la que determina el papel primordial, ya que permite fijar límites a las entradas en las zonas más importantes (o negar la entrada a los recursos) de un "jugador" de primer orden.

Considerando en concreto cada país de los comprendidos en dicha área, se nota que Turquía tiene una situación particularmente favorable para el control de los intercambios comerciales con los países de la antigua URSS y, en particular, con los de Medio Oriente. En efecto, frente a la falta de poder de Rusia, Turquía trata de conquistar cierta influencia en la región del Mar Caspio y de Asia central; además, se propone como puente para el Mediterráneo y se hace garante de la estabilidad de la región del Mar Negro. Es evidente que este país, a pesar de sus problemas internos, constituye una zona de importancia capital, y es por esta razón por la que conforma el punto de referencia meridional para la OTAN y para la misma UE, aunque su efectiva integración en ésta parece ser bastante compleja.

Importante es también la estabilidad política y social de Bosnia, de Croacia y de Serbia, con objeto de determinar y asegurar una paz duradera; y no sólo para armonizar toda la zona centro-oriental, sino también para afianzar la total estructura económica e internacional. Es deseable que en la política internacional se utilicen los mismos principios de acción, de forma unívoca, con todos los países. Por ejemplo, si Bosnia reclama que los medios de comunicación no inciten a la violencia contra otros grupos étnicos, lo mismo hay que pedir para Croacia y Serbia; si Bosnia reivindica el respeto de los derechos de las minorías, lo mismo hay que pedir a Croacia para Krojina y Eslovenia, y a Serbia para el Kosovo. Si no se aplican los mismos criterios en todos los países, los esfuerzos de la comunidad internacional para conservar la paz se arriesgan a ser totalmente inútiles. Pues estos nuevos países que se van desarrollando, que están pasando de la economía planificada a la economía de mercado, necesitan una intervención internacional que se interese por la modernización y la reorganización de la zona. Este objetivo se puede alcanzar con proyectos, programas, ayudas, asistencia técnica-económica- financiera, inversiones directas, etc.

Después de la caída del muro de Berlín, las llamadas economías de planificación central empezaron a perseguir tres objetivos fundamentales y necesarios para la transformación económica y política:

-Consolidación del mercado interior: alcanzar un sistema de precios uniforme, con el fin de conservar el equilibrio de los mercados, en una situación de inflación no excesiva, sin desvíos por impuestos y subvenciones diferenciados, de forma tal que el nivel de introducción interior de la renta a largo plazo sea compatible con el servicio de la deuda.
-Reestructuración y modernización del sistema productivo: la redistribución y el aumento de la capacidad productiva tienen que adecuarse a la demanda interior e internacional, y tiene que aumentar la eficiencia técnica.
-La transición de una economía planificada hacia una economía mixta y de mercado.

Para alcanzar la estabilidad es necesaria una reducción de los salarios; un superavit en el balance del Estado; el aumento de los precios tiene que ser regulado para que se pueda evitar una espiral inflacionaria. Además, es necesario un fuerte consenso social para pedir ayudas exteriores o créditos.

Por lo que se refiere al segundo objetivo, hay que proceder hacia una desindustrialización, en particular en las industrias pesadas; es necesario abandonar la capacidad productora inapropiada y aceptar también el desempleo. Asimismo, se pide la redistribución del trabajo, de las provisiones (que en las economías centralmente planificadas eran atesoradas por las empresas estatales) y de los otros recursos productivos; la revalorización del capital, la reestructuración y recapitalización financiera de las empresas; y, por fin, una nueva orientación de las inversiones en aquellos sectores que garanticen un crecimiento, sobre todo, en el ámbito de las exportaciones, como las manufacturas con elevado valor añadido y con tecnologías más actualizadas. Para empezar la reestructuración productora, había que realizar fuertes inversiones de capitales que en estas economías no estaban disponibles; en este sentido, utilizaron capitales exteriores que llegaron como inversiones directas más que como instrumentos de financiación de medio y largo alcance.

Para lograr el tercer objetivo, los problemas que estas economías tuvieron que resolver son mucho más complejos. Primero, tuvieron que desarrollar la llamada "pequeña privatización", así como la gran privatización; a continuación, estimular la formación de empresas privadas, por iniciativa de los sujetos nacionales o de los extranjeros, también las joint ventures; activar un mercado para bienes y servicios y para los factores productores; abrir su economía al comercio internacional y facilitar el ingreso de flujos de capitales; reestructurar el sistema fiscal en aras de la efectividad e introducir no sólo el impuesto sobre el valor añadido, sino también de los réditos y capitales; construir un sistema bancario adecuado para atender las operaciones de crédito comercial y para que el banco central no se ocupe ya más de éstas; fundar sindicatos que se ocupen de la tutela de los derechos fundamentales de los trabajadores pero que colaboren con las empresas que, frente a los aumentos salariales que exceden la dinámica espontánea de la productividad, introduzcan nuevas tecnologías que permitan un mayor nivel de producción y productividad y mejores condiciones de competición en el mercado interior y exterior; y, en fin, encaminarse hacia la convertibilidad de la moneda.

Estas tres tareas principales, estrechamente vinculadas entre ellas, se derivan de la necesidad de corregir la asimetría existente entre la composición y la calidad de la oferta heredada del pasado y las nuevas orientaciones de la demanda.

Este proceso da la nota neoliberal exigida para acceder a la UE: desempleo, inestabilidad, reducción del coste del trabajo, privatizaciones, aumentos de los ritmos; es decir, incremento de la utilización de los parámetros de la competencia y compresión de una parametrización de carácter social.

La disputa inicial se situaba en el tipo de acercamiento que se debía utilizar para la consecución de los objetivos arriba mencionados; esto es, si era conveniente emprender los tres objetivos simultáneamente (acercamiento de tipo global o terapia de choque) o, por el contrario, si lo correcto era proceder de forma gradual, según la complejidad técnica de cada uno de ellos (acercamiento de tipo evolucionista o gradualismo). Los problemas que tuvieron que afrontar estos países, después del fracaso del sistema de planificación centralizada, han sido muy complejos, y diversos en cada nación, y esto ha impedido la introducción de un único procedimiento eficaz para todas las economías.

Dicha intervención, como siempre ocurre en las economías en transición, no podrá activar un proceso de autoalimentación, en el sentido de que se pasará de una cooperación al desarrollo, al desarrollo de la cooperación. Lo cual quiere decir que los países donantes gozarán de mayores ventajas, gracias a su sola acción en favor de los países a los que se proponen ayudar en el llamado proceso de desarrollo.

En efecto, el proceso de modernización de estos países, necesario para que tengan la posibilidad de integrarse en la dinámica productiva y social de la UE, ofrece notables oportunidades en el ámbito empresarial: en el campo de las infraestructuras de la comunicación, que tienen que ser reconstruidas en un contexto de movilidad paneuropea; en los sectores estratégicos de base, de los sistemas energéticos a las telecomunicaciones, que tienen que ser reestructuradas como condición para una real modernización de las estructuras económicas y productoras; en la distribución comercial, que tiene que ser insertada ex novo en sociedades que se integran por primera vez en el consumo de masas, en la pequeña y media empresa, de hecho ausente en los países dirigidos durante medio siglo por economías planificadas, fundadas sobre grandes complejos industriales; en el sistema financiero, bancario y de seguros, que también tiene que ser introducido en economías dirigidas durante mucho tiempo por la centralización estatal de los recursos; en el campo de las privatizaciones, a las cuales todos los países del Este se abrieron con la doble intención de modernizar el país y atraer capitales, tecnologías e inversiones.

En general, podemos afirmar que el proceso de integración comercial genera efectos importantes en las relaciones económicas de los países que participan en él. Se produce una mutación de los modelos de especialización comercial de los países que pertenecen a la zona de integración, pues la mayor liberalización acrecienta la especialización de los países hacia los sectores en los cuales cada economía muestra ventajas comparativas. Además, a través del creciente proceso de globalización de los mercados, que ven en las nuevas áreas de integración favorables oportunidades de localización, se crean nuevos estímulos para los movimientos internacionales de capitales.


Nota

(*) Este texto forma parte del libro de Joaquín Arriola y Luciano Vasapollo «La Recomposición de Europa. La ampliación de la Unión Europea en el contexto de la competencia global y las finanzas internacionales», que acaba de publicar la editorial El Viejo Topo.
Barcelona (España), 2004. ISBN 94-95776-94-4.


Fuente: ListaEDI.