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Asunto:NoticiasdelCeHu 918/04 - El impacto de las emigraciones industriales ( Alvin y Heidi Toffler )
Fecha:Jueves, 10 de Junio, 2004  00:31:33 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
 
NCeHu 918/04
 

El impacto de las emigraciones industriales

 Alvin y Heidi Toffler


LOS ANGELES

El éxodo de puestos de trabajo fabriles de las regiones ricas a las pobres suscita controversias airadas en el mundo entero. Pero esta tercerización ( outsourcing ) es un proceso mucho más complejo de lo que imaginan sus críticos más vocingleros, con lecciones sorprendentes para todos.

En Estados Unidos, el candidato demócrata, John Kerry, califica irresponsablemente de traidoras a las empresas norteamericanas que trasladan tareas al extranjero; el principal conductor de informativos financieros de CNN despotrica contra sus transferencias de empleos a China, India y otros países; otros medios enardecen aún más al público tildándolas de "ladronas de empleos". Nadie parece recordar que, en los años 70 y 80, los norteamericanos ovacionamos a la industria automotriz japonesa por su decisión de abrir plantas en Kentucky y Alabama.

Tampoco se recuerda que el cierre de fábricas en busca de mano de obra más barata tiene una historia todavía más larga. En 1954, ante un pedido de aumento salarial de la Textile Workers Union of America, la firma Alexander Smith, fabricante de alfombras, clausuró su planta en Yonkers (Nueva York) y amplió la de Greenville (Mississippi). Fue uno de tantos casos de emigración de un Noroeste largamente industrializado a un Sur que, en gran parte, era todavía agrícola. Se habló de "talleres fugitivos", pero la diferencia salarial entre las dos regiones era demasiado grande para que las compañías, presionadas por la competencia, la desdeñaran. El resultado fue un rápido éxodo al Sur de plantas madereras, químicas, textiles y de indumentaria.

La mayoría de los comentaristas actuales se centran en las cifras de empleos. En su miopía, olvidan o ignoran los fuertes cambios socioculturales y políticos concomitantes (positivos y negativos). En nuestro Sur, fueron particularmente dramáticos. En los años 50 persistía allí la segregación racial. Al ir brotando las fábricas, las batallas por los derechos civiles empezaron a agitar la región. En la década siguiente, la gran lucha por la igualdad racial culminó con la desegregación de las escuelas y otros lugares públicos, la protección del derecho de sufragio de los negros

y, sobre todo, la eliminación (o casi) de las aparcerías y otros vestigios del pasado preindustrial. Los trabajadores sureños, ya fuesen negros o blancos, dejaron el campo por las fábricas, los salarios empezaron a subir más rápido que en el Norte y el Sur comenzó a acortar distancias. Vimos cómo una economía agrícola retrasada (Primera Ola) se transformaba en una región con una robusta base industrial (Segunda Ola). Asistimos a una notable mejoría de su nivel de vida, educación, salud y vivienda. Y empezamos a hablar del Nuevo Sur.

Por entonces, apuntó otra emigración. Numerosas plantas sureñas se fueron a América Central y las Antillas. Cabría suponer que eso retrotrajo al Sur a su antigua pobreza y miseria, pero no fue así. Hoy, el Sur se ufana de poseer quince de las sesenta "ciberciudades" de primer nivel, esto es, centros de alta tecnología y uso intensivo del conocimiento, elegidos por la American Electronics Association y el Nasdaq. En suma, avanza en su transición hacia una economía basada en el conocimiento, a caballo de la Tercera Ola.

Durante más de medio siglo, los economistas expertos en desarrollo les dijeron a los países pobres que sólo podrían salir de la miseria en forma secuencial. Ahora, algunas naciones, en especial China e India, no se contentan con completar su industrialización antes de iniciar su tercera ola evolutiva. Los líderes asiáticos, mucho más que sus pares latinoamericanos y de otras regiones, admiten que la mera industrialización aún los dejaría rezagados. Todos aquellos con quienes hablamos han actuado conforme a esta convicción. Para ellos, los empleos fabriles con salarios bajos, propios de la Segunda Ola, y hasta los de atención telefónica del cliente, sólo son pininos hacia algo mucho más importante: el salto a una economía y sociedad basadas en el conocimiento. Por eso China lanzó al espacio a un astronauta, pretende convertirse en superpotencia biotecnológica y, en pocos años, ha puesto en uso casi 200 millones de celulares. Por eso India hace cuanto puede por atraer, desde Silicon Valley y Seattle, puestos de trabajo en el sector del conocimiento; al principio, fueron tareas puramente reiterativas, pero ya abundan las intelectuales de nivel superior.

La tercerización desempeña un papel importante en este gigantesco experimento socioeconómico. China e India han adoptado estrategias fundadas en el desarrollo simultáneo -en vez de secuencial- de sectores de la segunda y tercera olas. Han acelerado al máximo su carrera hacia la alta tecnología, el alto valor agregado y la producción basada en el conocimiento. ¿Podrán saltar una etapa o, al menos, acortarla?

Como hemos sostenido tantas veces, en Asia y en Occidente, no hay una alfombra mágica que transporte a un país a la Tercera Ola. Pero eso no significa que no pueda dar algunos pasos decisivos antes de completar el proceso de industrialización. Puede saltear tecnologías, como lo hizo China en las telecomunicaciones. ¿Para qué tender un cableado telefónico, si se puede pasar directamente al sistema inalámbrico? Lo que no se puede omitir tan fácilmente es la educación requerida por una economía con uso intensivo del conocimiento. Ningún país puede aspirar a construir una economía de la Tercera Ola sin una educación adecuada y fuertes incentivos a la innovación, sin permitir cambios que apuntalen la vida social, la estructura de la familia, la cultura y la política. Las naciones receptoras de fuentes de trabajo no pueden confiar en que Estados Unidos y otros países mantendrán sus actuales índices de tercerización. Los gobiernos de estos últimos hallarán el modo de desacelerar el proceso recurriendo a diversas formas de proteccionismo. Ya amenazan aplicarlas.

El abaratamiento progresivo de las comunicaciones, la computación y otras tecnologías nuevas hará innecesarios no pocos trabajos reiterativos hoy tercerizados. Algunas compañías emigrarán a países con mano de obra más barata, quizás africanos. Pero a medida que aumenten los costos empresariales, la mano de obra representará un porcentaje menos significativo y, tal vez, su baratura pesará menos en las decisiones.

Además, aunque esto casi siempre se pasa por alto, el desarrollo rápido siempre trae aparejadas tensiones sociales. Surgen conflictos entre aquellos cuyo poderío e influencia dependen del mantenimiento de la vieja economía y los que presionan por introducir la nueva. ¿Cuál sería el desenlace en países que hagan surfing sobre dos olas a la vez?

Estos son algunos de los interrogantes profundos que, probablemente, no oiremos discutir por economistas convencionales, gurúes mediáticos y políticos ávidos de votos, en el ruidoso debate actual en torno de la tercerización. Sus poses distraen nuestra atención de los verdaderos desafíos a largo plazo que afrontan todos los países, ya sean proveedores o receptores de fuentes de trabajo, con el avance mundial de la tercera ola.

Entre otras obras, los autores escribieron La tercera ola y Las guerras del futuro .
(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)


Fuente: diario La Nación, 31 de mayo de 2004.