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Asunto:NoticiasdelCeHu 925/04 - Una medida extrema para una situacíón fuera de control
Fecha:Viernes, 11 de Junio, 2004  00:38:01 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 

NCeHu 925/04

El interesante comentario del corresponsal de La Nación (Arg)  - de orientación conservadora - acerca de la intervención de las fuerzas armadas de Brasil en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.


La crisis por la ola de violencia: intervendrán las fuerzas armadas
Brasil: darán más poder a los militares

Podrían intervenir en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado; el proyecto cuenta con la aprobación de Lula.

La iniciativa ya tiene media sanción del Senado
Se descuenta que Diputados también la aprobará
En parte, la medida responde al alto grado de corrupción policial
 

Una medida extrema para una situación fuera de control

SAN PABLO .- Es un proyecto de ley, pero se asemeja más a un manotazo de ahogado. Con 160 homicidios por día y el crimen organizado desafiando al Estado -e infiltrándose en él-, las autoridades brasileñas consideran que ya no queda ninguna otra medida que pueda ser aplicada con más urgencia que la convocatoria a las fuerzas armadas para que entren en combate.

Las fuerzas armadas fueron entrenadas para la guerra, y es exactamente eso lo que vive Brasil. Los 50.000 asesinatos al año, los autos blindados que se volvieron comunes en el tránsito, los cursos para aprender a escapar de secuestros y los helicópteros como nuevo recurso de la elite brasileña para pasar lejos de la violencia parecen surgidos de un relato bélico.

Ocurren sin embargo en una de las 15 mayores economías del mundo, que de las fronteras hacia afuera no tiene hipótesis de conflicto con nadie.&#32;Existe un antecedente importante. En 2000, el Center for Hemispheric Defense Studies (Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa), dependiente del Pentágono, invitó a autoridades militares de toda América latina a un encuentro en Miami en el que se recomendó que las fuerzas armadas comiencen a actuar en conflictos internos.

Marcelo Ortúzar, analista político chileno de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), participó del encuentro y le confirmó a LA NACION: "Recuerdo que los Estados Unidos recomendaban que, como se les estaba acabando el trabajo en cuestiones de defensa externa, las fuerzas armadas latinoamericanas debían ocuparse de temas internos".

Con 550.000 policías y casi 800.000 agentes de seguridad privada -incluyendo los que no están registrados legalmente-, Brasil ya no logra contener la explosión de violencia social, explicada en parte por dos fenómenos: la crisis de empleo que se inició en los años 80 y desde aquel momento únicamente creció; la quiebra del Estado, con su poder fiscalizador desmantelado entre crisis económicas y ajustes fiscales para recuperarse de las crisis; y las cifras de desigualdad de riqueza, que convierten a Brasil en el tercer país con peor distribución de ingresos del mundo -sólo detrás de Sierra Leona y Swazilandia, ambos en Africa-.

Al mismo tiempo que lograba avances institucionales importantes, como una democracia consolidada o un sistema electoral confiable, Brasil vio en la última década cómo el país se criminalizaba: en apenas 10 años aumentó 88,6% el número de homicidios de jóvenes, la mano de obra del crimen organizado.

El mismo crimen organizado que controla favelas enteras, compra jueces y legisladores, provee minas terrestres de uso militar a las organizaciones narcocriminales y luego lava el dinero en el sistema financiero.

Un informe de la Organización Mundial de la Salud difundido ayer en Viena (Austria) afirma que Brasil pierde con la violencia 10,5% de su Producto Bruto Interno por año. Es decir, Brasil pierde con la violencia casi el mismo monto de todas sus exportaciones anuales.

Cuestión tabú

La sensación de descontrol absoluto de la seguridad en Brasil convirtió una cuestión tabú, como la utilización de las fuerzas armadas para asuntos internos, en una decisión de aprobación unánime en el Senado. De la izquierda a la derecha, no hubo ni un solo voto en contra de la medida.

El proyecto, que por haber sido negociado con todas las fuerzas políticas contará indudablemente con el apoyo del presidente Lula, tiene algunos antecedentes puntuales en Brasil. Las fuerzas armadas ya fueron convocadas en Río de Janeiro en otras oportunidades cuando la osadía del narcotráfico desafió a las autoridades locales.

El resultado fue una sensación momentánea de mayor seguridad, pero nada cambió: el narcotráfico continuó aumentando e inmediatamente después del retiro de los soldados, el conflicto recrudeció.

Por ese motivo, las autoridades militares siempre manifestaron su rechazo a la idea de hacer trabajo policial: su aporte al combate de la violencia urbana es reducido y el riesgo de salir de la historia corrompidas por el dinero fácil y abundante del crimen organizado es alto. Pero la sensación de caos generalizado esta vez fue mayor que la resistencia de los generales.

Luis Esnal


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 10 de junio de 2004.