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Asunto:NoticiasdelCeHu 893/04 - La socialización del gas ( Julio Garret A illón )
Fecha:Lunes, 7 de Junio, 2004  00:20:33 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCEHu 893/04

 


Bolivia

 

Lo trascendente para Bolivia no es industrializar el gas, sino industrializar el país con el gas, utilizando su potencial energético para subsidiar el desarrollo interno de la nación

 

La socialización del gas

 

Julio Garrett Aillón*


 

En el marco del modelo gasífero-exportador implantado en Bolivia, los beneficios que reporta la explotación del gas natural se reducen a la recaudación de impuestos a la exportación y a la industrialización del gas para dar valor agregado a la materia prima. El eje de los beneficios que genera el gas, como se ve, gira en ambos casos, en torno a la exportación en la línea del viejo modelo minero-exportador cuyo paradigma es Potosí.

 

El impuesto a la exportación del gas representa hoy, aproximadamente, 60 millones de dólares/año, es decir la milésima parte del valor estimado de las reservas gasíferas del país que es del orden de 54 mil millones de dólares. Así pudiera duplicarse o quintuplicarse los impuestos, estaríamos hablando de dos o cinco milésimas del valor de las reservas, lo que nos hace ver hasta qué punto son irrelevantes los beneficios económicos para el país por vía de la exportación, y por lo mismo, hasta donde es justa la exigencia nacional de elevar los impuestos vigentes.

 

La industrialización, que genera tantas expectativas, presupone sin embargo, necesariamente, la exportación del gas para tener materia prima industrializable.  La petroquímica genera poco empleo, tiene un efecto multiplicador interno reducido y requiere elevadas inversiones. En última instancia, el objetivo que se propone lograr con la industrialización, es añadir valor agregado a la materia prima a fin de cobrar más impuestos a la exportación, lo que siendo beneficioso para el país, puede dar lugar a una mistificación destructiva si no se avanza más allá de la exportación.

 

Lo trascendente para Bolivia no es industrializar el gas, sino industrializar el país con el gas, lo que es fundamentalmente distinto, porque significa salir del modelo gasífero-exportador y dar al gas otro destino, un destino endógeno, hacia adentro, para utilizar su potencial energético en el desarrollo interno y la transformación productiva del país.

 

Pero dar al gas un destino endógeno tiene un sentido más profundo y esencial.  Significa la posibilidad de crear con el gas, por contraposición a la ayuda externa, la ayuda interna  de la nación, para subsidiar la economía del país utilizando una pequeña parte de las enormes reservas gasíferas descubiertas en el territorio nacional.

 

El viraje que representa salir del sistema gasífero-exportador y subsidiar con gas el desarrollo interno del país, - lo que significa apartarse del modelo neoliberal, - constituye un cambio solo comparable, por su alcance económico, político y social, a la Revolución Nacional del 52 que cambió la faz de Bolivia.

 

Sería, sin duda, un crimen contra el país no exportar el gas natural, pero será un crimen todavía mayor contra los bolivianos, que teniendo, como tiene Bolivia, tan inmensa riqueza gasífera, no seamos capaces de utilizar una mínima parte de ella, que no excedería del 0,25% anual de las reservas, para autoayudarnos a salir de la inercia histórica y de la pobreza en la que nos debatimos.

 

Naturalmente, este porcentaje crecerá en el futuro en la medida que el consumo energético del país aumente y sean mayores los volúmenes de “gas cero” necesarios para el desarrollo interno.

 

La naturaleza energética del gas hace posible su utilización dentro del país como un factor de desarrollo interno, lo que no sucedía con el estaño y la plata que por sus características naturales, eran explotados en los moldes de la industria extractiva y la producción, necesariamente, debía exportarse en su totalidad.

 

La socialización nacional del gas, en esta forma, es una concepción que fluye de la realidad como una respuesta natural y lógica a la necesidad de dar otro destino al gas y a la nación, utilizando el impulso interior de nuestra riqueza gasífera para catapultar el desarrollo del país en una generación y distribuir sus beneficios entre todos los bolivianos.

 

La médula del problema es encontrar la forma y el modo de que el Estado pueda tener en boca de pozo, gas a costo cero en los volúmenes necesarios para subsidiar la economía del país y pagar con gas, si así puede decirse, el desarrollo nacional

 

¿Cómo lograrlo?  Lo primero será establecer en el país, en el marco de la Constitución, sin vulnerar los contratos suscritos con las empresas concesionarias, un régimen de compensación para pagar a las empresas el costo marginal de extracción del gas del yacimiento a superficie, con el mismo gas del yacimiento que, de acuerdo a la ley, es del dominio de la nación.

 

La fórmula de compensación, sería una relación entre el costo de extracción y la cantidad de gas necesaria, - que el Estado autoriza extraer del yacimiento a la empresa,  libre de impuestos y utilidades-, para pagar con su valor, el costo de extracción del gas destinado al desarrollo interno.

 

Aproximadamente el 95% del gas extraído de los pozos será destinado a la exportación y solamente el 5% restante al consumo interno.  Esta referencia,  por sí sola,  muestra hasta dónde es reducida la incidencia del subsidio con relación a la magnitud de las reservas y las exportaciones, y nos hace ver la viabilidad de la socialización del gas.

 

A partir del gas costo cero en boca de pozo, el transporte del energético por la red interna del país, será pagado por YPFB con el producto de la venta al exterior de una parte del gas extraído de los yacimientos. Las generadoras termoeléctricas, en consecuencia, serán directamente abastecidas por el Estado con gas natural subsidiado y podrán reducir las tarifas eléctricas en directa proporción a la incidencia del valor no pagado del combustible. El costo potencia de las generadoras y el de distribución se podrá compensar o pagar, igualmente, con gas monetizado o en especie.

 

En esta forma, se crea una cadena de valor de gas y energía que al eslabonar producción, transporte, generación termoeléctrica y distribución, hace posible subsidiar a la plataforma productiva del país con energía sin costo o a tarifas substancialmente reducidas.

 

Para transformar el gas en energía termoeléctrica y distribuirla al país como energía subsidiada, en una primera etapa, no será necesario hacer inversiones significativas ya que el Estado podrá utilizar la matriz energética y la red ya instaladas en el país, sin afectar en absoluto, los intereses de las empresas involucradas.

 

Cabe aclarar que los subsidios a los precios de productos y servicios que hoy otorga el Estado, en definitiva, los paga el contribuyente y son erráticos y coyunturales.

 

Subsidiar el desarrollo interno del país con el potencial energético del gas, es algo esencialmente distinto.  En primer término, el subsidio no es pagado con recursos fiscales del Estado sino con gas natural; en segundo lugar, no se generan anomalías ni desequilibrios porque la socialización del gas es un sistema de subsidios al proceso de producción no a los productos, basado en una estructura de precios y un régimen cambiario equilibrado y coherente con la economía social de mercado implantada por la socialización del gas en la que el desempeño económico del país será diferente porque “un dólar impuesto”, proveniente de la exportación del gas, que finalmente va a morir al TGN, no es igual, ciertamente, que “un dólar gas”, que es el valor de un millar de pies cúbicos en boca de pozo, que va a dar vida a la economía del país.

 

El ejemplo chino nos demuestra con la irrefutable prueba de sus éxitos, que el neoliberalismo no es el único modelo de crecimiento y que existen vías alternativas que se desarrollan de acuerdo a la realidad específica de cada país.

 

Como se ve, los equilibrios no se rompen, las empresas no pierden nada y solo prevalecen el buen sentido y una razón de patria.  El gas es del Estado y es con gas que se pagará su extracción a  superficie.  Existen y se pueden estudiar otras formas y alternativas de compensación del costo de extracción, pero lo esencial es descubrir la forma de utilizar y distribuir nuestra riqueza de otra manera, al margen del modelo gasífero-exportador, con el derecho que tiene Bolivia de beneficiarse con el descubrimiento extraordinario de 54 trillones de pies cúbicos de gas natural, una reserva  que ha sobrepasado enormemente todas las previsiones y expectativas que tenían las empresas y el propio país y es una riqueza que debe llegar a los bolivianos.

 

Bolivia tiene, definitivamente, derecho de disponer libremente y utilizar el gas como la ayuda interna del país, con el mismo derecho con que los países desarrollados utilizan su riqueza para otorgar ayuda interna y subsidiar a su agricultura, por ejemplo.  En este derecho se cifra la racionalidad y el sentido nacional de la socialización del gas: sembrar el gas pero sin cobrar la semilla, para que Bolivia pueda florecer y cosechar los frutos, y no terminar como Potosí, traicionada por su propia riqueza.

 

En el marco de la socialización del gas, las empresas concesionarias tendrán la oportunidad de contribuir, en su propio interés, a la gobernabilidad social del país y la creación de un clima de paz interna, garantías jurídicas y seguridad para sus inversiones. La proporción del gas requerido para subsidiar el desarrollo interno es tan ínfima, que no afecta sus operaciones ni toca sus intereses y sería un error comprometerlos por una ofuscación crematística.

 

La socialización no excluye, en absoluto, la exportación del gas y por el contrario la presupone como condición necesaria para su realización, pero la sitúa en un contexto menos cerrado, más allá del modelo y la economía de mercado, porque el mercado por sí mismo no crea solidaridad sino competencia y es incapaz de expresar la profunda necesidad nacional de utilizar la riqueza gasífera par salir del círculo infernal de la crisis y la pobreza.

 

El gas costo cero, al ser distribuido como energía termoeléctrica o combustible, a todos los sectores de la plataforma productiva y de servicios del país, será socializado en beneficio de todos los bolivianos.  El efecto multiplicador será inmenso y podrá acrecentar la sinergia de la producción nacional en una magnitud nunca vista en el país, en forma y proporción incomparablemente más alta que con los impuestos a la exportación.

 

La socialización del gas sería inviable si Bolivia no tuviera reservas gasíferas tan grandes y necesidades energéticas tan pequeñas.  Esta desproporción permite subsidiar con gas el desarrollo interno del país, posibilidad que no se da en otros países y sería impensable por ejemplo, en la Argentina, Chile, Brasil o Méjico.  Es por esta razón, que se puede afirmar que la socialización del gas es una vía específica de desarrollo que nace de la realidad nacional.

 

En el proceso de la socialización del gas, YPFB jugará un papel estratégico central como el instrumento de gerencia y operación de la cadena de transporte y procesamiento de energía y generación de electricidad termoeléctrica, a partir del gas costo cero en boca de pozo, y como agregador y vendedor de aquella parte del “gas cero” que el Estado decida vender al exterior  para monetizar el gas con el fin de alimentar políticas activas de desarrollo productivo interno.

 

La socialización del gas dará origen a cambios sustanciales en la economía boliviana y posiblemente surjan en varios campos, como consecuencia de ellos, impactos productivos considerables que es útil puntualizar para tener una comprensión más clara de sus efectos, objetivos y beneficios.

 

1.- Lo primero, ayudar a los hogares bolivianos

El contenido nacional y humano de la socialización del gas debe expresarse, en primer lugar, como un beneficio directo a los bolivianos y sus hogares. En este sentido, el potencial energético del gas costo cero, transformado en energía termoeléctrica, servirá prioritariamente, para subsidiar el servicio eléctrico domiciliario y en forma especial, el consumo de las cocinas eléctricas y el gas  a domicilio.

 

El efecto de la socialización del gas en la calidad y el nivel de vida, educación y salud de los bolivianos, se producirá mediante una combinación de beneficios desde lo que significa la reducción sustancial de tarifas eléctricas, la ampliación de la demanda de energía y la electrificación de zonas marginadas del territorio nacional, hasta el mejoramiento de las condiciones materiales de existencia en el hogar, mediante la calefacción, la refrigeración y el acceso a la televisión, radio, electrodomésticos, agua caliente, etc., mayor seguridad en las ciudades y barrios con el alumbrado público y además, la posibilidad de aprovechar la energía domiciliaria barata para desarrollar actividades productivas domésticas.

 

En la situación de pobreza que vive el país, sería inconcebible mezquinar la utilización del gas en beneficio de los hogares y la familia, cuando se hace, justamente, más necesario que nunca, reintegrar plenamente a la reflexión política una dimensión ética y de justicia social para contrarrestar la inhumanidad del modelo.

 

2. El gas para los campesinos.  La conquista del Altiplano

Hay que sembrar gas en el Altiplano y  dar un destino al Kollado, redimir de la pobreza a los campesinos y desarrollar el Occidente boliviano para lograr el crecimiento armónico y equilibrado del país a fin de evitar la desintegración nacional.

 

El gas es energía, la energía es agua y el agua es vida para la tierra.  El Altiplano es un gigantesco reservorio de aguas dulces que  sólo requiere de energía para extraerlas, mediante bombas, de los acuíferos subterráneos, a fin de utilizarlas en la irrigación.

 

La cadena gas, energía, agua y tierra tiene que extenderse a lo largo y ancho de todo el territorio de Bolivia, de Norte a Sur, de Oriente a Occidente, allí donde la tierra tenga necesidad de agua y riego para producir  riqueza.

 

Subsidiar con energía la irrigación del Altiplano es la base de un Proyecto Nacional para este siglo y  el prerrequisito indispensable para que los campesinos puedan realizar la revolución del gas y el agua, enriquecerse y transformar el Altiplano en un emporio de riqueza agropecuaria.

 

La instalación de miles y miles de generadores y bombas de agua para la irrigación, el desarrollo de pastos y cultivos, la crianza de millones de ovejas, vacunos y camélidos, la producción de carne, leche y lana, nuevas plantaciones de papa, trigo y cebada resistentes a las heladas, inmensos cultivos de quinua, la conquista del frío y la dominación de la altura, constituye la obra que debe ganar la imaginación de los bolivianos e inscribirse entre las grandes realizaciones históricas de Bolivia.

 

3- Inyectar en la industria el potencial energético del gas

 

Pudiera decirse que hoy la verdadera ventaja competitiva de Bolivia es el gas y es lógico que esa ventaja se  traspase a las empresas para fortalecer su competitividad y capacidad de inserción internacional, potenciando la producción nacional, porque sin producción, no habrá, ciertamente, milagro posible para salir de la pobreza y la crisis.

 

El uso de “gas cero” creará un excepcional costo de oportunidad asociado a una demanda energética nacional creciente para usos de la industria, la agricultura y el consumo, que en términos operativos podría significar la creación de una “isla de gas” en Bolivia, que sirva para atraer empresas que sean intensivas en consumo energético, con efectos de rendimiento crecientes en el desarrollo endógeno del país.

 

En este sentido, sería un despropósito que existiendo la posibilidad real de transferir el potencial energético del gas a este sector crítico de la producción nacional, no se encare una política de reconversión industrial subsidiada por el gas, en beneficio directo de la capitalización de las empresas y los trabajadores.

 

4. Traspasar a la minería el valor del gas

La minería que por 500 años fue el sostén de la economía de la nación, no pudo sobrevivir al crack del estaño y a la caída de precios de los minerales, que fue la causa directa y determinante de la depresión económica del Occidente de Bolivia.

 

La crisis minera es un ejemplo de la vulnerabilidad del país frente a las fuerzas ciegas del mercado y si bien su recuperación es difícil sin la mejoría de los precios internacionales, las posibilidades de una reactivación sostenida son todavía menores en el marco de la ortodoxia del modelo que ha dejado librada la suerte de la minería al mercado internacional, abandonada y sin futuro.

 

Frente a la fatalidad de los precios ¿tendremos que poner una cruz a la minería?, ¿no existe ningún camino de salvación? Cuando el estaño baja a  1.54 dólares la libra, no hay, indudablemente, receta neoliberal que valga para salvarla. Debemos inventar, entonces,  la reingeniería de la supervivencia minera y  descubrir la forma de utilizar nuestra inmensa riqueza gasífera para hacer renacer la minería subsidiándola con energía sin costo, dar nueva vida a cientos y cientos de minas hoy abandonadas y trabajo a los mineros.  La minería es una de las industrias extractivas más intensivas en consumo energético y su salvación puede cifrarse en la electrificación y el potencial energético del gas.

 

5. El contexto de otros beneficios

En la medida que se profundice las políticas inherentes al proceso de socialización del gas, surgirán nuevas formas de utilización del energético en otros campos de importancia crítica como el transporte, el azúcar,  la petroquímica y la siderurgia, (Mutún).

 

La petroquímica, por ejemplo, que es una industria de alto consumo energético, si es subsidiada por el Estado con energía termoeléctrica procedente del gas, tendrá una indudable ventaja competitiva para su inserción en el mercado internacional y se convertirá en una industria de alto interés para los negocios y la inversión de capitales, haciéndose posible la industrialización del gas, que es un objetivo básico de la nación

 

En otro rubro, la sinergia del gas hará posible subsidiar la producción de carburantes (gasolina, diesel, etc.)  para reducir costos y tarifas de transporte, lo que permitiría contrarrestar la desventaja estructural de las distancias que actualmente bloquean el desarrollo interno y la exportación competitiva de productos estratégicos como los minerales, la soya, la madera o agropecuarios y de otro lado, favorecería directamente al abaratamiento del costo de vida interno.

 

Podrían surgir también beneficios de otro carácter como la creación de “fondos de ayuda interna” destinados a la estabilización de exportaciones, para prevenir caídas bruscas de precios internacionales, cosa que puede ocurrir con la soya o los minerales.

 

Los fondos podrían servir, igualmente, para la contraparte del financiamiento externo o el financiamiento interno de proyectos de desarrollo que bajo esta modalidad despertarán sin duda la solidaridad y el interés de la cooperación internacional.

 

La socialización del gas permitiría también estructurar una sólida política de atracción de capitales externos, mediante el ofrecimiento de sustanciales reducciones del costo de energía.

 

No es, pues, suficiente, como se vé, vender el gas como gas,  directamente o con valor agregado. Lo que tiene suprema importancia para Bolivia  es descubrir la forma de pagar con gas el desarrollo interno del país, generando un efecto multiplicador que se reflejará en la reducción de la pobreza y también, como es natural, en la mayor recaudación de impuestos internos, la reducción del déficit fiscal, la capacidad de ahorro interno y en el propio fortalecimiento del Estado Nacional, la democracia, las Fuerzas Armadas de la Nación y las instituciones fundamentales de la República.

 

El gas es un don que Dios y la naturaleza le han dado a Bolivia para redimirla de la pobreza y ser libre.

Evidentemente, el hecho de haber descubierto reservas gasíferas tan grandes, es un don que le da a Bolivia la extraordinaria ventaja de disponer de una inmensa riqueza para resolver problemas de un país pequeño de 8 millones de habitantes, como el nuestro. Sin embargo, el país corre el peligro de perder irremisiblemente, esta formidable posibilidad de desarrollo y progreso, si el destino del gas se prefigura, como ocurre hasta ahora, en el contexto del modelo gasífero-exportador y Bolivia se conforma con los beneficios provenientes de los impuestos a la exportación.

 

Ciertamente, exportar el gas no sólo es necesario sino inevitable, pero no es, indudablemente, la única ni la mejor forma de beneficiar al país. Si concebimos el gas como ayuda interna al desarrollo, cambia fundamentalmente la visión de los beneficios que puede reportar al país y se tiene la base de un Proyecto Nacional que tendrá extraordinarias posibilidades de desarrollo interno, si sabemos situarlo en la realidad de un mundo no  como quisiéramos que sea sino como es realmente, es decir el mundo globalizado en el que debemos vivir ineludiblemente.

 

La manera como actúa la globalización varía de un país a otro y  sus resultados son diferentes. Es una realidad ambivalente que tiene aspectos positivos y negativos que podemos aprovechar, desaprovechar o contrarrestar mediante políticas de adecuación o confrontación, pero aceptando con realismo que un país subdesarrollado no podrá salir de su atraso aislado y al margen de la cooperación económica y tecnológica de los países avanzados.

 

La globalización no es una fatalidad inmodificable y menos  una receta única y universal para todos los países. Por esa vía, el modelo ha bloqueado el desarrollo y agravado la crisis y la pobreza sin que los pueblos vislumbren una esperanza, un objetivo o una vía de salvación nacional.  Es lo que ocurre en Bolivia.  La inadecuación del modelo a la realidad ha hecho crisis y tendríamos que estar ciegos para no ver que frente a su agotamiento, la nación debe hacer un viraje histórico y radical como el 52, pero sin perder la brújula de la realidad, viendo que las contradicciones que surgen de esta inadecuación, siendo antagónicas, deben coexistir necesariamente, porque son inherentes a una sola unidad inseparable que  es el país.  Lo global y nacional en esta forma, son a la vez opuestos y ambivalentes, se engendran el uno al otro y se sintetizan en la unidad indivisible y contradictoria que constituye la realidad nacional.

 

En el marco de la tesis de la socialización nacional del gas se introduce el concepto de subsidio que es el opuesto al principio de libre competencia de la economía de mercado.  Pero el subsidio, que es la médula del cambio, se plantea dentro de una concepción que coexiste con la realidad del mercado y las transnacionales, con la necesidad de inversiones y transferencia tecnológica y con el respeto que se debe observar a los contratos suscritos, para preservar la seguridad jurídica, la estabilidad política y la gobernabilidad social, indispensables para el desarrollo real del país.

 

Si partimos de esta concepción, estamos en condiciones de comprender la vinculación de interdependencia que existe entre la socialización nacional del gas y la necesidad de mantener la estructura empresarial de la industria gasífera, que si bien está ligada a la globalización del mercado, las transnacionales y la exportación, ciertamente, no excluye en absoluto la utilización del gas para el desarrollo interno del país.

En este sentido, la socialización nacional del gas no sólo es necesaria, sino totalmente posible.

 

* Julio Garrett Aillón. Ex Vicepresidente de la República.


Fuente: www.bolpress.com .