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Asunto:NoticiasdelCeHu 890/04 - China y Argentina en el futuro ( Néstor Resti vo e Hinde Pomeraniec )
Fecha:Domingo, 6 de Junio, 2004  20:36:03 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 890/04
Ref: NCeHu 858/04
 
 

 
LA APERTURA AL MUNDO DEL GIGANTE COMUNISTA
China: "Argentina va a ser nuestro gran socio en los próximos 25 años"

Lo dijo ayer el ministro de Comercio, Bo Xilai. Y confirmó que seguirán comprando soja. "El futuro es brillante", anticipó. El presidente Kirchner viaja a fin de mes al país asiático.
 
Néstor Restivo y Hinde Pomeraniec.



Los números son apabullantes. China, el "gigante dormido" del que hablaba Napoleón, se despertó, compra y vende. Y a gran escala. Son 1.300 millones de personas, un mercado hambriento de alimento y novedades y la cuna de una producción industrial que da escalofríos. Argentina, por ahora, apenas si exporta el 0,8% de la demanda china. Pero ayer en Buenos Aires, el ministro de Comercio, Bo Xilai, pronunció una frase que sonó a música para los exportadores: "Argentina será nuestro gran socio en los próximos 25 años", dijo. Todos sacaron la calculadora.

Fue en un seminario organizado por la Cancillería argentina, una suerte de anticipo de la visita que hará a fin de mes la delantera del Gobierno (el presidente Kirchner, el canciller Rafael Bielsa y los ministros Roberto Lavagna y Julio De Vido), quienes junto con empresarios de Argentina y el Mercosur recorrerán la misma ruta que acaba de explorar el presidente brasileño Lula da Silva.

Antes, y a solas, Bo había dado la noticia esperada, al anunciar que su país seguirá comprando soja argentina, pese a los ruidos de estos días por baja de precios y contratos ya firmados. China importa al año 20 millones de toneladas de soja, casi un tercio desde aquí. "Conocía Buenos Aires desde la escuela primaria", se emocionó. Y avanzó: "Asumí hace 3 meses y éste es mi primer viaje al exterior. No podía parecerme más apropiado", dijo.

Desde ya, el gobierno de Pekín —que en 2003 vendió aquí menos de US$ 700 millones— tiene sus propios intereses exportadores: textiles, industria ligera, naviera, juguetes, electrodomésticos. Pero también quiere "aprender" de Argentina, dijo Bo, biotecnología, siembra directa, genética animal. "Tenemos un futuro brillante por delante", auguró Bo, quien señaló que desde el gobierno piensan impulsar a la Argentina como destino turístico chino.

El ministro chino recurrió a imágenes inusuales para una conferencia económica cuando habló de la dimensión de los árboles y la belleza de los chicos porteños. Fue apenas el principio de un discurso cargado de información y anuncios, en el que trazó una radiografía de China económica y social.

China es uno de los 4 socios más fuertes que tiene el país, pero al día de hoy, Argentina le exporta apenas US$ 2,7 mil millones de los poco más de US$ 400 mil millones que los chinos compran. El país comunista busca agrandar las cifras y el ministro habló incluso de "superar el comercio que tenemos con Brasil", que hoy triplica el de Argentina.

El ministro mencionó que en China cada día se consumen 1,35 millón de toneladas de cereales; 1,6 millón de toneladas de hortalizas; 1,6 millón de toneladas de cerdo y 2,4 millones de toneladas de pollo. Ya dando un panorama concreto de las necesidades de la población, contó que "no es fácil manejar esta gran familia que se agranda cada día con 44 mil nacimientos"; que hay 210 millones de niños en edad escolar y 21 millones en el jardín de infantes; que 66 millones de chinos tienen más de 70 años y que un millón ya superaron los 90. También dijo que por día se consumen 100 millones de metros de tela.

Una dimensión del significado de la apertura de la economía china la dan las diferencias en los números de importación/exportación entre 1978, cuando comenzó el proceso de la llamada economía social de mercado, y 2003. En 1978, se movieron US$ 20,6 mil millones; el año pasado, US$ 851,2 mil millones.

Ayer, Bo mencionó 3 ejes para avanzar en el comercio bilateral: cereales y oleaginosas; carnes y lácteos (su consumo creció 10 veces en estos 20 años) y el sector forestal. Y rescató similitudes al señalar que "ambos pueblos aman la paz y nunca han intervenido en asuntos de otros países". "Estamos dispuestos a aprender y a colaborar", declaró.

De la oferta argentina que ya se vende en China, básicamente agroalimentos y sectores vinculados a la energía (en 2003, por US$ 2,5 mil millones) el país asiático le compra al mundo 35 mil millones. Y de la que aún no llega pero podría hacerlo (algodón, plásticos, más cueros), China compra por 20 mil. Esos espacios explorarán Kirchner y su comitiva en el gigante que ya despertó para quedarse.


La deuda interna limita el crecimiento

Nada en el discurso de un funcionario chino está librado al azar. Por eso, no debería sorprender que el ministro de Comercio chino, Bo Xilai, haya hablado en la Argentina —adonde vino para aceitar relaciones y negocios— de los millones de pobres y excluidos que aún esperan respuesta del gobierno central de su país.

Bo habló de pobreza al menos dos veces. Primero, cuando entabló un paralelo entre China y Argentina señalando que ambos son países de grandes dimensiones, ricos recursos, amantes de la paz, en vías de desarrollo y pobres.

Luego, cuando mencionó los graves contrastes sociales y económicos en China (son 1.300 millones de habitantes), con niños que no van a la escuela, un universo rural hundido y un alto índice de desocupación urbana, esto último, consecuencia directa de la reconversión del sistema comunista y su fructífero matrimonio con el capital privado.

Los comentarios de Bo —un hombre afable, de pelo furiosamente negro y que mira con curiosidad a su audiencia— no fueron un exabrupto. A principios de marzo de este año, cuando China consagró la propiedad privada en su Constitución, el primer ministro, Wen Jiabao, dio un esmerado discurso en la Asamblea Nacional Popular en el que se refirió a la gran deuda interna y a los 900 millones de campesinos que viven en la miseria.

En un rapto inusual de blanqueo para los parámetros de la política china, ese día Wen destacó que el gobierno quiere acabar con la enorme brecha entre ricos y pobres. Y es que se trata de una zanja que podría convertirse en bola de fuego si la insatisfacción de multitudes llegara a tomar forma de protesta. Algo que en el actual momento de apertura al mundo sería más que perjudicial para el gobierno.

Bo habló de progreso pero señaló que, pese a las estadísticas, les falta mucho para ser ricos. Como en tiempos del comunismo más ortodoxo, para el discurso oficial la Biblia china sigue siendo una distribución más justa de la riqueza y darle vestido y alimento a la "gran familia", como llama el ministro a su país.

Fuente: diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina; 3 de junio de 2004.