Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 3460 al 3479 
AsuntoAutor
851/04 - SEGREGACI Humboldt
852/04 - LA EDUCAC Humboldt
853/04 - "Ruptura Humboldt
854/03 - El acuíf Humboldt
855/04 - Sobre la Humboldt
856/04 - Conferenc Humboldt
857/04 - América L Humboldt
858/04- "Geografía Humboldt
859/04 - "Geograf Humboldt
860/04 - Se puede Humboldt
861/04 - Maestría Humboldt
862/04 - Cambio Cl Humboldt
863/04 - CARRERA D Humboldt
864/04 - México, e Humboldt
865/04 - ¿ Es posi Humboldt
866/04 - SIMPOSIO Humboldt
867/04 - Clase med Humboldt
868/04 - PRIMERA C Humboldt
869/04 - EL CAPITA Humboldt
870/04 - LIBERTADE Humboldt
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 3681     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 860/04 - Se puede preservar el tipo de cambio real competitivo
Fecha:Miercoles, 2 de Junio, 2004  20:08:17 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 860/04
 

Argentina

 

Se puede preservar el tipo de cambio real competitivo 

 

Por Roberto Frenkel

Investigador Titular del CEDES y profesor de la UBA

 

            En mi modesta campaña de promoción de una política macroeconómica orientada a preservar un tipo de cambio real competitivo y estable se me han cruzado varios argumentos que lo diagnostican imposible. Me propongo comentar algunos en esta nota. Antes de hacerlo es conveniente repasar el significado que damos a los dos atributos del objetivo propuesto.

            Un tipo de cambio competitivo (TCC) es el que determina incentivos para la producción de una amplia gama de productos comerciables con el resto de mundo, sea para su colocación en el mercado internacional o en el mercado interno. Incentivo quiere decir rentabilidad. Al ampliar la gama de producciones potencialmente rentables se amplían las posibilidades de crecimiento de la producción y del empleo. Este es el papel protectivo del TCC. Es una política de promoción generalizada de las actividades comerciables con respecto a las no comerciables. Por ser general - a diferencia de los aranceles u otros incentivos específicos para sectores o actividades – es completamente amistosa con el mercado y no da lugar a búsqueda de rentas y corrupción. La política cambiaria adquiere singular importancia en un contexto de acuerdos internacionales que restringen la utilización de aranceles y otros incentivos.

El TCC incentiva la utilización más intensiva del trabajo en las actividades comerciables y también en las no comerciables. En este segundo aspecto, el TCC establece otro estímulo sobre el empleo, adicional al que resulta de la expansión de la producción. En tercer lugar, a través de sus efectos sobre el comercio exterior, el TCC cumple una función preventiva de tendencias insostenibles en la cuenta corriente del balance de pagos y el endeudamiento externo.

            La pregunta acerca del nivel más conveniente del TCC no tiene una respuesta precisa, como mencioné en mi nota anterior en esta misma columna. Podemos reconocer órdenes de magnitud en función de los criterios mencionados arriba. Estos permiten asegurar que el tipo de cambio real de la década de los noventa no era competitivo. Con semejante seguridad puede sostenerse que el vigente en la actualidad es un TCC. Mayor claridad sobre el punto puede derivarse de examinar la estabilidad del TCC, el segundo atributo de nuestra propuesta.

            Un TCC estable no significa, obviamente, un tipo de cambio nominal fijo ni tampoco una indexación automática a la evolución de los precios. La flexibilidad del tipo de cambio nominal desalienta los movimientos de capitales especulativos de corto plazo y tiende a “suavizar” la cuenta de capital del balance de pagos. Es bueno que haya riesgo cambiario de corto plazo. La estabilidad que mencionamos apunta a plazos más extendidos. Su principal propósito es reducir la incertidumbre acerca del tipo de cambio real en los plazos relevantes para las decisiones de inversión en actividades comerciables existentes o nuevas. El TCC provee actualmente rentabilidad a ciertas actividades, existentes o potenciales. Pero el tipo de cambio relevante para las decisiones de ampliar o instalar capacidad productiva en esas actividades es el que regirá en el futuro, cuando esas inversiones hayan madurado y las empresas se encuentren produciendo y vendiendo.

¿Cuáles son las fuentes de señales que permiten conjeturar el tipo de cambio real que regirá en ese futuro más o menos lejano? Menciono dos: la estrategia manifiesta de la política económica y la tendencia observada del tipo de cambio real. Consideremos esta última en primer lugar. Si un inversor potencial observa una tendencia a la apreciación del tipo de cambio real, no tiene manera de conjeturar en qué nivel se estabilizará, si se estabiliza. Esto es particularmente así en Argentina, el país de América Latina que experimentó la mayor variabilidad del tipo de cambio real en los últimos treinta años. El que se quema con leche, ve una vaca y llora. Entonces, para no desalentar la inversión en comerciables, es imprescindible evitar tendencias a la apreciación que exacerben la percepción del riesgo de no contar con un TCC cuando la inversión madure. Esta consideración aclara cuál es el nivel de TCC más conveniente: el que rige en la actualidad, el TCC al cual arribamos con inflación baja a través de nuestra tumultuosa historia previa. En esto manda la Historia, no el cálculo. La otra fuente de señales con que puede contar un inversor potencial es la estrategia de crecimiento planteada por el gobierno. Por sus actos los conoceréis, pero también por su voluntad manifiesta. La concepción estratégica del gobierno y la exhibición de los instrumentos capacitados para impulsarla contribuyen indudablemente a reducir la incertidumbre.

Esto es lo que proponemos, veamos algunos argumentos que lo diagnostican imposible. Se me ha dicho que no podrá sostenerse el TCC, porque el tipo de cambio real es un precio relativo que el gobierno no puede determinar y porque se pronostica una oferta de divisas en el mercado de cambios que empujará inevitablemente a la apreciación. Por distintas fuentes me fueron mencionados tres orígenes de esa presunta oferta excedente de divisas: la continua expansión de nuestras exportaciones agropecuarias, los dólares atesorados por los argentinos y los ingresos de capitales provenientes del mercado financiero internacional, una vez cerrada la renegociación de la deuda.

Una refutación cuidadosa de esos argumentos nos conduciría a consideraciones técnicas que no tienen lugar en esta nota. Digamos simplemente que razonar de esta manera sobre el mercado de cambios no es correcto. El mercado de cambios no es como el mercado de manzanas. El precio del dólar es una componente del precio de un activo cuyas decisiones de compra o venta dependen de la expectativa de tipo de cambio futuro, de comparaciones entre rendimientos financieros locales y externos y de percepciones y valoraciones de riesgos. Obsérvese, como ilustración de este punto, lo ocurrido recientemente en el mercado de cambios de Brasil: pese a que la economía genera actualmente un superávit de cuenta corriente, bastó la conjetura de una suba de la tasa de interés estadounidense para inducir un aumento significativo del precio del dólar. La segunda razón que diferencia el precio del dólar del precio de la manzana es que el estado incide de varias maneras en la determinación del tipo de cambio y por lo tanto, no puede analizarse dicho precio al margen de las políticas cambiaria, monetaria y fiscal.

En resumen: la determinación del tipo de cambio no es un fenómeno natural y hay instrumentos de política para preservar un TCC estable. Si las exportaciones agropecuarias crecen, los argentinos tienen muchos dólares y los extranjeros pujan por invertir en el país, mejor. Habrá que acomodar los instrumentos para preservar el TCC ante distintas situaciones.


Fuente: Diario La Nación, Buenos Aires - Argentina. 30/5/2004

Gentileza: Lic. Javier Lindenboim