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Asunto:NoticiasdelCeHu 849/04 - Del alza del petróleo y el Grupo Carlyle ( Al fredo Jalife Rahme )
Fecha:Domingo, 30 de Mayo, 2004  23:46:18 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 849/04


Del alza del petróleo y el Grupo Carlyle

 Alfredo Jalife Rahme


A CINCO MESES de una crucial elección presidencial, nunca hay que subestimar la capacidad de daño de un león herido de muerte, como es el caso del equipo de George W. Bush empantanado en Irak: no solamente obligó en la superestratégica India, mediante la manipulación del desplome de casi 20 por ciento en un solo día de la Bolsa de Mumbai, a la recusación de la primer ministra electa Sonia Gandhi, sino que además envió la señal inequívoca de que está dispuesto a combatir hasta el final, por medio de la relección a la jefatura de la Reserva Federal por quinta vez consecutiva (¡vaya "democracia"!) del casi octogenario Alan Greenspan (tiene 78 años de edad y acaba de sufrir, muy callado, un infarto). ¿A qué otro mago inepto va a recurrir el imperio dolarcéntrico cuando desaparezca Greenspan, lo que sucederá con toda probabilidad alguno de estos días o meses?

LA GUERRA EN IRAK se convirtió en una guerra obscena del poder doméstico, que delatan las filtraciones estremecedoras, entre los neoconservadores straussianos (y sus racistas aliados huntingtonianos) y los partidarios de Colin Powell -al final de cuentas y cuentos, dos grupos plutocráticos-. La incertidumbre sobre la propiedad (y su traslado catastral) del petróleo iraquí se encuentra entre los múltiples factores que han incidido en su alza fenomenal por encima del "umbral sicológico" de 40 dólares el barril. Según Tony Benn, anterior ministro del atribulado premier Blair, la guerra en Irak subsume la globalización financiero-militar para "privatizar su petróleo".

PUES YA QUE hablamos de globalización financiero-energético-bélica no podemos pasar por alto las tribulaciones planetarias del Grupo Carlyle, su principal actor sobre la Tierra. Se insiste en demasía sobre las cuatro hermanas anglosajonas de la petrocracia (Chevron-Texaco, Exxon-Mobil, Shell y BP) y en sus "servidores" parasitarios, como Halliburton (de la que fue director el vicepresidente Dick Cheney) y Baker Hughes (controlado por el texano James Baker III, figura notable de Carlyle), mientras pasa inadvertido en medio de un velo arcano el Grupo Carlyle, que constituye el verdadero cerebro político de un pulpo energético cuyos brazos van desde Baker Hughes hasta Exxon-Texaco, donde operan todos los traslapes empresariales del "complejo militar-tecno-industrial-financiero-energético" del capitalismo anglosajón. La agencia Bloomberg (17 de mayo) afirma que "el presidente Bush permitió un incremento en las fusiones de las refinerías de petróleo sin la más mínima regulación (...), lo que pudo haber contribuido en la mayor alza de precios de gasolina en los pasados 20 años". Una verdad de Perogrullo que en términos biológicos se expresa por el tropismo petrolero consustancial al bushismo.

POR MERITOS PROPIOS, el Grupo Carlyle, sinónimo del padre e hijo de la dinastía de los Bush, es considerado "el mayor inversionista privado del mundo" (Le Monde, 29 abril). En forma insólita, no cotiza en bolsa. Muy entendible: la bolsa está diseñada para empresas de más fácil persecución por el sistema legal y sus montajes judiciales selectivos, por lo que sólo rinde cuentas a sus 550 inversionistas billonarios y a los fondos de pensiones afines -si es que llegase a hacerlo (porque a nadie le constan las minutas de sus conciliábulos). Carlyle, asociada a Qinetic (filial del Centro de Investigación y Desarrollo del ejército británico), emplea en forma intensiva los "paraísos fiscales" (off-shore) y recurre a la "contabilidad invisible" (off-balance sheet), por lo que la verdadera extensión de su control corporativo escapa al escrutinio ciudadano. Maneja unos 18 mil millones de dólares invertidos estratégicamente en el sector energético, defensa, bio y nanotecnología, informática vinculada a la "seguridad del hogar", telecomunicaciones y el sector espacial. Sus inversiones dejan 30 por ciento en promedio anual de ganancias -cuando las tasas de interés de la Reserva Federal andan en 1 por ciento, gracias a Greenspan, quien no sabe cómo refundar al sistema capitalista inundado de quiebras y deudas. Durante 10 años, Daddy Bush fue el consejero estrella de Carlyle, hasta octubre de 2003, cuando se jubiló en la cercanía de sus 80 años (de hecho fue orillado por un cruento artículo de Larry Klayman, director de la conservadora Judicial Watch, quien exhibió la incompatibilidad del conflicto de intereses entre el padre y el hijo, el presidente número 43 en funciones); su hijo, Baby Bush (antes de ser gobernador de Texas en 1994 y luego controvertido presidente), fue empleado de Carlyle mediante la filial Caterair, empresa texana especializada en la restauración aérea, la cual, debido a la quiebra, fue desaparecida por medio de ingeniería financiera grupal. Este sensible dato lo oculta Baby Bush (con justa razón) de su biografía oficial y sus panegiristas tampoco lo indagaron. El muy serio rotativo francés Le Monde refiere que "la colección de personajes influyentes que trabajan, han trabajado o han invertido en el grupo forzaría a la incredulidad, aun de los más fervientes adeptos de las teorías del complot": desde Caspar Weinberger (anterior secretario de Defensa, autor del polémico libro La Próxima Guerra, con prefacio de Margaret Thatcher, que incluye una invasión a México vía Tamaulipas), pasando por George Soros (el megaespeculador con disfraz de "filántropo"), hasta miembros de la familia Bin Laden.

RESALTA LA INCORPORACION en su seno de Arthur Lewitt, anterior director de la reguladora bursátil (SEC, por sus siglas en inglés) y de William Kennard, anterior director de la reguladora de telecomunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés), lo que plasma las intersecciones de las finanzas, la bolsa, las telecomunicaciones y el "terrorismo" (en la versión hollywoodense de la rama genealógica y lógica de la familia Bin Laden, aliada de los Bush) que constituyen la columna vertebral que protege el sistema neurálgico bélico-energético del controvertido conglomerado privado bushiano. ¿Quién dijo que existía inocencia en los oligopolios de las finanzas cibernéticas, los multimedia skinnerianos y las regulaciones selectivas? Christopher Ullmann, vicepresidente del conglomerado bélico-energético se defiende: "Somos un objetivo cómodo para quien le plazca atacar al gobierno de EU y a su presidente", para agregar sin el más mínimo rubor: "Nos acusan de todos los males, pero nadie jamás ha aportado una prueba de malversación alguna. Nunca se ha entablado un proceso judicial en nuestra contra". ¿Logrará entender Ullmann que una cosa es denunciar con propósitos de promover la legalidad del bien común y otra ser suicida para enfrentarse al conglomerado privado estratégico más poderoso del mundo? Ullmann subraya que Carlyle "se anticipa a las tecnologías del futuro" y la "búsqueda de posiciones estratégicas", gracias a las aportaciones de los fondos de pensiones (Nota: la circulación sanguínea del sistema capitalista anglosajón y su economía parasitaria).

LE MONDE RESEÑA que el "sistema Carlyle" es creación de Frank Carlucci, "anterior director adjunto de la CIA, consejero de seguridad nacional y secretario del Pentágono con Reagan". Lo mejor: "es uno de los más cercanos amigos de Donald Rumsfeld, actual secretario del Pentágono", quien ha emergido como instigador de las torturas de Abu Ghraib. ¡Beautiful! Carlucci y Rumsfeld trabajaron juntos como ejecutivos para Sears Robuck (¿qué habrán enseñado allí y/o aprendido, en su defecto?) y "llegaron a compartir la misma recámara de estudiantes en Princeton" (como sucedió en California con el caso similar de Joseph Marie Córdoba y Guillermo Ortiz). En forma interesante, "seis días después de haber sido oficialmente secretario del Pentágono, el 6 de enero de 1989 (nota: un año clave en la geoestrategia), Carlucci es director de Carlyle, adonde "lo acompañan hombres de confianza, anteriores ejecutivos de la CIA, del Departamento de Estado y del Pentágono". El itinerario errante de Carlucci "arroja azufre", al decir de Le Monde: "Bajo sospecha de estar implicado en el asesinato de Patricio Lumumba" en el Congo Belga (nota: donde fue el segundo de la embajada de EU), "lo cual ha desmentido vigorosamente". En la década de los 80 fue acusado por la prensa de EU de dedicarse al contrabando de armas, por lo que nunca fue molestado ni investigado. Luego, emerge en Wackenhunt, firrma de seguridad, de "reputación detestable, implicada en uno de los escándalos mayúsculos de espionaje, con la captura de la firma Promis de software" (nota: aquí no hay que meterse porque adentrarse en las entrañas de este Minotauro del espionaje bancario trasnacional, donde aparecen miembros de la familia Bin Laden, cuesta la vida, como sucedió con Danny Casolaro). Siempre según Le Monde, a Carlucci le toca realizar la limpieza del nauseabundo escándalo Irán-contras "y sustituye al mancillado John Poindexter en el sensible puesto de asesor de seguridad nacional; su adjunto es un joven "general" de apellido Powell y de nombre Colin.

LAS ADQUISICIONES del grupo son siempre estratégicas: BDM International (trasnacional que vincula la tecnología de la información con los negocios y que participa en la Guerra de las galaxias), Loral (sistemas satelitales), Northrop Grumman (fabricante de armas), United Defense Industries (tanques, misiles, artillería), Vought Aircraft (cofabricante de los bombarderos B1 y B2), Magnavox Electronic System (imágenes de radar), DGE (cartografía electrónica para los misiles crucero) y tres empresas ligadas a la descontaminación nuclear, química y bacteriológica: Magnetek, IT Group y EG &G Technical Services. Para cerrar el círculo vicioso, Carlyle adquiere Vinnell, empresa reclutadora de mercenarios y vinculada a la CIA que forma parte de la importante empresa privada constructora de armas Northtrop Grumman.

EN ENTREVISTA CON The Washington Post (16 de marzo), el nostálgico fundador de Carlyle, David Rubenstein, reconoce que "Carlyle sustituyó a la Comisión Trilateral en las teorías del complot", pues, con dedicatoria a los aficionados a los complots: en la mañana del 11-9, el Grupo Carlyle organizó un desayuno corporativo en el hotel Ritz Carlton de Washington, donde resplandeció la presencia de Daddy Bush, el texano James Baker III, Frank Carlucci y Shafiq Bin Laden (medio hermano de Osama). El Triángulo de hierro, de Dan Briody, que se ha vuelto un libro obligado de consulta sobre el Grupo Carlyle, destaca los vínculos entre el clan Bush y la tribu Bin Laden, pero, sobre todo, resalta la convergencia de los intereses de un gobierno privatizado, su ejército (también privatizado) y sus empresas globales, lo cual epitomiza la lúgubre intersección de la política doméstica en Washington, su seguridad nacional y el capital en apariencia "privado" -que, en realidad, no lo es tanto, desde el momento que depende de los fondos de los pensionados. Una prueba de fuego sobre la validez de la "democracia" en EU y Gran Bretaña (específicamente, el depredador capitalismo anglosajón) la constituirá el instante en que los pensionados decidan el destino de sus ahorros. La "democracia" en EU es una "democracia de dinero": quien más dinero tiene pone al presidente en turno.

LA EMPRESA RECLUTADORA de mercenarios globales, Vinnell, merece una doble mención honorífica y horrorífica. De acuerdo con el Centro de Integridad Pública ("Frutos de la Guerra", 18 mayo), que diseca su anatomía criminal a escala global, Vinnell, subsidiaria centrifugada de Carlyle, es "responsable del entrenamiento del nuevo ejército iraquí". ¿Cuál "ejército"? ¿Cuál "iraquí"? Lo relevante es el círculo vicioso de la dialéctica de la muerte y su trinomio"construcción-destrucción-reconstrucción", para lubricar los negocios del neoliberalismo.

POR CIERTO, se nos olvidaba que el representante reclutado en México por el Grupo Carlyle es el cordobista-salinista-zedillista Luis Téllez Kuenzler, anterior secretario de Energía, quien hace seis años acudió en forma canalla (disculpen los lectores, pero no dispongo de adjetivo más benigno para un personaje tan maligno) a engañar al Congreso para avisarles que el precio del petróleo mexicano se cotizaría en seis dólares el barril. ¡Se equivocó siete veces en seis años! ¿Es el flamante secretario de Energía, el cordobista-salinista Calderón Hinojosa, un clon de Téllez Kuenzler, el tapado del Grupo Carlyle para la presidencia del "México energético mochado", a imagen y semejanza del águila del foxismo sumergido en un artificial lago azul?


 Fuente: diario La Jornada, de México D.F., México; 19 de mayo de 2004.