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Asunto:NoticiasdelCeHu 808/04 - Enfrentando a la “reforma” y a los reformis tas
Fecha:Miercoles, 26 de Mayo, 2004  21:30:29 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 808/04
 
 

APUNTES PARA LA DISCUSIÓN

 

Prof. Omar Horacio Gejo

 

Llevamos más de seis años construyendo el CeHu. El paso del tiempo ha ido multiplicando las actividades: revistas, boletines, encuentros.

Los encuentros, por ejemplo, nos permiten a muchos de nosotros encontrarnos una vez al año y afianzar ideas y acciones a desarrollar por el Centro.

En el Encuentro de Mar del Plata se planteó la necesidad de plasmar algunas de las nociones en danza, trasladándolas al papel, dando por sentado que elaborar documentos –si las circunstancias lo determinan- es una de las tareas naturales de estas citas.

A aquel Encuentro se llegó junto con la presentación, en el Boletín, de “El CeHu y la Geografía en la Argentina”, una toma de posición que entendimos pertinente a casi un lustro de recorrido.

Creo oportuno ahora, explicitar algunas líneas que me atrevo a allegarles, como probable punto de partida para una discusión más amplia.

Estas expresiones personales son absolutamente preliminares, provisorias, y reflejan en una apretada síntesis diversas interpretaciones que admiten –y necesitan- más de una revisión.

 

 

1.      ¿Por qué creamos el CeHu?

Enfrentando a la “reforma” y a los reformistas

 

Puedo arriesgar que el CeHu nace en el marco de la lucha contra la “reforma”, y como una expresión revulsiva del camino que ésta tomaba en la interna geográfica; además, como una respuesta ante la insatisfacción existente respecto del estado normal de la disciplina.

La “reforma”, como denunciamos oportunamente, constituyó un ataque en profundidad contra las condiciones generales de los educadores. Era y es la introducción de la “flexibilidad” en el sector educativo; algo más dentro de la amplia acción depredatoria de los gobiernos sobre los trabajadores.

Esta dimensión material concreta del proceso no se nos podía escapar, tenía que oficiar de sólida base para la elaboración de cualquier análisis posterior, así como también de plataforma para la acción misma.

Pero además, la “reforma” representaba particularmente la hegemonía de un discurso subjetivo, cargado de verborragia sociologizante, que se aleja notoriamente del análisis situacional, concreto in extremis, de la Geografía.

La “reforma”, nos brindaba, pues, el terreno para la acción tanto general como particular de los geógrafos. General, porque nos planteaba la necesidad del agrupamiento, ya que una respuesta colectiva, es decir, política, es el único camino capaz de dar frutos, aparte de alinearnos junto al resto de los trabajadores. Particular, porque al enfrentar los cambios “bajados” desde el Ministerio de Economía, nos brindaba la oportunidad de redefinir posiciones críticas al interior de nuestro medio. Allí, genéricamente, se enfrentaban las posiciones “conservadoras” y las “progresistas”. Las primeras, prevalecientes en el Profesorado y en la Sociedad de Estudios Geográficos; las segundas, teniendo por solar principal a la Universidad. Los “conservadores” enfrentando, a su manera y con sus limitaciones, el ataque de la “reforma”; los “progresistas”, en cambio, cual verdadero caballo de Troya, obrando como el ariete de la irrupción del engendro técno-burocrático.

 

Desde el CeHu hemos propendido a establecer el enlace entre el Profesorado y la Universidad; hemos hecho de la unidad el punto de partida efectivo para la acción colectiva (política) y sindical (corporativa).

 

 

2. La Cuestión Geográfica

El Qué

 

Es evidente que existe un cuadro de insatisfacción más o menos abierto respecto de la situación de la disciplina. También es cierto que esta mirada o sentimiento parece haber acompañado a los geógrafos durante mucho tiempo, y hasta se podría decir que este es un paisaje frecuente en –y de- otras “geografías”.

¿Qué es la Geografía?; ¿qué hacen los geógrafos?, son habituales preguntas para la mayoría de las camadas de recién llegados a nuestra disciplina. Sin embargo, negar la especificidad de los tiempos sería negarnos precisamente como geógrafos.

Sabemos de la falta de precisión de nuestro campo demarcatorio de actividad. Éste ha sido un hecho sustancial de la aparición y desarrollo de la Geografía. Creo, tal vez, porque ella es básicamente una síntesis, y como tal es difícil de definir y mucho más de practicar.

Me ha resultado simpático encontrar la definición más precisa de la Geografía en una publicación no geográfica, mediante una referencia a los dichos de un filósofo español, de raigambre anarquista. Este pensador habla del “presente histórico localmente delimitado”, el terreno de la dialéctica, indudablemente influido por el reconocido Reclus. Pues bien, esto del “presente histórico localmente delimitado” me parece que resume lacónica y, a la vez, meticulosamente, la abarcativa realidad de lo geográfico. La definición del fenómeno humano, aquí y ahora, a través de la necesaria y explosiva mezcla de su profundidad temporal y su extensión espacial. Sin esta bidimensionalidad cruzada, yuxtapuesta, no hay hecho humano, y, por supuesto, tampoco podría explicárselo y comprenderse. Esto es a lo que llamo “la síntesis concreta que define a la Geografía como arte, y a los geógrafos como artesanos”.

En otras palabras, la Geografía equivaldría a una especie de historia contemporánea, claro que dotada de su correspondiente encarnadura material.

Desde ya, planteada esta cuestión de esta forma, podemos entrever la importancia estratégica de este saber, sobre todo como insumo esencial en la formación de un individuo. Y no sólo en la conformación de las mentalidades, sino también como necesaria práctica para el abordaje y resolución de situaciones.

 

 

Los Porqué

 

Es indudable que la Geografía atraviesa por una serie de problemas. Trataré de esbozar en grandes trazos una primera interpretación que se resume a tres situaciones.

La Geografía nace allá por los años 40 y 50 –me estoy refiriendo a su institucionalización universitaria en la Argentina- como una ruptura historicista. ¿A qué llamo ruptura historicista? A un movimiento “secesionista” proveniente desde la Historia, y que marchó a establecer esa instancia sintética concreta que antes señalaba. Es decir, ante todo, un impulso por el presente, por la contextualización de los fenómenos humanos.

Uno de los problemas que hemos ido acumulando es que tras de la ruptura historicista asistimos a un alejamiento, paso a paso, de aquella raíz. Me atrevería a decir que el propio desarrollo vegetativo, la consiguiente traslación generacional, seguida de una sujeción inevitable a mecanismos de reproducción burocrático-endogámico, han marcado a fuego las sendas de pauperización, el retroceso temporo-espacial a la micropartícula de excesivo y asfixiante presente, por un lado, y la agobiante circunscripción espacial, representada por la neoversión de lugar, por el otro.

 

Desde mediados del siglo pasado se ha ido imponiendo con fuerza el pretendido enfoque holístico, conocido como el paradigma ecológico-ambiental. Desde las Ciencias Naturales se ha intentado alcanzar una síntesis, aunque el resultado ha quedado sujeto, indefectiblemente, a aquella impronta naturalista.

No voy a desarrollar aquí una crítica abierta de estas posiciones. Sí quiero dejar en claro que la Ecología, o lo ecológico, ha significado un fuerte vaciamiento de la Geografía desde el basamento material natural. Y allí hay, entonces, otro foco de conflicto.

 

 

Desde mediados de los ’70, el mundo se ha convertido en el escenario de la declinación de lo que se denominó “Estado de Bienestar”. La clara redefinición del estado, de su correspondiente rol, estuvo en el centro de los acontecimientos. Un estado mucho menos comprometido en la “esfera social”, sea en forma directa –entendida como disminución aparatista- o indirecta –negándoselo como redistribuidor progresivo-, generó las condiciones de retracción de las oportunidades de empleo que el “keynesianismo”, aun en el caso periférico, había creado en los dorados años de la “planificación”.

Nuestro anterior “modelo”, el mercado-internista, al efecto, resultó el campo propicio para el desarrollo de la experiencia laboral de distintos profesionales de diversas disciplinas, que gustaban definirse como saberes aplicados.

Tras el veranito nacional, el estrangulamiento de las favorables condiciones del mercado de trabajo, representó un duro golpe para las vertientes profesionalistas, circunstancia que, en Geografía, por ejemplo, no les impidió dar un rápido brinco hacia posiciones introspectivas, como hacer de la investigación el refugio frente a la crisis, o el dirigirse, sin hesitar, a reinterpretar, desde el “planeamiento”, el proceso de enseñanza-aprendizaje, aun cuando en el pasado inmediato, se le hubiera dado la espalda al “profesorado”, o, por lo menos, se lo había menospreciado como una actividad de poca entidad.

 

 

 

¿Cómo?

 

El surgimiento del CeHu, precisamente, se ha dado en este contexto. La situación universitaria que podríamos definir como de excesivo encierro, de repliegue, o, incluso, de mero abroquelamiento individualista.

 

 

a)      La Cuestión Geográfica, una Cuestión Política

 

En ese sentido, el CeHu ha planteado la necesidad de constituirse en una referencia para los geógrafos, porque es necesario un reagrupamiento como inevitable punto de partida de una experiencia colectiva, única instancia capaz de generar una respuesta histórica.

Nos propusimos superar la dicotomía Profesorado-Universidad. Para ello hay un antídoto: la promoción de una actitud sindical que una por la base el reclamo del conjunto de los geógrafos.

De seguido, hay que desarrollar una actitud intelectual para retomar la bandera del inestimable lugar que la Geografía debe tener en el proceso educativo, porque eso está en la naturaleza de nuestra disciplina. Y al respecto, sobre esto último hay mucho por hacer.

La Geografía sufre de una gran vulnerabilidad: su economía de escala es insignificante en términos mercantiles; esto la limita a la hora de hacer visibles sus epifenómenos, sus manifestaciones vitales. El no constituir mercado nos relega. La colectivización debería ser una formidable posibilidad de abrir brechas en los muros de silencio del mercado. Es imprescindible sostener la existencia de los medios escritos; sin ellos no hay perspectivas de lograr visibilidad (entidad), y lo que es más importante, no habrá posibilidad de alcanzar homogeneidad (identidad).

En otras palabras, para superar la extrema dispersión hay que generar interlocución, hay que crear diálogo.

Hay que agruparlos para vencer la restricción cuantitativa que nos invisibiliza –nos niega entidad-; y sólo agrupándonos podemos a esta respuesta instintiva darle el definido carácter consciente constructivo, distintivo en aras de la identidad. Es que entidad e identidad son dos caras de un mismo proceso. Revista, Boletín, Encuentros son y tienen que ser eso: lugares de reflexión y de acción para identificarnos.

 

 

b)      La Cuestión Geográfica, una Cuestión Concreta

 

Decimos que hay que reconstruir la unidad de la Geografía. También afirmamos la defensa de la educación, que es el terreno, el campo de esa batalla.

La ofensiva intelectual traducida por la “reforma” ha consistido básicamente en introducir un mundo de abstracciones, a las que son permeables los razonamientos sociológicos cerrados. Los geógrafos, por el contrario, contextualizamos.

La conocida línea crítica hacia la instrucción abstracta, que simplemente suma conocimientos etéreos, enfatiza en la sinrazón, por ejemplo, de la “Geografía”. Sin embargo, la línea “reformista” ha profundizado la senda de las nimiedades, eso sí, ahora con un sesgo sociologizante, asociado usualmente con el progresismo –intelectualmente hablando, claro-, pero unido fácticamente, concretamente, a la reacción política.

La lucha contra esto es al mismo tiempo el esfuerzo por la reconstrucción de una conceptualización y acción geográficas. Enfrentar este cuadro de situación, es resolver en un movimiento la aparente contraposición político-intelectual.

 

 

c)      La Cuestión Geográfica, una Cuestión Regional

 

Hablar de concreciones, de unidad y de identidad en Geografía es regionalizar. La Región es ese todo concreto, esa síntesis material susceptible de dar cuenta de una realidad circunscripta espacial y temporalmente. La Región es un argumento central para la obra de la Geografía. Sin ella estaríamos faltando a su cita.

Ahora bien, la concreción Región es un punto de llegada. El geógrafo debe ser capaz de desenvolverse en dos esferas analíticas distantes, la física y la humana.

No es una casualidad la pérdida de peso específico de la Geografía Física en los últimos tiempos, es el correlato de las penurias económicas y del extravío idealista, producto del predominio del vacío discurso sociologizante.

Debemos sostener la necesidad de un cuadro de formación de los geógrafos que contemple la existencia de tres pilares: la Geografía Física, la Geografía Humana y la Geografía Económica. Sobre este trípode debemos construir sin complejos un abarcativo edificio regional.

Como no creo en los bandazos que prohijen cambios abruptos formales del escenario (modificación de planes de estudio), entiendo que habría que trabajar sobre la inducción implícita de este esquema. Hay que nacionalizar este proceso, y para eso qué mejor que una corriente de ese alcance que lo sustente, mediante el debate y la acción permanente.

 

Durante mucho tiempo, Geografía y mapas han estado estrechamente relacionadas. En Argentina esto no ha sido así en el pasado, y hoy menos.

Hay que reapropiarse del significado cartográfico de la Geografía. La nueva Cartografía ha de ser una parte inescindible de la formación y de la proyección laboral de los geógrafos. No como la mera absorción de una técnica, sino como el lógico corolario de la síntesis concreta sustancial que es, como la síntesis formal abstracta, un genuino producto del raciocinio geográfico.

 

Buenos Aires, setiembre de 2001.