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Asunto:NoticiasdelCeHu 722/04 - El presidente prefiere capitales norteamericanos ( Joaquín Morales Solá )
Fecha:Miercoles, 12 de Mayo, 2004  00:39:32 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 722/04

Argentina
El Presidente prefiere capitales norteamericanos
Joaquín Morales Solá

El traslado a Nueva York y Washington no se entendería sin un precedente casi oculto, deliberadamente velado a la luz pública. Néstor Kirchner viene repitiendo entre susurros, desde que accedió al poder, que le gustaría incorporar a inversores norteamericanos a la economía argentina. Sostiene que la inversión extranjera de los últimos años estuvo demasiado inclinada hacia los capitales europeos. Ese principio general no ha encontrado aún la fórmula sobre cómo hacerlo.

La inversión norteamericana es la primera en la Argentina si se la mide en términos históricos. Pero fueron los europeos, en efecto, los primeros inversores de la década del 90 y los que financiaron buena parte del notable progreso de la infraestructura argentina en esos años, un aspecto que el Presidente no suele recordar en sus habituales admoniciones. Esta parte de la historia es tan real como la que cuenta que hubo, al mismo tiempo, una imperdonable ausencia del Estado.

Tales ideas, que cambiarían las alianzas económicas estratégicas de la Argentina, convirtieron la gira presidencial por los Estados Unidos en una sucesión de ceremonias empresarias. La política estuvo ausente. No hubo ningún contacto, ni siquiera un saludo breve, con ninguna autoridad del gobierno norteamericano. No pedimos ninguna reunión con el gobierno de Washington , explicaron los funcionarios de Kirchner.

¿Fue realmente así? Fue así. Diplomáticos norteamericanos confirmaron en Washington que el gobierno argentino no hizo ningún intento para acercarse a la administración de George W. Bush. Enterados de la próxima visita de Kirchner, hace unos 45 días, diplomáticos estadounidenses sondearon el interés del gobierno local para un encuentro de alto nivel. Nada. La respuesta no mostró ningún interés.

¿Por qué? Lo primero que debe resaltarse es que una reunión con el propio Bush hubiera sido casi imposible; el jefe de la Casa Blanca consume todo su tiempo en sobrevivir al naufragio de su gobierno entre las muy graves y deplorables violaciones de los derechos humanos en Irak. Pero hubiera sido posible, en cambio, un encuentro con el secretario de Estado, Colin Powell, con la jefa del Consejo de Seguridad, Condoleezza Rice, o con el secretario del Tesoro, John Snow. Hace 45 días, Kirchner no tenía ninguna respuesta para ellos, según los problemas que a ellos les interesan. Prefirió entonces el silencio.

En los días que corren podría, en cambio, haberlos halagado con algunas buenas noticias. El Presidente tomó la decisión de enviar tropas de paz a la sangrienta Haití, que desembarcarán en Puerto Príncipe junto con el ejército brasileño. Los Estados Unidos y Francia reclamaban tropas de paz para esa nación pobre y enlutada, porque ellos, que controlan la seguridad en Haití, se irán el 1° de junio próximo. Kirchner venía demorando esa resolución, pero finalmente la tomó en las últimas horas.

El otro caso es Bolivia. Después de un contoneo demasiado cercano con el líder cocalero Evo Morales (y una fotografía con él y con Hugo Chávez que pudo devastar la imagen internacional de Kirchner), el Presidente oyó los pedidos hechos por Bush. El acuerdo con el presidente bolivano, Carlos Mesa, para la importación de gas es una necesidad argentina y una parvedad boliviana. Significa dinero constante y sonante para un gobierno famélico, que es lo que le pidió Bush.

Washington sabe ahora, por boca del propio Mesa, que Kirchner es un buen aliado suyo en el proyecto de consolidar su frágil gobierno.

Es cierto que el presidente norteamericano se sorprendió cuando escuchó el discurso de Kirchner en la cumbre de Monterrey, lleno de la épica fundacional del país y del mundo a la que es tan adepto. Pero el pasmo de Bush fue mayor porque venía de tener un encuentro personal con Kirchner que le había gustado mucho. Escogió no escucharlo hasta el final. Nadie ignora que son dos presidentes con ideas distintas, pero son dos demócratas. Es lo que importa , suavizan en Washington.

Hay conflictos irresueltos. Uno de ellos fue la reciente votación en las Naciones Unidas por las violaciones de los derechos humanos en Cuba. La Argentina se abstuvo. El proyecto, que sólo reclamaba una inspección de las Naciones Unidas, fue aprobado por un solo voto. El problema, entonces, no es lo que pasó, sino lo que hubiera pasado. La derrota de ese proyecto hubiese convertido a la Argentina, de hecho, en un enorme aliado de la última dictadura que perdura en América.

La visita de Kirchner a los Estados Unidos coincidió con un nuevo y más duro plan de Washington para sofocar el régimen de Fidel Castro, anunciado por el propio Powell. La diferencia entre una democracia y una dictadura nunca estuvo más explícita que en los últimos días. La aberración con los presos iraquíes provocó un cataclismo político en Washington, que puso contra la pared al propio Bush y dividió al partido gobernante. La cárcel es el único destino para la menor disidencia en Cuba.

Hay un más allá de lo que piensan y quieren los Estados Unidos. ¿Qué margen tiene el presidente argentino para la abstención sobre violaciones a los derechos humanos? ¿Cómo podría explicarlo cuando la denuncia de tales tropelías es un eje fundamental de su gobierno?

¿Conquistará finalmente a los capitales norteamericanos? Si a Kirchner hay que mirarlo más que escucharlo, entonces debe subrayarse una constatación: nunca entabló ninguno de sus comunes jaleos con los empresarios norteamericanos, como sí lo hizo con los europeos. Todo lo que dijo en Nueva York lo expresó con el talante de un componedor.

Sólo trastabilló cuando acusó a las empresas petroleras de sentarse sobre los pozos de gas a la espera de una tarifa mejor. También hay petroleras norteamericanas en la Argentina. El hecho sería grave si fuera cierto, aunque resultaría asombroso que tales corporaciones hayan desabastecido al mercado argentino ante la impavidez del Estado. Llamemos a las cosas por su nombre: mientras vapuleaba a las empresas petroleras, Kirchner daba la orden de poner en marcha, desde mañana, los aumentos de tarifas para el gas, largamente reclamados por las petroleras.

¿Dónde recalarían los capitales norteamericanos? Las empresas de servicios públicos tienen dueño y sus contratos comenzarán a normalizarse en las próximas semanas, según se supo extraoficialmente. Ha sido ya importante la inversión norteamericana en el sector agroexportador. El resto de la inversión necesita, como siempre, de seguridad jurídica y de reglas del juego claras, explayadas en algo más que en un bello discurso.

Dos episodios humanos valieron la pena del viaje. Uno de ellos fue el que puso, por primera vez, párrafos de verdad en un presidente argentino sobre la tragedia impune de la AMIA, que sigue siendo el atentado más grande contra el pueblo judío desde el Holocausto.

El segundo hecho fue la reconciliación con el presidente del BID, Enrique Iglesias, el más empedernido amigo de la Argentina en Washington en los últimos años. Kirchner se enojó con él porque Iglesias lo propuso a José Luis Machinea como jefe de la Cepal en lugar de Carlos "Chacho" Alvarez, el candidato del Presidente.

Kirchner se trasladó personalmente, contra la costumbre y el protocolo, para verlo al jefe del BID. Iglesias había sido perdonado por el pecado de haber propuesto a un argentino para uno de los lugares más importantes de las Naciones Unidas. La política argentina pierde el alma con demasiada frecuencia.


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 9 de mayo de 2004.