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Asunto:NoticiasdelCeHu 295/02 - Nota de Alan Freeman
Fecha:Jueves, 13 de Junio, 2002  00:00:26 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 295/02
Situación Internacional
A FONDO: ALAN FREEMAN, ECONOMISTA

"En los años 90, todo el mundo le prestó dinero a EE.UU."
El fracaso de la globalización. Muy lejos de haber cumplido sus promesas de bienestar generalizado, la expansión neoliberal de los noventa trajo menor crecimiento para casi todos los países. Durante esta década, la economía de Estados Unidos operó como una aspiradora de capitales para financiar su propia reconversión. Pero no logró recuperar la producción global, como en los años cincuenta. El resultado es un mundo más empobrecido e inestable, dice Alan Freeman, economista inglés experto en finanzas internacionales.

Mabel Thwaites Rey. DE LA REDACCION DE CLARIN.


 
 

 
PELIGRO PARA LA HUMANIDAD. "A MAS DOMINACIN, MENOS INVERSIN Y A MENOS INVERSION, MAS NECESIDAD DE DOMINAR", ADVIERTE FREEMAN. (Foto: Leo Vaca)



El profesor de la Universidad de Greenwich y asesor del alcalde de Londres, Ken Livingstone, vino a Buenos Aires invitado por el Instituto Argentino de Desarrollo Económico (IADE).

El título de una de las conferencias que usted dio en Buenos Aires es "El fracaso de la globalización". ¿Cómo lo explica?

—Como economista que soy, siento cierta vergüenza. Porque creo que, en general, los economistas se comportan como si fueran una fuente de conocimiento, pero lo que dicen entra frecuentemente en contradicción con los hechos. Es shockeante, por ejemplo, que según los economistas del FMI, el proceso de globalización del capital de las últimas dos décadas, bajo la "religión" del libre mercado, ha producido un mejoramiento de las condiciones generales del mundo y, en particular, de los países que han seguido sus indicaciones. Mi intención, entonces, fue constatar los hechos. Como el viejo Galileo, que dijo: "Ustedes piensan que la Tierra está en el centro y que el Sol se mueve. Vamos a ver con el telescopio". Y yo quería aportar el telescopio de los hechos económicos.

· ¿Qué resultados obtuvo?

—Partí de comparar el crecimiento mundial durante dos partes del período posguerra, para ver si en realidad el mundo creció más bajo el régimen neoliberal, de libre mercado de capitales, que lo que había crecido antes. Y la respuesta es que no. Hice un cálculo muy simple: sumé todos los productos brutos del mundo, en términos de dólares reales, para hacer la comparación de la producción mundial. Tomé dos períodos. El primero es el que se inicia alrededor del 1952 y llega hasta 1973. Este es el llamado "período de oro" del capitalismo mundial. En esos años la expansión de la economía mundial fue del 150%. Es decir, 10% anual. Si hacemos una comparación con el período posterior al crash de 1974, advertimos que la tasa de crecimiento entre 1975 y 1990 fue de 70%. Es decir, menos de la mitad.

· ¿Y qué pasó durante los años 90?

—Fue muy diferente de los 80. En este período, el crecimiento total fue del 20%. Esto representa un exiguo 1,5% anual. Es decir, el problema era de la tasa de crecimiento de la producción mundial y provocó la intervención neoliberal (el GATT, la Ronda de Uruguay, la formación de la Organización Mundial del Comercio), y la nueva política del FMI. Pero la intervención no sólo no mejoró este problema, sino que lo empeoró. Esto significa que las condiciones actuales de expansión mundial son peores, no solamente respecto del período de oro, sino de los años 80. Esto genera un gran problema, porque, desde el punto de vista de los estadounidenses, su país tuvo una expansión masiva de las acciones, de las bolsas, de la producción.

· Si Estados Unidos crece y el resto del mundo no, ¿qué está pasando?

—El período de los años 90 se distingue de los anteriores en el siguiente sentido: los Estados Unidos crecieron a expensas de casi todo el resto del mundo. En los años 80 hubo una expansión americana acompañada por una expansión japonesa y en el sudeste asiático, pero con disminución de la producción en el tercer mundo y, comparativamente, en Europa. En los años 90, en cambio, únicamente la economía estadounidense crecía rápidamente y todo el resto del mundo disminuía o no crecía tan rápido. Con ciertas excepciones muy importantes, sobre todo China, que creció —y sigue haciéndolo— más rápido que todo el resto del mundo, inclusive los Estados Unidos. Tomando el mundo que entra en el mercado de capital (y no únicamente en el mercado de los bienes), hubo una pérdida relativa en la mayor parte de los casos, en comparación con EEUU.

· ¿De qué otra forma puede medirse esta disparidad?

—Otra cosa que ilustra esto es la situación en las bolsas. Hice un cálculo sobre las bolsas de las economías emergentes, como Hong Kong, India, Indonesia, Malasia, y también América latina, los países del Tercer Mundo y de Europa del Este. Supongamos que en 1993 usted hubiere invertido cien dólares, en cualquier economía emergente. Hoy valdrían menos, con excepción de China. Es más, usted hubiera perdido absolutamente el valor del capital invertido. Esto significa que el capital de dos tercios del mundo no está creciendo. nicamente lo hace en los países desarrollados, de manera impactante. Por ejemplo, estos cien dólares invertidos en los Estados Unidos valdrían, en el punto más alto (alrededor de julio de 2001), cuatrocientos dólares. En la fase que suponemos la peor de la Bolsa americana (tras los atentados de setiembre), esa inversión valdría unos doscientos cincuenta dólares. Quiere decir que hay un crecimiento absoluto del capital americano, a expensas del resto del mundo. No tanto de Europa, pero sobre todo de Japón, donde estos cien dólares valdrían ahora ciento diez.

· ¿Qué implicaciones tiene esta asimetría?

—Lo que se produjo fue un boom de inversión en los Estados Unidos. Y esto ha cambiado la relación entre este país y el resto del mundo. Porque ellos quisieron expandirse sobre la base de modificar su productividad interna. Pero para hacerlo les hacía falta una inversión enorme. Y el problema es que su ahorro nacional es negativo: el consumidor no financia esta expansión de la inversión. Entonces, ¿de dónde viene? Del resto del mundo. Durante los años 90 no hubo sector del mundo que no estuviera prestando dinero a los Estados Unidos para financiar su inversión. Sobre todo los países del sudeste asiático y los del tercer mundo. Es vergonzoso que los países más pobres estén financiando esta inversión de EE.UU.

· ¿Qué podemos deducir de todo esto?

—Que la función real de la liberalización de los mercados de capital era chupar todos los ahorros de los pueblos del mundo para financiar la inversión en la economía estadounidense. En realidad, quizás esto hubiera constituido un progreso si hubiese producido una nueva fase de expansión mundial, como en los años 50. Pero no fue así. Al revés, ha deprimido la producción y la inversión en todo el mundo y no ha revertido el déficit comercial estadounidense. De estos hechos se deduce, aun sin teoría, que el rol del capital financiero estadounidense es esencialmente parasitario. Porque no adelanta la situación de la humanidad ni, incluso, la producción capitalista. Adelanta sólo las ganancias personales de los sectores financieros de los Estados Unidos. Y este es el marco en el cual cualquier país del mundo, sobre todo la Argentina, debe orientarse para encontrar una política que pueda hacer avanzar su producción y su progreso social.

· ¿Es por eso que usted dice que fracasó la globalización?

—El efecto de la globalización fue, por un lado, que no recuperó la economía de los Estados Unidos de la manera esperada y hoy parece más fuerte, pero realmente es más débil que antes. En segundo lugar, creó condiciones de catástrofe social y política en amplias regiones del mundo, que se convirtieron en ingobernables. Este es el problema clave: hay lugares en los cuales el dominio del capital no está garantizado, porque estos países se vuelven ingobernables. La conclusión a la que llegó la administración Bush es que no era suficiente usar estas instituciones internacionales, y que tendrían que acompañar las acciones en el mercado con operaciones directamente políticas.

· ¿Esto no implica exhibir poderío?

—Si, pero es un signo de debilidad. Cuando usted encuentra a alguien en la calle que quiere pelear, no significa que es fuerte. Quien es fuerte no necesita pelear. El débil pelea para establecer su superioridad, porque está en cuestión. Entonces, ¿qué vemos? Una intervención más o menos belicoso-militar, como el ataque en Afganistán, cuyo tamaño era mucho más grande que lo que correspondía a la amenaza actual del terrorismo, y buscaba una dominación geoestratégica de la región. La mira principal no es Afganistán, sino China y Rusia. Esta fue la intención real. Entonces, tomaron regiones enteras y apoyaron las intervenciones militares más bárbaras del mundo, como la de los israelíes. Tomaron la decisión consciente de que la dominación es más importante que la paz.

· ¿Quiere decir que se agotaron los recursos de legitimación ideológico-política?

—Y financiera. Entonces, se vuelven más y más un poder que quiere compensar su debilidad económica e ideológica sobre la base de intervenciones políticas armadas. Eso explica el apoyo que dan directamente a las políticas golpistas, como en Venezuela, que ya empezaron a preparar en octubre. Hay artículos que se pueden leer en la prensa americana, donde está documentada la preparación de un golpe en Venezuela. Y el Plan Colombia. También impulsan una intervención mucho más abiertamente política del FMI.

· ¿Es esa línea la que aplica el Fondo Monetario en la Argentina?

—El Fondo representa, cada vez más, los intereses abiertos de los sectores financieros estadounidenses. La intervención en la Argentina fue política. Está claro. Aunque el enviado Anoop Singh haya dicho que es sólo técnica, al plantear que hay que reformar leyes está haciendo una clara intervención política. Y veamos qué leyes quiere reformar. La Ley de Quiebras: con ello pretende favorecer directamente los intereses de los americanos que quieren comprar a bajo precio las empresas que ahora son de propiedad argentina o europea. Esto es una guerra entre sectores dominantes. Y el FMI entra directamente en esta lucha, llamada comercial, para favorecer el interés de un sector específico, el americano, en relación con el otro sector.

· ¿Y la supuesta racionalidad técnico-económica que debería primar en los consejos del Fondo?

—No existe. Es una intervención abiertamente política, vergonzosa. Las organizaciones financieras internacionales no son neutrales. De hecho, están más o menos directamente vinculadas a los intereses de grandes grupos del capital, como si fueran negociantes de ellos. Por eso son abiertamente portadores de sus reivindicaciones en la discusión con los países. Esto es acompañado por un discurso cada vez más colonial. En The Wall Street Journal, por ejemplo, se pueden leer artículos, durante las últimas semanas, donde se dice abiertamente que en el mundo los estados inviables no pueden gobernarse, por lo que es necesario que se sometan directamente a la dirección externa.

· Algunos economistas estadounidenses ya lo propusieron para la Argentina.

—¡Como si ustedes fuesen un pueblo inferior a la humanidad! Ellos se arrogan el derecho, en nombre de la civilización, de dirigir al resto del mundo. Esto es un discurso directamente colonial. Es un regreso al período del imperialismo clásico, el que va desde 1893 y la Primera Guerra Mundial, del ''14. El mismo discurso, los mismos métodos, el intento de dominar regiones utilizando acciones de guerra o instrumentos financieros.

· Se ha hecho evidente que las promesas de las reformas neoliberales en los países emergentes no se materializaron.

—Es cierto. Sin embargo, la conclusión que sacan los ortodoxos no es que falló la teoría, sino que fue mal o insuficientemente aplicada. Le cortan el pie y luego lo culpan por no poder caminar. El problema es que no deberían haberle cortado el pie. Tras el fracaso, han abandonado la perspectiva de mejorar las condiciones de vida de la gente. Les plantean a la mayor parte del mundo resignarse al empobrecimiento y están pensando cómo dominar a ese planeta con una mayoría empobrecida. Han abandonado la perspectiva de mejorar las condiciones de vida de la mayor parte de los pueblos del mundo.

· ¿Cree que es allí donde se inserta la visión neocolonial?

—Exactamente. Hay regiones y países en todo el mundo en los cuales los pueblos están tan agotados, desde el punto de vista ideológico, político, económico, que no son más gobernables con los parámetros neoliberales. Se los ve como estados inviables, en los cuales inevitablemente encontraremos terroristas. Entonces, para protegerse, EE.UU. tiene que prepararse para intervenir en todos estos países. Allí está la lógica de dominación y de recolonización.

· ¿Y esta estrategia puede ser efectiva?

—Desde el punto de vista de los propios Estados Unidos es irracional, porque los recursos que gastan en la dominación podrían usarlos para recuperar su productividad, para invertir en su país. Cuanto menos inviertan en su propia productividad, cuanto más chupen los ahorros del resto del mundo, cuanto más depriman los estándares de vida de la población mundial, cuanto más desestabilicen la situación política, más recursos tendrán que gastar en la dominación, en la guerra. Es una situación estructuralmente inestable, que sigue una lógica que se refuerza: más dominación, menos inversión; menos inversión, más necesidad de dominar. Esto es muy peligroso para la humanidad.


Fuente: Diario Clarín de Buenos Aires, Argentina, del  Domingo 5 de mayo de 2002.