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Asunto:NoticiasdelCeHu 690/04 - Tradición, turismo y poder
Fecha:Miercoles, 5 de Mayo, 2004  15:04:28 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
 
NCeHu 690/04
 
 

Tradición, turismo y poder

                                                                         

 

 
Alfredo César Dachary

 

         En este mes de mayo, en España, se realizará la boda real del príncipe de Asturias, heredero de la corona española y una bella periodista y anunciadora de la televisión española.

         Las bodas de la realeza europea, que son el último reducto de estos resabios de un pasado, son un hecho muy importante para el país, más allá de quienes crean necesaria o no esta decoración que tiene el estado español.

         Al igual que una gran feria o un campeonato de fútbol, las bodas reales logran atraer un importante número de turistas, ya que se trata de un acto que sintetiza al turismo mismo, una realidad que viene del mundo de la fantasía, un cuento de hadas que se puede presenciar.

         Si bien esta boda ya es una versión moderna del cuento de hadas, debido a la historia de vida de ambos contrayentes, que no es más que el reflejo de dos adultos con mucho mundo, no deja de ser un acto atractivo ya que retrotrae a la fantasía de lo que significa la boda en la vida de las personas.

         Los reyes de España a diferencia de los de Gran Bretaña provienen de experiencias históricas dispares, pero la realidad no está dada en la educación o la tradición sino en el poder económico que cada casa tiene.

         La casa de Windsor es una de las fortunas más grandes del mundo, que administrada por reyes muy tacaños, logró acrecentarse cada vez más. La casa real española es como una caricatura de la inglesa, por su tamaño y poder económico, lo cual la hace depender mucho del presupuesto del Estado, situación que fastidia a un importante número de ciudadanos.

         El rey de España es un navegante consumado, siguiendo la tradición de las antiguas casas reinantes, pero nunca pudo tener por sus propias posibilidades un barco, por lo que un grupo de empresarios españoles le donaron hace varios años un magnífico yate acorde a la categoría del navegante.

         Mientras la reina Isabel mandó a retiro al viejo y lujoso yate Britania, símbolo del Imperio Británico y hoy sus nuevos descendiente mantienen el bajo perfil acorde a los nuevos tiempos y quizás a nuevas formas de ocio.

         Pero hablar de reyes en un mundo tan convulsionado, tiene dos acepciones: una, tomarlo como un hecho turístico, que es muy importante; y la otra, como un hecho de la tradición, que es lo que le da fundamento al hecho turístico.

         El turismo cultural toma la tradición como uno de sus más importantes objetivos, y es por ello, que la vieja Europa es uno de los destinos de excelencia de este tipo de turismo, el de la cultura.

         Es muy difícil que el viajero que haya pasado por Londres no hubiera presenciado el famoso cambio de guardia en el Palacio de Bukinham, las actividades en la Torre de Londres y otra serie de atractivos que se dan a partir de lo que se conoce como la gran tradición inglesa.

         Lo que antes dábamos por un hecho real hoy parece que se está cayendo y así nos enfrentamos a una nueva desilusión en este mundo construido a medida por el poder y es la invención de la tradición.

         Eric Hobsbawm es sin lugar a dudas el historiador contemporáneo con mayor prestigio a nivel mundial, y ese prestigio hoy lo mantiene como profesor emérito de historia social en el Birkbeck College en la Universidad de Londres, en donde ha pasado su larga vida.

         Este historiador junto con el también británico Terence Ranger, profesor de la Universidad de Oxford y miembro del St Antony´s College, editaron un texto clásico sobre este tema, reuniendo dentro de él a los principales historiadores europeos.

         Hobsbawm sintetiza el texto al sostener “...si queremos comprender de que modo el pasado se ha convertido en presente, hemos de comprender también nuestras complejas relaciones con este pasado, que incluye tanto la necesidad histórica de transformarlo como el deseo de mantener, de establecer e incluso de inventar una continuidad...¨

        

         Las grandes tradiciones reales que hoy observamos han sido desarrolladas mayoritariamente a fines del siglo XIX comienzos del XX y el análisis de las mismas se inicia en el siglo XX.

Algunos estudiosos, como Durkheim hablaban de la fuerza integradora del ceremonial y la manera como encarna, refleja, sostiene y refuerza los valores populares muy extendidos y enraizados, mientras otros como Lukes hablaban de éstos, de como la élite gobernante consolidaba su dominio ideológico por medio de la explotación de la pompa como propaganda.

En el estudio que hace Hobsbawm de la más tradicional de las monarquías occidentales, la británica, descubre el momento y el sentido del auge de estas pompas, que hoy son el atractivo de miles de turistas en Londres.

Originalmente, entre comienzos del siglo XIX, la era en que inicia el imperio hasta 1870 aproximadamente, el ritual de la monarquía era muy parco y poco sociable dado que la sociedad era aún local y preindustrial, pero el rey en esta época dominaba toda la escena del poder con poco acotamiento al mismo.

Los ceremoniales eran desconocidos, por falta de instrumentos de socialización, los primeros diarios con imágenes eran de 1842 y eran muy caros para el ciudadano medio.

El poder del rey debía ser controlado por el emergente poder de los ciudadanos, los monarcas eran políticamente activos pero socialmente impopulares, así los primeros ceremoniales de esa época oscilaban entre la farsa y el fiasco. La coronación de la reina más importante de la era moderna, Victoria, no fue impresionante como se hubiera pensado, y así su primera etapa de gobierno fue muy oscura, donde la reina apenas salía de su sede, teniendo mínimo contacto con el pueblo.

En 1877, la reina Victoria se convierte en emperatriz de la India y de allí hasta 1914, se da el proceso de la tradición inventada, se inicia la época de ampliar, armar nuevos ceremoniales y pompas y hacerlos públicos, mostrar que ha nacido el verdadero Imperio y al heredero se lo designó virrey de Irlanda para ratificar los amplios dominios imperiales.

¿Qué pasó para que emergiera la pompa y el ceremonial? La respuesta es muy cruel pero efectiva, al reducirse el poder del monarca en la política y las decisiones de Estado, a medida en que el poder real se desvanecía, el ritual lo reemplaza como una nueva forma de poder.

Así comienza el largo camino donde el poder debía ser reemplazado por algo nuevo “la popularidad”, el rostro es reemplazado por la máscara, las formas ocupan el lugar del fondo.

Al finalizar la primera guerra mundial y hasta la coronación de la actual reina Isabel, es el período en que los ingleses se convencieron a sí mismos que las ceremonias siempre habían existido y además debían mantenerlas porque el resto de las grandes monarquías habían sucumbido.

A partir de la primera mitad del siglo XX, Inglaterra comienza a perder lo que le quedaba de su vasto Imperio y con ello, las pompas reales toman mayor significado, a lo que se suma la televisión que la socializa a grandes grupos, aumentando el impacto que esta fantasía tenía sobre un tiempo que pasó y cuyos resabios se veían intactos en estas pompas.

Pero, ¿qué hace hoy que los ceremoniales sean una de las fantasías más preciadas del turista moderno y uno de los motivos más fuertes para arribar a Londres, Madrid, Viena y otros lugares que con o sin reyes aún se hacen ceremoniales reales?

Lo primero es el orgullo que tiene la ciudad de sus ritos, se transmite al visitante invitándolo a compartir algo que aparenta ser tan antiguo como los viejos castillo medievales.

En un mundo globalizado, el desarrollo tecnológico no puede ocultar la institución más antigua, la monarquía, y es más, hay una alianza entre ambos poderes, donde el primero proyecta al segundo haciendo del pasado una fantasía  en el presente.

Lo que al comienzo fue una limitante, los viejos carruajes que antes eran muy comunes, hoy adquieren una aureola romántica que nunca pensaron tener, como cuando la princesa Diana hizo el recorrido desde el palacio a la abadía y el regreso, lo que en unos días repetirán los príncipes españoles.

Y por último, hay algo más que nace con el ritual o se monta sobre la estructura de éste, y es algo típico del turismo, los recuerdos, la venta masiva de estampas, tazas, cucharas y miles de recuerdos que cada día abundan más en estas capitales europeas y hoy harán nuevamente su agosto en Madrid.

La prensa sensacionalista y la rosa, al igual que los grandes periódicos y las televisoras, tendrán mucho que decir en este gran negocio que el turismo ha decidido tomar como propio, la boda real, y con ello reemplazar el poder que antes tuvo el rey con el nuevo que hoy da la mercadotecnia.

Por ello, las ceremonias, la pompa y en general, la tradición, no son como muchos piensan un valor construido siglos atrás, sino la expresión de un poder que se venía diluyendo y que busca en la apariencia reencontrarse con su fuente, la sociedad.

El capitalismo como sistema mundial cambia todo, lo que antes era apariencia hoy se transforma en producto, así la tradición expresada en los ceremoniales son hoy una parte importante en el mundo del turismo, la primera actividad económica del planeta.

 

alfredo@pv.udg.mx