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Asunto:NoticiasdelCeHu 664/04 - EL AGUA DULCE DE BOLIVIA EN LA MIRA DE CHILE
Fecha:Viernes, 23 de Abril, 2004  19:09:16 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 664/04
 
 

Sociedad Geográfica de Lima

Al servicio de la Nación desde el 22 de febrero de 1888
Jr. Puno N° 450 - Lima 1, Teléfono: 427-3723, Fax: 426-9930

Notas Profesionales de Opinión y Ciencia N° 80
 

Referencia Notas Profesionales de Opinión

y Ciencia N° 79 (la anterior)

EL AGUA DULCE DE BOLIVIA EN LA MIRA DE CHILE

Por Cástulo Martínez

Autor del Libro “Las Aguas del Silala”

 

Ya es notorio que la escasez de agua dulce es un problema creciente en todo el mundo; sin embargo, la escasez de agua se aprecia en su aspecto más severo en zonas áridas y semi-áridas, como en el norte de Chile, cuyas tierras están resecas y sedientas. 

Para satisfacer esta creciente necesidad de agua dulce, apta para el consumo humano y para regadío, el fallecido Presidente de Chile, don Gabriel González Videla, presentó en 1950 un proyecto, no al Presidente de Bolivia, sino ¡al Presidente de los Estados Unidos! Efectivamente, el 25 de marzo de 1951, al inaugurarse la Cuarta Conferencia de Cancilleres en Washington, el Presidente Harry Truman, refiriéndose a la necesidad portuaria de Bolivia, manifestó que le agradaba recordar la conversación que tuvo con el Presidente de Chile, Sr. Gabriel González Videla, en 1950, en la que "se contempló la utilización de las aguas de aquellos altos lagos ubicados entre Bolivia y Perú, para hacer un vergel en la costa occidental de Sudamérica para Chile y Perú y, en compensación, dar a Bolivia un puerto marítimo en el Pacífico".  

Cuatro días después, apremiado por la opinión pública de su país, que ignoraba este hecho, el Presidente de Chile en un discurso radial admitió que había conversado con el Presidente Truman sobre este asunto. Él dijo:  

"Era lógico que en mi viaje a los Estados Unidos, al analizar con el Presidente Truman diversos aspectos de las relaciones entre los pueblos americanos, yo aludiera a los fundamentales problemas de cooperación entre ellos y, en forma particular y destacada, a los medios precisos de introducir nuevos elementos de producción y riqueza en nuestras provincias del Norte. Era lógico, también, que el espíritu del mandatario norteamericano se impresionara ante las perspectivas de un proyecto que podría transformar las provincias del Norte de Chile, del Sur del Perú y del Occidente de Bolivia, hoy día desérticas, en una vasta región agrícola, dando un impulso formidable e insospechado al desarrollo económico de los tres países". 

"Siempre que Bolivia ha puesto de actualidad su deseo de obtener una salida al mar, se ha pensado, como es natural, en lo que ese país podría ofrecernos como compensación [...]. Entre las ideas y sugestiones que se han hecho al respecto, figura la de utilizar las caídas de agua del Altiplano, con el objeto de producir un enorme caudal hidroeléctrico para usos industriales y para elevar a la superficie las aguas subterráneas que existen en regiones hoy día estériles, como la Pampa del Tamarugal y otras [...]. Puede afirmarse que desde principios del siglo la idea de aprovechar agrícola e industrialmente el caudal de aguas de los Lagos Titicaca, Poopó y Coipasa, y las del río Desaguadero, ha seducido a  distinguidos técnicos de diversas nacionalidades [...]. Se abre delante de nosotros una nueva era de prosperidad no sólo para Chile, sino para Bolivia y el Perú. Para Chile el aprovechamiento de la fuerza hidroeléctrica de los lagos del Altiplano no sólo nos da la posibilidad de regar las áridas tierras de la esforzada zona del norte, de proporcionar energía abundante al cobre y al salitre, disminuyendo sus costos de producción, sino que es el fundamento indispensable para crear la industria química pesada, que sólo espera energía a bajo costo y abundante para desarrollar el proceso técnico de transformación de los salares y subproductos del salitre". 

La prensa chilena dio la noticia que con el Presidente Truman se había tratado acerca de la utilización de las aguas de los lagos Titicaca, Coipasa y Poopo por parte de Chile, para irrigar las tierras desérticas del norte chileno, instalar centrales hidroeléctricas a cambio de ceder un corredor para Bolivia de 10 Km. de ancho, cuyo terminal estaría situado a unos 32 Km. del puerto de Arica. Debido a la oposición que surgió al conocerse este hecho, el proyecto Gonzalez-Truman se archivó indefinidamente. 

No obstante, en los años 1950 y 1954 el Comité Nacional Chileno, presentó en la Conferencia Mundial de Energía realizada en Londres y en la V Conferencia Mundial de Energía de Petrópolis (Brasil) dos proyectos de irrigación e instalación de una cadena de estaciones de bombeo y de centrales hidroeléctricas para la industrialización del norte de Chile, derivando las aguas de los lagos Titicaca, Coipasa y Poopo. Estos proyectos también se archivaron. 

Lo que no se ha archivado, y está en plena vigencia, es el uso ilícito que hacen empresas chilenas de las aguas bolivianas, tanto del río Lauca, que riega el valle de Azapa, en Arica,  como de las vertientes del Silala, que abastecen a las ciudades chilenas de Calama, Antofagasta, Tocopilla, así como al centro minero de Chuquicamata... sin pagar un solo centavo al propietario del Silala, esto, es al Estado de Bolivia. 

Las autoridades chilenas fingen que tienen pleno derecho para utilizar tales aguas, pero antecedentes fidedignos y estudios hechos en terreno  demuestran que  el uso que Chile hace del río Lauca es ilegal, sin respeto a las convenciones internacionales que rigen estos asuntos, y de las cuales Chile es signatario. En cuanto al Silala, el uso que las empresas chilenas hacen de estas aguas bolivianas no sólo es ilegal, sino que, además, es abusivo porque éste no es un río internacional, ni siquiera es un río boliviano, sino un conjunto de ojos de agua o manantiales que no tienen un curso natural sucesivo en ninguna dirección. Los manantiales no fluyen a parte alguna, a menos que sus aguas se conduzcan por medio de canaletas artificiales, que es precisamente lo que ocurre en este caso. Es sólo por este medio artificial que las aguas de los manantiales del Silala llegan a territorio chileno. Y las empresas  usuarias chilenas jamás ha pagado ni un centavo a su legítimo dueño boliviano por el consumo de esta agua.  

Cuando las autoridades chilenas, como resultado de la Guerra del Pacífico,  anexaron a su territorio un extenso litoral que va desde Arica hasta el borde sur del desierto de Atacama, heredaron el serio problema de la carencia de agua para la zona anexada. Con el transcurso de los años, esa necesidad se ha hecho cada vez más aguda. En Chile se han barajado algunas posibles soluciones, tales como la desalinización del agua del mar, lluvias artificiales, y el traslado de un gigantesco témpano de hielo desde la Antártida hasta el litoral de la zona norte chilena. Por alguna razón, ninguno de estos proyectos se ha podido llevar a cabo.  

El 8 de diciembre de 1970, según cable de la agencia Inter Press Service, el Presidente de Chile, Dr. Salvador Allende Gossens, declaró: "Con Bolivia, por ejemplo, podríamos desarrollar una gran industria petroquímica conjunta y si lográramos dentro de la mayor comprensión el empleo de aguas del Titicaca, podríamos hacer del desértico norte chileno, un gran vergel". 

El 19 de diciembre de 1975, mediante Oficio Nº 686, el Ministerio de Relaciones exteriores de Chile presentaba a Bolivia las Bases de Negociación, cuyo acápite i) especificaba: "El Gobierno de Bolivia autorizaría a Chile para aprovechar la totalidad de las aguas del río Lauca". 

Con respecto al uso de las aguas del Silala, no hubo petición directa del Gobierno Chile, sino más bien fue el resultado de la necesidad de una empresa chilena de contar con agua para el funcionamiento de sus locomotoras a vapor. Sin embargo, cuando tales locomotoras a vapor quedaron obsoletas, fueron cambiadas por máquinas Diesel. En ese mismo momento, la empresa chilena debió haber perdido todo derecho a las aguas que estaba usando, ya que el contrato de arrendamiento la autorizaba a usarlas únicamente para el servicio de sus locomotoras. Pero no lo hizo; en cambio, vendió esa agua a los habitantes de ciudades chilenas cercanas para uso doméstico. 

Las autoridades chilenas afirman erróneamente que éste es un río internacional de curso sucesivo. Por supuesto, si representantes chilenos quisieran visitar la zona del Silala constatarían que no es un río, sino una serie de 94 vertientes o manantiales que son conducidas a territorio chileno por medio de canaletas artificiales. Sin estas, las aguas de tales vertientes permanecerían inamovibles en su lugar y jamás podrían salir del territorio boliviano. 

Un informe del Consejo Chileno Para las Relaciones Internacionales presenta la errada posición chilena de que es un río internacional:

"Río Silala. Este curso de agua nace en territorio boliviano próximo a la frontera e ingresa a Chile como tributario del río San Pedro. Las captaciones de agua que se efectúan en territorio chileno surten a la ciudad de Antofagasta" (Arturo Alessandri Cohn, El Futuro de las Relaciones Entre Chile y Bolivia, 1991, pág. 12). 

Después de la Guerra del Pacífico, mientras ocupaba Tacna, Chile hizo extenso uso de las aguas del río Maurí, el cual es un río internacional de curso sucesivo. En 1921, Bolivia expresó sus reservas al Gobierno de Chile, basándose en la tesis Aguirre-Achá, la cual especifica que la utilización de las aguas de un río internacional de curso sucesivo no debe perjudicar los intereses del propietario del curso inferior. Posteriormente, por medio del Tratado del 3 de junio de 1929, Chile cedió al Perú a perpetuidad todos sus derechos sobre los canales de irrigación del Uchusuma y del Maurí. El segundo párrafo del Artículo Segundo de dicho tratado especifica lo siguiente: 

"Chile cede a perpetuidad a favor del Perú todos sus derechos sobre los canales del Uchusuma y del Maurí, llamado también Azucarero, sin perjuicio de la soberanía que le corresponderá ejercer  sobre la parte de dichos acueductos que queden en territorio chileno después de trazada la línea divisoria a que se refiere el presente artículo. Respecto de ambos canales, Chile constituye en la parte que atraviesan su territorio, el más amplio derecho de servidumbre a perpetuidad a favor del Perú. Tal servidumbre comprende el derecho de ampliar los canales actuales, modificar el curso de ellos y recoger todas las aguas captables en su trayecto por territorio chileno, salvo las aguas que actualmente caen al río Lluta y las que sirven a las azufreras del Tacora".

 Con respecto al río Caquena o Cosapilla, el Consejo Chileno Para las Relaciones Internacionales expresó: "Constituye en parte el límite internacional chileno-boliviano (Artículo 2 del Tratado de 1904). Es también afluente del Río Maurí en Bolivia y se ha proyectado utilizar sus aguas para regar el Valle de Lluta" (Arturo Alessandri Cohen, obra citada, pág. 11). 

El texto de este informe no deja dudas en cuanto a los planes de las autoridades chilenas para abastecer de agua a la Primera Región, para el presente o para más adelante:

 "Respecto de los recursos hídricos, muy escasos en la zona, se prevé adquirir 200 a 300 litros por segundo a Bolivia, desde el río Maurí, en Bolivia, utilizando el oleoducto Sica-Sica existente para utilizarlo como guía. Aprovechando el desnivel desde el Altiplano, se podrían producir 200 mil KW de energía eléctrica, con la consiguiente ampliación de la agricultura, zonas urbanas e industriales.

"La retribución a Bolivia se prevé por vía directa, con energía eléctrica o con algún tipo de concesión dentro del mismo COCHASA e incluso a través de la venta de parte de sus acciones a Bolivia" (Arturo Alessandri Cohn, obra citada, pág. 28). 

"Cochasa" es otro de los fracasados proyectos chilenos para elevar la calidad de vida de los ariqueños. 

EN CONCLUSIÓN 

La necesidad biológica de nuestro país, tarde o temprano, empujará a nuestras autoridades a ampliar el porcentaje de agua del río Lauca y de las vertientes del Silala que usa actualmente, o, probablemente, incursionará en nuevas búsquedas de fuentes acuíferas.  Es una buena oportunidad para que Bolivia y Chile procuren resolver los temas pendientes en relación con el uso que hace Chile de las aguas bolivianas. Y, más que nada, encontrar una solución a la demanda marítima boliviana. Resueltos estos focos de tensión, la reanudación de relaciones diplomáticas será el resultado lógico, lo que ayudará considerablemente a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de ambos países.