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Asunto:NoticiasdelCeHu 657/04 - El petróleo saudita ( Alfredo Jalife-Rahme )
Fecha:Viernes, 23 de Abril, 2004  06:01:16 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>


Baby Bush y el petróleo saudita

Información de Woodward no ha sido desmentida

Alfredo Jalife-Rahme


POR DEMAS ILUSTRATIVAS han resultado las revelaciones de Bob Woodward, el conotado periodista de The Washington Post que contribuyó en la defenestración de Nixon, en su reciente libro El plan de ataque. Woodward demuestra en forma persuasiva que Baby Bush ya había decidido la agresión contra Irak con bastante antelación. Nada nuevo. Concuerda con los múltiples testimonios expresados al respecto, entre ellos el del anterior embajador británico en Washington, Christopher Meyer, quien confiesa en la revista Vanity Fair (por salir en mayo) que nueve días después de los atentados del 11-9 Bush y Tony Blair habían decidido la invasión a Irak. Lo más destacado del libro de Woodward, quien antes había escrito dos verdaderos churros (Maestro: la Reserva Federal de Greenspan y el auge de EU, de 2000, y Bush en guerra, de 2003), se centra en un "acuerdo secreto" entre el gobierno estadunidense y los sauditas para reducir los precios del petróleo antes de las elecciones de noviembre, para así contribuir en la relección del mandatario número 43. Esta grave acusación ha provocado severos cuestionamientos sobre la conducta de un presidente cuya obsesión radica en relegirse a cualquier costo.

EN UNA ENTREVISTA concedida al programa 60 Minutos de la CBS (cadena que lanzó el libro incendiario de Richard Clarke, ex jefe de la oficina de contraterrorismo, que cimbró los cimientos de la Casa Blanca y contribuyó notablemente en la baja de la popularidad de Baby Bush), Woodward, en el contexto de la promoción de su reciente libro, que también ha sacudido a la clase política de Washington, reveló que el embajador del reino wahabita de Arabia Saudita en Washington, el príncipe saudita Bandar Bin Sultán (hijo del poderoso ministro del Interior), prometió que los sauditas recortarían los precios antes de las elecciones de noviembre, para asegurar que la economía de Estados Unidos se encuentre sólida, lo cual favorecería la relección de Bush.

WOODWARD CONSIDERA QUE los precios del petróleo se encuentran muy elevados y que "podrían precipitar su cotización muy rápido: esta es la promesa saudita. Y conforme transcurre el verano, ante la cercanía de la elección, los sauditas podrían incrementar su producción en varios millones de barriles, lo cual deprimiría los precios en forma significativa" (Reuters, 18 de abril de 2004). ¿Significa que no existe "libre mercado" en las cotizaciones del petróleo, manipulado de acuerdo con los intereses electorales y geopolíticos coyunturales? ¿Los sauditas controlarían así la relección? ¿A cambio de qué? ¿Aceptará la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) una decisión unilateral saudita de esta dimensión sin ocasionar su fractura, principalmente con Irán y Venezuela? ¿Cuál sería la reacción de Rusia, superpotencia gasera y petrolera, que se vería perjudicada, como ya lo fue durante la fase final de la guerra fría?

WOODWARD RELATA LA "preocupación" (sic) de Bush por la capacidad del mercado petrolero, como consecuencia de la invasión a Irak, al inquirir en particular sobre "la capacidad de exceso de producción de los Emiratos Arabes Unidos y de Arabia Saudita". La agencia británica de noticias Reuters señala que "el príncipe Bandar ha sido el embajador saudita en Estados Unidos durante 20 años y forma parte de la familia real, la cual tiene una estrecha relación con la familia Bush desde hace muchos años". Después del recorte a la producción decretado por la OPEP a partir del primero de abril, que ha llevado las cotizaciones a los linderos de los 40 dólares el barril (en la variedad West Intermediate Texas), el príncipe Bandar anunció en conferencia de prensa que el objetivo primario de su país consistía en impedir la carestía del oro negro. Sin duda, el reino wahabita posee el picaporte del mercado petrolero en su calidad de principal productor mundial, y no sería la primera ocasión en que inunden el mercado para deprimir los precios, que en las circunstancias actuales parecería un harakiri, debido no solamente a las consideraciones presupuestales del reino con amplias necesidades, sino sobre todo a factores geopolíticos ineludibles.

DE NO HABER sido por las tempestades posteriores al montaje hollywoodense del 11-9, a partir de cuando la dinastía petrolera del nepotismo familiar de los Bush se distanció de sus aliados tradicionales de la casa real saudí, la delicada revelación del "acuerdo secreto" de Woodward sería incuestionable. La sharonización de Estados Unidos, como demostró el periodista israelí Gideon Samel (Haaretz, 9 de abril de 2004), y el apoyo irrestricto de Bush a la política del general Ariel Sharon en tierras palestinas, quien de facto entierra el plan saudita de paz adelantado por el príncipe heredero saudita Abdalá, también arrojaría serias dudas sobre la puesta en práctica del citado "acuerdo secreto" que exhibiría a la luz del día serios diferendos internos por la sucesión en la casa real wahabita. Como no existen las condiciones objetivas para un "acuerdo secreto" de tal envergadura, menos ahora que ha sido expuesto a la luz pública, lo cual no dejaría bien parado al reino wahabita, en especial ante la opinión pública árabe e islámica, cuando los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos aliados del partido Likud, es decir, los verdaderos diseñadores de la política exterior de Baby Bush, perpetran sus atrocidades en Irak.

DE MANERA INTERESANTE, el príncipe Bandar aún no ha desmentido la temeraria aseveración de Woodward, que de inmediato ha sido tomada como lanza de batalla por John Forbes Kerry, candidato demócrata a la presidencia, quien calificó de "ultrajante e inaceptable para el pueblo de Estados Unidos" que "el abastecimiento de la gasolina y su precio se encuentren ligados a la elección estadunidense" (NYT, 20 de abril de 2004). En caso de ganar Kerry las elecciones presidenciales, por lo menos el príncipe Bandar ya se ganó un enemigo de talla. Por lo pronto, Kerry lleva el libro de Woodward como manual de campaña y no cesa de citarlo.

HAY QUE SER sumamente cuidadosos con el asunto de las cotizaciones del petróleo y el gas, sobre todo cuando se contaminan con manipulaciones electorales y geopolíticas, como han certificado las investigaciones sobre las escandalosas mendacidades de los directivos de la trasnacional británica Shell sobre las reservas infladas de petróleo y gas (The Guardián, 19 de abril de 2004). Si en alguna actividad humana existe flagrante desinformación es en el mundo del petróleo, como demostró en forma canalla el salinista-zedillista Luis Téllez Kuenzler, ex secretario de Energía y hoy representante en México del grupo Carlyle, conglomerado de armas y energéticos de la dinastía Bush (¡que bonito trabajo!), quien hace seis años fue a engañar al Congreso con el argumento de que el oro negro costaría seis dólares el barril.

EN OTRAS OCASIONES hemos abordado las hipotéticas consecuencias que tendría la desestabilización del reino wahabita en la cotización del petróleo, que se ha convertido en una fijación mental de los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos aliados al partido Likud, que por las consecuencias está resultando ser el partido más poderoso del mundo. En este desfavorable contexto para los sauditas sunitas, como que no cuadra el "acuerdo secreto" pregonado por Woodward. Y en las antípodas conceptuales, Ashraf Fahim abunda sobre la "demonización" de los sauditas sunitas (Asia Times, 19 de abril de 2004), a quienes sugiere leer el libro El fin del mal, del israelí-estadunidense Richard Perle (influyente cabildero del Pentágono) y del israelí-canadiense-estadunidense David Frum (biógrafo de Baby Bush, quien acuñó la frase "eje del mal"). En su escrito desestabilizador La liberación de los chiítas de Arabia Saudita (y de su petróleo), Fahim señala que la dupla Perle-Frum "sugiere que Estados Unidos debe arrodillar a Arabia Saudita amenazando con apoyar la independencia de la Provincia Oriental o Al-Hasa (conocida como Ash-Sharquiya), donde gran parte de la minoritaria población chiíta y, en forma coincidente, la mayor parte del petróleo se encuentran".

CLARO, SE PUEDE dar el caso de que el príncipe Bandar, en su sublime ingenuidad, caiga en la trampa que le tiende en forma pérfida la familia Bush, mediante un "acuerdo secreto", para que después de la relección familiar lleve adelante el plan de los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos, quienes tienen una agenda pendiente para "liberar", es decir, apoderarse de todo el petróleo de Medio Oriente. La dupla Perle-Frum, a la que le vale un comino la suerte de los palestinos en los territorios ocupados y en los campos de refugiados en los países limítrofes con Israel, "se lamenta" (sic) en forma hipócrita de "la discriminación que sufren los chiítas a manos de la elite sunita", que concluirá con la "independencia de la Provincia Oriental y su petróleo", lo cual sería "catastrófico para el Estado saudita, pero representaría un magnífico resultado para Estados Unidos".

LOS PREPARATIVOS PARA la "liberación" de la Provincia Oriental existen, según el doctor Sa'd al Fagih, líder del grupo de oposición saudita Movimiento para la Reforma Islámica en Arabia, con sede en Londres (but of course), quien abunda en los detalles del plan bélico estadunidense para "aislar militarmente" la Provincia Oriental de Al-Hasa desde las bases de Qatar y Kuwait: "con los yacimientos de petróleo asegurados, pueden dejar el resto de Arabia, en particular Nadj e Hijaz, a su suerte". ¿El escenario de balcanización de Arabia Saudita, alentado por el "despertar chiíta" en la región, aunado a su expoliación petrolera por la petrocracia anglosajona, sirve para someter al reino wahabita o realmente forma parte de la reorganización del "gran Medio Oriente", de acuerdo con el nuevo plan de Baby Bush? Mientras el mandatario estadunidense solamente busca su efímera relección, los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos, aliados al partido Likud, despliegan sus planes balcanizadores y vulcanizadores en beneficio de sus intereses hegemónicos, étnicos y financiero-militares.

EN ABRIL DE 2002, el Instituto Hudson, guarida de fanáticos neoconservadores, apadrinó una mesa de discusión de título preventivamente visionario: "La vulnerabilidad saudita: fuente del petróleo del Medio Oriente y la Provincia Oriental", en la que participaron Max Singer, el fanaticazo cofundador del instituto, y Alí al Ahmed, director del Instituto Saudita (de la oposición chiíta) con sede en Washington (but of course!). No se divulgó el contenido de las discusiones ni existieron transcripciones, pero no hay que flagelarse porque el mismo Max Singer, anterior director del Instituto de Planeación e Investigación de Política Judía de la Sinagoga Consejo de Estados Unidos, en un artículo posterior, "Liberación de la Provincia Oriental de Arabia Saudita" (16 mayo de 2002), nos regaló sus conclusiones facciosas, en las cuales aduce que la única forma de erradicar el maligno "extremismo" wahabita consiste en "eliminar la fuente de su financiamiento, el petróleo", y de paso crear la "República Islámica de Arabia Oriental". Es notable la forma en que coinciden las facciosas agendas étnicas de la dupla Perle-Frum y Max Singer, cofundador del Instituto Hudson, en donde dos meses más tarde, en otra mesa de discusiones,"Petróleo, terrorismo y el problema de Arabia Saudita", el escritor británico Simon Henderson se refociló en propalar que en el Pentágono se estudia día tras día la intervención en la zona petrolera de la Provincia Oriental Al-Hasa.

LO GRAVE DE estas premoniciones seudoacadémicas y previsiones omniscientes, que se divulgan en cierto tipo de libros, es que van tomando forma para luego concretarse, como sucedió con los "desayunos académicos" en los seminarios del American Enterprise Institute, dominado por la dupla Cheney-Rumsfeld, donde se cocinó con muchos años de antelación la expoliación del oro negro de Irak por la petrocracia anglosajona. ¿Sucederá lo mismo con Arabia Saudita, de los mejores aliados de Estados Unidos hasta el 11-9, destinada fatídicamente a ser "liberada" por los conquistadores del oro negro?


Fuente: diario La Jornada, de México D.F., México; 21 de abril de 2004.