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Asunto:NoticiasdelCeHu 613/04 - Cambio tecnológico y crisis distributiva ( Ar gentina )
Fecha:Lunes, 19 de Abril, 2004  22:13:56 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
 
NCeHu 613/04
 

Argentina
Cambio tecnológico y crisis distributiva


La integración de la Argentina a la economía mundial en los 90 produjo un cambio tecnológico muy fuerte a nivel microeconómico. Para el autor, la falta de políticas públicas para suavizar ese ingreso generó un fuerte desequilibrio en la distribución del ingreso. Y plantea la necesidad de incorporar ese punto al debate sobre políticas distributivas.
Leonardo Gasparini
Economista de CEDLAS-UNLP

 
 
La Argentina fue por mucho tiempo una sociedad bastante igualitaria dentro de América Latina. Esta situación ha cambiado en las últimas décadas. La comparación con los vecinos Chile y Uruguay resulta ilustrativa. En los últimos 15 años la brecha de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre aumentó en Uruguay de 18 a 20, y en Chile de 36 a 40: en la Argentina esa brecha se incrementó de 18 a 40.

La crisis distributiva argentina está en el centro del debate económico y político.

¿Qué fue lo que produjo esta formidable transformación en el proceso de generación de ingresos? La respuesta a esta pregunta es crucial a la hora de señalar culpables, de alimentar (o no) esperanzas y de diseñar políticas.

Naturalmente, múltiples son los factores que se han conjugado para transformar la distribución del ingreso. Uno de ellos, a mi juicio de enorme importancia, ha sido soslayado en muchas discusiones académicas y en casi todos los discursos políticos. Este factor es el cambio tecnológico.


Cambio tecnológico

A principios de los 90 la Argentina intensificó su integración a la economía mundial. Este proceso implicó, entre otros fenómenos, una rápida y profunda absorción de las tecnologías de producción y gestión del mundo desarrollado.

Los ejemplos abundan en casi todos los sectores productivos. Las computadoras, el fax, el e-mail, la mecanización, los robots y las nuevas formas de gestión empresaria transformaron la manera de trabajar, producir y vender. La gran mayoría de esos cambios tuvieron el mismo sesgo contrario a la mano de obra no calificada. Las máquinas y las computadoras realizan tareas repetitivas que reemplazan a varios trabajadores no calificados, y requieren para su operación y mantenimiento únicamente personal calificado.

Esta incorporación tecnológica masiva a nivel microeconómico se tradujo en una fuerte caída de la demanda agregada de mano de obra no calificada, en particular de hombres sin educación superior. En contraste, las nuevas tecnologías aumentaron la productividad de algunas personas con alta calificación preparadas para asimilar el cambio.

Una parte significativa del aumento de la desigualdad de los ingresos es consecuencia de este fenómeno.

Ni el cambio tecnológico ni sus consecuencias distributivas son únicos de la Argentina de los 90. En Estados Unidos, por ejemplo, la incorporación de nuevas tecnologías de comunicación e informática durante los 80 tuvieron un significativo impacto desigualador.

La Argentina parece haber heredado ese fenómeno con una década de atraso. ¿Por qué el impacto distributivo fue más fuerte en la Argentina que en el resto de América latina? Entre otras razones, posiblemente debido a que en nuestro país el proceso de integración al mundo se produjo de manera drástica en muy pocos años, y sin los mecanismos suficientes para suavizar la transición.

En el resto de América Latina este proceso se vivió o bien más gradualmente, como en Chile que venía transformando su economía desde la década anterior, o bien de manera menos profunda, como en Uruguay.


El debate

El argumento tecnológico no es la única explicación del aumento de la desigualdad, pero resulta curiosa su poca relevancia en el debate diario sobre este tema. Intuyo que dos razones alimentan esta posición secundaria. La primera proviene de su corolario en términos de culpabilidad. Resulta más simple y redituable políticamente acusar al "modelo", o a políticas de ajuste digitadas desde el exterior, que reconocer que parte de los dramas distributivos actuales son consecuencia de cambios tecnológicos "inimputables". Obviamente que este argumento no exculpa a los consejeros y decisores de política de gobiernos anteriores que debieron prever y atenuar las consecuencias distributivas de la integración al mundo.

La segunda razón de la subestimación del argumento tecnológico radica en otro corolario poco esperanzador.

Si los cambios tecnológicos han provocado el desplazamiento de una gran cantidad de trabajadores no calificados fuera del mercado laboral, las alternativas son o bien eliminar el cambio tecnológico, o bien entrenar a los trabajadores desplazados. Mientras que la primera alternativa es difícilmente atendible, la segunda es muy difícil de implementar, al menos en el mediano plazo. El rango de opciones es demasiado estrecho, lo cual es duro de reconocer en público, en especial en una sociedad con justa razón demandante de mayor equidad distributiva.

En síntesis, si bien quizás políticamente "inconveniente", el argumento tecnológico debería a mi juicio ser considerado con mayor seriedad, pese a que esto lleve a desmentir algunas consignas o a frustrar algunas promesas. Si no entendemos qué nos pasó, difícilmente podamos ver con claridad cómo salir.

Fuente: diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina; 18 de abril de 2004. Suplemento Económico.