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Asunto:NoticiasdelCeHu 612/04 - La cuestión salarial ( Argentina )
Fecha:Lunes, 19 de Abril, 2004  22:12:40 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 612/04                                                                                                                                               


                                                Argentina                                               

 

Los ingresos laborales. El frente salarial

 

En promedio, los empleados formales tienen hoy un poder adquisitivo un 13% inferior al de dos años atrás. Pero existen diferencias sustanciales según la actividad y, para el amplio grupo de los trabajadores en negro, la pérdida alcanza al 26 %.

 

Al finalizar 2001, Pedro cobraba en su trabajo un sueldo mensual de $ 914. Sabía que para los gastos de su familia tenía que destinar $ 800, y así le quedaban $ 114 que trataba de guardar a manera de ahorro. Dos años después, Pedro recibe más cantidad de billetes: su ingreso es de $ 1165. Pero, claro: si quiere mantener aquel mismo nivel de vida debería desembolsar $ 1173, y en vez de poder reservarse algo, ahora le están faltando unos pesos.

 

La suma de esos $8,60 que hoy en día le faltan para poder comprar lo mismo que adquiría antes de la devaluación, y los $114 que antes podía ahorrar y ya no, representa una cifra equivalente al 13% del salario de 2001. Es nada más y nada menos que la pérdida que tuvo su salario en términos reales (en su poder de compra), a pesar de que, nominalmente, la cifra se incrementó en un 27,4 %. Ese fue, claro está, el efecto del alza del costo de vida, que supera el 46 %.

 

Más allá de la historia de Pedro y de sus gastos en particular, los montos y porcentajes de evolución mencionados son válidos para el promedio de los asalariados formales, según los ingresos declarados en enero de 2002 y enero de este año en el Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJP).

 

Claro que la evolución varía en función del sector económico y muestra una recuperación, desde niveles más bajos, que se aceleró el año pasado: hasta enero de 2003, el salario formal había subido nominalmente un 10,4 % y, en términos reales, la pérdida trepaba a casi el 23 %. Para quienes no obtuvieron ningún ajuste, como los jubilados que cobran más que el haber mínimo de $ 240, la caída del ingreso real desde la devaluación trepa al 32 %.

El universo alcanzado por la recomposición de los ingresos, vale aclararlo, abarca al 55% de los asalariados. El resto, según estimaciones del Indec, está trabajando en situación irregular. El organismo oficial de estadísticas aún no difundió cuál fue la evolución de ingresos posterior a mayo de 2003 según su EPH, por lo que es difícil conocer qué pasó entre los informales. De todas formas, el Indec elabora un índice de salarios sobre la base de encuestas más reducidas, y allí calcula que los trabajadores en negro tuvieron apenas una variación del 6,9% en sus salarios hasta enero pasado, con lo cual estarían soportando una baja del poder de compra del 26 %

Según los analistas, ese es uno de los factores que conspira contra una salida más dinámica de la grave situación de la pobreza que, en otras condiciones, podría ofrecer la recuperación económica. El economista Luis Secco apuntó que, mientras que en los 90 los índices de pobreza estaban atados directamente a la evolución del desempleo, ahora la posibilidad de un alivio de la crisis de la marginalidad está frenada por la debilidad de los ingresos de muchos ocupados.

 

Los mecanismos

 

Para los formales, los ajustes que ayudaron a recuperar parte del terreno perdido llegaron de la mano de la intervención del Estado y de la negociación entre empresas y sindicatos, en gran medida, empujada por la acción gubernamental.

 

Según recordó el abogado laboralista y asesor de la UIA,  Funes de Rioja, los decretos que dictó primero el gobierno de Duhalde y luego el de Kirchner, por los cuales se impusieron aumentos de sumas fijas ($224 que ya debieron ser incorporados a los salarios y $50 no remunerativos), provocaron que el impacto fuera mayor en los segmentos de ingresos más bajos, que pudieron volver e incluso superar los niveles de capacidad de compra previos a la devaluación. "Esto generó un achatamiento de la pirámide, que se puede considerar razonable", dijo.

 

El último decreto salarial, de $ 50, se reflejó en una mejora de casi un 5% en el promedio de los ingresos declarados, ya que la comparación en los últimos meses de 2003 con fines de 2001 y principios de 2002, arrojaban alzas nominales del 22% con una caída del salario real del 17 %.

 

Según Funes de Rioja, los aumentos más moderados en sueldos medios y altos estuvieron de todas formas por arriba del 30 %. Hacia el futuro, según evaluó, "sólo debería haber negociación de salarios ligadas a competitividad y productividad".

 

Desde el sector sindical, Alberto Tomassone, uno de los principales referentes de la CGT y asesor del sindicato de comercio, apuntó que, tal como está la situación laboral, "es difícil hablar de negociar, excepto en los sectores a los que les fue bien" con el nuevo escenario económico. Dadas esas limitaciones, sostuvo, se podría estimular el consumo mejorando el poder adquisitivo con medidas no salariales, como el cobro del IVA en forma discriminada según los productos.

 

En la consideración de las diferencias por sectores, Tomassone se refirió los call centers, que se presentan como una actividad creadora de empleos porque los costos en personal son inferiores a los de otras latitudes. "Pero la amenaza es que cuando intentemos ajustar salarios no se pueda competir con otros países", advirtió.

 

El de los call centers es un ejemplo de los desafíos que despierta el sostenimiento de un proceso de recuperación con salarios reales bajos y un tipo de cambio alto, que lleva a que la reactivación no alcance a compensar las pérdidas en el campo social.

 

Lo cierto es que, como el actual escenario beneficia a algunas actividades y posterga a otras, los bolsillos de los trabajadores registrados evolucionaron de manera diferenciada.

 

En primer lugar, habría que separar el caso del sector público, donde los datos de los salarios declarados -hoy en promedio de $1140- muestran la menor variación. Sólo se refleja la restitución del 13% que el gobierno de la Alianza había rebanado de esos ingresos, en aras de su objetivo de "déficit fiscal cero". El efecto es que esos empleados mantienen una pérdida de su poder adquisitivo del 20,7% desde 2001.

 

Entre los privados, la actividad que mostró una evolución más modesta fue la de servicios de enseñanza y salud. Allí, las mejoras fueron en términos nominales, del 20,7% y la pérdida real, cercana al 18 %.

En el otro extremo, los empleados de industrias textiles y del cuero tienen hoy un salario medio de $ 952, un 62,2% más alto que el de 2001. Según ese promedio -que puede incluir a nuevos empleados con salarios mejores-, estos obreros tuvieron una ganancia en su poder adquisitivo del 10% con respecto a dos años atrás.

 

Otra actividad de ingresos bajos que obtuvo una evolución superior al promedio fue la agropecuaria, donde se elevó el ingreso declarado de $ 432 a $ 667, lo que implica una mejora del 54,4% nominal y del 1,05% real.

 

Industria y servicios

 

En la industria en general, el alza nominal fue del 28% entre enero de 2002 y de 2004. Además de la textil, se destacó la rama de fábricas metálicas, donde la suba fue del 48 por ciento.

 

En los servicios, el ajuste fue del 25,4% y la mejor evolución se dio en los hoteles y restaurantes, con un alza del 45,1%, en tanto que en el comercio el salario medio pasó de $ 698 a $ 974 (una ganancia nominal del 39,5% y una caída real del 5%). En la construcción, el ingreso declarado se elevó de $ 629 a $ 842 (un alza nominal del 33,9% y una baja real del 9 %).

 

¿Por qué esta evolución tiene escasa relación con lo que pasa en el sector informal? "Los sectores de la industria de la alimentación y las bebidas y de textiles, como la construcción, que son los que están requiriendo más mano de obra, piden personal con baja calificación y hay mucha oferta", evaluó Gabriel Sánchez, economista del Ieral, de la Fundación Mediterránea. Ese hecho, a juicio del analista, traba las posibilidades de que haya un arrastre de las mejoras salariales a los no registrados.

 

Sánchez consideró también que, como los formales que están bajo la línea de pobreza son relativamente pocos, es difícil que los ajustes influyan en un alivio de ese problema social, máxime cuando se estima que la mayor cantidad de nuevos puestos está en negro.

 

Héctor Valle, de la consultora FIDE, estimó que los índices de pobreza sólo mejorarán si bajan los costos de las canastas de los productos que satisfacen requerimientos básicos y que se usan para fijar el límite entre ser o no ser pobre o indigente y que, desde diciembre de 2001, se encarecieron un 55,5% y un 75,3% en cada caso.

 

Es el difícil desafío de un país en el que la brecha entre el mundo de los que pueden trabajar dentro de la ley y los que quedan al margen no hizo más que agravarse, con nuevos incentivos para ello, tras el proceso que rompió con la estabilidad de precios.

 

                                                                                                                                                                       Silvia Stang



                                                                          

 

 

El plan de dólar alto y salarios bajos tiene sus dificultades. Un esquema difícil de sostener

 

 

Cuando en los últimos tiempos de la convertibilidad muchos aseguraban que la solución para la recesión era devaluar para que las exportaciones argentinas fueran más competitivas, consciente o inconscientemente se propiciaba una generalizada rebaja de los salarios. Mientras tanto, se rechazaban airadamente los recortes salariales por medio de la ley de déficit cero.

 

En muchos aspectos, un plan de dólar alto puede ser uno de salarios bajos. A quien exporta se le mantienen los costos en pesos y le aumenta la cantidad de moneda local por cada artículo que vende.

Claro que parte de ese aumento de la rentabilidad se lo queda el Estado, mediante las retenciones, y al no permitir actualizar los balances por inflación.

 

Si en ese esquema, además, hay un aumento importante del precio internacional de lo que se exporta, la utilidad mejora, aunque la duración de ese plus dependerá de la evolución de las cotizaciones en mercados externos.

 

Pero esas mejoras alcanzan sólo a las empresas exportadoras. Tal vez el incremento de la demanda pueda trasladar el crecimiento a los proveedores locales.

 

El nivel de consumo dependerá, en tanto, de otros factores. De la capacidad de desahorro o de endeudamiento, por ejemplo, y del nivel del salario.

 

Pero como para muchos, especialmente en el sector público, los niveles de ingreso no se recuperaron, las empresas de consumo masivo no recuperaron, globalmente, los niveles de rentabilidad previos a la crisis.

 

Muchas de ellas han restado reduciendo márgenes de utilidad. Es claro que el índice de precios al por mayor aumentó mucho menos que el costo de vida. Eso señala que en los mercados de bienes, pero especialmente en el de servicios públicos y privados, hay empresas que perdieron claramente posiciones.

 

Claro: el problema es que si se aumentan los servicios públicos, se deteriora el salario. Si se les aumenta sólo a las empresas exportadoras, eso equivale a una depreciación del dólar, reduce la utilidad y restringe las posibilidades de invertir y generar más empleo y aumentar salarios.

 

Y si los salarios se aumentan directamente por decreto en el sector privado, como ya se hizo, se obliga a dar mejoras a empresas del sector de consumo masivo que tal vez no estén en condiciones de afrontarlas.

 

Una medida igual en el Estado equivaldría a reducir el superávit fiscal comprometido con el FMI y a poner en peligro la renegociación de la deuda. Otra posibilidad sería dejar finalmente que el peso se aprecie, pero entonces los exportadores son los que sufren. En tiempos de la convertibilidad, ante problemas similares se decía que el modelo era insostenible.

 

                                                                                                                                                                   Jorge Oviedo

 



                                                                                                                                                                                           

 

La dispar evolución de salarios

                                                                                                                                                             

 

Uno de los efectos explícitamente buscados por una devaluación es reducir los salarios medidos en moneda extranjera para mejorar así la competitividad de los sectores transables. El efecto colateral no deseado, pero difícilmente eludible, es que también cae el poder adquisitivo de los salarios en moneda local.

Esto es especialmente cierto en una economía abierta donde, como es el caso de la Argentina, se exportan bienes salario, es decir, con un fuerte peso en la canasta de consumo de los asalariados. Las retenciones a las exportaciones agropecuarias, que en alguna medida moderan el impacto de la devaluación sobre los precios domésticos, no pudieron impedir una importante alza de los bienes que forman esa canasta. Un ejercicio realizado por la Sociedad de Estudios Laborales (SEL) muestra que el aumento de los precios minoristas de los bienes exportables, o elaborados a partir de insumos exportables, explica casi el 75% del incremento del costo de la canasta básica de alimentos.

 

El resultado fue una caída del salario real de 25% en el semestre que siguió a la devaluación. El peor momento fue a mediados de 2002. Desde entonces, y siguiendo la evolución del nivel de actividad, es claro que la tendencia comenzó a revertirse. De acuerdo con el índice que elabora el Indec, que sirve de base para el CVS, hasta el cuarto trimestre de 2003 el nivel general de salarios aumentó aproximadamente 20%. Comparado con la evolución del índice de precios al consumidor, esto significa que todavía hay una pérdida de salario real de 17 por ciento. Pero con relación al punto más bajo de la crisis, la recuperación ha sido de unos 8 puntos porcentuales.

 

Lo significativo, sin embargo, es que casi toda la recuperación se concentró en los asalariados privados registrados (en blanco) que tienen un peso en la masa salarial total de 50%. Los empleados públicos y los asalariados no registrados (en negro) casi no obtuvieron mejoras. Para los primeros, el único aumento salarial desde la devaluación ha sido la devolución, en enero de 2003, de los descuentos que se les habían realizado previamente; los no registrados sólo comenzaron a percibir alguna mejora nominal en sus remuneraciones en el cuarto trimestre del año. Los asalariados privados registrados, en cambio, según esta fuente recibieron hasta el cuarto trimestre de 2003 un aumento de más de 34% (y de 45% hasta febrero de este año), por lo que su salario real se habría recuperado casi plenamente.

 

Pero si en lugar de utilizar el índice de salarios del Indec, se consultan los salarios medios pagados por las empresas a los trabajadores privados registrados en el Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJP), o sea, al mismo universo, el aumento desde la devaluación no llega a 22%, es decir, casi 13 puntos menos que lo que señala el Índice de Salarios del Indec. Algo de esta diferencia puede explicarse porque el del Indec es un índice de precio puro, es decir, que refleja los cambios de remuneraciones de una canasta fija de ocupaciones, mientras que el SIJP muestra también los cambios en el mix de ocupaciones y categorías; pero, aunque cierto (los nuevos asalariados ganan menos que los más antiguos), esto no puede explicar una disparidad de tal magnitud en el stock.

 

Inconsistencias

 

Puede también argumentarse que en el SIJP hay una subdeclaración creciente (si es constante no afecta en nada la pendiente de la curva), pero no hay razones para pensar que, tratándose de los mismos informantes, no la haya en el índice del Indec. En cualquier caso, si los datos correctos son los del SIJP, los asalariados privados registrados no habrían recuperado casi plenamente el salario real como sugiere la información del Indec sino que estarían aún 17% debajo del nivel pre devaluación.

 

La inconsistencia entre las dos series se origina en el tercer trimestre de 2002, cuando comenzó la política de aumentos por decreto, que aparecen totalmente incorporados en el índice del Indec y sólo parcialmente pagados en los registros del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones. En ese trimestre se produjo un salto de más de 9 puntos entre ambas series. Esa brecha no se ha cerrado por lo que, dependiendo de la fuente estadística que se adopte, con la misma estructura de ponderaciones de la masa salarial utilizada por el Indec, hay una diferencia en más o en menos de 10 puntos en el crecimiento de los ingresos del total de los asalariados y por ende en la evolución del salario real.

La tercer, fuente estadística que podría dirimir esta inconsistencia (o quizás agregar más confusión) es la EPH, que recoge información sobre los ingresos del trabajo. Sin embargo, la difusión de esos datos está suspendida desde mayo de 2003. No ha habido una explicación oficial de las razones de esa suspensión, aunque presumiblemente debe estar ligada al cambio en la metodología de la EPH. No sabemos con certeza, por lo tanto, cómo evolucionaron los salarios desde el inicio de la reactivación (no sabemos cómo se distribuye el crecimiento) y cuánto lograron recuperar de la pérdida posdevaluación. Las diferencias entre las fuentes públicas de información son muy grandes como para no prestarles importancia. Es necesario hacer un esfuerzo de validación y homologación. No se trata de una curiosidad intelectual sino de contar con elementos para tomar mejores decisiones.

 

                                                                                                                                                                     Ernesto Kritz

 

                                                                                                               Director de la Sociedad de Estudios Laborales.


Fuente : diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 18 de abril de 2004.

Gentileza de Félix Marcos .