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Asunto:NoticiasdelCeHu 600/04 - DESASTRES Y VULNERABILIDADES EN LA QUEBRADA DE HUMAHUACA (JUJUY, ARGENTINA)
Fecha:Domingo, 18 de Abril, 2004  15:45:58 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 600/04
 
 

DESASTRES Y VULNERABILIDADES EN LA QUEBRADA DE HUMAHUACA (JUJUY, ARGENTINA)

Castro, Hortensia

Instituto de Geografía,

Facultad de Filosofía y Letras,

Universidad de Buenos Aires


Resumen

Si bien no concitan la atención de los medios de comunicación y de los ámbitos político y académico, los "pequeños" desastres suelen impactar con mayor frecuencia y mayores efectos acumulativos en las poblaciones latinoamericanas que los "grandes desastres"; es el caso de los numerosos derrumbes, sequías, torrentes, pequeñas inundaciones y plagas, entre otros, que se registran continuamente en el área.

Este trabajo se propone centrar su atención sobre ese tipo de eventos, tomando como estudio de caso una serie de fenómenos asociados (torrentes de barro, deslizamientos, derrumbes e inundaciones) que se registran en las zonas áridas y semiáridas del Noroeste argentino, en especial en la quebrada de Humahuaca (provincia de Jujuy). Allí esos eventos se transforman frecuentemente en desastres en tanto desencadenan la destrucción de viviendas y campos de cultivo y el deterioro de la infraestructura ferrovial, sanitaria y de riego, además de provocar en ocasiones muertos y heridos. Nuestros objetivos generales son indagar sobre los componentes que intervienen en la conformación de desastres en el área, identificando los principales elementos y procesos de amenaza y vulnerabilidad, y analizar los principales cambios que se han registrado al respecto a partir de 1930.


Introducción

Si bien existen diferentes tipos de eventos naturales que derivan en desastres, los que más concitan la atención, tanto en los medios de comunicación como en los ámbitos político y académico, son los denominados "grandes eventos", es decir, aquellos que derivan en un elevado número de muertos y vastas pérdidas económicas; tal es el caso de la erupción del Nevado del Ruiz (Colombia), en 1985, o las inundaciones de los años 1982-83 y 1991-92 en la Cuenca del Plata. Sin embargo, existe un considerable número de eventos que podemos denominar, comparativamente, "pequeños" pero que impactan con mayor frecuencia y mayores efectos acumulativos en las poblaciones latinoamericanas que los anteriores; es el caso de los numerosos derrumbes, sequías, torrentes, pequeñas inundaciones y plagas, entre otros, que se registran continuamente en el área.

Centraremos aquí nuestra atención sobre este último tipo de eventos, tomando como estudio de caso una serie de fenómenos asociados (torrentes de barro, deslizamientos, derrumbes e inundaciones) que se registran en las zonas áridas y semiáridas del Noroeste argentino, en especial en la quebrada de Humahuaca (provincia de Jujuy). Allí esos eventos tienen una marcada relevancia a raíz de sus efectos sobre la población local; dichos fenómenos se transforman frecuentemente en desastres en tanto desencadenan la destrucción de viviendas y campos de cultivo y el deterioro de la infraestructura ferrovial, sanitaria y de riego, además de provocar en ocasiones muertos y heridos.

Cierta bibliografía, así como la percepción de gran parte de la población del área, indican que la magnitud de estos fenómenos o eventos ha aumentado a lo largo de las últimas décadas (Argentina-MOSP, 1988; PROSA, 1988). Atendiendo a ello, este trabajo se propone como objetivos generales indagar sobre los componentes que intervienen en la conformación de desastres en el área y analizar los principales cambios que se han registrado al respecto a partir de 1930. Para ello, luego de una breve presentación de las características ambientales de la Quebrada y de las condiciones de vida y trabajo de su población, se expondrán las principales elementos y procesos de amenaza y vulnerabilidad y se precisarán sus cambios y permanencias.

 

Ambiente y condiciones de vida en la quebrada de Humahuaca

La Quebrada se encuentra surcada, a lo largo de sus 166 km de extensión, por el río Grande; sus características ambientales fundamentales son la aridez y la torrencialidad de las precipitaciones.

Su configuración orográfica origina, entre otros factores, un clima desértico, con grandes amplitudes térmicas diarias y precipitaciones estivales; éstas presentan un gradiente latitudinal entre el sur y el norte del área (900 y 200 mm anuales, respectivamente) y otro altitudinal entre el fondo del valle y las altas cumbres.

Tales condiciones climáticas originan, a su vez, una importante meteorización física, que se traduce en la presencia estival de derrumbes, deslizamientos y torrentes de barro. Los torrentes, por ejemplo, presentan efectos diversos y combinados. Sus materiales frecuentemente suelen cubrir viviendas, caminos, parcelas agrícolas y canales de riego. Además, en ciertas ocasiones los torrentes suelen provocar el endicamiento del río Grande, siendo éste el principal origen de las frecuentes crecidas e inundaciones de ese río; tal el caso de lo acontecido en la localidad de Volcán en el año 1945. Sin embargo, la acumulación de sucesivos torrentes ha dado lugar, en ocasiones, a la formación de importantes conoides sobre los que se asientan algunas localidades, como el caso de la ciudad de Tilcara que se asienta sobre el conoide del río Huasamayo; también algunos conoides de gran magnitud y antigüedad son aprovechados para la actividad agrícola, dada su elevada fertilidad.

A lo largo de este siglo se han construido diversas obras para la prevención de los eventos descriptos, fundamentalmente de las crecidas e inundaciones. Estas obras, como los muros de contención y los gaviones, protegen principalmente a las principales localidades del fondo de valle y a la infraestructura ferrovial; están situadas en su gran mayoría sobre la margen derecha del río Grande (tanto el tendido ferrovial como casi todas las localidades del área se localizan sobre ella) y, junto a otros factores, habrían alterado el comportamiento de ese río al originar procesos de sedimentación de su cauce en esa margen (Igarzábal y Rivelli, 1996).

Según los últimos datos censales disponibles, en la quebrada de Humahuaca viven casi 21.000 personas. Como resultado de una tendencia que se incrementa en las últimas décadas, el 66% de esa población reside en localidades urbanas y rurales situadas en el fondo del valle (Argentina-INDEC, 1992 y 1995; Arzeno y Castro, 1998).

Las condiciones de vida de esta población muestran, en términos generales, signos de elevada precariedad. Los porcentajes departamentales de población con NBI rondan entre el 28 y el 38% del total, siendo aún más elevados en el caso de la población rural dispersa. Aproximadamente el 70% de las viviendas ocupadas del área presentan algún tipo de déficit, es decir son casas tipo B o ranchos de acuerdo a las definiciones censales; en las áreas netamente rurales estos porcentajes son aún más altos. Un 32% de la población total utiliza para consumo doméstico el agua procedente de canales, ríos o arroyos (Arzeno y Castro, 1998).

La base económica de esta población está constituida, fundamentalmente, por las actividades agrarias, en particular la agricultura. Se trata de una agricultura diversificada, en la que se combinan cultivos para el consumo familiar (como maíz y papa) con cultivos comerciales (sobre todo hortalizas, frutales y flores), dirigidos a los mercados urbanos de San Salvador de Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, entre los más importantes.

Tal actividad tiene un carácter marcadamente estacional, ya que se realiza -bajo riego- entre los meses de noviembre y marzo, cuando la disponibilidad hídrica es mayor. Se trata de una actividad realizada en pequeñas explotaciones (la gran mayoría de los productores no supera las 3 ha de superficie), bajo una organización de carácter familiar; por ejemplo, sólo el 6% de la mano de obra permanente corresponde a trabajadores no familiares.

A lo largo de las últimas dos décadas se ha producido un incremento de las superficie y la producción agrícola comercial, en desmedro de aquella destinada a la autosubsistencia; este proceso es mucho más relevante en el sector central de la Quebrada, que comprende a Maimará, Tilcara y Huacalera, donde la superficie con aptitud agrícola es relativamente mayor. Además, este tipo de producción se estaría intensificando, tanto por un aumento en el uso de agroquímicos como por una ampliación en el período de cultivo, lo cual ha incrementado la demanda de agua para riego (Arzeno y Castro, 1998).

Las fuentes de trabajo alternativas son escasas; se destacan sólo la actividad comercial minorista y el empleo público. En particular, el proceso de reestructuración del estado iniciado a principios de la década de 1990 ha alterado el mercado de trabajo local, sobre todo por el cierre del ramal Jujuy - La Quiaca del FF.CC. Belgrano que transitaba por el área. Asimismo, la reestructuración -y el cierre en algunos casos- de muchas minas de la Puna ha agudizado la situación laboral en el área. Frente a ello, muchos de esos ex-mineros y ex-empleados estatales han optado por dedicarse a la actividad agrícola comercial.

 

El análisis de los desastres y las condiciones de riesgo

En general, se tiende a conceptualizar un desastre como la ocasión en que ciertas sociedades o grupos sociales sufren una serie de daños o pérdidas físicas y diversas alteraciones en su funcionamiento cotidiano o rutinario (Caputo et al., 1985; Hewitt, 1996; Lavell, 1996).

A pesar de esa coincidencia inicial, se han difundido sobre la temática dos tipos básicos de literatura: una que enfatiza el análisis de los fenómenos, eventos o amenazas naturales que se convierten en desastres (como terremotos, aluviones, huracanes, inundaciones, etc.) y otra que se concentra en la respuesta social a esos eventos, las consecuencias económicas y políticas que generan y los mecanismos de recuperación que se adoptan. Más allá de sus diferencias, ambos tipos de análisis presuponen que "los desastres son desviaciones del funcionamiento social "normal" y que la recuperación significa un regreso a la normalidad" (Blaikie, et al., 1996: 32).

Frente a esas concepciones que interpretan a los desastres como eventos extraordinarios (y hasta extra societales), en los últimos 20 años se están consolidando otros planteos y marcos conceptuales que centran su atención ya no en los eventos o las respuestas sociales, sino en cómo una sociedad crea las condiciones para que un evento se convierta en un desastre (Blaikie, et al., 1996); es decir, se trata de indagar sobre las condiciones de vida y de trabajo de una sociedad (o de un determinado grupo social) que la hacen vulnerable a tales eventos o amenazas (Maskrey, 1985). El concepto de vulnerabilidad cobra, entonces, especial relevancia en este marco, entendiendo por tal a "las características de una persona o grupo desde el punto de vista de su capacidad para anticipar, sobrevivir, asistir y recuperarse del impacto de una amenaza" (Blaikie et al., 1996: 30); entre esas características se destacan las relativas a estatus socio-económico, etnicidad, edad, género e incapacidad física y mental.

Bajo estos enfoques se quiere enfatizar, particularmente, que tanto las causas como las consecuencias del desastre son producto de procesos sociales que existen en el interior de la sociedad (Lavell, 1996). Se opta, entonces, por indagar sobre el proceso que lleva al desastre como resultado, es decir, se prioriza el análisis de las condiciones de riesgo en que vive una sociedad o grupo social y cómo las ha construido y modificado.

Así, una condición de riesgo es analizada e interpretada como el resultado de la convergencia de ciertos procesos que generan vulnerabilidad y la exposición física a una amenaza; tal la propuesta del modelo de presión y liberación (PAR) elaborada por Blaikie et al. (1996: 45-74) para el análisis de los desastres.

Estos planteos nos permiten operativizar el análisis de nuestro caso, entonces, en términos de situaciones de amenaza y condiciones de vulnerabilidad de la población.

Al respecto cabe destacar, por un lado, que las principales amenazas naturales en la quebrada de Humahuaca tienen un carácter fuertemente estacional (estival). Entre esas amenazas se destacan los deslizamientos y derrumbes, sobre todo en los sectores sur y medio de la Quebrada donde el plano aluvial es muy estrecho (a veces no supera un kilómetro de ancho). También se destacan los torrentes de barro, sobre todo los que descienden periódicamente por las quebradas transversales de mayor longitud y mayor volumen de material erodable; tal el caso de las quebradas de Arroyo del Medio, Tumbaya Grande, Huichaira, Huasamayo, de la Huerta y Yacoraite. Finalmente se distinguen las crecidas del mismo río Grande y posterior erosión de sus márgenes, sobre todo luego de lluvias torrenciales abundantes en las cabeceras de sus tributarios, y las inundaciones, como resultado de la combinación de las dos amenazas anteriores.

Por otro lado, cabe señalar que las condiciones de vulnerabilidad de la población del área resultan de una compleja trama de elementos y procesos. Entre éstos se destacan:

- las características del sitio en que se asienta la mayor parte de la población y donde desarrolla sus actividades. Tal como señalábamos anteriormente, más de dos terceras partes de la población reside en las terrazas bajas del río, en su cauce extraordinario o en algunos grandes conoides, todos sitios altamente expuestos a las amenazas detectadas. Esta inseguridad se potencia por la coincidencia espacial vivienda-trabajo para gran parte de esa población; ello es aún mayor en aquellos casos en que, por procesos de sedimentación del cauce, las viviendas y parcelas quedaron a una cota más baja que el lecho del río y registran ocasionalmente anegamientos por desbordes del cauce.

- la calidad de las viviendas: si bien se está expandiendo el uso de bloques de cemento y chapas en la construcción de las viviendas, muchas de las casas del área continúan siendo de adobe, lo cual las hace sumamente inseguras ante una inundación.

- la escasez de obras de prevención y/o mitigación de las amenazas y la falta de mantenimiento de las existentes. Algunas obras, como la construcción de muros de contención realizados por la empresa Ferrocarriles Argentinos, aún protegen a la población y construcciones de la margen derecha del río Grande, pero también han potenciado procesos de erosión en la margen opuesta. Cada vez más, el tipo de obras que se realiza tiene carácter perentorio, ya que no suelen superar uno o dos veranos; es el caso de los gaviones y "patas de gallo" que protegen, sobre todo, los centros urbanos y las tomas de agua para riego.

- coincidencia del período de mayor actividad agraria del área con el de mayor probabilidad de eventos. Esta coincidencia temporal lleva a la posibilidad de pérdida de la producción por inundaciones o torrentes y a la dificultad de transportar y comercializar la cosecha por cortes de ruta relacionados con derrumbes, deslizamientos o torrentes. Una situación aún más riesgosa registra gran parte de los productores localizados en la margen izquierda del río Grande, quienes -ante la escasez de puentes- ven dificultada la comercialización de su producción ante cada crecida del río Grande; esta situación es particularmente notoria en el tramo Cieneguillas-Tilcara.

- la situación de precariedad general en que vive la mayor parte de la población del área, tal como reflejan los indicadores sobre necesidades básicas señalados en el apartado anterior.

Las condiciones de vulnerabilidad mencionadas resultan de la convergencia de una serie de procesos, entre los que se destacan el incremento general de población asentada en el fondo de valle y su urbanización, la expansión y relativa modernización agrícola y la disminución de las fuentes alternativas de empleo, entre otros. Además, cabe señalar -aunque su análisis excede el objetivo de este trabajo- que estos procesos y condiciones se refieren a una población cuya economía presenta una inserción periférica y cuyo acceso a las estructuras de poder provincial y nacional es sumamente limitado.

 

Cambios y permanencias en las condiciones de riesgo

Mencionábamos inicialmente que existe una fuerte percepción -confirmada en alguna bibliografía- en cuanto a que los eventos señalados habrían incrementado su magnitud a lo largo de las tres últimas décadas. Luego del análisis realizado, cabe replantear esas ideas y preguntar si se están registrando mayores eventos o mayores impactos o, de acuerdo a los términos utilizados en el apartado anterior, si han variado las amenazas o si se ha modificado la vulnerabilidad de la población a lo largo de ese período.

Una primera aproximación a estos planteos nos lleva a indagar sobre las variaciones anuales de las precipitaciones, en tanto éstas son -dada la dinámica natural del área- el factor disparador inicial de las amenazas identificadas. El análisis de los registros de volumen de las precipitaciones anuales, disponibles para el período 1934-1990 y para diferentes lugares de la quebrada, indica la presencia de oscilaciones en torno a la media anual, pero no la existencia de una tendencia definida hacia un aumento en el monto de precipitaciones que hubiera provocado un aumento en la magnitud y/o frecuencia de los eventos; en general se observa la alternancia de breves períodos (de 10 a 15 años) con registros superiores e inferiores a la media anual(Bianchi y Yañez, 1991). Además, si bien algunos de los desastres ocurridos en el área, como el de 1985, coinciden con registros de precipitaciones muy superiores a la media, otros desastres no coincidieron con montos elevados (como el caso de la inundación de Volcán en 1945); a su vez, se detectaron años con registros de precipitaciones muy superiores a la media que no derivaron en desastres para la población del área (tal el caso del año 1954 en Tilcara o 1963 en Volcán).

Por otro lado, ciertos procesos analizados en los apartados anteriores nos indican que las condiciones de vulnerabilidad (y, por lo tanto, de riesgo) de la población son mayores actualmente que, por ejemplo, en la década de 1930. Primero, porque es mayor la proporción de población que vive en sitios inseguros. Segundo, porque la relevancia económica del fondo de valle también es mayor, dado el proceso de expansión agrícola; en particular, la escasez relativa de agua para riego que perciben los productores tal vez se relacione con esta expansión más que con un incierto decrecimiento de las precipitaciones.

Quizás la percepción sobre mayores eventos (en realidad, mayores impactos) se construya en gran medida por la mayor disponibilidad de información sobre ellos. En las primeras décadas de este siglo, por ejemplo, estos eventos sólo tenían presencia en los diarios provinciales en relación a la interrupción del servicio ferroviario, de gran relevancia regional.

Finalmente cabe señalar, sin embargo, que ciertos aspectos de la vulnerabilidad de esta sociedad están disminuyendo a lo largo de las últimas décadas. Al respecto se destaca, en primer lugar, el cambio en los materiales de construcción de las viviendas, que las convierten en edificaciones menos inseguras. En segundo lugar, han aumentado las condiciones de transitabilidad del área; por un lado, por la pavimentación -en la mayor parte de su tramo- de la ruta nacional Nº 9 y, por otro, por la disponibilidad de maquinaria vial que despeja en pocas horas los accesos principales obstruidos por derrumbes o torrentes. En tercer lugar, el asentamiento concentrado de la población actual ofrece más ventajas, en cuanto a la prestación de servicios básicos y la asistencia de emergencia, que el patrón de asentamiento disperso que prevalecía en las primeras décadas de este siglo en el área.

 

Bibliografía

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Ponencia presentada en el Primer Encuentro Internacional Humboldt. Buenos Aires, Argentina. Noviembre de 1999.