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Asunto:NoticiasdelCeHu 610/04 - Africa en el Nuevo Mundo ( Luz María Martín ez Montiel )
Fecha:Lunes, 19 de Abril, 2004  00:44:24 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>


NCeHu 610/04


AFRICA EN EL NUEVO MUNDO

El mayor impulso de la expansión ibérica en América se debe a la explotación de metales preciosos. Hasta las últimas décadas del siglo XVIII la economía del imperio español estuvo basada en la explotación de las minas de metales, lo cual iría disminuyendo de importancia con el paso del tiempo.
 
 Luz María Martínez Montiel
15/04/2004


En Brasil las minas de oro experimentaron un auge debido a la importación de mano de obra esclava, que sirvió para que las provincias donde abundaban los metales alcanzaran un alto nivel de producción.

La desaparición de los lavaderos de oro en el transcurso de la segunda mitad del siglo XVI cederá la plaza a una nueva fuente de riqueza: las minas de plata, cuyos ejemplos más destacados eran las de Zacatecas y San Luis, en México, y las de Potosí, en Bolivia.

Numerosos factores determinaron la llegada progresiva a América de una mano de obra constituida por esclavos africanos. La importación de esos esclavos tenía mucho que ver con la expansión de nuevos cultivos e industrias entre los que destaca la industria azucarera.

El cultivo de la caña de azúcar se extendió por las costas y las zonas tropicales de los valles de las islas del Caribe, lugares donde la colonización europea terminó por exterminar la población autóctona y agotar las minas.

Los negros que consiguieron dominar ciertas técnicas lograron que se les empleara como mano de obra en las empresas, como obreros auxiliares (capataces) o como domésticos.

Obligados por la conjunción de distintos factores económicos a crear una fuente de riqueza que sustituyera a la anterior, los colonizadores se dedicaron a producir determinados géneros cuya demanda era muy elevada en Europa.

Así los europeos pusieron en marcha un nuevo sistema de producción, sobre todo en las regiones donde la población autóctona había disminuido tanto que se encontraba a punto de desaparecer, mientras que en las zonas donde dicha población se mantuvo en gran número, como por ejemplo Paraguay, Bolivia, Perú, parte de América Central y México se trajo menor cantidad de negros.

Aunque aparte del cacao y del algodón se cultivaban el tabaco, colorantes y coca, todos ellos productos importantes para la economía colonial, no cabe duda que el azúcar constituía la producción más característica de la economía de plantación.

Desde el siglo XVI las metrópolis europeas trataron de diversificar la economía de las colonias creando actividades artesanales vinculadas con la agricultura; de ese modo se trató, en particular, de aumentar la producción de cochinilla y de cera.

Las plantaciones de tabaco, en las cuales trabajaban esclavos negros, suministraron a Holanda y a Portugal productos de intercambio comercial y de contrabando.

Por ello, se puede afirmar que durante el período comprendido entre el siglo XVI y la segunda mitad del siglo XIX los monocultivos tropicales dependían de la mano de obra esclava, circunstancia que da idea de la deuda material que América y Europa tienen con Africa.

En todas las sociedades esclavistas de América los factores económicos, religiosos y culturales influyeron decisivamente en las condiciones sociales que permitieron la integración y aceptación sociales de los esclavos emancipados. Entre estos factores el racismo resultó ser el más persistente al impedir que los negros y los mulatos se integraran como ciudadanos libres.

Cabe señalar, que la reacción de aceptación o rechazo tuvo distintos efectos según la potencia europea que dominara cada zona. Los negros que lograron integrarse en la primera época del proceso de expansión europea porque lograron escaparse, gozaron de mejores oportunidades de integración social que los esclavos de las plantaciones y minas.

Para regular los tipos de situación jurídica derivados de la esclavitud en el Nuevo Mundo, los funcionarios reales se basaron en disposiciones antiguas de la Corona española que tenían varios siglos de existencia.

Dichas disposiciones se referían a la compra y venta de esclavos y regulaban la vida de los cautivos, la explotación de los esclavos y el ejercicio del derecho de propiedad del que gozaban los dueños en relación con los esclavos.

Esas leyes también sirvieron para codificar las distintas modalidades de emancipación y los castigos aplicables en caso de fuga o delito. Algunas disposiciones legales influyeron en las codificaciones americanas.

En el Código Negro que firmó el rey de Francia en 1685, por ejemplo, se definen los castigos a los que estaban expuestos los negros cimarrones, vale decir, que se habían fugado.

Las Siete Partidas, firmadas por Alfonso X en el siglo XIII, y el derecho romano del Fuero Juzgo sentaron las bases de las Leyes de la India, que a su vez sirvieron para incorporar disposiciones francesas en la legislación que se aplicaba en América.

Desde los primeros años del siglo XVII la sociedad de las colonias españolas quedó dividida en castas que respondían a la necesidad de justificar el dominio de los españoles sobre los indios y los negros. Para definir las castas provenientes del cruce de las tres 'razas', es decir la española, la indígena y la africana se empleaban fórmulas de carácter muy despreciativo.

En virtud de dicho régimen jurídico, los negros y las castas que procedían de los negros carecían de todo tipo de derechos y se les negaba el acceso al mercado de trabajo libre y remunerado.

Además, tenían prohibido llevar armas y ponerse adornos, ropa y otro tipo de accesorios cuyo uso estuviera reservado exclusivamente a los blancos; tampoco podían desplazarse libremente por las ciudades, burgos o pueblos, y les estaba prohibido casarse con una persona que no fuera de su 'raza'.

Esta situación no pudo detener el continuo mestizaje de la población, factor que representa el legado genético de Africa en América Latina.

Las constantes rebeliones de los esclavos, que iban de la insumisión individual a la insurgencia colectiva en palenques, masieles o quilombos (nombres dados a las comunidades de cimarrones) se convirtieron con el tiempo en una serie de luchas organizadas las cuales desembocaron en la revolución de los esclavos de Santo Domingo culminada, a su vez, con la conquista del primer territorio libre de América.

Posteriormente, durante las guerras de independencia, los ejércitos de los insurgentes acogieron en sus filas a negros, pardos y mulatos, defensores del legado más valioso de Africa y América: el concepto de libertad.


Luz María Martínez Montiel es antropóloga e investigadora mexicana, coordinadora del programa 'Nuestra Tercera Raíz'.