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Asunto:NoticiasdelCeHu 585/04 - La Intifada iraquí y la sharonización de EE UU ( Alfredo Jalife-Rahme )
Fecha:Viernes, 16 de Abril, 2004  02:13:23 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 585/04

Intifada iraquí: sharonización de EU y el síndrome 1920

Se desvanece el "excepcionalismo" estadunidense

Alfredo Jalife-Rahme


EXISTE UN SECTOR analítico muy lúcido en la prensa israelí, uno de cuyos representantes es Gideon Samel (Haaretz, 4 de abril de 2004), quien destaca en forma acertada la "sharonización de Estados Unidos en su actitud hacia las amenazas al terrorismo. Habla y actúa en Irak como el último de los halcones del Estado Mayor israelí". Washington se ha convertido en la amplia versión del "les propinaremos una lección, el abordaje del ejército israelí". Samel resalta que la Casa Blanca "nos ha suplantado en los titulares (...), mientras el empantanamiento en Irak se desliza a las arenas movedizas de Líbano con un sabor de selva vietnamita". Pese a la azorante tecnología, se vive el "jubileo de Dien Ben Phu: la lucha entre las fuerzas de ocupación y las poderosas corrientes nacionales no ha cambiado ni en Nablus ni en Bagdad". También señala "el desprecio por el sentido común", pues en la actualidad "el principal interés de las potencias coloniales y sus sucesoras ha sido el control. Frente a las poderosas tentaciones del tesoro, como el petróleo y la urgencia de hegemonía internacional, los regímenes ilustrados han insultado su sentido común". Luego fustiga el "abrazo yanqui; en su nuevo empantanamiento, Estados Unidos se encuentra de despedida para intentar rescatarnos de nuestro propio empantanamiento". Y viene su parte más asombrosa: "la administración neoconservadora sentenció una casi ideología (...) y adoptó los métodos patentados por Sharon-Mofaz-Yaalon". Finalmente, Samel refiere que la administración Bush, dirigida por la facción neoconservadora, confundió la lucha contra el terrorismo con el "embrollo entre palestinos e israelíes". El "abrazo yanqui" no ha servido a Israel, país que buscaba, al contrario, que Washington lo rescatara de su embrollo. Sencillamente, ¡genial!

CUANDO NOS ATREVIMOS a predecir que el destino de la humanidad se jugaba en Irak, en vísperas de la infame invasión anglosajona, se levantaron varias cejas intoxicadas por la desinformación y carentes de sindéresis propia. Sea cual fuere, las flamas de la derrota de Baby Bush en Irak alcanzarán al general Sharon, enfrascado en un sonoro fraude turístico. La intifada iraquí impacta con sus reverberaciones a toda la región medioriental (en especial a Irán, Siria, Líbano, Arabia Saudita, Jordania, Israel, Palestina, Turquía y, quizá, hasta Egipto) y puede marcar la fecha oficial de la irreversible decadencia del imperio estadunidense, acelerada por la temeraria imprudencia de los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos. En realidad, Baby Bush, el último emperador texano, sufre una intifada global desde el prodigioso voto español del 14 de marzo hasta la insurrección de los patriotas iraquíes.

ANDREW BACEVIC, PROFESOR de relaciones internacionales de la Universidad de Boston, acota en su artículo "Descenso a la deshonra" (LA Times, 8 de abril de 2004) que "la situación es mucho peor que un Vietnam. Es una Argelia". Luego de señalar la notoria indisciplina del ejército estadunidense, como arrojar a los detenidos al río Tigris para que se ahoguen (eso suena a broma de mal gusto, después del macabro infanticidio colectivo en Fallujah), Bacevic exclama: "bienvenidos a la guerrilla urbana", un tipo diferente a la que Estados Unidos encontró en Vietnam, donde los combates se desarrollaron más en la selva que en las ciudades. Recomienda ver la película de 1967 La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo, y advierte que "la indisciplina, el pisoteo de las leyes y el uso excesivo de la fuerza no garantiza la victoria en Irak; lo contrario es cierto. La experiencia francesa en Argelia queda como advertencia: abajo, en el camino, yace no sólo la derrota, sino la deshonra".

SON MOMENTOS DE profunda meditación cuando se acude a los visionarios, sabios e historiadores. El consagrado historiador británico Niall Ferguson -en el sitio menos indicado, por ser el portavoz del binomio de los neoconservadores straussianos y del partido Likud (The Daily Telegraph, 10 de abril de 2004)- enseña que "los estadunidenses de la generación de Vietnam no aprendieron las lecciones de la historia". Expone en forma exquisita su charla con una funcionaria de nivel medio de la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos, quien basaba la experiencia de las economías comunistas en Europa del Este para aplicar "los planes de reconstrucción de la economía de Irak". Ferguson, quien sabe demasiado de asuntos financieros y económicos, le replicó que "los problemas de la privatización en Polonia podrían no ser relevantes en la ribera del Eufrates", por lo que sugirió a la incrédula funcionaria que "era mejor echar un vistazo a la anterior ocupación británica en Irak". El gran historiador comenta "haber sido confrontado por la realidad perturbadora en la forma en que los estadunidenses hacen política", y expone el caso de la "teoría neoconservadora, que proclamó que los estadunidenses serían recibidos como liberadores (sic), así como la teoría económica de la privatización, que formaba parte de la agenda de la funcionaria de la Secretaría del Tesoro". Considera que "la teoría abunda en forma exagerada en Estados Unidos (...) y las lecciones de la historia vienen en un pobre segundo lugar, y solamente historia reciente, de preferencia de Estados Unidos". Luego señala que la única historia relevante en la política exterior estadunidense es la de Vietnam. ¡Qué limitados! Con razón cometen tantos errores. Ferguson -insistimos, un consagrado historiador, quien ha desmenuzado el imperio británico (de lejos mucho más grandioso, con todo y sus atrocidades, que el estadunidense; basta ver cómo despedazaron a Latinomérica, su patio estratégico)- se burla del "estudio histórico ambicioso" las Estrategias para mantener el predominio de Estados Unidos, mandado a hacer por la oficina del Pentágono de Donald Rumsfeld en agosto del 2001, el cual "compara el deseo estadunidense de establecer un 'amplio espectro de dominio' con los intentos de los anteriores imperios". Según Ferguson, la mayor parte del estudio "consistió en una bonita economía superficial, y la conclusión fue que el cambio tecnológico había puesto a Estados Unidos en una nueva liga, por lo que un estudio comparativo más detallado sería superfluo". Bien decía Esquilo, el genial dramaturgo griego, que cuando los dioses desean acabar con alguien empiezan por quitarle el juicio.

FERGUSON SE OLVIDA que sus recientes conferencias se efectuaron en el país donde el japonés-estadunidense Francis Fukuyama, anterior empleado del texano James Baker III en el Departamento de Estado (y ahora agazapado en la "academia" para eyectar barbaridades), expectoró el "fin de la historia" (¡super sic!) y el advenimiento eterno de la globalización con la supremacía de la potencia unipolar estadunidense. ¿Cómo quiere Ferguson que el circuito bélico estadunidense, que gobierna todas las capas de su actividad, reconozca la existencia de la "historia" que pretende sepultar a su paso sin importar que haya sido puesto en ridículo por la mística de los patriotas iraquíes que combaten en forma increíble en una guerra asimétrica? Con razón Ferguson se asombra del susto que provocó en los círculos adictos al neoconservadurismo su artículo del año pasado en Foreign Affairs ("¿Hegemonía o imperio?", septiembre/octubre 2003), en el cual recordó que un general británico que había ocupado Bagdad en 1917 había proclamado que "nuestros ejércitos no vinieron a vuestras ciudades y tierras como conquistadores, sino como liberadores". ¿Cuál es la diferencia mental entre el iluso general británico de hace 87 años con las alucinaciones expelidas por el neoconservador straussiano Paul Dundes Wolfowitz a Vanity Fair, la revista de la frivolidad estadunidense?

FERGUSON COMENTA QUE, fuera de los departamentos de historia de las universidades, "muy pocos estadunidenses están conscientes de que a pocos meses de la toma formal de Irak por los británicos se haya generado una revuelta antibritánica a gran escala. Lo que sucedió en Irak la semana pasada se parece estrechamente a los eventos que solamente podría sorprender a un ignorante en historia". Ni más ni menos que el "síndrome 1920" (la tesis de Bajo la Lupa). El historiador británico pone en guardia las limitaciones de lo que puede hacer la Organización de las Naciones Unidas, al recordar que la revuelta iraquí de 1920 empezó en mayo de 1920 cuando fue anunciado el "mandato" de la Liga de las Naciones bajo protectorado británico: "empezaron las manifestaciones antibritánicas en las mezquitas de Bagdad y se expandieron a la ciudad chiíta sagrada de Kerbala (...), y sunitas y chiítas, aun los kurdos, actuaron en conjunto contra las expectativas británicas". A partir de entonces, en medio de fuertes bajas de los británicos, se aceleró la idea de la transferencia de poder a un gobierno iraquí independiente. Se deduce que los patriotas iraquíes no aceptarán nada menos que la independencia. Ferguson apuesta a que ningún comandante militar estadunidense conoce lo más mínimo de lo que hemos denominado el "síndrome 1920". Más allá del "material anodino alardeado en forma rutinaria por la Casa Blanca", que no tiene la menor idea de "las realidades del imperialismo moderno", lo cierto es que el "excepcionalismo" de Estados Unidos "se está desvaneciendo", y concluye magistralmente que "la política de Washington en Irak se encuentra en manos de una generación que no ha aprendido nada de la historia, salvo repetir los errores de los otros".

COMO BIEN SEÑALA Raghida Dergham ("Semanas terribles y cruciales", Al-Hayat, 9 de abril de 2004), "el empantanamiento de Estados Unidos en Irak significa también que Irak está empantanado". Pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo, porque a diferencia de los británicos de 1920, los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos que tienen controlado a Baby Bush, uno de los gobernantes más pueriles en la historia de la humanidad (con o sin el aval de Fukuyama), todavía pueden causar un daño considerable en la antigua Mesopotamia. Cabe recordar la "historia reciente" estadunidense, que ha sido la única potencia que ha lanzado dos bombas nucleares sin la menor compunción a las ciudades mártires de Hiroshima y Nagasaki, repletas de civiles, lo cual se le olvidó al primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, quien tampoco conoce la historia de sus muertos. James Mann pone en evidencia la existencia de un "plan Armagedón" (The Atlantic Monthly, marzo de 2004), tesis que había anticipado Bajo la Lupa, que se ha vuelto el territorio del pensamiento estratégico elaborado desde Ronald Reagan hasta Baby Bush, donde resalta la alarmante ubicuidad del neoconservador straussiano Paul Dundes Wolfowitz: "durante el periodo Reagan, Dick Cheney y Donald Rumsfeld fueron los actores principales de un programa clandestino destinado a poner de lado las líneas legales de la sucesión para inmediatamente instalar un nuevo 'presidente' en el evento de que un ataque nuclear matara a los líderes. El programa ayuda a explicar la conducta de la administración Bush durante el 11 de septiembre y después". Cheney y Rumsfled, según Mann, parecen representar "la continuidad extraconstitucional de los ejercicios gubernamentales (...) y durante tres décadas, desde la administración Ford en adelante, aun cuando se encontraban fuera de la rama ejecutiva del gobierno, permanecieron en contacto con funcionarios del Pentágono, militares y servicios de inteligencia. En cierto sentido, formaron parte del permanente aparato oculto de seguridad nacional de Estados Unidos -habitantes de un mundo en el que los presidentes van y vienen, pero que hace que ese país siga combatiendo".

MIENTRAS BABY BUSH vacaciona en su rancho texano de Crawford y Blair lo imita en Bermudas, Cheney no descansa, obnubilado por su mentalidad apocalíptica "Armagedón", que ha condensado durante tres décadas, para apretar las tuercas en un periplo asiático que lo lleva a Japón, Corea del Sur y China. ¿Estarán capacitados mentalmente, antes de estar dispuestos, los racistas huntingtonianos y los neoconservadores straussianos a digerir una estruendosa derrota en Irak, que marcaría inexorablemente la decadencia de Estados Unidos? Planean momentos sumamente delicados y, quizá, inéditos en la historia: no solamente para los pueblos iraquí y mediorientales, sino también para todo el género humano.


Fuente: diario La Jornada, de México D.F., México; 11 de abril de 2004.