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Asunto:NoticiasdelCeHu 454/04 - Argentina y España en la mirada de Fernando Sa vater
Fecha:Jueves, 1 de Abril, 2004  15:51:02 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 454/04
 
 
 
 

 
Savater: "Importa más mirar hacia adelante que aclarar el pasado"


MADRID.- Lo primero para decir del filósofo y escritor Fernando Savater es que sabe de terrorismo: hace años que está amenazado por la banda terrorista ETA y se mueve permanentemente con dos custodios armados. No puede salir ni a buscar cigarrillos sin ellos.

Nacido en la tierra vasca de San Sebastián hace 57 años, si algo no hace es adoptar, por eso, el papel de víctima. Al contrario. No le gusta hablar de su situación personal y ésta no lo detiene para plantarse muy firmemente contra el terrorismo. O contra quienes actúan como si no existiera o contra quienes lo justifican por idealista.

"Me impresiona que me pregunten cómo es vivir amenazado. Lo que hay que preguntarse es qué siente usted al ver que miles de personas tenemos que vivir así. No se trata de qué sentimos nosotros, porque esto no es un misterio psicológico de los que vamos con escolta, sino un problema de la sociedad, que lo ve y lo considera como algo que no le concierne o como una anomalía folklórica", dice.

Y aunque habla, básicamente, de España, mucho de lo que dice suena como parte de un debate conocido en nuestro país. No hace distingos entre terrorismos: todos son malos y todos, injustificables. En la Argentina ha habido experiencia de lo que es vivir así.

Está convencido de que, en el nivel mundial, los terroristas están en alza, por más medidas de seguridad que se adopten. Savater admite que los autores de la masacre del 11 del actual en los trenes de Madrid consiguieron algo que buscaban: influir en las elecciones y perjudicar al gobernante Partido Popular (PP), con el que él no parece simpatizar mucho. "No eligieron la fecha al azar, sino con ese propósito, y lo lograron", dice. Pero tampoco le resulta novedoso: "Es común que pretendan boicotear los procesos democráticos", sostiene.

Vocero de Basta Ya, un movimiento civil contra la violencia armada y soporte de víctimas y familiares de quienes fueron asesinados por el terrorismo, entre los libros más vendidos de Savater figura "Etica para Amador". Habla allí de la necesidad de ser éticos en un mundo cada vez más corrupto. "No me importa que se me rían", asegura.

Dice que los argentinos tenemos tendencia a escapar de lo práctico y que no es bueno mirar permanentemente al pasado, porque se corre el riesgo de convertirse en una estatua de sal. "Lo mejor es superarlo", afirma.

La entrevista fue en su casa de Madrid y de lo primero que se habló fue de lo último, naturalmente.

-¿Qué cambió con los atentados del 11 del actual?

-Fue muy traumático. No sólo porque fue el atentado más grande que hubo en España y, posiblemente, en Europa, sino también porque, además, nos reveló que tenemos una doble amenaza: ya no es sólo el terrorismo de ETA, que padecemos desde hace treinta años, sino también el de corte internacional. España es el único país en esa situación, lo cual resulta muy preocupante.

-La idea, fuera de España, es que las elecciones las ganó el terrorismo.

-La gente votó por muchas cosas. Ya había disconformidad y la distancia entre partidos se ajustó mucho. Luego, si el gobierno no hubiese gestionado de modo engañoso la crisis, habría sufrido menos las consecuencias. Lo que sí es cierto es que el grupo terrorista no eligió la fecha al azar. Actuó tres días antes de las elecciones con el propósito de influir sobre ellas, de perjudicar al partido gobernante, y lo logró. Es posible que el resultado electoral se explique también desde otros puntos de vista. Pero lo cierto es que los terroristas cumplieron su objetivo.

-¿Estamos frente a un nuevo modo de operar en política del terrorismo?

-Los terrorismos siempre tratan de boicotear los procesos democráticos. ETA lo ha hecho muchas veces. Por eso no sorprendía a nadie la idea inicial de que fuera ETA. Porque ya en varias ocasiones intervino en procesos electorales. La vez que voló el coche de José María Aznar lo hizo con las elecciones encima y estuvo a punto de cargarse a uno de los dos candidatos. El terrorismo trata de domesticar a los países por medio del terror y de llevarlos por donde ellos quieren que vayan.

-¿Es eficaz combatir al terrorismo con guerras?

-Sólo en el caso de que existan países que sirvan de base para su acción, como lo fue Afganistán en su momento. En ese caso, tal vez se justifique intervenir. Pero el terrorismo no adopta las formas de una guerra convencional, de modo que no es ése el terreno para combatirlo. Más bien, hay que hacerlo sobre la base de servicios secretos.

-¿Hay algún terrorismo mejor o peor que otro?

-Hay distintos tipos de terrorismo, pero todos son malos. Siempre utilizan a los ciudadanos como rehenes para intentar cambiar algo. En ese sentido, son todos malos. Pero no son iguales. Hay que saber cómo se combate con cada uno.

-ETA le dice al futuro presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, que quiere dialogar. ¿Le cree usted?

-ETA siempre dice lo mismo. No quiere dialogar, sino que le den la razón. Si quisiera dialogar, no tendría más que dejar las armas, desaparecer como organización armada y disponer que sus miembros hicieran política. Ellos ni siquiera dialogan con la sociedad. Que digan que quieren hacerlo con el nuevo gobierno es una burla.

-¿Qué impresiones le despierta la Argentina últimamente?

-Las de siempre: un país rico y con gente preparada que, cada vez que parece que va a despegar, tiene un bajón histórico.

-Hace décadas Ortega y Gasset recomendó: "Argentinos, a las cosas". No hacer ¿tiene cura?

-Eso es algo que me llama la atención: la resistencia a lo práctico que muestran. Recuerdo que en lo peor del "corralito" me llamaban desde radios argentinas y me hacían preguntas con las especulaciones más insólitas. Yo decía: "No, vea, esto es un problema práctico y no filosófico". Daba risa.

-¿Es para reírse o para llorar?

-Dentro de lo que uno puede reírse en estos casos, me hace gracia la tendencia a convertir en abstracto un problema que es básicamente de falta de honradez, por un lado, y de desacierto económico, por el otro. Si algo es evidente es que no se trata de algo que tuviera que ver con el ser y la nada.

-¿Los argentinos tenemos resistencia a lo práctico?

-Creo que tienen una cierta tendencia a eso. A mí, porque me gusta la filosofía, me parece simpático. Pero tal vez para la vida cotidiana no sea muy bueno.

-¿Ese pragmatismo fue la clave para que España consiguiera en su transición lo que la Argentina no consiguió?

-Creo que ha habido una cuestión de ubicación. Si España hubiera estado donde está Bolivia, la transición española no habría tenido el mismo éxito. El contexto europeo fue lo que ayudó. La Europa de nuestra transición tenía interés en que existiera una España estable, democrática y desarrollada.

-¿Por qué, con el terrorismo, el crimen adquiere cierta imagen de romanticismo heroico?

-Porque el terrorismo representa el antisistema. Se lo ve como positivo en caso de que el sistema sea tan desastroso como una dictadura, o la miseria total, o las atrocidades más absolutas. Lo malo es cuando ese antisistema se convierte en la enfermedad de países en democracia. España es un país privilegiado. Los que nacemos acá lo somos con un demérito total: sin haber hecho nada nos sale la bola blanca en el sorteo de la vida y nos toca la cuchara de plata en la boca. Jugar con eso y fingir es una hipocresía. En Cataluña, con un gobierno de fuerte presencia nacionalista, se dijo: "Avancemos hacia la utopía". ¡Si serán sinvergüenzas! Hablar de utopía en la zona más rica de España, una de las más prósperas de Europa... ¡Y encima quieren la utopía! Entonces, ¿qué dejan para el que vive en Ruanda? Ese tipo de afirmaciones es tan grotesco que debería producir una mezcla de risa y repugnancia.

-Pero son propuestas que no bajan de un platillo volador, sino que son respaldadas por el voto popular.

-Es que hay gente que, viviendo en Europa, se siente dentro de la guerrilla. En España, desgraciadamente, eso está fomentado por una especie de política-antipolítica. Eso es el nacionalismo. O sea: no es nada, nada más que la sustitución de lo real por una especie de sueño destructivo e inútil.

-En la Argentina se llegó a ver a los políticos como a un grupo aparte. "Que se vayan todos", se les dijo. Como si fueran algo distinto del conjunto.

-Lo malo de los políticos es que se parecen mucho a la gente que los consiente y que los elige. Echarles la culpa a los políticos es tonto: están allí porque lo consentimos. Hay políticos decentes que en lugar de prometer el cielo y la tierra hablan de diagnósticos y procesos duros, pero a ésos no se los vota. Y sí al iluminado que promete, aun sabiendo que no va a cumplir.

-España tiene un pasado de muerte y asesinato en la Guerra Civil, y aun después de ella. ¿Por qué eligió olvidarlo?

-Yo no diría "olvidar", sino "aparcar".

-Bueno, pero hace rato que el tema está "aparcado"...

-Estar con la cabeza permanentemente vuelta hacia atrás nos convierte en estatuas de sal. Seguir contemplando ese pasado de guerra civil y dictadura con fascinación posiblemente nos llevaría a repetirlo. Creo que es más importante organizar hacia adelante que intentar poner en claro el pasado, que en todos los países suele ser bastante turbio. Entiendo a quienes no quieren que un asesino se pasee por la calle. Pero vivir intentando reparar el pasado no creo que sea beneficioso.

-¿En qué medida España no corrió el riesgo de que esa falta de revisión se le volviera en contra de modo traumático?

-Eso no ocurre cuando el pasado es superado. Entre las dos Españas, la mayor diferencia no fue tanto ideológica como social. Una era la España de los que tenían y la otra, la de quienes no tenían. Eso llevó a la guerra. Hablar hoy de las dos Españas es absurdo: hemos superado lo que generó el conflicto.

-¿Cuál es la mirada de España sobre América latina?

-La de quien se mira en un espejo...

-Y luego dice: ¡qué suerte que estoy del otro lado!

-(Se ríe.) Bueno, los españoles nos reconocemos en los países de América latina, para bien y para mal. Ocurre que España ahora se compenetró mejor con Europa.

-Usted escribe sobre ética. ¿No teme que en la Argentina se le rían en la cara?

-¡En todas partes! Y es curioso, porque todo el mundo se ríe cuando digo "ética", pero, por otra parte, todo el mundo la practica.

-¿Está seguro?

-Una cosa es que ninguno sea perfecto o bondadoso y otra cosa es que no sea ético. Nadie puede vivir sin ética y, de hecho, es lo más normal y lo que más practicamos. Sin ella las sociedades no funcionarían. La ética no es un lujo en la Argentina, en España ni en China. Las sociedades funcionan porque la mayoría de las personas, la mayor parte del tiempo, nos portamos bien. Claro que hay muchos que no lo hacen. La ética no es un lujo, sino una necesidad. Y se trata de reflexionar sobre por qué tenemos esa necesidad.

-Disculpe, pero no parece ser ésa la necesidad primordial de la dirigencia, en sentido amplio, en estos momentos.

-Los dirigentes son igual de éticos que los demás. No es que los otros sean mejores, sino que los políticos y los dirigentes han llegado a un lugar desde el que pueden hacer más cosas.

-Entonces, ¿es sólo que allí tienen más posibilidades de hacer el mal?

-Claro. No es que los demás sean mejores, sino que tienen menos posibilidades de hacer el mal.

-¿Por qué la ética individual es superior a la de un Estado?

-Porque los Estados son salvajes. Las personas, afortunadamente, no nos portamos entre nosotros como los Estados se portan entre ellos. Los Estados Unidos, por caso, se niegan sistemáticamente a cualquier transacción con los otros países. El proyecto político de este siglo es llegar a que los Estados aprendan a vivir en un orden internacional que sea para todos.

-¿Es posible enseñar ética en un ambiente corrupto?

-Precisamente. La corrupción no es la dificultad para enseñar ética, sino lo que la hace necesaria. Las personas son éticas; el mundo, no. Y por eso hay que educar. Así como uno educa donde hay ignorancia, del mismo modo se impone predicar ética en la corrupción.

-¿Puede ser que el rechazo a la inmigración exacerbe en España un nacionalismo en el nivel peninsular? ¿Todos estarían en contra de lo diferente?

-No, porque el rechazo no es a lo diferente, sino a los pobres. La cultura distinta de los japoneses no le molesta a nadie, si llega con buenos yenes. La única raza contra la que todo el mundo es racista es la de los pobres. Da igual el color que tengas. Aquí se pensaba que era sólo contra los morenos, porque se los tomaba por marroquíes pobres, pero a los rubios y altos de Europa del Este se los rechaza igual si también lo son. Parecerán ángeles, pero son pobres. Y ahí está el problema.

-¿Usted está amenazado por ETA?

-Yo soy una de las 12.500 personas que en este país viven protegidas por custodia.

-¿Cómo es vivir así?

-Me lo preguntan mucho y me impresiona que me lo pregunten. Cuando ocurre, doy vuelta la pregunta e interrogo a mis compatriotas sobre qué sienten ellos al ver que buena parte de sus conciudadanos tienen que llevar escolta armada. Sobre todo en el País Vasco, donde esto ocurre con personas modestas, concejales de pueblo, a lo mejor, la señora de la limpieza que tiene que ir a hacer su trabajo con dos escoltas... o un concejal del Partido Popular. El problema no es qué sentimos, porque esto no es un misterio psicológico de los que vamos con escolta, sino un problema de la sociedad que lo ve y lo considera o bien algo que no le concierne o bien una anomalía folklórica.

-¿Y qué dicen sus compatriotas cuando da vuelta la pregunta?

-Generalmente se sorprenden y confiesan que no lo habían pensado así. Y por eso se lo digo: para que lo piensen.

-Usted es objeto de odio y hostigamiento. ¿Cómo es su proceso interno para no pagar con la misma moneda y, en lugar de ello, intentar persuadir con palabras?

-Es fácil: intento ser feliz. Mire, yo terminaba la "Etica para Amador" con un consejo de Stendhal, que se refiere al momento en que uno piensa cómo vengarse de quienes lo detestan. Y la respuesta es sencilla: ser feliz. Ser inmensamente feliz.

 Silvia Pisani
Corresponsal en España


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 31 de marzo de 2004.