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Asunto:NoticiasdelCeHu 445/04 - Paul Samuelson entra en el debate sobre la export ación de empleos
Fecha:Miercoles, 31 de Marzo, 2004  21:35:39 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 445/04
 

 
EE.UU.: el costo de la globalización

El traslado de puestos de trabajo desde el territorio estadounidense al exterior implica mano de obra más barata. Esto puede beneficiar a los consumidores que tendrían productos más baratos. Pero, dice el autor, a mediano plazo el crecimiento económico sin más empleos locales pronostica un futuro sombrío para la primera economía del mundo.
Paul Samuelson
 Premio Nobel de Economía

 
Los estadounidenses no son por estos días un pueblo feliz. Dos motivos para ese malestar son, sin duda, las inesperadas complicaciones en Irak, que no muestran indicios de resolución satisfactoria hasta donde alcanzan a ver los analistas más expertos, y la crónica pérdida de buenos puestos de trabajo estadounidenses. Y esto último pese a los denodados estímulos crediticios otorgados por la Reserva Federal, que en sucesivas intervenciones llevó nuestra tasa de interés de corto plazo a un piso de sólo 1%.

No sorprende que la inicial popularidad del Presidente Bush se encuentre algo mellada. La Casa Blanca y el Congreso controlado por el Partido Republicano han estado haciendo crecer el déficit fiscal a una escala que excede con mucho incluso las desbocadas políticas de gastos del Presidente Reagan en los 80.

¿Por qué, desgraciadamente, la actual recuperación estadounidense de la recesión de 2001 no está creando empleos?

Ningún comité de expertos selectos podría haber previsto correctamente a comienzos del milenio lo que ha venido sucediendo estos últimos tres años. Deben reconocerse dos razones diferentes pero relacionadas para dar cuenta de la pérdida de tantos buenos puestos de trabajo, en un momento en el que los recientes desempleados no pueden encontrar una cantidad equivalente de nuevos trabajos.

En primer lugar, la productividad neta de los Estados Unidos crece a un ritmo sorprendente. Eso significa que se despiden trabajadores prescindibles a un ritmo mayor que en anteriores recuperaciones.

En segundo lugar, tanto los puestos industriales como los de servicios se tercerizan a regiones de salarios más bajos como China, India y también Europa. Aunque parezca extraño, el Presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, en sus muchos discursos, no le concede gran peso a la desnacionalización de empleos. Los comunicados de la Fed hacen más hincapié en los beneficios de largo plazo por el crecimiento de la productividad que en la pérdida de vigor de la recuperación económica de los Estados Unidos en el corto plazo.



Sinceridad brutal

Los rivales de George W. Bush en la próxima elección han señalado con insistencia a la desnacionalización como causa de que la floja generación de empleos en el país. Sin embargo, el mes pasado, el profesor de Harvard Gregory Mankiw, mientras estaba en misión oficial como presidente del Consejo de Asesores Económicos (CAE) de Bush, cometió el error político de sincerarse en una rueda de prensa.

Mankiw aludió a lo que es obvio: muchos empleos se trasladan al mundo en desarrollo por su mano de obra barata. Pero deliberadamente añadió que en el largo plazo los Estados Unidos obtendrían beneficios de esta escenificación de la teoría clásica del comercio internacional.

La protesta fue instantánea, resonante y tuvo expresiones en los dos partidos tradicionales. Sonaron las alarmas en todas las oficinas de relaciones públicas de la Casa Blanca.

¿Por qué me molesto en hablar de estos acontecimientos a mi público de lectores estadounidenses y no estadounidenses?


Una flor frágil y sobreactuada

El espíritu del comercio libre es una flor frágil en toda democracia. En sus más de doscientos siglos de historia, los Estados Unidos fue particularmente proteccionista, hasta bien avanzada la era post Roosevelt.

Este tema no desaparecerá. Aún si, con suerte, entre marzo y noviembre las bolsas florecen y el tan esperado aumento de oportunidades laborales en los Estados Unidos se produce, una reelección exitosa de Bush en noviembre no eliminará para nada de la agenda política de la próxima década el debate sobre el libre comercio y la globalización .

Y hay una cuestión final de ciencia económica. Los defensores del libre comercio son propensos a sobreactuar su causa. En síntesis, la mayoría de los economistas hacen la siguiente promesa: "Sí, la competencia de los bajos salarios podrá perjudicar a algunos estadounidenses en el corto plazo. Sin embargo, en el largo plazo el libre comercio debe (supuestamente) aumentar la productividad y los estándares de vida en general. Las ganancias de los ganadores, según dice la ley de la economía, deben por tanto ser mayores que las pérdidas de los perdedores".

Lo antedicho significa que la democracia estadounidense podría optar, por razones de equidad, que el Estado dirija hacia los perdedores algunos de los beneficios de la globalización. ¿Cómo? Mediante programas sensatos de impuestos y gastos fiscales.

Dos observaciones:

Primero: a menos que uno crea que los chanchos vuelan, no debe esperarse que la troupe plutocrática de Bush y Cheney se convierta en Robin Hood y sus amigos y empiece a cobrarles impuestos a los ricos para ayudar a los pobres.

Segundo: la mayoría de los economistas parecen olvidar lo que aprendieron en sus seminarios universitarios acerca de la teoría pura del comercio internacional.

Todavía los Estados Unidos siguen siendo el ciclista que va a la cabeza tecnológica y de productividad, y le tapa el viento a los que vienen inmediatamente detrás. Sin embargo, el alto consumo de los Estados Unidos y la revolución demográfica por venir hacia el 2020, sumados al enorme recorte de impuestos de Bush para quienes ya somos ricos, agitan de nuevo el espectro de un futuro estadounidense más sombrío.
TRADUCCION DE CLAUDIA GILMAN

Fuente: diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina;  Suplemento Económico, 28 de marzo.