Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 291 al 310 
AsuntoAutor
257/02 - Felicidad Humboldt
259/02 - Realidad Humboldt
258/02 - Los años Humboldt
260/02 - La Geogra Humboldt
RE: NoticiasdelCeH Luis San
261/02 - Paro y Mo Humboldt
262/02 - Agradecim Humboldt
263/02 - A LOS GEÓ Humboldt
264/02 - Entrevist Humboldt
265/02 - Los geógr Humboldt
Re: NoticiasdelCeH Dirce Su
Re: NoticiasdelCeH vincenti
Re: NoticiasdelCeH Edecar
Venezuela - Dia de Luis San
RE: NoticiasdelCeH Ilda Fer
266/02 - El Mito d Humboldt
267/02 - A los geó Humboldt
268/02 - Saludos a Humboldt
269/02 - Saludos d Humboldt
270/02 - Las reten Humboldt
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 449     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 260/02 - La Geografía en jaque
Fecha:Lunes, 27 de Mayo, 2002  20:28:12 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

La Geografía en jaque

 

 

 

 

Lic. Juan Roberto Benítez

Universidad Nacional del Centro

Universidad de Buenos Aires

 

 

 


Los que nos hemos formado o deformado dentro del marco de la Geografía como ciencia, disciplina o simple conocimiento particular, vemos con beneplácito el reconocimiento que se formula desde otras áreas del conocimiento o de los ámbitos de aplicación. Cuando la sola mención del término geografía o sus derivados aparece en artículos periodísticos o en trabajos de economistas, sociólogos, políticos, etc., se percibe la satisfacción del reconocimiento de la existencia propia.

 

En la Argentina, ese reconocimiento estuvo e indiscutiblemente hoy también está ligado a un ámbito que se circunscribe al territorio de lo escolar en sus niveles primario y medio. Fuera de él, la Geografía pasa a ser un elemento más de la popular y nunca bien definida “cultura general”. Y así pasa a formar parte de una caja en la que concurren también la historia, la literatura, la pintura o el cine. Es decir que también es utilizada para diferenciar a un troglodita de aquel que no lo es. Cuando la geografía es utilizada para esto, la divisoria de aguas entre la barbarie y la civilización pasa por el hecho de saber y por sobre todo recordar, el nombre de un río, la cantidad de habitantes de Turquía o el nombre de la capital de Gabón.

 

Dentro de este marco, pretender explicar qué es, qué hace o qué puede hacer un geógrafo, es tan difícil o penoso como pretender demostrar la utilidad del pensamiento poético. Para ese marco de referencia, la geografía profesionalizada no significa otra cosa más que la posibilidad de ser docente de geografía.

 

Y en ese ámbito escolar, la geografía se movió cómodamente, acotando -quizás de forma muy restringida-, su propio territorio; creando su propia jerga (terminología específica), reconocida casi diría por cualquier neófito. Si alguien tiene una duda sobre el nombre de una montaña, sobre el clima de un lugar o sobre las actividades de los pueblos del Tibet, sin duda sabrá que deberá dirigirse a un profesor de geografía y no a uno de historia o de biología.

Las cuestiones epistemológicas, las discusiones sobre la especificidad geográfica que pretenden derivarse en definiciones específicas, son preocupaciones y ocupaciones encerradas en minúsculos ámbitos universitarios. Fuera de ellos, la cuestión es muy clara, nadie duda sobre lo que es un profesor de geografía como no duda sobre lo es un carpintero.

Esa comodidad del territorio construido en los ámbitos escolares, tiene -diría-, una historia antigua. Y justamente el riesgo más importante de las historias de largo tiempo es la seguridad que construyen, que termina por ser la base misma de la destrucción de esa historia. Por lo general la seguridad construye la confianza y por ende el riesgo de la imprevisión. Creo, -y esta es una hipótesis que no pretendo demostrar-, que los imperios más importantes que la humanidad conoció comenzaron a caer cuando la seguridad de la perpetuidad era total. Como jugador de ajedrez, sé que la partida no está ganada hasta que el contrincante tira su rey. Cuando la partida está objetivamente definida, el que la tiene a su favor se relaja y ese es el momento en el que la puede perder.

 

Veinte o treinta años atrás, a nadie se le hubiese ocurrido dudar sobre la necesidad del conocimiento geográfico en la formación de los niños y los jóvenes, como hoy a nadie se le podría ocurrir dudar sobre la utilidad del conocimiento de la informática.

Pues, aunque algunos se sorprendan o se nieguen a creerlo, incluso hasta justificando los cambios; la Geografía está en jaque.

El territorio hasta ayer inexpugnable, ya no lo es. La seguridad del espacio propio por varias generaciones, no nos alertó siquiera para la posibilidad de presentar batalla.

Los cambios ya están hechos, se impusieron como se impusieron otros sin duda mucho más profundos e importantes.

 

La Geografía desaparece de la escuela.

 

Y las reacciones casi no existen. Algunos se montaron sobre el caballo renovador colaborando con los cambios, otros tratando -aún sin saber cómo-, de acomodarse al nuevo nicho, ahora compartido por otros. Y los más, tienen la misma reacción que los habitantes de Hiroshima y Nagasaki después de las bombas atómicas. Y esta es una reacción natural; casi nadie podía imaginarlas.

La Geografía tiene desde ahora un territorio más acotado bajo el marco de una ciencia que se incorpora como una nueva asignatura en el ciclo de la enseñanza media,: las Ciencias Sociales.

Desde ya que la historia tiene su peso; y en este sentido la inercia es un tiempo de descuento para repensar o pensar la reacción posible, la reacción viable.

Por ese peso, algunos temas seguirán siendo reconocidos por un tiempo como de especificidad geográfica; pero ahora dentro de este nuevo marco institucional, esa especificidad puede ser disputada, no desde lo epistemológico, sino desde la praxis, es decir desde la materialización de los cambios impuestos.

 

Entiendo que hoy es indiscutible que la Geografía es una de las ciencias sociales,- como lo es la economía , la antropología o la sociología-; pero lo que sí parece serlo es la importancia relativa de cada una de ellas, reconociendo que la unificación todavía está en el campo de la utopía.

Y entiendo que este es uno de los puntos sobre el que hay que pararse para pensar la estrategia que nos permita sobrevivir, si es que vale la pena.

La relatividad de la importancia va a depender del peso relativo de cada una dentro del conjunto más abarcativo, es decir del contexto nacional e internacional. Los procesos de esos niveles van marcando escalas valorativas diferenciadas según el rumbo de esos procesos. Si una de las tendencias de la economía mundial es la concentración, comprensible es entonces que las pocas, pero poderosas empresas que producen y venden bienes y servicios de informática, hayan desarrollado estrategias para aumentar el volumen de sus ventas. Estrategias que ya demostraron su eficiencia y eficacia. En la enseñanza paraescolar es incomparable la cantidad de alumnos que estudian computación con la que estudia piano. Del mismo modo es comprensible que ante la hegemonía británica primero y luego la estadounidense; el idioma que mayor demanda tiene por ser aprendido sea el inglés y no precisamente para leer mejor a Shakespeare.

 

Siguiendo con el mismo hilo del razonamiento; ante la producción a escala de las grandes transnacionales que fabrican productos electrónicos y la consiguiente reducción de costos y de precios, sería hoy un absurdo pensar en desarrollar la vieja escuela de “artes y oficios” en donde se enseñe a reparar esos aparatos. El costo de reparación es igual o mayor que el precio del producto. Lo que ayer parecía eterno, hoy es descartable.

 

El conocimiento imprescindible de otros tiempos puede perder todo valor con el correr del tiempo. Días atrás quise comprar en una librería importante de Buenos Aires, “Rayuela” de Cortázar. La joven vendedora, al no encontrarlo en la computadora por el título, me preguntó ¿quién era el autor?. Yo le dije que era Juan Roberto Benítez. Lo volvió a buscar en la computadora y por supuesto no lo encontró.

Años atrás esta joven no podría haber conseguido trabajo en una librería ni para limpiar los pisos. Hoy se puede vender libros sin saber de libros. Venden más libros las góndolas de los supermercados que las librerías.

 

El sistema educativo es evidentemente un subsistema y sería un absurdo pretenderlo revolucionario; en el mejor de los casos puede ser adaptativo.

Dentro de este contexto parece ser más importante aprender a manejar un procesador de texto que a escribir un texto.

 

¿Y qué es lo que la geografía escolar ha planteado de renovación para su mejor adaptación a las demandas efectivas del contexto? La respuesta es: ninguna.

Y ese bagaje informativo propio de la geografía escolar ya no hace falta aprenderlo; se envasa en un diskette del mismo modo que los títulos de los libros y sus autores.

 

El estudio de otros pueblos, respecto de sus costumbres, actividades económicas, creencias, idiomas, etc., ya no es valorizado como un instrumento formativo, que permita por ejemplo una mayor amplitud del pensamiento reconociendo que lo diferente a uno también existe.

Dentro del marco general si hoy se valoriza el estudio de otros pueblos será porque permite hacer un mejor estudio de mercado.

Y este es el punto. Lo pragmático, lo “util” es lo que vale, y en este sentido parece que distinguir el plegamiento varíscico del caledónico no es una demanda -digamos- muy popular.

 

La Geografía tiene un vasto repertorio para lo que entiendo debe ser un objetivo específico dentro de los ámbitos escolares: la ubicación del hombre en el mundo. Claro que para lo cual las denominadas “coordenadas geográficas” son insuficientes; y sin duda que para tal fin, saber de la existencia de bloques regionales como la Unión Europea y el NAFTA es mucho más importante que saber de la existencia de todos los plegamientos del Paleozoico.

En síntesis, considero que hay que revisar dentro del mismo cuerpo para encontrar dentro de él lo que hoy puede ser una demanda real en términos formativos e informativos.

 

De no lograrlo, estimo que la Geografía puede terminar encerrada en las viejas enciclopedias o en los facículos de divulgación general que adornan las bibliotecas familiares que nadie consulta.

Este planteo no significa rersignar la posibilidad de transmitir o inculcar valores de una naturaleza humanística, sino simplemente intentar la estrategia de caminar un camino más llano que el relieve alpino.

 


Extraído de MERIDIANO - Revista de Geografía Nro 1 - Centro de Estudios Alexander von Humboldt - Agosto de 1995; pp. 7-9.