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Asunto:NoticiasdelCeHu 356/04 - El precio de ganar la libertad
Fecha:Sabado, 20 de Marzo, 2004  15:07:04 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 356/04
 

La Situación Internacional
El precio de ganar la libertad

 Donald Rumsfeld


 

WASHINGTON.- Esta semana, en la que se cumple el primer aniversario del comienzo de la operación Libertad Iraquí, vale recordar por qué hemos combatido. No hace mucho visité Corea del Sur, justo cuando el gobierno coreano analizaba la posibilidad de enviar tropas a Irak. En Seúl, fui entrevistado por una periodista local -ciertamente demasiado joven como para recordar la Guerra de Corea- que me preguntó: "¿Por qué deberían los coreanos enviar a sus jóvenes al otro lado del planeta para que mueran o resulten heridos en Irak?".

Ese día había visitado un monumento que conmemora la Guerra de Corea, en el que están inscriptos los nombres de todos los soldados norteamericanos que murieron en ese conflicto. Y le respondí a la periodista: "Es una pregunta legítima y razonable. Como lo habría sido que un norteamericano preguntara, hace 50 años, "¿por qué los jóvenes norteamericanos van al otro lado del mundo para morir o resultar heridos en Corea?"

Conversábamos en uno de los pisos superiores de un gran hotel de Seúl. Le pedí a la joven periodista que mirara por el ventanal, a las luces, el tránsito, la energía de la vibrante economía de Corea del Sur. Le conté que sobre una mesa de mi oficina en el Pentágono tengo una foto satelital, tomada de noche, de la península de Corea, en la cual al norte de la zona desmilitarizada no se observa sino una mancha oscura, con la excepción de un punto luminoso en los alrededores de Pyongyang, mientras que toda Corea del Sur está bañada de luz, la luz de la libertad.

La libertad de Corea del Sur se ganó a un costo terrible: decenas de miles de vidas, incluyendo más de 33.000 norteamericanos muertos en combate. ¿Valió la pena? Sin duda. Así como valió la pena en Alemania, en Francia, en Italia, y en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Y como vale la pena hoy en Afganistán e Irak.

Hoy, en un mundo de terrorismo y armas de destrucción masiva, defender la libertad significa que debemos afrontar peligros antes de que sea demasiado tarde. En el caso de Irak, durante 12 años, y luego de 17 resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, el mundo dio a Saddam Hussein todas las oportunidades posibles para evitar una guerra. Se le exigía que cumpliera una norma simple: que respetara lo que había acordado al final de la Guerra del Golfo Pérsico de 1991, desarmarse y demostrarlo. En lugar de hacerlo -como Kazakhstán, Sudáfrica y Ucrania, y como Libia lo hace ahora- Saddam Hussein prefirió el engaño, la impostura y la provocación.

Una y otra vez rechazó esas resoluciones y engañó a los inspectores de la ONU sobre sus arsenales. El mundo conocía su historial: Saddam utilizó armas químicas contra Irán y contra sus propios ciudadanos; invadió Irán y Kuwait; lanzó misiles balísticos a Irán, Israel, Arabia Saudita y Bahrein; y sus tropas regularmente disparaban contra aviones norteamericanos que patrullaban las zonas de exclusión aérea.

Advirtiendo esa amenaza, en septiembre de 2002 el presidente Bush recurrió a las Naciones Unidas, que sin embargo le dieron a Irak otra oportunidad, "la última", para que se desarmara y demostrara que lo había hecho. Al mes siguiente, el presidente Bush habló ante el Congreso norteamericano, que votó en favor del uso de la fuerza si Irak no cumplía.

Además, cuando Saddam Hussein ignoró esa "última oportunidad", tuvo otra para evitar la guerra: 48 horas para abandonar el país. Sólo entonces, después de agotadas todas las alternativas pacíficas, el presidente Bush y nuestros aliados en la coalición impartieron la orden de liberar Irak.

Los norteamericanos no tienden fácilmente a la guerra, pero tampoco se toman la libertad a la ligera. Pero cuando la libertad y el autogobierno hayan echado raíces en Irak, y cuando el país se afiance en Medio Oriente, la estricta justicia de esos esfuerzos será tan clara como lo es hoy en Corea, Alemania, Japón e Italia.

Como nos sigue recordando la permanente violencia terrorista en Irak, el camino hacia la autodeterminación política y el gobierno propio será un verdadero desafío. Pero el progreso es impresionante. La semana pasada, el Consejo de Gobierno iraquí promulgó una Constitución provisional, que garantiza la libertad de expresión y de culto, el derecho de reunión y de organizar partidos políticos, el derecho al voto y el derecho a un juicio imparcial, inmediato y abierto. Hace un año, ninguna de esas garantías podían siquiera ser imaginadas por el pueblo iraquí.

Hoy, mientras pensamos en las decenas de miles de soldados de los Estados Unidos en Irak -y en Afganistán y en otras partes del mundo donde libran la guerra global contra el terrorismo- deberíamos decirles: "Se suman ustedes a la larga fila de generaciones de norteamericanos que han combatido por la libertad. Muchas gracias".

El autor es secretario de Defensa de los Estados Unidos


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 20 de marzo de 2004.