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Asunto:NoticiasdelCeHu 336/04 - El presente del Brasil
Fecha:Martes, 16 de Marzo, 2004  22:06:43 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 336/04
 
NRCeHu: el corresponsal en Brasil del matutino porteño conservador La Nación, comenta el contexto de la política de Lula frente a la 'cumbre' de los presidentes de Brasil y Argentina. Las palabras 'discurso' y 'centroizquierda' adquieren una dimensión protagónica en la imperdible descripción del 'prudente' y 'serio' vocero de la burguesía nativa.   

Brasil busca recuperar el discurso de centroizquierda

Lula se mostrará con Kirchner para emitir un gesto al PT

  • El jefe de Estado de Brasil enfrenta un escenario político turbulento por las denuncias de corrupción
  • Su gobierno busca ahora ablandar el ajuste para invertir en acción social

  •  
  • SAN PABLO.- Al mismo tiempo que exhibe para consumo en el exterior su figura de protagonista de un incipiente liderazgo regional, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva convive internamente con un escenario político turbulento y una política económica que le ocasiona cada vez más críticas de los sectores empresariales, sindicales y hasta del propio Partido de los Trabajadores (PT).

    Por eso, para Lula, el encuentro con Néstor Kirchner tiene un objetivo conceptual y otro muy práctico. Alinearse con la Argentina ante el FMI representa recuperar una de las banderas de la centroizquierda, perdida después de quince meses de política económica ortodoxa.

    Por otro lado, convencido de que el mercado financiero sólo lo iba a dejar gobernar si hacía un ajuste fiscal profundo, Lula se ve ahora en la necesidad de ablandar ese ajuste para invertir en infraestructura y acción social, a riesgo de empujar a Brasil a un segundo año sin crecimiento y con indicadores sociales cada vez peores.

    La única forma de lograr esa brecha, según el entorno de Lula, es hacerlo en forma ordenada con el aval del FMI. Por eso no se deberá esperar un tono exigente en el comunicado conjunto que se emitirá hoy: es muy probable que este año Brasil tenga que renovar, por segunda vez en el gobierno de Lula, su acuerdo con el FMI.

    Internamente, las cosas no están siendo fáciles para Lula. El año comenzó con un escándalo de corrupción que descubrió a uno de los principales hombres de la presidencia negociando ventajas para el juego ilegal, a cambio de apoyo financiero para las campañas del PT.

    Casos sospechosos

    En los últimos días, los medios brasileños fueron descubriendo nuevos casos sospechosos, que involucran a José Dirceu, jefe de gabinete y hombre fuerte de Lula, y al ministro de Hacienda, Antonio Palocci; es decir, los dos hombres más fuertes del gobierno de Lula están cercados por episodios nebulosos que le provocan al gobierno un desgaste político cada vez mayor.

    Pero este mayor desgaste tiene un origen económico que se resume en tres palabras: Brasil no crece. El primer año de Lula dejó un tendal de 600.000 nuevos desempleados y un PBI que retrocedió el 0,2%. Este año comenzó con una reducción de las previsiones de crecimiento por la política monetaria dura. La insatisfacción empresarial es cada vez mayor. El industrial Horacio Lafer Piva sintetizó: "Todo el mundo está perplejo con lo que está ocurriendo. El mercado interno continúa parado. El gobierno percibió que la cosa era mucho más complicada de lo que parecía".

    Hasta el PT, que no se salía un milímetro de su rol oficialista, emitió días atrás un comunicado por el cual pide cambios en la política económica. La idea de que el gobierno podía estar perdiendo apoyo hasta de su propio partido fue tan impactante, que el PT tuvo que retroceder y decir que no había dicho lo que había escrito.

    La misión social del gobierno por ahora quedó en el camino. El programa Hambre Cero, que le valió a Lula loas en el exterior, se transformó en apenas una marca, ya que sus atribuciones fueron distribuidas entre otros organismos. Y resulta difícil encontrar hoy alguna organización no gubernamental de acción social dispuesta a elogiar al gobierno.

    Emparedado de un lado por una meta de ahorro forzoso del 4,25 % del PBI que impide la inversión del Estado y del otro, por una economía que se arrastra; sufriendo un desgaste político y sin ninguna conquista en el terreno social, el gobierno de Lula no está exactamente perdido, pero parece estar, por lo menos, frente a una encrucijada.

     Luis Esnal
    Corresponsal en Brasil


  • Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 16 de marzo de 2004.