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Asunto:NoticiasdelCeHu 312/04 - El mayor default de la historia. El comienzo del fin de Bretton Woods
Fecha:Miercoles, 10 de Marzo, 2004  00:41:20 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 312/04
 
 

Argentina/EEUU
El mayor default de la historia no es el nuestro

 Guillermo Laura


Se repite con insistencia que el default argentino de 88.000 millones de dólares es el más grande de la historia. Lo admiten los propios funcionarios y diplomáticos argentinos. Sin embargo, ¿es realmente así? ¿O ha habido, a lo largo de la historia, incumplimientos mayores?

En mi opinión, el mayor default corresponde a Estados Unidos, que el 15 de agosto de 1971 desconoció el tratado de Bretton Woods, que lo obligaba a entregar a los bancos centrales de los países signatarios oro a razón de una onza por cada 35 dólares. Al "cerrar la ventanilla del oro", Nixon dejó incumplidos compromisos por 60 mil millones de dólares de aquel entonces (Departamento del Tesoro de Estados Unidos, 1982, pág. 84), que actualizados al valor que hoy tiene el oro representan 704 mil millones de dólares. Ocho veces más que el default argentino.

Según el Webster dictionary, default es todo incumplimiento de una obligación contractual o legal. ( Failure to do something required by duty or law .) El default es un concepto amplio que incluye no sólo la falta de pago de deudas financieras, como es el caso argentino, sino que abarca también la omisión de entregar una cosa o propiedad, como es el caso de la obligación de entregar oro a cambio de dólares.

En Bretton Woods se adoptó el dólar como única divisa para los pagos internacionales con la condición de que EE.UU. rescatara los dólares billete depositados en cualquiera de los bancos centrales de los países signatarios entregando una onza troy por cada 35 dólares billete. En ese momento, EE.UU. era depositario del 75% del oro del mundo. En 1949 contaba con 25 mil millones de dólares en oro a esa paridad y debía solamente 10 mil millones. El respaldo en oro más que duplicaba las deudas. La garantía de convertibilidad automática del dólar en oro era esencial para resguardar los derechos de los restantes países ante el riesgo de un eventual emisionismo, ya que EE.UU. tenía en su poder la máquina de imprimir dólares billete y no se pactaron límites físicos a la cantidad que el gobierno norteamericano podía imprimir. Si cualquier país miembro advertía un riesgo de inflación del dólar tenía una solución práctica e instantánea: canjear sus dólares papel por lingotes de oro a la paridad prefijada.

Fue lo que ocurrió: alentado por la facilidad de imprimir billetes que eran recibidos de buen grado en el resto del mundo, EE.UU. se lanzó a una política desenfrenada de inversiones y gastos, muchas veces suntuarios: en el período 1960-1964 tuvo déficit en la balanza comercial por 80 mil millones de dólares, inversiones y compras de empresas por 29 mil millones, turismo y viajes al exterior por 18 mil millones y gastos de las fuerzas armadas en el exterior por 11 mil millones.

Mientras crecía el déficit de la balanza de pagos las reservas de oro mermaban: en 1967 la reserva había bajado a la mitad con respecto a 1949 (12 mil millones) y las obligaciones con el exterior se habían triplicado (33 mil millones). El 20 de octubre de 1967 Jacques Rueff, consejero del general De Gaulle expresó: EE.UU. ha agotado su capacidad de pagar en oro a sus acreedores. Es como decir a un calvo que se peine. Allí ya no queda nada (The New York Times, 21-10-67, citado por Peter L. Bernstein, The power of gold , Pág. 331/333).

Francia, con De Gaulle a la cabeza, exigía públicamente la repatriación del oro y Gran Bretaña, aunque con menos estridencia pública, hacía lo mismo. El 9 de agosto de 1971, el representante británico acudió personalmente al Tesoro de EE.UU. y solicitó la entrega de 2588 toneladas de oro, equivalentes a 3 mil millones de dólares. Casi un tercio de las reservas que para esa fecha eran de apenas 8635 toneladas.

El viernes 13 de agosto de ese mismo año, Nixon se recluyó en Camp David con todo su gabinete para evitar filtraciones y tomó la decisión de incurrir en default desconociendo el tratado de Bretton Woods y además congelar precios y salarios por 90 días. La decisión fue anunciada al pueblo americano el domingo 15 por la tarde antes del programa Bonanza . Nixon dijo que las "demás naciones son ahora económicamente fuertes y ha llegado el momento de que compartan justamente la carga de defender la libertad en todo el mundo" (The New York Times, 16 de agosto de 1971), atribuyendo toda la responsabilidad del default a los gastos originados por las tropas acantonadas en Europa para defender a los aliados europeos del comunismo. Las estadísticas le jugaban en contra, ya que los gastos de defensa en el exterior eran apenas el 8 por ciento del déficit provocado por el exceso de importaciones, el turismo y las inversiones norteamericanas en el exterior, según vimos en el período 1960/64.

Estados Unidos encontró un elegante eufemismo para ocultar la realidad del default : cerró la ventanilla del oro como si el incumplimiento del solemne tratado de Bretton Woods, celebrado en Nueva Hampshire en 1944 con la presencia de 730 delegados de 44 países, fuera equivalente a la intrascendente acción de un pasajero de tren que cierra la ventanilla porque le molesta el polvo del desierto.

En el momento del default los dólares estadounidenses en poder de los bancos centrales de países signatarios alcanzaban a 60 mil millones. La deuda en oro equivalía a 51.775 toneladas o 1714 millones de onzas.

Podría argumentarse que EE.UU. no incurrió en default porque en ningún momento dejó de pagar los dólares, como ocurre con la Argentina. Pero esto implica no entender la peculiaridad de la obligación contraída por los norteamericanos en Bretton Woods: EE.UU. no adeudaba dólares, dado que éstos ya estaban en poder de los bancos centrales acreedores que los tenían como reservas. Lo que EE.UU. adeudaba era oro físico a la paridad pactada. El default quedó tipificado en el momento en que EE.UU. anunció al mundo que no entregaría el oro que aún le quedaba en Fort Knox, que no era poco: restaban 8635 toneladas.

Al retener en forma ilegal el oro, EE.UU. obligaba a los países que quisieran tener sus reservas en oro -como era su derecho- a comprarlas en el mercado libre, en el que se produjo una suba desenfrenada, debida al default norteamericano, que alcanzó su pico el 21 de enero de 1980 con el precio récord de 850 dólares la onza (The New York Times, 22-1-80). El precio había subido 24 veces: el 2400%. Medido en oro, los países sólo podían recuperar el 4,1% de su crédito con una quita del 95,9%. Bastante más alta que la quita del 75% ofrecida por la Argentina.

A partir del 15 de agosto de 1971 se puso de moda el refrán que dice: Remember the golden rule: who has the gold makes the rules ("Recuerda la regla de oro: el que tiene el oro dicta las reglas").

El default estadounidense del 15 de agosto de 1971 consistió en negarse a entregar oro por 51.775 toneladas o 1714 millones de onzas, que correspondían a los 60 mil millones de dólares papel en manos de los bancos centrales. El valor actual del default es de 704 mil millones de dólares a la paridad de 411 dólares la onza del día 12-2-04 (Mercado de Londres).

Por lo tanto, podemos afirmar que este default fue ocho veces más grande que el argentino y que los argentinos podemos renunciar al incómodo privilegio de ser los defaulters más grandes de la historia.

Admitirlo es un grave error histórico, que afectará el crédito público por muchas generaciones. Debemos aprender de la diplomacia norteamericana que nunca habló de su default . Lo único que hizo fue "cerrar la ventanilla del oro".

El autor es abogado y economista.


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 9 de marzo de 2004. 







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