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Asunto:NoticiasdelCeHu 261/04 - "...en la Geografía del subdesarrollo"
Fecha:Sabado, 28 de Febrero, 2004  17:54:28 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
NCeHu 261/04
 

Puesta en escena del drama latinoamericano

La cumbre del Grupo de los 15 en Caracas está absorbida por las urgencias de la región y no deja respiro para discutir estrategias.
Oscar Raúl Cardoso

 
Este debió haber sido un fin de semana dominado por el debate sobre fórmulas imaginativas para combatir la pobreza en la geografía del subdesarrollo, o al menos así lo imaginaron los anfitriones venezolanos de la cumbre del denominado Grupo de los 15 —crecido a 19 miembros, entre ellos la Argentina— que se está realizando en Caracas.

Pero estaba escrito que la Coordinadora Democrática —que agrupa a la radicalizada oposición al presidente Hugo Chávez— no iba a dejar pasar la oportunidad de colocar su reclamo, un referendo revocatorio del mandato presidencial, en el centro de la escena.

Consecuentemente, la ceremonia de apertura de la reunión del G-15 se realizó con la incómoda escenografía que aportaron manifestaciones y disturbios callejeros, la acción represiva de las muchas tropas militares y de seguridad que desplegó el gobierno —una media docena de heridos se había acumulado antes del primer discurso— y el recrudecimiento de la incertidumbre acerca del futuro de la atribulada democracia venezolana.

Todo convergió para que esta instancia —la del conflicto— resultara inevitable; en especial la reciente decisión de la Comisión Nacional Electoral (CNE) —en la que tienen mayoría los "chavistas"— de cuestionar la validez de una gran parte de las firmas recolectadas por esa oposición para validar la demanda del referendo.

La Coordinadora cree haber cumplido en exceso con el requisito; dice haber obtenido más de tres millones de firmas, muy por encima de las 2.400.000 que marca la matemática legal. Pero la mayoría de los miembros de la CNE votó esta semana en favor de examinar en detalle más de un millón de esos avales en lo que los opositores interpretaron como un nuevo gesto dilatorio de Chávez, quizá uno definitivo que arrastrará finalmente a su Gobierno hasta la categoría de "dictadura" que le imputan a los gritos desde hace más de dos años.

Todos los costados del dilema venezolano están, en verdad, teñidos por los gestos sospechosos. Chávez oscila entre el abuso verbal y el desprecio por la oposición y se niega a la avenida del referendo que parece ser la única que podría descomprimir el conflicto. Lo cierto es que aunque haya más de un millón de firmas bajo la lupa de la legitimidad, es imposible negar el peso de los otros dos millones de voluntades que adhirieron a la idea del referendo que podría terminar con la gestión de Chávez.

Los veedores de la Organización de Estados Americanos se declararon satisfechos con el nivel de transparencia de la campaña de recolección de firmas. Así las cosas, Chávez puede persistir en negarse a jugar su suerte al cara o ceca del voto popular, pero no sin elevar y mucho el riesgo de un quiebre de la paz social.

La idea de los referendos que Chávez solía promover de modo entusiasta ha regresado ahora para morderlo en la nuca. Su colega brasileño, Luis Ignacio da Silva, se lo dijo hace poco en forma descarnada: "O el referendo o la guerra civil", narraron fuentes diplomáticas que presenciaron el intercambio.

Pero la oposición no es mucho más transparente. La Coordinadora agrupa a las mismas figuras que en abril del 2002 propiciaron sin avergonzarse un golpe militar contra Chávez —que sólo tuvo éxito durante unas pocas horas— y, algunos meses más tarde, una huelga petrolera de algo más de dos meses que ocasionó serios daños a la economía.

Son los mismos opositores que disimulan mal su rechazo hacia las políticas sociales de Chávez, a la vez que encarnan la escandalosa concentración de la riqueza que aqueja a Venezuela. También son rápidos de lengua y gesto a la hora de propiciar las más variadas formas de intervención extranjera —la de Estados Unidos, que percibe a Chávez casi como un enemigo— o de prometer el incendio de la violencia en escala si se ignoran sus demandas.



Abruptos despertares

Conviene, sin embargo, mirar un poco más allá del dilema doméstico venezolano y apreciar de modo gestáltico, como forma y fondo a la vez, la coincidencia de la cumbre del G-15 y esta escalada del conflicto en el país sede.

Un mismo hilo conductor une ambas instancias: la precariedad que enfrentan las instituciones democráticas en una América latina que está despertando de la pesadilla de las recientes décadas neoliberales, sin saber cómo guardar la estabilidad en la vigilia.

Hay un modelo de organización económica y social que está agotado, una realidad que sus beneficiarios se niegan a aceptar y que quienes deben decretar su fallecimiento —la más reciente generación de líderes democráticos— todavía no atinan enfrentar.

Tomemos el caso de Lula. Es el mismo presidente que debió acortar su estadía en Caracas para hacer frente a la incómoda realidad de que la política económica "sensata y moderada" por la que optó hace un año, incluso sobreactuando la coreografía de austeridad que suelen reclamar los organismos de crédito internacional, produjo en ese período un encogimiento de 0.2 % de la economía brasileña, el resultado más decepcionante desde 1992.

También arrojó un mes de enero que debía inaugurar "un 2004 de espectáculo de crecimiento" en palabras de Lula, pero que sólo dejó un aumento de casi un punto porcentual en la elevada tasa de desempleo nacional (11.7%). Y todo en un contexto de denuncias y escándalos políticos.

El argentino Néstor Kirchner, aunque por razones distintas a las de Lula, también enfrentó cierta incomodidad en esta instancia del G-15. El problema de Kirchner no deriva de la insistencia en una fórmula agotada, sino de no querer aplicarla a rajatabla. La Argentina enfrenta un doble horizonte difícil; necesita en marzo de una aprobación del FMI para el acuerdo vigente o decidir si paga unos tres mil millones en vencimiento de sus reservas o ingresa en una nueva etapa de "default".

Cuando Kirchner viajó a Caracas las señales del horizonte eran oscuras. Algunos miembros de su gobierno creían estar asistiendo a una maniobra mal disimulada del gobierno español para "soltarle la mano a la Argentina" en el directorio del FMI, de señales de hastío en la administración de George W. Bush con la "intransigencia" argentina y de presiones políticas de la Europa nórdica sobre América latina tendientes a separar a la Argentina del resto de la región, si Buenos Aires optara por el camino de un "default" con el sistema financiero público internacional.

Cada uno de estos conflictos se resolverá eventualmente, de modo mejor o peor, pero lo que resulta imposible de ignorar en esta etapa es el grado de vulnerabilidad de la región.

Fuente: diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina; 28 de febrero de 2004.