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Asunto:NoticiasdelCeHu 263/04 - América Latina: crisis regional y alternativas radicales ( II )
Fecha:Domingo, 29 de Febrero, 2004  01:55:52 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 263/04


Crisis continental y construcción de alternativas radicales

 (PARTE II)

Ernesto Herrera y Charles-André Udry *

Correspondencia de Prensa, 21/2/04           



Interacción planificada de la superexplotación de las trabajadoras y los trabajadores

7. Las capas de los asalariados estables fueron desestabilizadas. Esto se hizo recurriendo tanto a brutales planes de austeridad ligados a los programas de ajuste estructural –rebajas y congelamientos salariales, tercerizaciones, flexibilización laboral, despidos, eliminación de derechos sindicales- aplicados en todos los sectores, ya sea la salud, la enseñanza o la función publica en general, como a través de las privatizaciones.

7.1. “Desestabilizar a los estables” es parte de un programa orientado a permitir a los sectores imperialistas y sus aliados, las elites autocráticas y plutocráticas locales, desestabilizar todavía más al conjunto de los asalariados, precarizarlos, reorganizar el mercado del trabajo como un continuum degradado.
Este va desde el sector informal -en el que la superexplotación permite la reproducción al más bajo precio de la fuerza de trabajo de un sector de los asalariados: con mujeres súper-explotadas que venden alimento barato, con micro servicios a precios que apenas permiten la supervivencia del asalariado del sector informal- hasta los asalariados del sector automotriz y la banca que son explotados con los más modernos métodos de los países centrales. Y que son puestos a competir con los asalariados de China, del Sudeste de Asia o de otros países de América del Sur. En una palabra, la explotación y la superexplotación se entrelazan.

7.2. Existe un verdadero matrimonio entre las formas de acumulación primitiva y las más modernas formas de acumulación y de reproducción del capital. Los enfoques dualistas, en términos de sectores formal e informal, por una parte no logran advertir la coherencia de la relación entre esos supuestos dos sectores y, por otra parte, abren la puerta a la adaptación de la izquierda a las políticas de “lucha contra la pobreza”, puestas de moda por el “decenio contra la pobreza” (1997-2007) que promueve el Banco Mundial.
No es por una casualidad filantrópica, que el plan “Hambre Cero” del gobierno Lula sea la nueva vedette del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo; que el nuevo alcalde de Bogotá, “Lucho” Garzón”, del Polo Democrático Independiente, ponga en marcha su programa del “Día sin Hambre”; o que en Uruguay, el Frente Amplio proponga un “Plan de Emergencia Alimentaria” para atacar los “focos” de extrema pobreza.
Aunque al pasar, habría que insistir sobre una cuestión que los funcionarios internacionales y los poderes mediáticos tergiversan: en América Latina y el Caribe, la pobreza no es apenas un “foco” aislado sino un fenómeno generalizado y escandaloso que alcanza a casi el 50% del total de su población (según el último estudio de la CEPAL) y en donde el 10% más rico se queda con el 48% del ingreso, mientras que el 10% más pobre intenta sobrevivir con el 1,6%. Es sobre todo tener presente que el enfoque político-teórico del Banco Mundial, al centrarse en la pobreza, elimina las nociones y realidades de explotación y de sobre-explotación que está debajo de la pobreza. La remplaza de este modo una perspectiva de desarrollo, controlada democráticamente y estructurada sobre la base de encuestas que traducen las necesidades prioritarias tal como se expresan, por una política caritativa que complementaría los "pactos productivos nacionales", permitiendo que un modelo sostenido por la exportación no se cuestionado por las luchas sociales. Hay allí una técnica de desviar la atención que se asemeja a la utilizada hoy en el terreno político: glorificar y contornear la memoria para mejor ignorar la realidad presente.

7.3. Existe una estrecha relación entre el sector informal y el formal. Esto tiene que ver por un lado con el proceso de producción y las estrategias de reducción de precios y del valor de la fuerza de trabajo. En efecto, la población incluida en lo que se califica como sector informal es dirigida (utilizada) como “ejército de reserva industrial” y como una superpoblación relativa segmentada que permite presionar sobre los salarios de las personas utilizadas en el sector llamado formal. Así, la industria textil o del montaje electrónico en la frontera mexicana (maquiladoras) selecciona, en el seno de una superpoblación relativa en relación al volumen de empleados creados en la industria o los servicios, los segmentos que necesita de mujeres jóvenes aptas para ser súper-explotadas en trabajos de producción de bienes textiles de explotación o bienes electrónicos.

7.4. Esta superpoblación relativa segmentada es parte de un “reservatorio de mano de obra“ que excede en mucho los límites de México y llega a Colombia. La misma relación existe entre las poblaciones provenientes de Bolivia, del norte de Argentina, de Perú y de Chile con los sectores productivos agro-industriales o de la construcción en Argentina. Se puede extender esta articulación entre “ejercito de reserva industrial y agroindustrial” y “superpoblación relativa segmentada” por un lado y caída del precio de la fuerza de trabajo, presiones disciplinarias sobre el trabajo, aceptación de una situación de cuasi-privación de derechos, por otra parte, aplicando este enfoque a lo que tiene que ver con la emigración latinoamericana y en particular mexicana hacia los Estados Unidos, símbolo de la potencia imperialista del centro. En tal caso, nos encontramos ante una segmentación mas específica: en la medida en que la misma va del trabajador agrícola estacional utilizado en California hasta un puesto de jardinero o limpieza, pasando por los obreros, declarados o no, de diversas industrias, hasta el médico calificado que encuentra colocación con un salario relativamente bajo en una clínica privada norteamericana o un servicio público de urgencia carente de presupuesto.

7.5. Desde hace tres o cuatro años comenzaron a desarrollarse, en parte bajo los efectos de la liberalización comercial impulsada por la OMC así como por los acuerdos bilaterales -muy utilizados por los Estados Unidos y por China y generalmente subestimados por la izquierda - una competencia brutal entre los trabajadores peor pagos del sector textil, electrónico y de juguetes de América Latina y los de China. La mundialización del capital acentúa la interacción entre lo “formal” y lo “informal” en el sector productivo.
Esto afecta también al proceso de circulación de mercancías. El llamado sector informal posee un rol múltiple en la distribución, a costos casi nulos -sobre todo cuando se utilizan niños o jóvenes adolescentes- de bienes de consumo producidos industrialmente generalmente por grandes transnacionales y sus filiales, como ser cigarrillos, chicles, bebidas, productos electrónicos baratos, máquinas de afeitar, encendedores, calzados, etc. Sin que deban ser soportados por una intermediario o la propia firma, sin el costo que implicaría una red de distribución, los semi-esclavos del sector informal llegan hasta el último rincón de demanda solvente, apta para comprar no mas que un cigarrillo o un encendedor. Así, los "empleados" permiten realizar la plusvalía en provecho, frecuentemente, de grandes grupos económicos transnacionales que “sufren” una importante capacidad de producción excedente. Simétricamente a la relación en el proceso de producción entre lo “formal” y lo “informal”, se registra a escala mundial una interacción en el proceso de circulación. Concretamente, hoy se expanden redes de distribución de productos fabricados en China. Una emigración latinoamericana está englobada en un proceso de este tipo. Esta sobre-explotación en la distribución o el "servicio a los individuos" (empleadas domésticas, paseadores de perros, limpiadores de zapatos, muchachos de los mandados) encuentra una expresión terrorífica en la esclavitud de una prostitución cada vez más mundializada estrechamente controlada por las mafias y las fuerzas policiales cómplices.

7.6. Estas consideraciones exceden la simple dimensión analítica, pues tienen consecuencias sobre la alianza social que es preciso construir entre los sectores de asalariados más estables y aquellos relativamente precarizados, por un lado, con las masas pauperizadas del sector informal. No se trata de subestimar el metabolismo social específico existente un una favela o una zona suburbana de Perú o de Colombia. Pero muy frecuentemente, un enfoque dualista del tipo sector formal/sector informal, encierra este metabolismo dentro de fronteras que impiden la elaboración política y práctica de una alianza social y la articulación entre organizaciones que tienen influencia en esos medios (organizaciones de sin-techo, asociaciones de vendedores callejeros, asociaciones de lustrabotas, organizaciones comunitarias de base, etcétera) y las organizaciones sindicales y políticas que tienen un centro de gravedad externo al sector informal, aún si el movimiento sindical puede tener cierta influencia sobre un sector surgido de estos medios sociales. De esto se desprende la necesidad, para los movimientos sociales, para los sindicatos, para las organizaciones campesinas y para las fuerzas políticas de la izquierda radical de tener una intervención asociativa, sindical y política que tenga en cuenta el abanico matizado de situaciones que va desde la empresa automotriz Volkswagen, para dar un ejemplo, hasta la favela. Una escala de situaciones presentes en la trayectoria social e individual de muchas trabajadoras y trabajadores.

El debilitamiento de las mediaciones nacionales y las posibles respuestas imperialistas

8. En esta situación, uno de los grandes problemas con que se enfrenta el imperialismo -que también sufre una importante crisis económica, lo que entre otras cosas explica su agresividad, tanto más en cuanto que refleja la hegemonía del capital financiero y rentista- reside en la inestabilidad de las mediaciones de su dominación sobre los países de América del Sur.

8.1. Toda la política aplicada conduce, por un lado, a desgastar las bases de apoyo social de las elites dirigentes y de las clases dominantes en las llamadas clases medias; y, por el otro, a minar la legitimidad de las elites dominantes que se convierten de hecho en apéndices poco confiables de las potencias imperialistas y sus direcciones. Tanto las elites dirigentes como las clases dominantes están sometidas a todos los procesos de corrupción inherentes al montaje y la gestión de los sectores privatizados y del pago a los acreedores, y lo que ocurre es que toman sus comisiones y, concientes de la fragilidad financiera de sus países, colocan masivamente sus capitales en los centros imperialistas.
A esto se suman las “reformas” en el Estado y sus estructuras, que brindan también la ocasión para una explosiva corrupción, que es la forma concreta que adoptan las privatizaciones y el acaparamiento parasitario de riquezas por parte de las burocracias estatales, militares, la policía, etc. Ya sea en Argentina, en Brasil, en Colombia, en Perú o en Bolivia, hay múltiples ejemplos que muestran estas mutaciones.

8. 2. Los ataques que lanza el imperialismo contra la corrupción en nombre del “buen gobierno” son completamente hipócritas. Efectivamente, es una banalidad recordar que no hay corrupción sin corruptores y que los abundan los mecanismos de corrupción en que los dominantes corrompen a sus subalternos (en este caso las elites y burguesías locales).
La campaña contra la corrupción cumple al menos dos funciones: una de ellas es hacer creer que la corrupción de las elites locales en un factor de las “dificultades económicas” mucho mas importantes que el pillaje de los países del continente latinoamericano a través de los servicios de la deuda (interna y externa), o de los precios de las transferencias de las transnacionales, de la no re-inyección en el seno del continente de una parte significativa de las ganancias de las filiales de las transnacionales que van a acumularse en las plazas financieras de los países centrales, etcétera. La otra función de tal campaña es justificar las medidas que debilitan las estructuras sociales para-estatales (servicios sociales, servicios públicos, empresas públicas nacionales, etc.), que son presentados como monumentos de la corrupción.
Desde el punto de vista cuantitativo, los recientes ejemplos argentinos sobre los desvíos de fondos por la policía federal y la policía de la Provincia de Buenos Aires, demuestran que un sector subalterno de la columna vertebral del Estado burgués subalterno, puede desviar sumas seguramente similares sino mayores a las del parasitismo y los negociados existentes en las “empresas nacionales” o los “servicios sociales”. Además, la denuncia de este tipo de corrupción sirve para reforzar la posición del imperialismo y sus nuevos aliados locales para privatizar y acaparar las empresas nacionales o los servicios públicos.

8.3. Finalmente, la explosión de malversaciones y corrupciones en las grandes sociedades de los países imperialistas (desde Enron a Parmalat pasando por el Crédit Lyonnais) demuestran que este tipo de pillaje privado de la riqueza y de socialización de las pérdidas, es propio de la actual fase de mundialización financiera del capital y sus derivados. El escándalo histórico en la gestión de los Fondos mutuos en los Estados Unidos en 2003 y las sanciones impuestas por la comisión de supervisión de la Bolsa de Wall Street a los principales bancos de negocios norteamericanos refuerzan esta constatación. Cuando Dick Grasso, el ex jefe responsable de Wall Street -es decir, la plaza financiera que concentra aproximadamente el 50% de la capitalización bursátil mundial- obtiene bajo cuerda a los 57 años un arreglito de 187,5 millones de dólares (lo que se descubrió “casualmente” en septiembre de 2003) además de su salario anual superior al millón de dólares sin contar primas- hace campaña contra la corrupción de las elites dominantes “del Tercer Mundo” en nombre del “buen gobierno”, estamos ante una forma de racismo imperialista. Ninguna lección pueden dar los dirigentes imperialistas del FMI, del Banco Mundial, de la administración Bush o del gobierno socialdemócrata de Schröder, pues ellos encubren y crean las condiciones que encuadran la conversión de las malversaciones y la corrupción en una práctica habitual.
Por supuesto que la corrupción de las elites y de las “burguesías nacionales” latinoamericanas no puede dejar de ser combatida por el movimiento popular y sus verdaderos representantes. Pero esto pasa por el cuestionamiento radical de la dominación imperialista y, por otra parte, de la estructuración y el funcionamiento de las empresas nacionales y los servicios públicos. Este funcionamiento requiere del control directo de los asalariados y los usuarios, en la medida en que las empresas nacionales y los servicios sociales son un elemento de redistribución de la riqueza producida.
Sin embargo, es preciso destacar uno de los elementos de la campaña imperialista en contra de la corrupción. Se trata de una parte de un plan mayor que apunta a establecer una nueva jerarquía en el acceso a la democracia a escala mundial. Así, la lucha contra la corrupción se correspondería con una fase en que los “pueblos”, todavía “inmaduros” para la “democracia real” -vale decir, la que supuestamente funcionaria en los países imperialistas- deberían aceptar una especie de democracia restringida y supervisada por las instituciones multilaterales imperialistas (lo que generalmente significa... directamente por Washington) que requiere de un gobierno fuerte, autoritario, e ir concediendo de a poco derechos a pueblos que en un futuro venturoso lograrían la verdadera democracia.
En la panoplia política del imperialismo y las elites gobernantes la carta de un nacionalismo dirigido contra otros países siempre puede resurgir y ser utilizado. Es lo que se ve con Carlos Mesa frente a Chile, con motivo de la justa reivindicación de acceso al mar, pero que carece de sentido en tanto el gobierno se somete a los dictados del FMI, de los Estados Unidos y de su sector pequeño pero rudo y autoritario de burgueses cobardes y aprovechadores, que desangran a un pueblo consumido desde hace décadas.

8.4. Contra este operativo imperialista, y sus campañas ideológicas y políticas, es posible oponer la revaporización combinada de una estrecha relación entre derechos cívicos, civiles , sociales y económicos, (lo que en realidad responde a las profundas necesidades de la mayoría de la población para controlar su futuro y por tanto las riquezas del país y el continente), y por otra parte, un combate antiimperialista concreto y no demagógico (por ejemplo, una verdadera nacionalización bajo control obrero y popular de una gran empresa nacional, con una red internacional, como la PVDSA en Venezuela).
Las operaciones realizadas por Néstor Kirchner en Argentina deben ser considerados por una parte como una respuesta a las presiones desde bajo, buscando maniatarlas, y por otra parte a las exigencias del llamado “buen gobierno”.
Al mismo tiempo, la reacción del Banco Central de Estados Unidos (FED) y la Asociación de fondos mutuales, para proteger al gobierno de Kirchner de un proceso jurídico concerniente al no pago de una parte de las obligaciones de Estado (parte de la deuda externa), dicen más de los lazos entre Kirchner y el imperialismo que todos sus declaraciones. La fragilidad de la situación argentina es tenida en cuenta, como lo confirma el último estudio de The Economist Intelligence Unit (EUI) que coloca a Argentina después en términos de seguridad para las inversiones en el lugar 77, mientras que Brasil se ubica en el 49, y Venezuela en el 68.

Una estrategia contrarrevolucionaria coordinada a diversos niveles

9. Ante esta crisis de las mediaciones necesarias para asegurar su dominio, el imperialismo y sobre todo el capital norteamericano y sus representantes en términos de elite dirigente (administración de Washington y grandes instituciones privadas) tienen varias opciones.

9.1. Canalizar y desorganizar al movimiento social con gobiernos de pactos de “concertación nacional” y “capitalismo productivo”, como ocurre Brasil con el gobierno Lula y bajo una forma inesperada en Argentina con Kirchner, como se prepara en Uruguay en un posible gobierno del Frente Amplio, o como se intenta en Bolivia con la frágil coalición que, de hecho, existe entre Mesa-Evo Morales;

9.2. Una política desestabilizadora y de golpes, como ocurre en Venezuela contra el gobierno de Chávez o en Colombia con la tentativa de aplastar, simultáneamente, al movimiento popular, sindical, y a las fuerzas de la insurgencia armada;

9.3. Una estrategia de militarización (guerra contrainsurgente) a escala del continente, tal cual fuera discutida en el marco de la “Conferencia Especial de Seguridad Hemisférica” (México, octubre 2003) organizada por la OEA. Que articula estrechamente al Plan Colombia, la Iniciativa Regional Andina, el Plan Dignidad, y el Plan Puebla-Panamá (que incluye el hostigamiento al EZLN) con los ejercicios militares “conjuntos” en diversos países (bajo el mando del Comando Sur norteamericano) y con la instalación de nuevas plataformas de espionaje e intervención imperialista en Ecuador, Curazao, Aruba, Honduras, El Salvador, y en la llamada “Triple Frontera (Argentina, Paraguay, Brasil).
El eje Alvaro Uribe-Lucio Gutiérrez favorece la maniobra imperialista de cerco a un Chávez presentado como el foco más relevante de “inestabilidad continental”.

9.4. En la panoplia política del imperialismo y las elites gobernantes la carta de un nacionalismo dirigido contra otros países siempre puede resurgir y ser utilizado. Es lo que se ve con Carlos Mesa frente a Chile, con motivo de la justa reivindicación de acceso al mar, pero que carece de sentido en tanto el gobierno se somete a los dictados del FMI, de los Estados Unidos y de su sector pequeño pero violento y autoritario de burgueses cobardes y aprovechadores, que desangran a un pueblo consumido desde hace décadas.

9.5. Las operaciones “nacionalistas”, en el marco de supuestos “pactos productivos nacionales” que tienen como función canalizar el profundo sentimiento antiimperialista de las masas -desviándolo de la cuestión de la propiedad de las clases dominantes locales y el imperialismo- hablando de “guerra entre países” para que no se apunte a “la guerra de clases”, asumen una proyección a escala continental. No es imposible, frente a la hipótesis de ciertas debacles económicas que algunas re-nacionalizaciones puedan ser efectuadas de uno u otro sector económico, con el objetivo de socializar las pérdidas y de restablecer, en condiciones más favorables, la apertura renovada de esos sectores a los inversores extranjeros.

9.6. El imperialismo puede, en ciertos casos de crisis económicas inmediatas, contar con las elites locales y sus partidos en la medida que cuentan con recursos suficientes y en tanto el movimiento de masas no se radicalice demasiado y no tenga representantes creíbles a escala nacional.

9.7. Puede darse una combinación de estas estrategias contrarrevolucionarias, presentadas acá esquemáticamente, sobre todo en el sentido de diversas etapas de un proceso apuntado a infligir una derrota a las masas trabajadoras y sus aliados. En este sentido las “revelaciones” sobre la continuidad de adiestramientos para la represión y la tortura en la Argentina aún muchos años después de terminada la última dictadura militar, indica la coexistencia de varios “planes”, cuya concreción podría superponerse parcialmente y sobre todo sucederse (canalización del movimiento, represión “selectiva”, “golpe económico” para atenazar o paralizar al movimiento social). Bolivia ilustra la superposición y el “etapismo” de las estrategias contrarrevolucionarias.

La “gobernabilidad democrática” del “progresismo” ¿tiene futuro? ¿a qué precio?

10. Es completamente ilusorio creer que un gobierno como el de Lula hoy, mañana el del Frente Amplio o el del FMLN, puedan mantener durante un tiempo prolongado la “gobernabilidad democrática”.

10.1. En realidad, estos gobiernos “progresistas” (que son gobiernos hijos de la crisis y de la pérdida de legitimidad de los partidos burgueses tradicionales) serán obligados a mantener las contrarreformas realizadas o en curso, a reforzar sus lazos de dependencia política, social y económica con el imperialismo y las clases dominantes locales. Este cúmulo de contrarreformas llevará a un desgarramiento del tejido social aún mayor y por tanto al debilitamiento de las posibilidades de respuestas centrípetas por parte de los asalariados, los desocupados, los pauperizados y campesinos empobrecidos.

10.2. Conformar una política alternativa a estos gobiernos constituye una urgencia social y política aún mayor que una resistencia, acantonada en un sector social o una región (como algunas interpretaciones de la política zapatista hacen creer). En realidad, las contrarreformas no tienen una función puramente económica, sino también socio-política, dirigida a aumentar la división de los trabajadores y los sectores pauperizados, aumentando las tensiones en su seno (con el juego de enfrentar a los “privilegiados” contra los “excluidos”) y a hacer aún más difícil su reencuentro, y sus respuestas en torno a reivindicaciones concretas, unificadoras de las diversas capas de las masas trabajadoras.

10.3. Efectivamente, si no se conforma lo más rápido posible una alternativa política (también social y económica), las dinámicas políticas centrifugas aumentarán apoyándose en los desgarramientos del tejido social. Y entonces, las esperanzas caídas podrían mañana dejar el terreno libre a las elites dominantes, a sus sirvientes y al imperialismo. Este es el fondo del debate sobre un nuevo partido, sobre otra izquierda en diversos países, aún con sus ritmos muy diferentes. Este debate ya comenzó en Brasil.

Choques y levantamientos sacudirán los marcos políticos de una izquierda sometida

11. Sería inútil hacer predicciones sobre la situación en América Latina, pero algo es seguro: habrá enfrentamientos, crisis gubernamentales, movilizaciones, diversos tipos de levantamientos.

11.1. Toda la historia de los últimos años está marcada por estos grandes rasgos que son la resultante del conjunto de factores antes destacados y que alimentan las esperanzas de cambio más o menos rápido de amplios sectores sociales. Estas esperanzas -en un contexto de lucha por la sobrevivencia- fueron depositadas -en algunos casos- en gobiernos supuestamente milagrosos y casi taumatúrgicos.

11.2. Esto significa que existe una combinación entre crisis institucional de dominación imperialista y burguesa, crisis social y actividad directa de las masas, aunque esta acción no será lineal y pueda incluir un proceso de delegación y expectativa; sin embargo, la tendencia a la acción directa y a la sublevación es la característica de esta fase.
La resistencia de los trabajadores, de las masas populares y pauperizadas, la mayoría de las veces, puede sorprender a la izquierda, incluso la radical, si ésta acepta, finalmente, la agenda de las clases dominantes.
Esto se muestra claramente en Bolivia con las visibles oscilaciones del MAS y de Evo Morales. Este último utiliza al clásico argumento del reformismo latinoamericano -que fue también el del reformismo en Europa en el período de entreguerras y de la inmediata posguerra- resumido en la fórmula que dice: “No hay que responder a los violentos ataques del imperialismo y de las elites autocráticas locales, porque es inminente el peligro de un golpe de Estados realizado con el apoyo de los Estados Unidos”.
No se trata de desdeñar a la ligera la posibilidad de que algún ultraizquierdismo sobrevuele la resistencia rabiosa y la decidida respuesta de una población exhausta. Pero debemos abordar las cuestiones de la estrategia y las tácticas precisas, en un momento de crisis nacional en el país. Y lo que ocurre es que el “argumento” de Evo Morales, que utilizamos a título de ejemplo, constituye una orientación general que acepta por adelantado al chantaje político ejercido por el imperialismo y sus aliados.

11.3. Por su orientación guerrerista, la administración Bush -bajo la forma de la guerra en Irak, del contrainsurgente Plan Colombia, o bajo la operaciones policiales-represivas “contra el terrorismo” y las mafias de la coca ligadas al tráfico de drogas (en la que ahora incluyen a las FARC y el ELN, como podrán hacerlo con otros “extremistas” mañana)- lanza una mensaje claro hacia las fuerzas de la izquierda institucionalizada así como a las de la izquierda radical: hagan juego defensivo, no crucen la mitad de la cancha de la lucha de clases, no tiren un penal ni preparen jugadas peligrosas. Si la izquierda institucional y la izquierda radical adaptan su estrategia de juego a los límites impuestos por el imperialismo, lograrán, en el mejor de los casos, un penoso empate en el partido de ida… y una derrota por goleada en el partido de revancha.

11.4. Hay, también, otra manera de aceptar esos límites…aunque sin decirlo abiertamente. Consiste en desarrollar un enfoque estratégico que descarta la cuestión del poder -cuando la misma está planteada con agudeza, como lo reconocen las agencias imperialistas, las embajadas norteamericanas, y los servicios de inteligencia de sus gobiernos amigos- en nombre de un “contra-poder permanente”, una formulación pretenciosa que nos devuelve a la vieja noción de “desgaste del poder”. Dicho de otra manera, la estrategia que se basa en la idea -más que ingenua- de que “podemos asar un cordero a fuego lento sin que se de cuenta”.
Las concepciones vanguardistas planteadas por corrientes que se proclaman leninistas y a veces, incluso, trosko-leninistas, facilitaron evidentemente el desarrollo de esta cháchara de no luchar por el poder que sirve para no mirar la realidad de frente: una crisis del poder de los de arriba, no se resolverá de manera favorable a los intereses de la gran mayoría, si no se afirma un poder surgido desde abajo. Lo que significa -y aunque sea una banalidad hay que decirlo- que la cuestión del poder no consiste en la toma del poder por “un partido revolucionario”, aunque uno o varios partidos revolucionarios sean elementos necesarios para el establecimiento de un nuevo poder de clase.

La contrarreforma institucional

12. A nivel institucional y de seguridad, las contrarreformas neoconservadoras llevan a una reconfiguración de los Estados que expresa la profundidad de la reconquista neo-imperial. O más exactamente, las modalidades de control territorial, económico y político del "imperialismo sin colonias", tal como son hoy los imperialismos norteamericano y europeos al igual que el japonés.
A propósito del imperialismo japonés, no hay que subestimar la ruptura histórica que implica, en relación a la Constitución de 1946 -impuesta por el Supremo Comando Aliado de Poder dirigido por el general MacArthur- al enviar tropas aún en un número reducido, a Irak.

12.1. En esta remodelación de las instituciones estatales, un rasgo importante se destaca: el lugar ocupado en la jerarquía estatal por instituciones como el Banco Central y el Ministerio de Economía, el ejército y la policía. Existe en esto una concretización de la alianza entre el capital financiero internacional y el sector exportador y el financiero local más o menos desarrollado.

12.2. Junto con esta centralización y concentración de los poderes económicos y de seguridad, se impulsa una descentralización muy avanzada de las estructuras regionales de los países, que va más allá de las tradiciones federalistas. Esta descentralización implica:
1ª poner a competir a nivel fiscal a los diversos Estados o las regiones recientemente creadas, en nombre de la atracción de capitales y la creación de empleos;
2º la reducción de la muy débil fiscalidad directa progresiva, favoreciendo un sistema fiscal cuyo peso principal caiga sobre los sectores populares -Bolivia constituye el ejemplo mas avanzado, combinando el impuesto indirecto sobre los bienes de consumo y el "impuesto indirecto" sobre el salario - y una redistribución de ingresos fiscales para facilitar el pago de la deuda interna y externa, una parte de la cual pertenece a las elites locales bajo la forma de obligaciones depositadas en el extranjero, y donde también el ejército y la policía reciben una amplia porción de la torta presupuestaria;
3º la liquidación o masivo debilitamiento de las instituciones sociales a escala del país utilizando el principio de la subsidiariedad, pero sin proporcionar los recursos: dicho de otra manera, cada región, provincia o municipio debe hacerse cargo de los gastos sociales con sus propios recursos y es "soberano" para hacerlo;
4º el incremento de las desigualdades regionales y por tanto la acentuación de la diferencia entre ricos y pobres en el interior de las regiones y entre las regiones (la descentralización y la subsidiariedad agudizan en el interior de los Estados nacionales el desarrollo regional desigual y el desarrollo de relaciones que hacen pensar a veces en relaciones centro/periferia, como por ejemplo en Brasil (entre San Pablo, sus suburbios y el Nordeste, donde las desigualdades sociales son también muy fuertes);
5º la puesta en marcha de "políticas contra la pobreza" sobre la base del mecenazgo de grandes transnacionales y la intervención en la distribución de ONGs nacionales y provenientes de los países imperialistas que actúan como nuevos misioneros que colaboran con los nacientes clérigos locales;
6º una substitución de los vectores del poder central y estatal, generalmente desvalorizadas a causa del clientelismo, por relaciones neo-clientelistas entre instituciones locales empobrecidas y debilitadas, empresas transnacionales o subcontratistas de transnacionales y, finalmente, ONGs; se presenta esta mezcla como una forma de democracia local, una versión bastarda de “democracia participativa” que no es nada más que la institucionalización sutil de una mini-redistribución de la pobreza entre los mismos pobres (es la vuelta de la caridad);
7º una redefinición territorial en la que el ejército tiene un papel muy importante (Brasil, Perú, Colombia, Chile, Ecuador) y una asignación de recursos primarios territoriales a los inversores imperialistas o a alianzas entre el capital imperialista y el capital local; en este marco han surgido numerosos conflictos en torno a la decisiva cuestión de la soberanía sobre los recursos populares nacionales (Ecuador, Bolivia, Amazonía, etc.);
8º el intento de formalización de una relación extremadamente tensa entre lo polos económico-geográficos exportadores y lo esencial de un país que se hunde en la miseria: una formalización institucional y de seguridad.

12.3. No se trata de que la izquierda radical deba defender las instituciones del viejo Estado burgués, sino de responder por la positiva a este intento de descentralización mostrando que la cuestión clave está en la distribución de los recursos para combatir la desigualdad social y las desigualdades regionales, y que sólo habrá redistribución efectiva en la medida en que exista un control democrático y popular sobre la producción de la riqueza y por tanto sobre la apropiación social de los principales recursos del país, recursos "naturales", recursos agrícolas (acceso a la tierra y radical desconcentración de la propiedad de la tierra con un lento movimiento de cooperación y de socialización), recursos industriales, recursos en términos de formación y de educación, de investigación y desarrollo, de salud, de telecomunicación, de transporte, etc.

12.4. También en este marco se debe abordar la cuestión indigenista, y los derechos democráticos pueden unirse a las reivindicaciones sociales manteniendo la idea de una soberanía nacional y mañana continental, para evitar una balcanización mas o menos silenciosa del continente, que lo convertiría en un territorio en que el capital imperialista elegiría sus cotos de caza y reservas (recursos petrolíferos, biomasa, recursos genéticos), captando las rentas a escala continental.


La (siempre actual) cuestión del poder

13. La profundidad de la crisis y su carácter multifacético coloca, como ya indicamos en el punto 10.4, la cuestión del poder.

13.1. Planteamos la cuestión bajo la forma del poder desde abajo, contra un poder de arriba que se defiende con uñas y dientes -porque está social e ideológicamente debilitado y con un personal político numeroso pero desacreditado- con todos los recursos represivos, financieros y mediáticos a su alcance. Plantearse entonces la cuestión del poder, en esta fase, no quiere decir otra cosa que favorecer todo movimiento de acumulación de experiencias de acciones directas y de refuerzo de la conciencia para los enfrentamientos futuros.
Pero esto se debe hacer conjuntamente a la elaboración de un programa de reivindicaciones inmediatas vinculadas a las luchas contra los planes de ajuste neoliberal del FMI. Simultáneamente, acompañarlas con propuestas institucionales de democracia directa como los Referéndum y la “Ley de Iniciativa Popular” (Uruguay); las iniciativas como la “Consulta Popular” o los “Plebiscitos” en Brasil, Argentina y México contra el ALCA y por el no pago de la deuda externa; o la “Asamblea Popular” en Bolivia -para contrarrestar la maniobra de Carlos Mesa y su seudo-Constituyente integrada al parlamento- como elemento de auto-organización, de representación, de centralización de los organismos populares, y para la creación de una “institucionalidad popular alternativa”.

13.2. De tales procesos, que se constituyen en el tiempo -con aceleraciones, pausas, repliegues, relanzamientos- surgen las chances de llegar a una alternativa real -no a la certeza de una victoria para las masas trabajadoras- que se forja por aproximaciones sucesivas, procesos de reagrupamientos, y un liderazgo amplio, donde la organización socialista revolucionaria (en el interior de esos procesos) pueda hacer coexistir diferentes corrientes como expresión de la heterogeneidad de la conciencia y de las experiencias socio-económicas de las luchas.

13.3. Ese liderazgo no puede afirmarse solamente en el terreno de las reivindicaciones económicas y sociales. Debe también atacar los mecanismos de dominación más sofisticados del imperialismo y de sus aliados locales. En otros términos, ese liderazgo socialista y revolucionario, amplio, societario, debe conquistar posiciones político-culturales, captar la imaginación creativa popular, a través de referentes militantes que puedan identificarse con las luchas y los intereses de los trabajadores y no como “jefes de masas” (Rosa Luxemburgo) que, luego, terminan negociando o entregando las conquistas populares. Igualmente, ese liderazgo socialista revolucionario, debe entender la capacidad que las fuerzas sociales tienen tanto para poner en práctica las reivindicaciones que reclama, como para contrarrestar la represión y las maniobras de un poder político burgués socialmente deteriorado, pero que dispone de una inteligencia político-represiva alimentada por el imperialismo.

13.4. Un elemento central de esta batalla por la “opinión pública” -mejor dicho, de cómo preparar la ruptura con la sensación de que un cambio radical es imposible, dada la coerción-manipulación diaria ejercida por los mecanismos de reproducción caóticos del capital, y las estrategias colectivas e individuales de sobrevivencia desesperada de los oprimidos y explotados- consiste en establecer una coordinación de contra-información popular conectada a las movilizaciones y las luchas (experiencia de radios comunitarias, medios de prensa escrita y televisivos alternativos, redes electrónicas) para responder al monopolio mediático de los capitalistas. Las experiencias desarrolladas en Argentina, Bolivia, Colombia, Paraguay, Uruguay, México y, particularmente en Venezuela, entre muchas otras, ilustran la importancia de esta batalla.
Es el conjunto de estos elementos que provee el material que constituye la imprescindible auto-defensa popular, cuyo pasaje a una fase de ofensiva, está directamente ligada a coyunturas excepcionales, pero que deben ser pensadas con anticipación como instrumentos de auto-protección en las luchas parciales.
En fin, la dimensión continental no puede dejarse de lado. Y, en la elaboración de un programa transicional, ocupa un lugar clave. En la medida que existe la necesidad de desarrollar un verdadero programa de urgencia -como el que proponen los Economistas de Izquierda (EDI) en Argentina- para salvar a la sociedad del desastre a escala de los países del continente.

Una “izquierda oficial” enfrentada a la radicalización política y social de los movimientos populares

14. El tipo de crisis económica, socio-política e institucional en América Latina -más allá de la heterogeneidad de las coyunturas nacionales- apunta en dirección de un elemento histórico nuevo: las enormes dificultades de las corrientes políticas de la izquierda o centro-izquierda, herederas del nacionalismo, el desarrollismo, el antiguo sindicalismo, y hasta del guerrillerismo clásico.

14.1. Durante los años ´80 y ¨90, el PT de Brasil, el Frente Amplio de Uruguay, el FSLN de Nicaragua, el FMLN de El Salvador, el PRD de México, y otros componentes del Foro de Sao Paulo, se reciclaban bajo un ángulo social y democrático, un nacionalismo popular y una tradición sindical, dando la impresión -en el cuadro de la “década perdida” de 1982-1992- que podrían ofrecer una alternativa real por la vía electoral e institucional. Incluso, llegaron a obtener numerosos cargos parlamentarios y decenas de gobiernos municipales y estaduales que fueron proyectados como “vitrinas”, o como lo que Raúl Pont, fundador del PT y ex-prefeito de Porto Alegre, llama “efecto demostración”.
Era el momento de responder a la “crisis de representatividad” de los partidos burgueses neoliberales con una izquierda con “razón de gobierno” y una propuesta nueva de alianza social, de “crecimiento” e incersión más protegida en el mercado mundial.
La duración, la violencia de la crisis socio-económica, y la inestabilidad política permanente, asumieron un ritmo “imprevisto” por los ideólogos de la “renovación de la izquierda”, socavando de más en más la credibilidad de sus discursos.
Desde finales de los ´90 e inicios del 2000, bajo diferentes formas, el cambio de estas fuerzas políticas se volvió más claro. Se torna patente entonces, el impasse político de una vía “socialdemócrata”, inclusive en una versión más edulcarada que la expuesta por Kautsky en “Los caminos del Poder” (1909) y de algunas ideas de los años 1920 del mismo autor. Ante el vacío dejado por la crisis política de las políticas burguesas -porque existía y existe una crisis de dirección burguesa- no existen los recursos sociales, ni la base socio-económica, ni la semi-estabilidad, que puedan permitir una gestión socialdemócrata en los países latinoamericanos. De la misma forma, es completamente ilusorio pensar en un desarrollo efectivo bajo una especie de colbertismo (en referencia a Colbert, 1619-1683, el hombre de las manufacturas de Estado bajo Luis XIV) para retomar la fórmula del marxista francés Pierre Salama, hoy consejero de la CTA de Argentina.
La orientación neoliberal de un Kirchner, un Lagos, un Lula, aún cuando en algunos de estos casos se presente con un disfraz “social” -que puede caerse según la velocidad de las luchas y la presencia política de las fuerzas socialistas-revolucionarias- demuestran el impasse de la vía socialdemócrata. Las orientaciones programáticas de estos gobiernos están muy lejos, inclusive, de un “reformismo” clásico o a un “neo-reformismo”. No hay ninguna “reforma” significativa en tales orientaciones, por el contrario, ponen en práctica contrarreformas.

14.2. En cuanto al movimiento sindical, desde los años ´90, está debilitado por las contrarreformas neoliberales, la flexibilización laboral, el desempleo masivo, y la inmigración, de modo que la desestabilización de los estables (funcionarios públicos, asalariados de la gran industria o de los servicios) modificó sustancialmente al movimiento sindical.
Al mismo tiempo, desde finales de los años ´80, las operaciones de cooptación política, ideológica, y material de las direcciones sindicales latinoamericanas, por parte del DGB alemán, la UGT española, la CFDT francesa, por el Partido Demócrata norteamericano y la AFL-CIO, jugaron un papel tan o más destructivo que la caída de los regímenes estalinistas y el naufragio de la Federación Sindical Mundial con sede en Praga.
Está claro, que esta cooptación, en todas sus dimensiones, tuvo un eco en la práctica sindical, que pasó a la defensiva, a la colaboración de clases, a la reivindicación de los “pactos sociales”, a las “concertaciones productivas”. Esta política, sin embargo ha encontrado una fuerte resistencia de corrientes y tendencias clasistas del movimiento obrero.
En este contexto, es necesario percibir los elementos de continuidad y renacimiento que se expresan mas claramente por un múltiple movimiento social en marcha en los últimos años en América Latina.

14.3. Desde luego, un movimiento campesino tendencialmente proletarizado (o sea, sin tierra o casi sin tierra) en muchos de los países de América Latina. Por su práctica, este movimiento coloca el problema de la propiedad latifundista, y por tanto, la perspectiva de micro-emprendimientos y cooperativas. He aquí un trazo clásico de los movimientos que luchan por la Reforma Agraria. El caso de Bolivia no escapa a este proceso, porque la CSUTCB, desde mediados de los años ´80, integró a un campesinado hiper-pauperizado y, en parte, expulsado de las ciudades, colocando la temática indigenista y cocalera (sea en la región de El Alto o del Chapare). A su lado, nació el MST boliviano.
En esta corriente campesina, internacionalizada, sectores de la Iglesia, del cristianismo de la liberación, juegan un papel importante y acompañan la internacionalización del movimiento (Vía Campesina). Mientras tanto, ciertos sectores de la Iglesia, del alto aparato eclesiástico, incluso, participan como representantes del movimiento, como el obispo Balduíno de la combativa Comisión Pastoral de la Tierra en Brasil, que ha denunciado, sitemáticamente, los crímenes de las bandas armadas del latifundio, que contnúan bajo el gobierno Lula.
La emergencia de movimientos campesinos de este tipo (sin tierra) en algunos países tienen un poderoso compenente indígena: Ecuador, México, Guatemala, Paraguay, Perú. Pero aún considerando que la disminución de la parte relativa de los campesinos en la población economicamente activa es una realidad, por razones demográficas y económicas el número absoluto de campesinos pobres y sin tierra aumentó en América Latina. Esta población se desplaza hacia las periferias de las grandes ciudades, donde se acumulan, por etapas, los migrantes de las zonas rurales pauperizadas. Esto significa una mutación rural-para-urbana. Esto que modifica las relaciones efectivas o potenciales con el movimiento asalariado y de los desempleados (trabajadores desempleados como justamente dicen sectores de los piqueteros argentinos) es el germen de una alianza social clasista que no existió en el pasado.

14.4. En segundo lugar, apareció un tipo de movimiento reinvindicativo de asalariados y de trabajadores desempleados que asumió formas de lucha mucho más radicales; no en las empresas -aunque también allí existan- sino en las protestas callejeras, tanto en grandes ciudades como en las pequeñas de la periferia. Protestas contra los patrones, gobernantes, multinacionales, contra los partidos en el poder y el Parlamento.
Cuando esto se combina con las reivindicaciones democráticas del proletariado -en el verdadero sentido del término- autóctono, la radicalización se ve reforzada. Esto se ha confirmado en Venezuela, Ecuador, Argentina, Perú, Paraguay, Los efectos del desempleo y de la crisis no paralizan las luchas político-sindicales que por el contrario, han conquistado el centro de la escena, colocando en dificultades a los partidos de la izquierda institucionalizada que hoy cuenta con importantes espacios de gobierno.
Una atración mutua entre el movimiento campesino y el movimiento de los trabajadores desempleados se concreta en cada país, cuando se afirman en la escena social y política las luchas de los trabajadores, en un sentido amplio. Esto permite a otros sectores sociales, identificarse en sus reivindicaciones, sus modalidades de actuar, sus formas de comunicación con el resto de la población.
Fue así que se produjo, hace 20 años, en el imaginario político brasilero, la confluencia entre el PT, la CUT y el MST.
De la misma manera, un sector social indígena, relativamente al márgen de la “sociedad mexicana”, y ocupando un territorio lejano a los centros de decisión (aunque rico en recursos estratégicos) consiguió dirigirse a millones de personas y ganar la simpatía y el apoyo solidario para sus demandas. Evidente, de allí a construir una verdadera alternativa hay una distancia muy grande. En todo caso, las dificultades (o el rechazo) a abordar la cuestión de las alianzas sociales y políticas a escala de todo el Estado mexicano, y una orientación de “no tomar” el poder, explican entre otras cosas, lo duraderos impasses de una corriente revolucionaria como el EZLN.

14.5. Desde finales de los años ´90 y sobre todo de los años 2000, de manera intrincada, el debate político retomó con vigor la temática sobre el imperialismo (tema ausente en las resoluciones últimas de los Encuentros del Foro de Sao Paulo, y en la mayoría de los documentos y programas “progresistas”).
La audiencia de Negri-Hardt (Imperio) y Holloway (Cambiar el mundo sin tomar el poder) en Argentina y otros países latinoamericanos, así como las polémicas y las respuestas recibidas por estos dos autores, son un indicador claro del regreso a un momento de investigación y elaboración político-teórica en torno a las estrategias de lucha anticapitalista y antiimperialista, y sobre la fase presente del imperialismo. Y es el campo de batalla de las luchas sociales, el pasaje obligado para una reflexión renovada sobre las alianzas sociales y políticas.
El movimiento “alter-mundialista” (cuyo emblema en América Latina fue el Foro Social Mundial de Porto Alegre, una ciudad conocida por la experiencia municipal del “presupuesto participativo”, falsa ventana de renacimiento de una izquierda mas o menos radical en los años ´90) fue el punto de convergencia de esta re-politización y radicalización política desde el inicio de los años 2000.
En una palabra: los procesos descriptos anteriormente son el centro de un debate que dejó de ser académico, que desembarca sobre las opciones políticas y, al mismo tiempo, sobre las organizaciones clásicas y nuevas, sobre todo, en relación a las concepciones rígidas vehículizadas por ciertas corrientes de origen maoísta, estalinista, así como originarias del trotskismo (sin tratar, obviamente, de colocar en un mismo nivel a estas corrientes históricas).

14.6. En medio de los aportes a las luchas de los movimientos sociales a lo largo de la última década en América Latina, es necesario destacar algunos de importancia decisiva. Es necesario aprender del movimiento de mujeres y de sus experiencias concretas de lucha.
El movimiento feminista, de emancipación cívica, social, cultural y política de las mujeres ha adquirido una dimensión sin precedentes, en la medida que ha roto las amarras con una ideología feminista “importada” parcialmente de los países del centro (Estados Unidos, España, etc.) y que tuvo una dimensión “progresista” en el contexto de los años 1970 e inicios de 1980.
Así, la participación activa, auto-organizada, en la preparación de la isurrección de octubre 2003 en Bolivia o de la huelga general, se pudo constituir en un soporte a las reivindicaciones expresadas por las mujeres, poniendo en tela de juicio modalidades paternalistas de gestión del movimiento que se remiten a un historia indígena y colonial de opresión de las mujeres. Al lado de las luchas concretas de las mujeres aymaras y quechuas, lo dirigentes del movimiento insurreccional boliviano pueden entender las reivindicaciones feministas mucho mejor que antes.
Por otro lado, encontramos el ejemplo de las Madres de Plaza de Mayo, que demuestran el coraje de las mujeres. Porque están frente a la obligación de ocuparse, de asumir la lucha por el futuro de sus hijos -como en el pasado la asumieron sus hijos desaparecidos- así como el futuro de la sociedad.
Fenómenos idénticos se producen en Argentina con los esfuerzos de sobrevivencia y afirmación de la dignidad propia sin caer en el caritativismo (trueque, movimiento “cartonero”, huertas de auto-subsistencia, escuelas, cantinas populares); en las fábricas “recuperadas” (Zanon en Neuquén, Brukmann en Buenos Aires, entre otras), y en la participación militante en el movimiento piquetero.
En Brasil, en el seno mismo del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra, la responsabilidad de las mujeres es cada vez mayor, tanto en la preparación de las ocupaciones de tierras como en la gestión de las tierras re-apropiadas.
Los ejemplos de la participación activa de las mujeres se suceden: en el movimiento indígena zapatista y en las en las movilizaciones de denuncia por los asesinatos de mujeres jóvenes en ciudad Juarez, de las mujeres ecuatorianas contra las empresas petroleras, en la lucha de las mujeres colombianas en defensa de los derechos humanos, en la marcha de las mujeres cooperativistas de viviendas en Uruguay, en el peso de las mujeres en las protestas de los ahorristas estafados y en las asambleas populares en Argentina. La misma tendencia, la encontramos cuando las mujeres -a pesar de la debilidad del componente feminista de las movilizaciones y reivindicaciones- asumen un lugar de liderazgo sindical en las luchas del movimiento obrero, como en Venezuela, Brasil, Perú, Uruguay.
Finalmente, están las organizaciones feministas que, en distintos países, participan de la Marcha Mundial de Mujeres, en las campañas por derecho al aborto, a la contracepción y a la protección del Sida, contra el ALCA, el Plan Colombia, y la deuda externa.
Hay aquí, un enriquecimiento de la práctica social, aunque todavía se esté lejos de traducir está experiencia práctica a un plano de reflexión y de acción en las organizaciones de izquierda y en muchos movimientos sociales.

14.7. El “modelo de crecimiento” implantado por la “lógica” de la mundialización del capital, supone la destrucción de vidas humanas y de naturaleza. Es por ello que en los países de América Latina la cuestión ecológica adquiere una dimensión clave, aunque todavía no consiga estar a la altura de las destrucciones ambientales propias de la sumisión de la geología, de los océanos, de las selvas, de las ciudades, de las metrópolis...a los imperativos de una acumulación de capital cuya brutalidad hace recordar a la violencia desvastadora de la acumulación primitiva. Una destrucción conducida por el imperialismo históricamente “decadente” del centro.
El movimiento ecologísta no puede ser reducido apenas a las fuerzas ecológicas, diversificadas, que jugaron y juegan un papel importante y muy progresivo, sean cuales fueren sus relaciones con las fuerzas políticas radicales, frecuentemente poco inclinadas a un diálogo que sería mutuamente enriquecedor.
Las luchas de los habitantes de Cochabamba por el control del agua en el 2002 (conocida como la “guerra del agua”), las reivindicaciones de los indígenas ecuatorianos contra el pillaje de los trusts petroleros en las zonas de su pertenencia histórica (comprendiendo la memoria, y el simbolismo “religioso”), la movilización continental en defensa de la Amazonia, y en la lucha de las poblaciones autóctonas de las regiones afectadas por el Plan Puebla-Panamá, representan tanto una resistencia histórica contra la colonización (la “defensa del espíritu del pueblo”) como una faceta radical de la lucha ecológica.
La batalla -que todavía falta por hacer- contra la apropiación privada de la Patagonia por parte de las grandes sociedades imperialistas, es otra dimensión de una movilización ecologísta. Un impulso de corrientes sociales y políticas antiimperialistas y anticapitalistas no es posible si la dimensión de la re-apropiación social no es integrada -en la lucha contra la propiedad privada estratégica imperialista y las elites locales- en una dimensión ambiental.
Se trata de la sobrevivencia, en el sentido más estricto del término, de millones de habitantes de zonas rurales y zonas selváticas, oceánicas y costeras, sin hablar de los habitantes triturados por la barbarie capitalista-urbana, socialmente jerarquizada de las megalópolis.

14.8. El movimiento de los “sin techo representa otro contorno de la riqueza potencial y la radicalidad de los movimientos urbanos. La experiencia peruana de los “pueblos jóvenes” en Lima permite algunas pistas sobre la energía social que se puede encontrar en estas luchas urbanas. Vemos aspiraciones y prácticas similares en el movimiento de piqueteros, en los barrios periféricos de las ciudades argentinas, mexicanas, colombianas, o en El Alto de Bolivia. Aquí, las organizaciones populares están directamente ligadas al hecho de haber “construido juntos el barrio” para poder viver lo menos mal posible. En las favelas de Brasil, cuyas situaciones son muy heterógeneas, un potencial similar se expresa.
Es claro que existe el peligro permanente que estas iniciativas urbanas-populares, sea “ayudada” por los autoridades locales o por ONGs que disponen de grandes medios financieros, llegando a una forma de auto-gestión de la precariedad (simple asistencialismo): la población marginalizada construyendo sus casas y una especie de muro en torno a un gheto, una exclusión “auto-gestionada” como, por ejemplo, ocurre en ciudades como Sao Paulo y México DF.

14.9. El trabajo infantil y la “esclavitud por deuda” (de niños e incluso de adultos) fueron el caballo de batalla de Oficina Internacional del Trabajo (OIT) y su Programa Internacional por la Abolición del Trabajo de los Niños (IPEC, en inglés). Los millones de “niños de la calle”, fueron otra de las precupaciones de la OIT. Las diversas acciones de algunas ONGs y del movimiento asociativo llevadas a cabo en este terreno, deben ser valoradas y respetadas por la izquierda socialista y democrática. Por otro lado, esta izquierda debe ser -como lo indicó el antiguo responsable del IPEC, Michel Bonnet, en su obra “Miradas sobre los niños trabajadores” (Ediciones Page Deux 2, Lausanne, Suiza, 1998) particularmente atenta a todos los procesos que faciliten la organización de los niños trabajadores. Mas si tenemos en cuenta que, en América Latina, los niños trabajadores alcanzan la cifra de 17,5 millones (una cifra ciertamente subevaluada), es decir, el 7% de los niños que trabajan en el mundo (según los datos oficiales de la ONU).
La organización de los niños trabajadores, entonces, en tonalidad sindical y con un primer objetivo: protección colectiva de la venta (coercitiva) de su fuerza de trabajo y acceso a la escolarización gratuita y derecho al juego como parte constitutiva esencial del niño como persona). Simultáneamente, en lo que se refiere a la “exclavitud por deuda”, un abordaje abolicionista radical debe estar en el centro de las reivindicaciones. En otros términos, las experiencias de las organizaciones de los niños en el Perú y Colombia, son la pista de una vía posible a seguir, desde que sus decisiones como niños-trabajadores sean respetadas y no manipuladas, tanto por los aparatos sindicales como por las organizaciones políticas.

14.10. Los aparatos sindicales se situan al lado de los aparatos políticos. En muchos países, la tarea de contener el movimiento de radicalización de los trabajadores, de impedir la centralización de las luchas y boicotear las formas de auto-representación y auto-organización, reposa en las burocracias de los aparatos sindicales.
Es el caso de la CTA después del “argentinazo” (trabajo de división del movimiento piquetero, bloqueo del proceso de unidad entre los asalariados ocupados y desocupados). Similar tarea cumple el aparato de la CUT en Brasil, jugando el rol de “brazo sindical” del gobierno Lula, y aprontándose a administar -junto a los bancos- millonarios fondos de pensión luego de la “reforma” del sistema de Previsión social. Para el caso de Uruguay, el último Congreso del PIT-CNT (central sindical única) ratificó una rebaja programática y una línea que fortalece la estrategia de “concertación social” del Frente Amplio.
En un sentido inverso, la preservación de una cierta independencia política respecto a los sucesivos gobiernos, le ha permitido a la COB (Central Obrera Boliviana) mantener su legitimidad y jugar un papel decisivo en el movimiento masivo de rebelión prolongada del pueblo trabajador.
De una manera específica -propia a la relación que en los países imperialistas se ha dado entre burguesía y sindicatos burocratizados- los aparatos sindicales se subordinan, en términos generales, a la agenda neoliberal de las “reformas” y los planes de destrucción de los derechos adquiridos por los trabajadores. La propagación de la ideología de un “sindicalismo de acompañamiento y propositivo” como se concreta en la Unión Europea, por ejemplo, influye en gran parte del sindicalismo latinoamericano. Más todavía, si esa ideología viene armada de financiamientos y diversos proyectos de “ayuda” y “formación”.
Las notas inconclusas escritas por Trotsky en Coyoacan, sobre la integración de los sindicatos al sistema, tienen hoy una completa vigencia.
La necesidad de un sindicalismo de independencia de clase se hace imprescindible, en la medida que la estructuras sindicales tradicionales se degradan mas y mas en el marco de la política de colaboración de clases y de un neo-corporativismo que implica la puesta en práctica, formalizada o no, de integración a las estructuras estatales, dirección de empresas, asesorías, etc, con el objetivo de una política de “concertación” estructurada sobre el terreno que más le conviene a las elites dirigentes y las patronales. De allí, la importancia de las expresiones clasistas que -aún minoritarias- se desarollan en Argentina Brasil, Colombia, Perú, México (en particular con la experiencia del sindicato de los electricistas) Uruguay, y Venezuela.
Estas tendencias clasistas, que rompen con las burocracias sindicales, juegan un rol central en las luchas de los trabajadores organizados y en la vinculación con otros sectores populares, en especial con el movimiento de los desempleados. Estas tendencias (si no se transforman en corrientes político-sindicales con el fin de apropiarse de micro-estructuras sindicales) pueden desarrollar una batalla por recuperar los elementos todavía útiles para una actividad sindical clasista amplia.

14.11. En resumen: es haciendo confluir en la práctica y en la elaboración programática que acompaña la riqueza nueva de los movimientos sociales, y de los enfrentamientos de clase, que las nuevas fuerzas socialistas revolucionarias, en esta etapa, trazarán las líneas de la conquista de una independencia de clase, de una organización ágil y fuerte de las masas trabajadoras, explotadas y oprimidas, en todos sus componentes, para superar la frustrante realidad de una “izquierda oficial” cada vez más parasitaria, y para enfrentar a un enemigo de clase dispuesto a todo para mantener sus privilegios.

Organizaciones radicales que entren en sintonía con las necesidades y aspiraciones de las masas populares

15. Las conclusiones de estas consideraciones ya está casi explícita. A cada fase histórica, procesos profundos de enfrentamientos capital-trabajo (que no se reducen a un enfrentamiento entre asalariados y patrones, como se imaginaban corrientes políticas bastante sindicalistas de la izquierda argentina, brasilera, chilena, mexicana y uruguaya) asumen una concretización particular.

15.1. Si el juicio realizado sobre esos procesos por los socialistas revolucionarios es sobre todo de orden ideológico, se cometerán graves errores, como por ejemplo, fue el caso de Argentina.
El inicio de quiebra (inicio en el sentido de la comprensión que tuvieran sectores relativamente amplios del activismo) de las fuerzas políticas que parecían tener las llaves del futuro de una fase de constitución neo-desarrollista de América Latina, no puede conducir, de inmediato, en la constitución de fuerzas políticas que tengan una forma y una estructura partidaria como a veces se imaginan –fantasmeando el bolchevismo realmente existente y a su popia historia, efectiva y a menudo ignorada- las corrientes de la izquierda socialista revolucionaria latinoamericana.
Las nuevas organizaciones, partidos o frentes de dinámica socialista revolucionaria deberán asumir la responsabilidad por los tres elementos mencionados en el punto 14 (movimiento campesino, movimiento de trabajadores urbanos desempleados, movimiento feminista) y por la necesidad de un amplio debate político-estratégico que permita un diálogo y convergencia de ida y vuelta con los movimientos sociales. De esto, se desprenden cuatro implicaciones.

15.2. El respeto por las fuerzas socialistas-revolucionarias, de la autonomía de los movimientos sociales en lo que se refiere a su capacidad de definir, paso a paso, a partir de los enfrentamientos y de la próxima etapa que deben encarar. El respeto de esa autonomía va acompañado de la exposición pedagógica y respetuosa de los puntos de vista existentes en su interior.
Estas opciones sobre la orientación de los movimientos sociales deben ser expuestas, entre otros, por los miembros que participan activamente de estos movimientos y, si estos miembros están organizados políticamente, deben hacerlo sin esconder esa adhesión política.
Es esta claridad que crea la confianza mutua entre los militantes del movimiento social no organizados, los militantes organizados políticamente, y las fuerzas sociales que, puntualmente, participan de las movilizaciones de importancia. De esta combinación surge el liderazgo social antes mencionado. La autonomía del movimiento social no implica para nosotros -en nombre de un acuerdo sobre un programa de acción correspondiente a las tareas del momento- la renuncia al debate político abierto, a la propaganda política, en vista de intentar anticipar el futuro, para poder definir mejor lo que hacer mañana. Lo que en todo caso se demuestra, es que el movimiento social no puede escapar a la política, cuya susbstancia, delante de un enfrentamiento de clase, es precisamente tener que definir lo que hacer hoy y mañana.

15.3. Las nuevas fuerzas políticas radicales que surgen en este período, no deben apenas procurar un punto de referencia en el pasado. Así que no se trata de resuscitar al original Movimiento de Participación Popular en Uruguay (alianza de la izquierda radical de finales de los ´80 y mediados de los ´90) en Uruguay. No se trata de retornar al “buen partido de clase” que todavía era el PT de inicio de los años ´90. No se trata de volver al antiguo MIR chileno de los años ´70. Estas experiencias pasadas deben ser integradas, radiografiadas, reflexionadas. Pero esto debe ser hecho para enfrentar políticamente las tareas del período presente que son marcadas por esta interconección estrecha entre anticapitalismo, antiimperialismo y perspectiva de un socialismo a construir.

15.4. Para construir un nuevo partido socialista, democrático y revolucionario, se debe desarrollar una “estructura” que permita, al mismo tiempo, centralizar las tareas políticas inmediatas y garantizar el más abierto debate sobre las perspectivas de mediano plazo. Precisemos: cuando decimos centralizar las tareas políticas inmediatas esto significa, por ejemplo, que debería haber un acuerdo inquebrantable, inclusive en un frente, sobre la necesidad imperativa de la reivindicación de una Asamblea Popular en oposición a la Constitución tramposa de Mesa si la huelga general y la sublevación se desarrollan.
Otro ejemplo: la centralización política -en un sentido de unidad práctica- debe existir en el nuevo partido de la izquierda en formación en Brasil, sobre la oposición al ALCA, y en torno los temas que están en la agenda inmediata del gobierno burgués de coalición de Lula, como las contrarreformas laboral y universitaria, y la “autonomía” del Banco Central (a este respecto ver la excelente contribución de César Benjamin en Outro Brasil de enero 2004: www.lpp-uerj.net/outrobrasil/) De la misma manera, debe existir un acuerdo para la acción en el terreno de exigir la aceleración de la Reforma Agraria (en realidad, para que de una buena vez de comienzo) la generación de empleos, y el combate (efectivo) al hambre que afecta a decenas de millones de brasileros.
Otra dimensión de la centralización política para la actividad a corto plazo, reside en el control de las bancadas parlamentarias, cuya dinámica ha sido el de sustituir el poder de decisión de los miembros del PT, porque esta es la experiencia tanto brasilera tanto como la argentina (como se nota en el caso del grupo Autodeterminación y Libertad -AyL- de Luis Zamora).
Este control de un partido socialista, democrático y revolucionario sobre los electos, debería ser una forma de presentación de cuentas ante todos los que eligieron a los parlamentarios. Justamente, la audiencia y legitimidad de los “cuatro radicales” expulsados del PT, Heloísa Helena, Luciana Genro, Babá, y Joao Fontes, se debe a que no traicionaron la confianza despositada en ellos por sus electores y haber estado siempre en sintonía con las necesidades del movimiento popular. No votaron la contrarreforma de la Previsión social que permite la entrada de los fondos de pensión privados, y tomaron distancia -sin ambiguedades ni maniobras tacticistas- del colaboracionismo de una “izquierda petista” que se ha sometido a la “razón de gobierno” y al “modo petista de gobernar”.
Esta conducta política y ética de los “cuatro radicales” y de las fuerzas militantes que han convocado a la formación de un partido de la izquierda democrática y socialista (sindicalistas, intelectuales, y sectores políticos como el Movimento Esquerda Socialista, Corrente Socialista dos Trabalhadores, Socialismo e Liberdade, Polo Resistencia Socialista, Movimento Terra e Liberdade, Uniao Comunista, Nosso Tempo e Hoje, Tendencia Proletaria, Socialismo Revolucionario) expresa de manera contundente el desfasaje existente entre las cúpulas burocráticas que participan en el gobierno, y un sector del movimiento de masas que resiste y pelea contra el programa neoliberal del PT-gobierno.

15.5. Las relaciones entre fuerzas políticas y fuerzas noorganizadas son decisivas en la construcción de un nuevo partido socialista y revolucionario, en las relaciones de respeto entre un nuevo partido y los movimientos sociales, y en el control radicalmente renovado de los elegidos en relación a los electores. Esto se torna una necesidad obligatoria ante la posibilidad de debatir respetuosa y sistemáticamente.
Un debate que exige muchas y diversas voces. No se trata apenas de un derecho de democracia interna. Vamos a intentar clarificar el asunto.
Era natural en los años 1920 en el movimiento socialista revolucionario europeo, y de manera más limitada en América Latina, el debate abierto sobre las cuestiones de la táctica y, sobre todo, de la estrategia y las perspectivas de conjunto, en un movimiento que, por primera vez, presentaba a las masas trabajadoras -y no solamente a la clase obrera- su voluntad política de enfrentar el poder de los dominantes. Esta tradición fue destruida por el estalinismo y encontró vías de infiltrarse en las fuerzas revolucionarias.
Estos debates eran naturales por dos razones. 1º De un lado, solamente una dirección autista y megalómana podría imaginar comprender la realidad compleja de la emergencia de la sociedad imperialista, y de las clases que se mueven en ella (“guerra y revolución”). 2º Todas las experiencias de luchas -después de las huelgas generales por el derecho al voto en Bélgica hasta los soviets de 1905 en Rusia, pasando por el avance electoral en Francia o Alemania, o los conflictos campesinos de 1912 en Italia- desembocaron en una reflexión sobre el grado de enfrentamiento entre las clases, las alianzas a efectuar, el plan social y político, el tipo de organización a colocar en relación al sentimiento de las masas y sus necesidades, el programa económico, social y político a desarrollar.

15.6. Que existan diferencias sobre tales temáticas y exigencias, no hace mas que reflejar la vivacidad de la lucha y de los necesarios puntos de vista diversos y divergentes. Por analogía, en esta fase en la cual se organizan lo viejo y lo nuevo de una manera todavía mal diseñada, es imperativo que se pueda traducir bajo una forma racional y organizada el debate sobre un nuevo partido de la izquierda, como, por ejemplo, hoy en Brasil.
Este debate puede asumir distintas formas. Desde luego, como expresión pública en publicaciones de carácter plural (revistas, semanarios, folletos, etc). Estos puntos de vista podrían ser la dinámica del movimiento por un nuevo partido que responde a las reivindicaciones de las masas trabajadoras, y se concentra en las tareas de mañana y pasado mañana.
Sin embargo, ya existen acuerdos, puntos de partida comunes y fundamentales. Por ejemplo, el rechazo a la contrarreforma de la Previsión social, no encontró diferencias entre los radicales ni de estos con sectores significativos de los movimiento sociales resistentes al neolibrealismo. Por el contrario, existió una sintonía completa.
Esto quiere decir que, para la elaboración de un proyecto alternativo de seguridad social, discutido y reflexionado con los movimientos sociales y el conjunto de la izquierda radical, están presentes las condiciones favorables. Incluso si se consideran las diferentes tendencias y visiones que integran en el movimiento por un partido socialista, democrático y revolucionario.
Lo decisivo, es que la iniciativas deben priorizar lo propositivo en el sentido de las necesidades de las masas trabajadoras y no de las relaciones de fuerzas internas en el nuevo partido o de la izquierda en un sentido más amplio.
En tal sentido, es un buen ejemplo el de la Corriente de Izquierda de Uruguay, que se construye levantando un programa anticapitalista articulado a las luchas sociales en el cuadro de una disputa con el programa “progresista” y la estrategia electoralista del Frente Amplio.
El mismo razonamiento puede hacerse a propósito de la Asamblea Popular Constituyente en Bolivia, donde la unidad sobre esta consigna no impediría a un nuevo partido -que por ahora no existe, lo que representa una debilidad en la medida que la unidad se hace en torno a las direcciones cuantitativamente estrechas de la COB, la COD de El Alto, y del sindicalismo campesino- expresarse de manera diferenciada en la Asamblea Popular, entre otras cosas, sobre la cuestión del poder.

15.7. Sería casi inútil -después de ver las experiencias frustrantes de la izquierda institucionalizada y de tragos tan amargos como el de los gobiernos de Lula y Lucio Gutiérrez, que pueden repetirse con el Frente Amplio y el MAS boliviano- insistir sobre un punto: los trabajadores industriales, rurales, desempleados, campesinos, indígenas, y sus aliados, pueden involucrarse en movimientos politicos más amplios.
Pero ellos, quieren saber el objetivo y controlar a sus elegidos. La experiencia de una delegación que se les escapa ha sido dolorosa, varias veces. En el Brasil de hoy, por ejemplo, lleva tiempo incluso el poder percibirla, en la medida que tanta pobreza y desesperanza puede combinarse con las ilusiones que todavía ofrece la acción del líder “obrero pobre nordestino” que comanda el gobierno de alianza con el capital. Esta dimensión tambien existe en Venezuela frente a la figura carismática de Chávez. Sin embargo, las masas pobres avanzan en el aprendizaje político al tiempo que se movilizan y organizan aceleradamente, como en el momento del golpe reaccionario contra Chávez.
La conclusión salta a los ojos: el mejor remedio contra este delegacionismo y la formación de una casta de administradores-fincionarios que monopolizan las funciones privilegiadas y se refugian en las “razones de gobierno” (como es el caso del PT, incluida su “ala izquierda”) reside en la educación, en el debate, en la insistencia sobre el control de las opciones que se toman. Todo esto debe ser estimulado por un partido socialista y democrático, y debe ser un elemento clave de su programa y su modo de funcionamiento.

15.8. Finalmente: la constitución de un nuevo partido -o hablando de manera más genérica, de fuerzas políticas socialistas, democráticas y revolucionarias, en América Latina en la fase actual de la lucha de clases- debe contar con la combinación de adhesiones de dirigentes y militantes sindicales, obreros, campesinos, indígenas, intelectuales, pobladores de los barios pobres, parlamentarios, activistas independientes de los movimientos sociales, y miembros de las organizaciones de la izquierda radical.
Esta delicada conjunción, no es posible sin que se forje un acuerdo que se apoye, simultáneamente, en campañas comunes, actividades políticas unitarias, foros de debate, y diálogos con representantes de los movimiento sociales y socio-politicos ya constituidos, como por ejemplo el MST de Brasil, la CONAIE de Ecuador, el movimiento zapatista, los piqueteros argentinos, etc. Incluso, en diálogo franco y respetuoso con fuerzas de la izquierda revolucionaria que, como en el caso del PSTU de Brasil, no adhieren al movimiento por un nuevo partido de la izquierda socialista y democrática.
Este debate, será rico si el nuevo partido da muestras de su capacidad de acción eficaz en las luchas de los movimientos populares, en la solidaridad internacionalista -al menos en una escala continental- y en las relaciones democráticas al interior mismo del nuevo partido, garantizando el derecho a tendencias. Y, sobre todo, será un proceso rico, si el nuevo partido privilegia los intereses y necesidades de las masas trabajadoras, por encima de cualquier privilegio o interés de aparato, grande o pequeño.

10 de febrero del 2004



* Ernesto Herrera, miembro de la dirección nacional de la Corriente de Izquierda (Uruguay), editor de Correspondencia de Prensa (boletín informativo de las revistas, Desde Los 4 Puntos, Movimiento, Marxismo Revolucionario Atual, y A l´encontre).
Charles-André Udry, militante del Movimiento Por el Socialismo (Suiza), economista, miembro de ATTAC, director de la revista A l´encontre:
www.alencontre.org