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Asunto:NoticiasdelCeHu 236/04 - Sobre la 'cesación de pagos' . Anticipando un p robable giro
Fecha:Miercoles, 25 de Febrero, 2004  13:21:50 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
NCeHu 236/04

 
 Argentina                      
 
                       Debemos reclamar aportes al FMI y al G-7
 Eduardo Luis Curia

Al arrimar ideas sobre la negociación de la deuda externa, hay que precisar desde dónde se habla y cuáles son los parámetros básicos que se aplican. Algo anticipé en una columna anterior en LA NACION. Dadas determinadas circunstancias de peso -la célebre jerigonza del G-7 y del FMI sobre la "buena fe"- el país no puede rehuir entrar en una lógica de aproximaciones sucesivas. Lo cual exigía pensar, sin mucha demora, en una cierta adecuación de la propuesta adelantada en Dubai.

Por ejemplo, la mejora de la propuesta debería manejarse en los márgenes y no más de la formulación inicial. Mostrando buena fe y reclamando lo mismo del resto de los involucrados, incluyendo al FMI y al G-7, aparte de los acreedores. Finalmente, es importante computar alguna cláusula de contingencia que ligue la intensidad de los pagos con la marcha de la "fortuna".

¿Cómo pueden corporizarse algo más estos parámetros que redimensionan en parte la formulación inicial, aunque respetando lo medular de ella? Por de pronto, cualesquiera sean las "infinitas" variantes para dibujar en una computadora como alternativas de negociación, todo llega a un "resumidero" -una ventanilla fiscal calibrada dinámicamente- que trasunta la capacidad de pago del país en perspectiva.

Debemos, por ende, prestar atención a nuestras posibilidades tangibles de superávit fiscal primario, promediadas por los valores absolutos que derivan de las chances de un PBI cada vez más alto en tanto el crecimiento se consolide. Y por la capacidad de captar nuevamente financiamiento en los mercados. Un superávit fiscal que traspasara el 3,5% del PBI como norma penetraría en una zona de riesgo intenso. Las probabilidades de acceder a financiación nueva lucen difíciles afuera y algo más proclives dentro del país.

Y lo que hay que defenestrar de plano es cualquier veleidad de resignar paridad cambiaria real como modo miope de hacer "rendir mejor" los recursos aplicados a los pagos. Porque esta supuesta ventaja contable sería más que compensada, para mal, por el dislate asignativo en que se incurriría. El planteo de la negociación, en cualquier punto -incluso no habría que olvidar el monetario-, debe ser congruente con la estrategia macroeconómica de crecimiento de fondo.

La propuesta inicial contiene el 75% de quita nominal, criterio que alcanzó un valor emblemático. Se alude a hipótesis de plazos de pago (y de tasas de interés) de distinto alcance, se considera prima facie que no se atienden los intereses devengados durante el default, se presume como casi intangible la deuda nueva y se mencionan los bonos atados al crecimiento.

Para que la negociación esté ecuánimemente encauzada en el curso de este año -que es lo preferible para el país- tendría que coincidir la masa de recursos para encarar pagos considerada "potable" con las expectativas mínimas aceptables por parte de los acreedores. Con el señuelo adicional -que debemos reclamar- de eventuales aportes del G-7 y del FMI.

Porque hicimos y hacemos pagos netos al FMI, y lo que se pone en una caja falta en la otra. Si se trata del G-7, y pensáramos, por ejemplo, en que la propuesta se desliza hacia bonos más largos y con capital más indemne, ¿por qué no meditan sus miembros sobre algún aporte como garantía para proteger el valor de realización secundaria de esos bonos? En Italia, algo se habla al respecto.

Y Estados Unidos, ¿se avendrá a bloquear demandas como estuvo dispuesto a intervenir para defender el carácter de acreedor privilegiado del FMI? Si el G-7 y el FMI "nos mueven el piso", deberían "bajarles el techo" a los bonistas.

La deuda nueva emitida, ¿en qué dosis es internamente refinanciable? Otra: si este año surgiera, por distintos motivos, un excedente fiscal, cabría evaluar un pago de cortesía de los intereses.

El ajuste de la propuesta según el crecimiento es atendible, aunque la instrumentación no es fácil. También se habla por allí de un "bono perpetuo". No existe, a priori, una fórmula detallada "salvadora". Son claves los tanteos exploratorios, el "trabajo de comité". Respetando siempre los parámetros básicos a los que se ha aludido, y sopesando los costos netos de encarar un ajuste, aunque acotado, de la propuesta, contra los que podrían derivar de un progresivo aislamiento internacional.

El autor es economista del PJ.


Fuente: diario La Nación, de  Buenos Aires, Argentina; 19 de febrero de 2004.