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Asunto:NoticiasdelCeHu 217/04 - Tipos de cambio competitivos y estables en el MERCOSUR
Fecha:Viernes, 20 de Febrero, 2004  18:35:28 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 217/04
 

Tipos de cambio competitivos y estables en el MERCOSUR    

 

Por Roberto Frenkel

 

            Muchos observadores internacionales resaltan las afinidades ideológicas entre los gobiernos de Brasil y Argentina. Desde esta perspectiva, el MERCOSUR debería tener un fuerte impulso. Sin embargo, la coordinación de las políticas macroeconómicas fue siempre un obstáculo para el avance del acuerdo y esta dificultad parece haberse exacerbado recientemente por las diferentes estrategias con relación a la deuda externa que siguen actualmente los países. El obstáculo podría ser superado si Argentina y Brasil, preservando sus diferentes orientaciones estratégicas, adoptaran regímenes de tipo de cambio real competitivo y estable. 

            La aplicación del régimen no debería enfrentar grandes dificultades en ningún caso. La inflación es baja, los países tienen vigentes regímenes de flotación y los bancos centrales intervienen con mayor o menor frecuencia en el mercado de cambios. Consecuentemente, no habría una discontinuidad de las políticas macroeconómicas en curso, sino más bien una reorganización de las mismas, poniendo énfasis en el foco de empleo y crecimiento sostenido que la motiva. Pero este punto debe subrayarse. Desalentar expectativas de apreciación real y señalar claramente la voluntad de preservar un tipo de cambio real competitivo son las principales vías a través de las cuales el régimen debe incentivar la inversión y el empleo en las actividades comerciables.

            La adopción en común del régimen ayudaría obviamente a consolidar y fortalecer el MERCOSUR. Un acuerdo sobre los tipos de cambio reales que los países miembros se proponen preservar constituiría el núcleo duro de la coordinación de las políticas macroeconómicas. El acuerdo no necesita ser explícito ni los tipos de cambios respectivos ser sometidos a discusión internacional. Pero un acuerdo implícito alrededor de regímenes con objetivos similares tendría sin duda efectos positivos sobre las inversiones en la región y proporcionaría un marco sólido para el avance de la integración.

            En principio, el régimen de tipo de cambio real competitivo y estable es compatible con las distintas estrategias con relación a la deuda y el financiamiento internacional que siguen los países.

            La práctica actual de las políticas macroeconómicas en Argentina es, de hecho, un esbozo del régimen propuesto. La definición más precisa del régimen disiparía incertidumbres que pueden estar inhibiendo la inversión y el crecimiento del empleo en sectores comerciables. Por lo demás, el régimen propuesto es totalmente adecuado para las circunstancias de la economía de Argentina.

            Si se miran exclusivamente los objetivos de empleo, crecimiento y balance en cuenta corriente, el régimen también es adecuado para Brasil. Más aún, una mejora con relación a esos tres objetivos resultaría funcional a la estrategia que dicho país sigue con relación a los mercados financieros internacionales, porque señalaría que la economía brasileña está en condiciones de crecer y atender simultáneamente los servicios de la deuda externa.

            Pero los indicadores mencionados no son los únicos relevantes en la evaluación del riesgo de default que realiza el mercado financiero internacional. En Brasil, los indicadores de la capacidad de servicio de la deuda del sector público tienen una relación inversa con el tipo de cambio real, porque parte importante de la deuda pública está denominada en moneda internacional o en moneda local, pero indexada al tipo de cambio. La apreciación reduce la relación deuda pública / producto. Dicho de otra forma, el poder adquisitivo de moneda extranjera de determinado superávit fiscal primario es mayor cuanto más apreciado esté el tipo de cambio. 

A causa del efecto patrimonial del tipo de cambio sobre el sector público, hay un interés de los acreedores a favor de la apreciación y un incentivo para el sector público en la misma dirección. Esta cuestión también se plantea en el caso de Argentina, pero de forma más atenuada, porque la deuda externa está en default y el país basa su estrategia en fijar ciertas magnitudes para el superávit fiscal primario y para los pagos de la deuda reestructurada.

La presión de los acreedores y del mercado financiero internacionales somete a Brasil a dos demandas conflictivas. Por un lado, la mejora de las cuentas externas y la aceleración del crecimiento juegan a favor de la confianza de los mercados. Por otro lado, la apreciación del tipo de cambio mejora los pronósticos con relación a la capacidad de servicio de la deuda pública. Pero estas dos demandas no tienen el mismo peso, la segunda pesa normalmente más que la primera.

En el contexto de globalización financiera, las políticas económicas tienen siempre una importante componente de señal. En una situación de alto endeudamiento y relativa fragilidad financiera la función de señal tiende a dominar las decisiones de política económica. En esta cuestión residiría la principal dificultad de Brasil para adoptar el régimen sugerido. La adopción resultaría beneficiosa para el empleo, el crecimiento y la sostenibilidad, pero involucra conflictos con la orientación de FMI y la visión que domina entre los analistas de los mercados financieros. La gestión económica en Brasil ha procurado emitir las señales más congruentes con esas perspectivas, por lo que cabe conjeturar que valoraría muy negativamente esos conflictos.

La cuestión cambiaria en Brasil tiene aspectos paradójicos. Con respecto a un año atrás, la confianza del mercado financiero internacional ha aumentado. No es ajeno a esto la mejora experimentada en las cuentas externas vía el importante incremento del superávit comercial. Este obedeció, en parte al menos, a la devaluación real inducida por el déficit de balance de pagos y el aumento de la desconfianza asociados con el cambio de gobierno. La devaluación recibió en su momento comentarios negativos, porque se veía como uno de los síntomas de la desconfianza y porque actuaba como factor de aceleración de la inflación.

¿Termina aquí la paradoja? Es posible que no. Puede ocurrir que cuanto mejor le vaya a Brasil en la consideración de los mercados internacionales, mayor sea la tentación de aliviar la carga de la deuda sobre las cuentas públicas y reducir la inflación vía la apreciación del tipo de cambio.

Otro camino también es posible. Si la estrategia del gobierno produce una efectiva mejora en la confianza de los mercados, la política económica puede otorgar menos peso a su papel de señal y ganar grados de libertad para colocar el empleo y el crecimiento en el primer plano de atención del gobierno. Se requiere para esto resistir las tentaciones mencionadas arriba y adoptar un régimen de política enfocado en dichos objetivos.


Este artículo aparecerá el domingo 22 de febrero de 2004, en el diario La Nación. Buenos Aires, Argentina.

Gentileza: Lic. Javier Lindenboim.