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Asunto:NoticiasdelCeHu 180/04 - La irrupción de Brasil
Fecha:Jueves, 12 de Febrero, 2004  13:14:53 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
NCeHu 180/04
 
 
Nota relacionada: 177/04

 
                                                                                                                                             
                                              La irrupción de Brasil
 
                                                                                                                                               Jeffrey Sachs

En estos días, la mayor historia no contada del desarrollo internacional debe ser el despegue económico de Brasil. Hace dos años se daba por muerta la economía brasileña, y muchos suponían que la elección del candidato del Partido de los Trabajadores, Luiz Inácio Lula da Silva, marcaría el inicio de un colapso económico sin remisión cercana.

En lugar de ello, Lula ha gobernado con notable prudencia y Brasil se encamina a un rápido crecimiento. Pero hay en juego algo más importante: Brasil puede estar superando algunos de los mayores obstáculos a su desarrollo económico. Si es así, esto marcaría no sólo su ascenso, sino la recuperación de otras partes de América del Sur.

En enero de 2002, a los sectores derechistas de los Estados Unidos les aterrorizaba la idea de una revolución de izquierda en Brasil. Los inversionistas extranjeros estaban en pánico por la perspectiva de que Brasil incumpliera el pago de su deuda externa.

La conducta del Fondo Monetario Internacional fue, esta vez, excepcional, ya que hizo un buen trabajo al dar financiamiento provisional al país y apoyar políticamente a Lula tras las elecciones. Por su parte, Lula adoptó políticas macroeconómicas ortodoxas y dio pasos para mantener bajo control el déficit presupuestario, con lo que logró detener la ola de pánico. Las proyecciones de mercado para el crecimiento de Brasil son cercanas al cuatro por ciento para este año.

Pero hay en juego algo más profundo que las acostumbradas olas de euforia y de pánico en los mercados financieros internacionales. Gran parte del crédito por los resultados de Brasil le pertenece no a Lula, sino a su predecesor, Fernando Henrique Cardoso, presidente de Brasil de 1992 a 2000.

Creo que FHC, como se lo suele nombrar, merece un reconomiento por cuatro contribuciones clave.

La primera es que, durante su gobierno, Brasil abrazó con firmeza los derechos humanos, no sólo con las elecciones democráticas, sino en términos de justicia económica para los afrobrasileños e indígenas, que por largo tiempo habían sufrido por la discriminación. La educación pública ya empieza a incluir de modo más generoso a los grupos postergados y las organizaciones indígenas ganaron una dura lucha por los derechos de sus tierras en la Amazonia.

En segundo lugar, Brasil está entrando en la economía global del conocimiento. Durante la mayor parte del siglo XX, las elites brasileñas pensaban que se las podían arreglar muy bien sólo con la explotación de sus recursos naturales. Ahora saben que también se necesitan educación secundaria para todos y una amplia capacitación de nivel universitario.

Como consecuencia de las reformas realizadas por Cardoso, la matrícula en la educación secundaria aumentó del 15% en 1990 al 71% en 2000, y las universidades están mejorando la enseñanza. Durante décadas, la mayor parte de América latina desatendió las inversiones públicas en investigación y desarrollo, mientras que los países del este asiático invertían con decisión en este rubro. Cardoso nombró una serie de notables ministros de Ciencia y Tecnología y el gobierno, finalmente, comenzó a gastar más en investigación y desarrollo.

Brasil se está haciendo conocido no sólo por su jugo de naranja, sino por exportaciones de naves aéreas, como los jets Embraer, que ahora compiten con los estadounidenses y con los de países europeos por el mercado regional de viajeros frecuentes.

En tercer lugar, Brasil está saliendo del aislamiento económico y se encuentra en competencia en los mercados mundiales, más que preocupado por la protección del mercado interno.

Durante decádas, la proporción de las exportaciones de Brasil con respecto a su producción total era una de las más bajas del mundo. Esto, finalmente, está cambiando. La relación entre exportaciones y producción ha subido del ocho por ciento en 1990 a un trece por ciento en 2001.

En cuarto y último término, Brasil se está concentrando en la salud y en la productividad de su propio pueblo. Durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, Brasil fue un pionero en dar respuestas eficaces a la epidemia de sida, al garantizar el acceso a las medicinas antirretrovirales y proporcionar de modo generalizado consultas y análisis para detectar el virus. El héroe de esta iniciativa, el doctor Paulo Teixera, está ahora en la Organización Mundial de la Salud ayudando a liderar los esfuerzos mundiales contra el sida.

Brasil también ha mejorado radicalmente la salud infantil y las tasas de mortalidad de niños pequeños ha caído abruptamente de 60 por mil en 1990 a 36 por mil en 2001. La tasa total de fertilidad en el país sudamericano (la cantidad promedio de nacimientos por mujer) ha bajado notablemente, también: de 2,7 en 1990 a 2,2 en 2001. Con más niños sobreviviendo y llegando a adultos, las familias pobres están eligiendo tener menos hijos e invertir más en su salud y educación.

El resultado económico de Brasil puede tener potentes efectos positivos en sus vecinos, especialmente sobre los países de la región andina, que se encuentran en dificultades y están luchando por salir de ellas. Este es el escenario más probable, aunque todavía es demasiado temprano como para cantar victoria.

Brasil todavía enfrenta enormes desafíos. Lula tendrá que consolidar lo hecho por Cardoso. Se debe afianzar la estabilidad macroeconómica y tener bajo control, de manera decisiva, los déficit presupuestarios. Se debe reforzar el consenso político en favor de la educación universal, el comercio orientado hacia el exterior, la salud para todos y una economía orientada a la ciencia y la tecnología.

Además, Brasil tiene que prestar más atención al manejo ambiental, especialmente en la frágil pero importantísima región del Amazonas, si desea un desarrollo económico sustentable y de largo plazo.

Para que Brasil desempeñe un papel mayor como líder económico regional, se necesitará ampliar los mercados y lograr una mayor cooperación con sus vecinos en proyectos de infraestructura adecuados. Grandes desafíos, de hecho, pero Brasil parece estar con ánimo de superarlos.

El autor es profesor de economía y director del Earth Institute en la Universidad de Columbia.


Fuente: diario El País, de Madrid, España; 8 de febrero de 2004, Negocios, p. 2.