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Asunto:NoticiasdelCeHu 177/04 - El desafío estructural de Brasil
Fecha:Jueves, 12 de Febrero, 2004  02:29:11 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 177/04
 
 

                                                                 El desafío estructural de Brasil

                                                                                                                                                           Jorge Castro


El gobierno del presidente Lula y del Partido de los Trabajadores superó la profunda crisis experimentada por Brasil en 2002 y logró recuperar la credibilidad que el país había perdido frente al sistema financiero internacional. Los datos de la actual situación de Brasil son reveladores. El C-Bond, principal título de la deuda externa brasileña, es negociado en este momento con un descuento inferior al siete por ciento de su valor nominal. La tasa de riesgo país cayó más de un 50% desde 2003 y, tras alcanzar los 2400 puntos básicos en octubre de 2002, hoy está en menos de 430 puntos básicos. El índice Bovespa, de la Bolsa de San Pablo, se ha valorizado en más del 40% desde enero de 2003 y hoy se encuentra un 18% por encima del valor de diciembre de 2001, en términos reales. Finalmente, la tasa de interés de referencia establecida por el Banco Central de Brasil, la Selic, pasó del 26,5% en febrero de 2003 al 16,5% en estos días.

El desafío principal que enfrenta ahora Brasil no es la superación de la crisis. Este es un logro que, en lo esencial, quedó atrás. Hoy el problema es el histórico-estructural del país en la etapa de globalización del sistema capitalista mundial: su posibilidad -o, mejor, su imposibilidad- de crecimiento sostenido con una tasa elevada en el mediano o largo plazo.

Las perspectivas económicas de largo plazo en 2004 no son distintas de las del promedio obtenido durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002). La tasa potencial de crecimiento de Brasil fue, entonces, del dos por ciento anual acumulativo, en condiciones de baja inflación y equilibrio en las cuentas externas. A su vez, las perspectivas de 2004, con una tasa de expansión prevista de 3,5 al cuatro por ciento en el año, muestran, en este sentido, que la tasa de interés real de Brasil, en equilibrio, en el largo plazo, difícilmente pueda alcanzar un nivel inferior al 9% anual, debido a las condiciones y monto de la deuda pública, tanto interna como externa.

El contexto histórico de la actual situación brasileña es el siguiente: Brasil prácticamente no creció en los últimos 20 años. En las últimas dos décadas, el aumento del PBI per cápita fue prácticamente nulo: 0,4% anual acumulativo. Desde 1970, los indicadores brasileños de desigualdad en la distribución de la renta, una de las tres más extremas del mundo, siguen prácticamente iguales. El 10% más rico de la población se apropia del 50% de los recursos nacionales, mientras que el 50% más pobre sólo recibe el 10%. Asimismo, el número de pobres e indigentes permanece constante entre 1970 y 1993, con una reducción del 20% a partir del Plan Real.

Brasil experimentó durante las presidencias de Getulio Vargas (1930-1945 y 1950-1954), Juscelino Kubischeck (1955-1960) y el régimen militar que duró 21 años (1964-1985) un largo y exitoso periodo de desarrollo industrial orientado al mercado interno, a través de la sustitución de importaciones con eje en el Estado como centro del proceso de acumulación. Durante esos años, el PBI creció un 5,5% por año y la población aumentó un 2,6% anual, lo que significa que, entre 1930 y 1980, el PBI per cápita se incrementó el tres por ciento anual, uno de los aumentos más altos del mundo en ese período. La industrialización brasileña se aceleró después de 1950, durante el segundo gobierno de Vargas. El resultado fue que la renta por habitante de Brasil pasó del 15% del PBI per cápita de los Estados Unidos en 1950 al 30% en 1980, y luego comenzó a declinar de manera sistemática.

Por su parte, el indicador decisivo de la economía moderna -aumento de la productividad- creció en el período 1931-1980 a una tasa anual promedio de entre 1,6% y 2,8% y luego, entre 1980 y 1993, antes del Plan Real, tuvo un crecimiento negativo o prácticamente inexistente (-0,7% a 0,65% anual), acompañado por una reducción significativa de la acumulación de capital, principal impulso del crecimiento brasileño entre 1930 y 1980.

Finalmente, Brasil tiene uno de los niveles más altos del mundo, comparado con países con rentas per cápita semejantes a la suya (5000 dólares anuales), en la participación del Estado en el PBI. Hoy es el 32% del PBI y, si se le suma el pago de los intereses de la deuda, alcanzaría el 38%.

La evidencia indica, en suma, que Brasil no crece en la etapa de globalización de la economía mundial mientras que fue uno de los ejemplos más notables de crecimiento en la etapa previa (1930/1980), a través de un formidable proceso de expansión industrial orientado al mercado interno. La comparación con China en los últimos 20 años es significativa. China creció desde 1978 a una tasa anual acumulativa superior al 8% anual y en ese período cuadruplicó su producto interno y triplicó su renta per cápita.

2004 será un año de expansión mundial, liderada por el impulso de Estados Unidos y de Asia-Pacífico, con eje en China. Esta recuperación revela una nueva forma de acumulación global del capitalismo, resultado de la integración creciente entre la explosión de productividad norteamericana y la revolución industrial en China, convertida en la principal proveedora de productos industriales de Estados Unidos.

En este nuevo mundo, con una nueva onda larga de acumulación capitalista, la restricción decisiva de Brasil se encuentra en su sistema político, responsable de la realización o del freno a las reformas estructurales que le permitan volver a crecer sostenidamente, revirtiendo la imposibilidad estructural de los últimos veinte años.

El autor es presidente del Instituto de Planeamiento Estratégico.


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 9 de febrero de 2004.