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Asunto:NoticiasdelCeHu 150/04 - El cambio de Paradigma
Fecha:Domingo, 8 de Febrero, 2004  21:29:22 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
NCehu 150/04
 
                                                                                                                              Notas relacionadas: NCeHu 140 y 148
 

 
 
                                 Con presiones no se resolverá el problema

                                                                                                                              Roberto Lavagna


Hace unos días señalé en un artículo que el "caso" de la deuda argentina enfrentaba una coyuntura externa particular, más allá de las complejidades propias de una enorme y dispersa deuda heredada del derrumbe de la convertibilidad.

En efecto, Estados Unidos, tal como prometieron sus políticos en la última campaña electoral, ha fijado una nueva política (que en lo personal he defendido desde mediados de los años 90), destinada a combatir el "riesgo moral" propio de ciertas actitudes de la década pasada.

Actitudes que consistían en concurrir con fondos públicos al salvamento de inversores privados. Lamentablemente, no todos los miembros del mundo desarrollado, y del G-7 en particular, parecen compartir este criterio o, al menos, no lo han comprendido plenamente. Esta doble visión entre quienes plantean un "nuevo paradigma" (no la Argentina, sino Estados Unidos) y quienes siguen aferrados al "viejo paradigma" de los 90 crea tensiones y confusión en todos los organismos financieros multilaterales.

Así, por ejemplo, en el "caso" argentino piden una negociación "amistosa" con los acreedores como en los tiempos en que había fondos frescos para hacer esas reestructuraciones.

El dilema

El problema es que ahora no sólo no existen estos fondos frescos, que son requisito indispensable para despertar el interés de los privados, sino que los organismos multilaterales de crédito han decidido ser los primeros en cobrar.

Esta es la circunstancia en la que se encuentra la negociación argentina hoy, habiendo pagado más de 6000 millones de dólares netos y bajado la exposición ante los organismos por vez primera en más de una década, y debiendo enfrentar 152 bonos diferentes en default heredado, emitidos en varias monedas, en varias jurisdicciones legales diferentes y con una fuerte colocación o reventa hecha a inversores minoristas.

Aquí aparece el dilema entre sustentabilidad de la reestructuración o aceptabilidad. El punto de intersección entre ambos conceptos es en teoría el punto óptimo. En la práctica hoy esa intersección no parece existir.

En los 90 importaba la aceptabilidad de los mercados y se ponía plata para lograrla. En esta década el principal accionista, Estados Unidos, piensa diferente y no está dispuesto a poner masivamente fondos frescos para comprar aceptabilidad. Tampoco el gobierno argentino lo quiere porque las experiencias de las renovaciones y reestructuraciones permanentes de los 90, "blindajes" y "megacanjes", sólo sirvieron para aumentar la deuda hasta niveles estratosféricos .

Hay que buscar en consecuencia un nuevo punto de intersección. En este caso, entre sustentabilidad y creación y recuperación de valor. No puede haber una sucesión infinita de reestructuraciones.

Esta vez -ante la gravedad de los errores cometidos en los 90- hay que partir de un nuevo nivel de deuda que sea sustentable, sustentable en el tiempo. En otras palabras, que sea compatible con la real capacidad de pago de la sociedad.

A su vez, si la capacidad de pago "básica" de la sociedad es definida en términos tales que permita el crecimiento sostenido y estable, países con la estructura social, económica y de recursos naturales y humanos como el nuestro, pueden superar las hipótesis básicas.

Nuevo paradigma

En otras palabras, pueden crear valor "adicional" que permita recuperar parte del valor que pudiera haberse perdido en el momento inicial de la reestructuración. Esta es la apuesta sobre la que Argentina trabaja.

El criterio de ganar aceptabilidad a costa de contar masivamente con dinero fresco aportado por los países desarrollados no está disponible. Si bien el "nuevo paradigma" aún no emergió totalmente, está claro que el "viejo paradigma" ya no opera internacionalmente como en los 90.

El criterio de ganar aceptabilidad a costa de perder sustentabilidad es simplemente un parche. No nos conviene a nosotros como país ni le conviene al sistema financiero internacional.

Los temas serios, como es éste, no se resuelven con acusaciones, ni con presiones, ni con histeria.

Se resuelven -en bien de todos- con la cabeza fresca para entender tanto los cambios que está habiendo en el contexto internacional como las realidades políticas, sociales y económicas de quien se encuentra en situación de reestructuración. En este caso puntual, nosotros.

El autor es ministro de Economía de la Nación. Con presiones no se resolverá el problema


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina; 4 de febrero de 2004.