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Asunto:NoticiasdelCeHu 154/04 - Lecciones olvidadas de la Gran Depresión
Fecha:Lunes, 9 de Febrero, 2004  02:36:12 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
NCeHu 154/04
 
 
NRCeHu: Ricardo Arriazu es un hombre influyente, un miembro del "establishment", un conspicuo asesor, un profesional  de consulta. Se le atribuye hace más de un cuarto de siglo el haber sido el factótum del programa del 2 de abril de 1976, el del super-ministro José Alfredo Martínez de Hoz. También se lo ha vinculado a los banqueros Rhom -los "socios"  de David Mulford- y a su banco, el ahora caído en desgracia Banco General de Negocios. Hoy, en carácter de columnista, analizando el cuadro de la crisis mundial, este economista, propenso a ser motejado como "neoliberal", nos deja entrever su desenfadada nostalgia por la "gloriosa" posguerra, en su carácter de cuasi converso regulacionista. Es el tiempo nuevo.   
 
                               
                      
    Lecciones olvidadas de la Gran Depresión
 
 Es útil recordar la crisis que estalló en 1929. Cuando los movimientos volátiles de capitales superan por amplio margen las transacciones comerciales, la cooperación internacional es más necesaria que nunca.

                                                                                                                                                          Ricardo H. Arriazu



Algunos analistas han alertado acerca de la similitud del comportamiento de los mercados mundiales con los que prevalecieran antes de la "gran depresión". Si bien no comparto esta visión apocalíptica, me parece adecuado recordar lo que ocurrió en esa oportunidad y evaluar si la comunidad internacional está olvidando algunas de las lecciones que nos dejó dicha crisis.

La "gran depresión" tuvo su origen en la caída de los precios agrícolas en 1928, estalló el 29 de octubre de 1929 con la caída de los precios de las acciones en la Bolsa de Nueva York y se transformó con el tiempo en una crisis política que culminó con el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

La generalización de la crisis fue casi instantánea. Entre 1929 y 1933, el PIB norteamericano se redujo en un 30%, los precios agrícolas en un 60% y la inversión privada en un 85%, al mismo tiempo que el desempleo se elevó de un 3,2% al 25%. Como parte de las inversiones en la Bolsa se habían realizado con recursos prestados por instituciones financieras, la caída en el precio de las acciones hizo imposible su devolución, transformando a la crisis bursátil en una crisis financiera con corridas y la quiebra de 9.000 entidades financieras. La reducción de los ingresos y el pedido de cancelación de créditos por parte de las entidades en problemas llevó a una drástica reducción de la demanda de todos los bienes y servicios, extendiendo la crisis al sector productivo. Las políticas fiscales y monetarias contribuyeron a agravar la recesión.

La internacionalización de la crisis fue muy rápida por la gran dependencia de la economía mundial respecto de la norteamericana y la existencia de graves desequilibrios en el sistema internacional de pagos. La reducción de la demanda agregada en los EE.UU. redujo sus importaciones y fue acompañada por un fuerte reflujo de capitales. En un solo año, el valor del comercio mundial se redujo en más del 80% y los precios agrícolas se desplomaron. El pánico financiero y bancario norteamericano se contagió a Europa y llevó a la quiebra a numerosas instituciones en varios países.

Los problemas generalizados de balanza de pagos incentivaron las presiones sobre varias monedas y el uso de restricciones al comercio y a los movimientos de capitales. Muchos economistas aconsejaron a estos países que devaluaran sus monedas. En setiembre de 1931, Gran Bretaña abandonó el patrón oro, decisión que obligó a otros países a devaluar sus propias monedas. Estas acciones sólo sirvieron para acentuar las caídas en los niveles de demanda y para tratar de transferir los problemas a otros países. El uso de "devaluaciones competitivas" (devaluaciones excesivas que toman en cuenta la reacción de los otros países) llevó a nuevos fracasos y, en desesperación, a la libre flotación de la cotización de muchas monedas.

El fracaso de estas políticas se debió a que no atacaban lo esencial del problema: la baja en los niveles de demanda por el efecto combinado de la reducción de los ingresos y el temor a un futuro incierto.

Al terminar la guerra, la comunidad internacional decidió que era importante crear un nuevo sistema económico y político basado en la cooperación internacional. En lo económico, este sistema estaba basado en tres pilares fundamentales:

  • Un código de conducta que limitaba las decisiones unilaterales de los países y rechazaba las políticas que habían profundizado la crisis. Se decidió implementar un sistema de paridades fijas en donde los países tenían que pedir permiso para devaluar y en el que estaban prohibidas las devaluaciones competitivas. Se acordó desmantelar gradualmente las restricciones comerciales y financieras. El único punto de desacuerdo fue en lo referente al control de los movimientos de capitales
  • La creación de un foro de alto nivel en el que los países pudieran coordinar sus políticas económicas y discutir sus diferencias.
  • La creación de un "fondo" de reservas destinado a combatir en forma conjunta los movimientos especulativos de capitales.

    Para administrar este sistema se creó una institución que tomó el nombre de Fondo Monetario Internacional. Lamentablemente, en menos de dos décadas los principios de este sistema dejaron de ser operativos. El foro fue sustituido por grupos más reducidos integrados exclusivamente por los grandes países (hoy, el G-7). El código de conducta fue destruido cuando los EE.UU. abandonaron el sistema y decidieron impulsar un sistema basado en la flotación de las monedas. El fondo de reservas pasó a ser insignificante frente a los masivos movimientos de capitales al no aprobarse los incrementos necesarios en las cuotas en el FMI. Esta institución perdió gran parte de su importancia, actualmente acotada al llamado proceso de "surveillance" (monitoreo) y al financiamiento discrecional de las crisis de países medianos o pequeños.

    A pesar de que muchos críticos abogan por la simple supresión de los organismos internacionales, la verdad es que en momentos en los que los movimientos volátiles de capitales superan por amplio margen las transacciones comerciales, la cooperación internacional es más necesaria que nunca y los tres principios fundamentales de Bretton Woods siguen teniendo tanta validez como al final de la guerra.

    Fuente: diario Clarín, de Buenos Aires, Argentina; 8 de febrero de 2004, p.30.