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Asunto:NoticiasdelCeHu 79/04- LIMA
Fecha:Jueves, 22 de Enero, 2004  23:49:49 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
 
 
NCeHu  79/04
 
 
 

 
 
 
                                                     LIMA
 
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    Raimundo López
Esta enorme ciudad que alberga a casi un tercio de los peruanos, llegó casi con indiferencia a los 469 años de su fundación española, con su carga de esperanzas y frustraciones, riqueza ampulosa y amarga pobreza.


Con una superficie de dos mil 670 kilómetros cuadrados y una población estimada en unos ocho millones de habitantes, está considerada la séptima ciudad del mundo, muy diferente al modesto caserío fundado por el conquistador Francisco Pizarro, el 18 de enero de 1535, con el pretencioso nombre de la Ciudad de los Reyes.

Quizá con la espada, Pizarro trazó, frente a los 38 compatriotas que le acompañaban y la mirada atónita


Palacio de Gobierno en Lima

de los aborígenes del lugar, las 117 manzanas donde hoy se levanta su centro histórico, en las cercanías del río Rímac, hablador, en la lengua de sus primeros habitantes.

Algunos historiadores creen que de una confusión en la pronunciación del nombre de esa corriente de agua que viene de Los Andes, surgió su nombre actual.

Sede, luego, de un rico virreinato, la ciudad vivió siglos de opulencia, la época del tránsito del oro y la plata hacia la lejana España, que las clases ricas plasmaron en las obras de sus hijos más preclaros y dedicados al estudio.

Recordemos que la dulce Lima, la ciudad de los perfumes, de los jazmines y los sahumerios, de las albercas de azulejos y los floridos claustros regalones, fue hija de heroicos y duros

guerreros, escribió el investigador José de la Riva-Agüero.

Otros, más próximos a la miseria de los desheredados de la Tierra, la evocan con otra visión. Fundada por un extranjero, por un conquistador, Lima aparece en su origen como la tienda de un capitán venido de lejanas tierras.

Criatura de un siglo aristocrático, nace con un título de nobleza, apuntó en cambio el luchador social José Carlos Mariátegui.

Lima la horrible, 24 de julio o


Balcón típico limeño

agosto de 1949, fechó César Moro, una de las cumbres de la lírica peruana, su poema La tortuga ecuestre, pero más por las persecuciones políticas de gobernantes, que por culpas de la ciudad.

El poeta Rubén Darío fue fascinado por la belleza de la mujer limeña, a quienes describió como las andaluzas de América. Id en las tardes de paseo, cuando están las mujeres entre los árboles y las rosas, como en una fiesta de hermosura, o en concurso de gracias dominadoras y gentiles, invitó en Crónica Literaria.

Otro célebre escritor, Herman Melville, en su clásico Moby Dick, la evoca, quién sabe porqué razón, casi con injusticia:

Y no es enteramente el recuerdo de sus antiguos terremotos, ni la sequedad de sus cielos áridos, que nunca llueven; no son estas cosas las que hacen de la impasible Lima la ciudad más triste y extraña que se pueda imaginar, escribió.

Contradictoria, quedó en la memoria de quienes la vivieron o visitaron, según la experiencia que les tocó vivir, de la mano o alejados de la fortuna.

Hoy, Lima es otra y, a la vez, la misma. Su cielo, casi eternamente encapotado, sólo humedece la ciudad en el largo invierno austral con una densa neblina que le trae el Océano, una imperceptible llovizna, que demora en mojar y los limeños llaman garúa.

Elegantes y nuevos barrios se han levantado para las clases altas y medias, con amplias avenidas y jardines, primorosamente cuidados, siempre verdes y poblados de flores, gracias al agua que le llevan cada tres noches en grandes camiones cisternas.

En los suburbios, sobre la tierra reseca y arenosa, o trepando los cerros, los pobres han levantado sus casas de caña entretejida, en un caos urbano, que con suerte, podrán sustituir con ladrillos de barro, oscuros y sin pintar.

Son los dos extremos, aunque los segundos son muchos más.

Aún en el centro, entre bellos y majestuosos edificios, perfectamente conservados o remozados, perduran, casi por un milagro del tiempo, 12 mil viviendas de gentes que viven en la pobreza extrema.

Lima no escapa a los males de otras grandes urbes: caos del tránsito -carece de tren subterráneo u otro sistema de transporte rápido-, inseguridad en algunas zonas, problemas sociales, contaminación.

En las vísperas de su aniversario, no se anuncian grandes festejos, pero sí promesas de sus autoridades para convertirla en un lugar digno de ser habitado, que muchos siguen escuchando con incredulidad.

Sus gentes, amables y gentiles, hábiles para la palabra y de trato respetuoso, tendrán una nueva oportunidad para, desde y como viven, sentirla suya o ajena.


Fuente: www.argenpress.info , 22 de enero de 2004.