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Asunto:NoticiasdelCeHu 15/04- ' Distancia, escala, políticas de Estado: el regreso del materialismo'
Fecha:Martes, 6 de Enero, 2004  11:59:07 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 

NCeHu 15/04

   

                                      Entrevista a Diego Pérez Santisteban, presidente de la CIRA ( Cámara de Importadores de la República Argentina)


         El abastecimiento externo, vital en el desempeño exportador, inicia el año con buenas perspectivas


Lo que sucedió con las importaciones entre fines de 2001 y principios de 2002 fue como una bomba neutrónica.

"Coincidieron cuatro años de recesión con restricción financiera absoluta (con el corralito y corralón), hiperdevaluación y declaración de default con suelta de papelitos en el Congreso. Cualquier factor de éstos por separado hubiera sido una dura agresión para las compras en el exterior. Y se dieron los cuatro al mismo tiempo", explicó el presidente de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), Diego Pérez Santisteban.

Según el directivo, hasta el surgimiento del corralito, el 70% de las importaciones argentinas se autofinanciaban, "no era ni con cartas de crédito, ni letras avaladas, ni con garantías bancarias, sino crédito empresarial; pero al triplicarse el tipo de cambio, muchos no pudieron pagar porque lo que compraron en el 1 a 1, lo vendieron y cobraron al 1 a 1 y lo depositaron en cuenta de ahorro en dólares que estaba en el corralito o en el corralón y se lo reconocían a $1,40, mientras que a otros se les convirtió en $ 3".

-¿Quién siguió importando bajo esas circunstancias?

-Las filiales de las multinacionales cuya matriz mandaba material asumiendo que si el país no pagaba lo capitalizaba con su empresa en la Argentina, el importador que tenía plata en el exterior (no pesificada) y que podía garantizar el crédito y el que pagaba por anticipado, y nadie más.

-¿Cómo evolucionó la deuda privada con el exterior?

-Todavía hoy estimamos que, de la época del 1 a 1, empresas importadoras argentinas deben al exterior no menos de US$ 2500 millones, repartidos entre más de 3000 empresas, en su inmensa mayoría pymes productivas, industriales y agropecuarias que no pudieron hacer frente a un $ 3,50 por dólar. Hubo un claro default privado. En ese momento las únicas deudas en dólares que no se pesificaron fueron las que emitieron las grandes empresas en plazas del exterior.

-¿Mejoró la situación en 2003?

-Lo que pasa es que la recesión de 2002 se incrementó porque el poder de compra se derrumbó por precios internos que subieron arrastrados por el tipo de cambio, con aumento salarial cero. Es cierto que el tipo de cambio, después de tocar los $ 4 por dólar, empezó a bajar y se ubicó en un valor razonable a mitad del año pasado. Pero el crédito en el exterior quedó prácticamente paralizado y la deuda privada todavía está. Además, en 2003 quedó una brecha todavía muy importante entre los precios internos y el tipo de cambio porque ni los salarios ni las tarifas de los servicios siguieron el ritmo. Como el desbalance entre exportaciones e importaciones y en cuenta corriente era muy grande, obviamente el tipo de cambio empezó a bajar hasta que intervino el Banco Central. De lo contrario tendríamos un dólar a $ 2,30/2,40.

-¿Se recuperaron las importaciones con el cambio más bajo?

-Si. En una primera etapa, con el dólar alto, se trataron de consumir todos los stocks que había. No te olvides del perfil importador de la Argentina: tres cuartas partes se destinan a la producción. Los stocks se fueron comiendo hasta un punto límite que coincidió con el achatamiento del tipo de cambio. Pero ojo, la incorporación de tecnología en la Argentina se detuvo prácticamente en el 98, de ahí en adelante se importó poco y nada de bienes de capital. Durante 2002, si había que traer algo, se lo hacía cerrando los ojos, pero en 2003, cuando empieza a arrancar un poco más el mercado, fue inevitable la reposición de bienes de capital y en insumos intermedios.

-Considerando la participación de las importaciones en las exportaciones, ¿cómo impactó en el sector la mejora de las ventas?

-Las empresas que mejoraron sus exportaciones también necesitaron más insumos importados. El 90% de la gran industria usa al menos algún insumo importado, casi el 70% de las pequeñas y medianas industrias también, así como el 95% de las explotaciones agropecuarias y el 71% de la infraestructura de los servicios públicos. Por esto, la ligazón entre las importaciones y la estructura productiva nacional es muy grande, lo que explica por qué tres cuartas partes de lo que se importa va a la producción (ver página 8). Analizando la evolución de las importaciones, vemos que crecieron desde US$ 600 millones mensuales a US$ 900 millones de dólares a comienzos de 2003 y, luego de mayo y del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), se superaron los US$ 1100 millones. El 2003 concluyó con compras externas por US$ 1400 millones de dólares por mes, que promete ser el piso para 2004. Sin embargo, en 2003 las exportaciones industriales vuelven a caer: las ventas totales crecen un 14% impulsadas por el sector agropecuario, pero las industriales bajan.

Indicador

El directivo dijo que esta caída "es un indicador en sí mismo porque una exportación industrial es la que más financiamiento e insumos necesita".

-Algunos señalan que se detendrá el crecimiento exportador porque la capacidad productiva está estancada. ¿Cómo ve este escenario?

-En realidad, acá pasa lo mismo que con las negociaciones internacionales: por mucho tiempo nos movimos con la Unión Europea y el ALCA bajo el paradigma del single undertaking (nada está negociado hasta que todo está negociado), que implicaba la desaparición de todas las trabas al comercio de los países centrales. Pero era utópico plantearlo así porque, aún siendo exitosa la negociación, no tendríamos la capacidad para abastecer bajo las condiciones del acuerdo. Era mucho más razonable avanzar eliminando algunos subsidios, consiguiendo algunos cupos con arancel reducido, algunas ventajas de acceso, que es lo que está haciendo ahora Cancillería. Sólo con eso vamos a saturar determinados mercados. Estábamos en una pelea principista. Lo mismo sucede con la sustitución de importaciones: por más que se le ponga un arancel del 1000% a los chips de computadoras, nos vamos a morir y en la Argentina no se van a fabricar chips, que sólo se hacen en tres países en todo el mundo. ¿Por qué? Porque requiere volúmenes tan grandes de producción que si no se hacen en series inmensas no es viable. La Argentina es un mercado muy chico, en el extremo del mundo, en el hemisferio equivocado (el gran consumo del universo ocurre en el Norte). ¿Por qué desarrollamos promoción industrial en Tierra del Fuego para fabricar electrónica (que en realidad es armado en un 80%) y no hay un programa de promoción agroindustrial, para exportar aceite de soja en botella y no poroto? Llegamos a tener diez fábricas de autos y no apoyamos a empresas de productos congelados o deshidratados, que es lo que podemos hacer de manera competitiva. Es una cuestión de modelo de país.

-¿Cómo debería ser la política cambiaria más adecuada para favorecer al comercio exterior?

-En principio, deberíamos mantener un tipo de cambio de equilibrio y levemente positivo porque, como estamos lejos, el flete tiene mucha incidencia: hay que calcular cuánto sale poner un producto en Chicago y en Milán y que una vez allí pueda competir con los que vengan de cualquier parte del mundo.

-Todo indica que sin inversiones y crédito es muy difícil proyectar...

-Por eso hay que recuperar la seguridad jurídica y personal; ambas son vitales para la inversión. Así como en el siglo XX la pelea era por la capacidad de producir al menor costo, con la mayor calidad, y vender, en el siglo XXI la pelea será por captar inversiones, y por eso hay que hacer foco en los atractivos. ¿Qué desventajas tengo? Estoy lejos, mi mercado interno es chico, tengo una historia que me condena y una deuda que me complica. ¿Cómo lo compenso? Con políticas de Estado que permitan recuperar la seguridad. Vamos a crecer este año, creo que a la misma tasa que 2003, pero se puede acelerar o desacelerar en la medida en que las condiciones para el crédito en la Argentina mejoren o empeoren. Si generamos más confianza se incrementará el crecimiento, la inversión y el crédito. Cuando la Argentina crece, las importaciones crecen automáticamente y viceversa, porque el 75 por ciento de las compras van a parar a la producción. No hay misterio.

                                                                                                                                                               Emiliano Galli


Fuente: diario La Nación, de Buenos Aires, Argentina, 6 de enero de 2004. Suplemento Comercio Exterior.