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Asunto: | NoticiasdelCeHu "Cuba, hace cuarenta y cinco años" | Fecha: | Jueves, 1 de Enero, 2004 20:50:40 (-0300) | Autor: | Humboldt <humboldt @............ar>
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NCeHu
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El pueblo se lanzó a las
calles
POR JOAQUIN ORAMAS
. AQUELLAS horas finales de 1958 y
del comienzo del Año Nuevo fueron de extraordinaria tensión en Cuba. Las fuerzas
rebeldes combatían en los últimos reductos de la tiranía en Santa Clara,
Yaguajay, Sagua de Tánamo, Contramaestre y Palma Soriano, principalmente. Fidel
estaba a punto de entrar en Santiago de Cuba y proclamaba a todo el Ejército
Rebelde que sólo aceptaran la rendición incondicional del
enemigo.
Mientras tanto, la embajada de Estados Unidos confabulada con el
alto mando militar del régimen fraguaba la creación de un Gobierno provisional
que sustituyera al tirano Fulgencio Batista, quien, poco después de la una de la
mañana del Primero de Enero, huía con sus cómplices y otros esbirros hacia
República Dominicana, donde le esperaba el sátrapa Rafael Leónidas
Trujillo.
Los capitalinos dan vivas a Fidel a su entrada en La
Habana. No se había anunciado la fuga de los criminales de guerra, pero la
población habanera hablaba ya del fin de la tiranía. Muy pocos participaron en
las fiestas de Fin de Año, pero estaban despiertos. La gran mayoría de la
población, harta de tanto crimen e ignominia, sólo esperaba el momento de
ajustar cuentas a los autores de miles de asesinatos de hombres y mujeres
durante siete años de oprobio y corrupción oficial.
Al
amanecer, el ambiente se fue calentando con la ocupación de la Universidad de La
Habana por los estudiantes y la irrupción precipitada en las embajadas de
elementos de las Fuerzas Armadas y distintos ministerios. Alguien, con potente
voz, de pie ante la escalinata de la casa de altos estudios más importante, en
ese entonces, de la República, gritaba: "¡Se fue Batista, Viva la Revolución,
Viva Fidel!"
Como movidos por un resorte, la gente comenzó a salir
de los edificios colindantes portando banderas cubanas y el estandarte rojo y
negro del Movimiento 26 de Julio. Sonaron disparos lejanos por la calle San
Lázaro, que finaliza frente a la escalinata, pero nadie corrió, todos avanzaron
hacia la intersección con Infanta, la Línea Maginot, como la denominaban los
estudiantes porque allí muchas veces chocaron con la policía
batistiana.
El agente que disparaba montó en la perseguidora y se
alejó al comprobar que nadie temía y porque desde otras vías se acercaban
manifestaciones espontáneas dando vivas a la libertad.
Poco
después, las emisoras de radio y plantas de televisión transmitían las palabras
de Fidel Castro convocando a la huelga general contra el intento de la embajada
norteamericana y los militares de frustrar la Revolución.
Los
revolucionarios fueron tomando las emisoras, cuarteles y estaciones de la
policía, el ejército y la marina. Pocos días más tarde, el magistrado Piedra, un
funcionario oscuro que había aceptado presidir el Gobierno provisional fraguado
en la embajada de EE.UU. y que no pudo tomar posesión, presenciaba desde el
portal de su residencia en el malecón de La Habana, la entrada triunfal de la
Caravana de la Libertad con Fidel al frente.
Fuente: www.granma.cu
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