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Asunto:NoticiasdelCeHu 1136/03 - La Construcción del Periurbano y la Apuesta po r el Verde
Fecha:Lunes, 3 de Noviembre, 2003  22:10:21 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Girasol

1136/03
 

LA CONSTRUCCION DEL PERIURBANO Y LA APUESTA POR EL VERDE

                                                                                            Nidia Formiga

 

Las tendencias que predominan en la estructuración del  espacio periurbano tienen como consecuencia la conformación de áreas con rasgos muy particularizadas. Como parte de esta temática, el interés se focaliza en las  áreas residenciales cuyos habitantes priorizan el verde, las parcelas amplias, la tranquilidad y la naturaleza, condiciones que se materializan, especialmente, en los denominados  barrios parque. En el estudio de este proceso en Bahía Blanca se seleccionaron, de un conjunto de entrevistas que se realizaron para estudiar las prácticas espaciales y la movilidad residencial, las que presentaban este tipo de preferencias al localizarse en un sector del periurbano bahiense. El propósito es una aproximación a las prácticas y las experiencias familiares en la construcción y ocupación de este tipo de áreas, así como a las transformaciones que se evidencian, en el transcurso del tiempo, por la influencia de las nuevas formas de producción y consumo  vinculadas a la globalización.  

 

La dinámica urbana

La materialización de la producción de suelo urbano, en áreas de expansión, se realiza a través de los amanzanamientos, los  loteos y de las vías de circulación, en tanto la ocupación del suelo se concreta en la continuación del tejido urbano, a medida que avanza la construcción de edificaciones y comienzan a desarrollarse los usos vinculados  a las actividades urbanas y periurbanas.

La incorporación de nuevas áreas, requeridas  por el crecimiento físico, supone el proceso de producción de tierra urbana, es decir la transformación de suelo rústico en espacio construido.  En este sentido, los aspectos atinentes a la conformación de la oferta son: a) la potencialidad del suelo para los distintos usos urbanos y periurbanos, dado que la oferta de tierra  dependerá de las características  topográficas y edafológicas, como determinantes tanto del potencial de uso como de las posibilidades de dotación de infraestructura, que actuarán como freno o impulsor del crecimiento;

b) las restricciones al cambio que resultan de los usos del suelo presentes y sus materialidades; c) los condicionantes impuestos por la estructura de la tenencia de la tierra, que de acuerdo al tipo de propiedad favorece o retrasa (con fines especulativos generalmente) el proceso de  urbanización. Como consecuencia de la  incidencia de estas variables, la particularidad de esta expansión horizontal es que, en la mayor parte de los casos, no se produce sin solución de continuidad, sino que se da como una urbanización  “a  saltos”.

En todo este complejo proceso el dinamismo que  se imprime a  la ocupación del espacio depende, en gran medida, de los intereses que guían a los agentes intervinientes (agentes individuales, promotores inmobiliarios, instituciones y organizaciones, agentes públicos), cuyas estrategias inciden de manera directa  en la organización y la incorporación de las nuevas áreas, particularmente  debido la revalorización del suelo que se produce ante las expectativas creadas al inicio de los procesos.

Considerando el espacio como construcción social,  en la producción de suelo urbano se ponen de manifiesto las desigualdades existentes entre los grupos sociales y que se expresan, materialmente, en las distintas áreas residenciales. “El espacio urbano, como producto social creado para atender al crecimiento de la ciudad, no será neutro ni homogéneo sino desigual y segregador, al responder a las diferencias que, sobre todo por el nivel  de renta, puedan existir dentro del tejido social.“ (Vinuesa - Vidal, 1991, pp.116).

Los requerimientos de espacio se modifican en el tiempo de acuerdo a los cambios tecnológicos y en los estilos de vida (Mignaqui, 1998). Hoy se evidencia una mayor demanda de  espacio periférico  relacionado con áreas residenciales y actividades que reivindican la calidad  ambiental y el paisaje. Como proceso particularizado, la existencia de  externalidades positivas (accesibilidad, paisaje, prestigio social) es condición  necesaria para la formación de las llamadas periferias suburbiales, vinculadas a grupos de ingresos medios y medio-altos, con viviendas unifamiliares que presentan una amplia disponibilidad  de áreas verdes  y en cuya proximidad se ubican centros comerciales  y equipamientos educacionales. Es por ello que, también, se registra una mayor demanda de suelo destinado a vías de circulación jerarquizadas y a complejos comerciales, los que requieren disponer de amplias playas de estacionamiento para una clientela que accede haciendo un uso masivo del automóvil.

 

 

El espacio periurbano

La estructuración del espacio periurbano es determinada por las variaciones en los usos del suelo, que son indicativas del avance de la ciudad, en un proceso que  da origen a un nuevo tejido urbano, flexible y disperso, donde los límites cada vez son más imprecisos  al ir  incorporando áreas rurales más amplias.  “En estas franjas, se producen hoy los cambios morfológicos, funcionales y de población más rápidos y profundos de todo el espacio urbano.” (Zárate M., 1991, pp.142).

En el  caso del espacio periurbano bahiense  se trata de un  proceso de menor intensidad por estar referido a una ciudad mediana y que, por lo tanto, no da lugar a  los complejos fenómenos propios de las áreas metropolitanas; no obstante, se va conformando como un ámbito diferenciado que pone de manifiesto la intensidad variable de los procesos que en él tienen lugar. Las materialidades, en su distribución y composición,  son testimonios  del tiempo acumulado y se presentan como guías en la reconstrucción de procesos y transformaciones. En el caso del periurbano estas materialidades, en sus distintas combinaciones, van dando la pauta  del avance de lo urbano sobre el entorno rural. Al ser la zona de contacto entre estos dos ambientes, adquiere los rasgos particulares de una zona de transición, siendo el factor de transformación la dinámica del crecimiento urbano. De manera que el avance de la ciudad, en su expansión horizontal, transforma los espacios rurales adyacentes  en un proceso que, como indica  Bozzano, se relaciona con  "las diferentes condiciones generales de valorización de capitales que se generan en unos y otros ámbitos; asimismo, el espacio periurbano se estructura para la ciudad porque sus procesos, directa o indirectamente, están en función de ella” (1990,pp. 269).

El proceso de crecimiento urbano está fuertemente ligado al incremento en la accesibilidad de las áreas periféricas, por la extensión del sistema vial. La incorporación de ejes de circulación periférica y accesos dotan de adecuadas condiciones de accesibilidad a estos sectores, lo que se manifiesta en el mercado del suelo por el alza del precio del suelo y  a través de la operación de los agentes inmobiliarios, que incorporan suelo urbano mediante el loteamiento de amplias fracciones de terreno.  También se notará su efecto en la conformación de nuevas áreas comerciales y de servicios, cuya localización estará  influida por el componente social de las áreas residenciales próximas. De tal forma, la expansión de la ciudad se va canalizando a lo largo de los nuevos ejes, que posibilitan desplazamientos rápidos y disponibilidad de transporte colectivo, observándose la concentración  de la ocupación en la proximidad de las principales vías, que llega a alcanzar densidades relativamente importantes (Ciccolella, 1999,pp.13).

 

 

LAS EXPERIENCIAS EN LAS AREAS  RESIDENCIALES

 

En la síntesis de la actividad cotidiana, que pone de  manifiesto las peculiaridades de los comportamientos individuales y las relaciones espacio-tiempo, se estructura el espacio social. En él se destacan los lugares, dado que allí  se desarrollan las relaciones sociales establecidas sobre una base territorial. Si bien en la diferenciación del espacio son importantes los componentes morfológicos, por su incidencia en las percepciones individuales y en la generación de las imágenes colectivas, también influyen las condiciones personales respecto a la posición en la estructura social  y los aspectos culturales. De las prácticas espaciales surge, entonces, un conjunto de significados dominantes vinculados a  las distintas áreas urbanas, que son de importancia para comprender la valorización de los lugares, la percepción  y los comportamientos de los habitantes.

 

Tomando como caso de estudio un sector de la ciudad de Bahía Blanca, se seleccionaron las experiencias de seis familias que se presentan a continuación, por considerar que son representativas de  las motivaciones de la movilidad residencial así como de las relaciones que se establecen al localizarse en un área periurbana, las que evidencian las transformaciones que se producen en el proceso de construcción  y reconstrucción de espacio.  Como el área de referencia es el barrio parque, se incluyeron casos de Patagonia y Palihue y  las entrevistas fueron realizadas a Ana, Silvina, Lorena, Cristina , Alicia y Elsa. En el caso de Alicia, la familia tiene residencia en el centro y en el barrio parque. Se incluye la experiencia de Elsa, que vive en un sector muy próximo a Patagonia, por considerar que comparte  la preferencia por el verde en la decisión de la movilidad residencial, aunque no corresponde a un barrio parque. De acuerdo al tema se optó por entrevistas no estructuradas, con la intención de captar la experiencia de  familias que representan diversos tipos de hogares y  situaciones socioeconómicas,  las que se realizaron en los años 1999 y 2000.

 

Las experiencias son diversas en cuanto a las relaciones que se establecen con los vecinos, en el lugar en que viven, aun cuando las personas presenten  condiciones de vida similares o que se localicen en el mismo barrio. De allí que se pueden plantear tres tipos de situaciones para encuadrar los casos en estudio: una adecuada integración, aquellos que no establecen casi relaciones con sus vecinos, la residencia alternativa y la vecindad en barrios nuevos.

 

Se conforma un ámbito barrial integrado

La existencia de relaciones intensas e importantes con los vecinos, vinculada a un sentimiento de identidad con el  barrio, se encuentra en los casos de Ana y Silvina. Las dos experiencias son significativas en cuanto a la participación en la construcción de un espacio  y   las transformaciones posteriores.

 

 Ana cuenta su experiencia en Palihue, lugar al que llega con su esposo en la búsqueda de un espacio verde, hacia fines de los años sesenta. “Fue casual la llegada a Palihue, porque nos convino económicamente comprar allí”. Habían comprado un lote en Patagonia que, para entonces, carecía de servicios y escuela. Comenta como factores adversos, además, que tenían que pasar por delante del cementerio, la ruta no estaba iluminada y se encontraba demasiado lejos de la ciudad, por lo cual fueron postergando la construcción de la casa. Entonces surgió, simultáneamente, la oportunidad de un vecino muy interesado en su lote y   la oferta de un loteo a  precios muy convenientes en Palihue, donde se estaban instalando los servicios públicos y pavimentando las calles. Así pudo comprar mucha gente, en la manzana de ellos y en la de enfrente, “se pudieron comprar lotes que estaban más baratos que en Villa Mitre.” Obtuvieron un valor tan bueno por la parcela de Patagonia, que compraron en Palihue y pagaron parte del proyecto de la casa. "Después, despacio, fuimos construyendo la casa. A medida que crecía la casa, crecía la familia."

Coincidió que vivían en el barrio muchas familias de la edad de ellos, en algunos casos conocidos de la infancia o compañeros de la Universidad, así que hubo mucha convivencia. “Se crearon lazos de amistad también entre los chicos, no sólo de los adultos que nos conocíamos desde antes” y que se han mantenido a lo largo del tiempo.

A medida que la familia iba creciendo, uno de los mayores inconvenientes que tuvo fue la distancia. Allí siempre se requiere un segundo coche porque los chicos están con mucha actividad (aunque asistan a la escuela del barrio), con la práctica de deportes, estudio de idiomas, etc. “La mamá se transforma en mamá-taxi; es una de las características de las madres allí, que se ven salir y entrar.” Supone que tal vez, en su caso, influyó más la ubicación de la casa, que no está cerca de la entrada. “Ahora mejoró muchísimo el servicio de ómnibus, pues antes era muy malo, pasaba cada hora.”  Con la apertura de los shoppings y la Escuela de Agricultura y Ganadería que está en Sarmiento, el  servicio se presta con mayor frecuencia; más bien, ahora  los vecinos se quejan por exceso de movimiento.

Ellos participaron mucho en la comisión de la Sociedad de Fomento del barrio en los primeros años y en las cooperadoras, tanto del jardín de infantes como de la escuela. El esposo fue varios años presidente de la Cooperadora de la escuela, cuando se construyeron varias aulas y el gimnasio (muy amplio, lo utilizaban también los padres fuera del horario escolar) y un centro de reunión. Ahora están alejados, pues ya no tienen niños en edad escolar y están muy ocupados, pero cuando pueden participan. [ Se nota el interés por los asuntos de la comunidad]

Pero el proceso no ha continuado igual y señala los cambios que se observan en el barrio y las etapas de consolidación: al entrar al barrio, está el sector viejo, de las casas tradicionales, de las familias que crearon un tipo country - casas más abiertas, más bajas, más verdes - “con la idea de alejarse”. Son familias que permanecen en el barrio aunque sus hijos se han marchado. En otros casos se observa la continuidad en la preferencia por el lugar y la disponibilidad de recursos,  ya que los hijos han tenido oportunidad de comprar allí, también, lotes. ”Después de las ventas masivas, quedaron pocos lotes y las casas que se están construyendo ahora son muy costosas, ‘tipo Dallas’. Y las familias que vienen a vivir allí también son jóvenes, con muchos chicos, tienen su 4 x 4. Es otro nivel, no el de profesores universitarios como era el nuestro, en los inicios.” También algunos hijos de las familias que compartieron  la misma etapa de construcción del barrio que ellos, que se  han casado, han comprado lotes en un sector que es extensión de Palihue, en un triángulo entre la Universidad, la antena y el barrio, que ahora se encuentran gran parte en construcción.  Hoy el barrio se ha consolidado, se compactó, y los pocos lotes que  quedaron  no están en venta  porque los reservan para algún hijo, o bien, especulan con la tierra. Por otro lado, Ana señala que se notan los efectos de las nuevas técnicas constructivas. “Uno nunca termina de hacerlo y otros la hacen de repente. Uno pasa por un terreno baldío y, a los tres meses, está una casa hermosa con el cesped.”

Hay loteos contiguos que se parecen, pero tienen otras condiciones, como el establecer un menor tamaño de los lotes y se permiten medianeras, que es el caso de Altos del Palihue o el Barrio Golf (entre San Andrés y el Club de Golf).

Se muestra una cierta tendencia a quedarse, en los hijos, a continuar en un área residencial semejante. Pero también se observa mucha movilidad, aunque Ana reconoce que ellos han tenido suerte de mantener los mismos vecinos,  durante mucho tiempo. Un fenómeno reciente es el alquiler de casas. “A medida que la ciudad crece industrialmente, hay más gente con poder adquisitivo que busca el espacio verde.” Y, como ejemplo, menciona el caso de unos amigos que alquilaron su casa, completa, amoblada, a una multinacional de uno de los nuevos emprendimientos. La ocupará uno de sus ejecutivos que  viene solo porque su esposa, también empresaria, desarrolla su actividad en USA. Por este motivo, alternará su estada  entre  Bahía Blanca y USA, un mes en cada lugar, pero quería estar cerca de un campo de golf. “Ya no es el mismo tipo de gente. Son familias desestructuradas, un poco por el tipo de actividad que están desarrollando. Ya no es el mismo ambiente, tienen otras costumbres inclusive.”

Estas nuevas situaciones representan un gran cambio en el sentido de la vivienda para un barrio de este tipo, que se concibió como vivienda permanente y estable; forman parte del proceso de desapropiación del cotidiano. La explicación se relaciona con el hecho de ser una oportunidad económica, porque pagan alquileres muy altos o porque hay problemas económicos.  Pero, por otro lado, también tiene relación con las etapas del ciclo familiar, cuando los hijos dejan el hogar paterno y la casa resulta demasiado grande.

En el caso de la familia de Ana, a veces los acongoja la casa tan grande, ahora que dos de sus hijos se han ido. Han pensado en alquilar e irse a un departamento, más adecuado a sus necesidades actuales y cuando proponen firmemente irse, los hijos les reclaman,  "¿y los nietos, dónde van  a jugar?"

 

El caso de Silvina y su esposo es interesante porque los muestra como pioneros en la construcción de un espacio. Silvina se refiere a su experiencia en Barrio Patagonia y expresa  que “vivir aquí es un privilegio. Para nosotros  es un..., no se, nos cambió la vida”. Cuenta que fueron a Patagonia hace 16 años, cuando “era como ir a hacer patria, porque casi no había servicios”. Eran pocos los vecinos que vivían allí y había algunas casas de fin de semana.

A medida que expone su experiencia, se pone de manifiesto  la integración de la pareja al trabajo conjunto de los primeros vecinos para lograr el acondicionamiento del barrio y la dotación de servicios.

En los primeros años participaban mucho en la Sociedad de Fomento porque estaba todo por hacer. “Era como un pueblito, se hacían asados comunitarios en el surgente de Macagno, donde ahora están loteando.” Particularmente la instalación del gas, a fines de los ochenta, marcó un cambio  y comenzó a registrarse un proceso de ocupación mucho más rápido. Vivir en Patagonia es caro, especialmente en invierno por el alto consumo en calefacción y, también, por las distancias; generalmente, se requiere más de un vehículo.

Silvina advierte un cambio en la estructura del barrio, en el tipo y calidad de las viviendas, porque ellos compraban casas existentes, construcciones sencillas,  para refaccionar. También en este caso surge el comentario sobre las nuevas técnicas constructivas, al acotar que ahora construyen casas de mucho más valor, en 3 o 4 meses, y de muy buen nivel.

Es evidente que se ha hecho mucho en el barrio en los últimos años, dado que el importante crecimiento en la ocupación que se ha registrado fue acompañado de un buen nivel de equipamiento. Como ejemplo, menciona una biblioteca pública, el edificio de E.G.B, con más  de 10 aulas y laboratorios, y el del Polimodal. “El  jardín de infantes, que funcionaba antes en la Sociedad de Fomento, tiene ahora un edificio espectacular.”

Un aspecto que destaca es que, por la normativa vigente, no podían instalarse negocios en el barrio y, entonces, comenzó a desarrollarse sobre 14 de Julio una zona  comercial, donde ahora hay una diversidad de locales. Allí se ubica un supermercado que fue muy importante hasta que ocurrieron dos hechos: la apertura del acceso fácil y rápido por Sarmiento, así como la instalación de los hipermercados en los dos shoppings, que significó una fuerte competencia.  Sin embargo, superado el primer impacto, sigue funcionando bien con la gente del barrio.

Además, en otros aspectos de la funcionalidad del barrio se notan los efectos de la apertura de los shoppings. “Los domingos se incorpora Patagonia a la ‘vuelta del perro’[1]:Palihue, Sarmiento, Patagonia.” En consecuencia, hay mucho tránsito en comparación a años anteriores, “antes, auto que se escuchaba, era una visita”. Considera que ahora está muy urbanizado, “para los que somos campesinos, estamos pensado en Aldea Romana”. A través de sus palabras se constata que están felices y disfrutan muchísimo de la casa. Comenta Silvina que la extrañan y desean regresar cuando van al centro de compras; más aún cuando se van de vacaciones. Tratan de pasar el mayor tiempo posible allí, como es el caso de los fines de semana.

Los hijos también tienen sus amigos en el barrio. Desde hace dos años, más o menos, el lugar de encuentro de los chicos es una esquina de la calle Chequén, que identifican como “la asfaltada” por ser la primera que se asfaltó, al ser una troncal. Son 20 ó 30 chicos que se reúnen y  para que no estén a la intemperie, cuando hace frío o mal tiempo, Silvina acondicionó el quincho de su casa, para que funcionara como lugar de encuentro alternativo.

 

Escasa vinculación al entorno barrial

 

Aquí se agrupan los casos en que, aunque parecen localizarse en un ámbito barrial organizado y relativamente integrado, no se evidencia participación por parte de los miembros de la familia. Las justificaciones que respaldan esta actitud se relacionan con un traslado, más o menos, reciente al lugar, así como con el problema de no disponer de  tiempo. Sin embargo, además de disponer de poco tiempo,  es posible que la falta de participación también se relacione a un cierto desinterés por lo que ocurre en el entorno. Aquí son interesantes las diferencias que se detectan entre la experiencia comentada anteriormente, en Patagonia, con otros hogares más recientes en ese mismo barrio parque y que no se han integrado.

Se pone de manifiesto que las condiciones para la participación e integración no están dadas por el lugar, sino que se conjugan una serie de circunstancias como  el estado de la situación al momento de instalarse, las  motivaciones y el interés personal.

 

Lorena y su familia vinieron a vivir a Patagonia hace 1 año y 8 meses. La motivación, que los llevó a pensar en un cambio, surgió de las condiciones de vida no satisfactorias que  derivaban de vivir en un departamento en el centro. Había mucho movimiento, de autos, de  gente, ruido, smog  y querían un poco más de verde, de libertad y de aire puro. Prefirieron Patagonia porque es más verde, más parque. “La experiencia nos ha resultado bárbara, muy buena, más libertad para las chicas; lo pensamos más que nada  para ellas.” Y, también, por el trabajo estresante que tiene su esposo, necesitaban un lugar así. A él le gusta trabajar con las plantas, estar afuera, cortar el cesped; “la naturaleza le gusta...En el departamento era como que seguía encerrado en el Hospital.”

Lorena destaca el cuidado y el mantenimiento que presta la Sociedad de Fomento a la plaza del barrio, que está frente a su casa. No participan en esa entidad porque "como que todavía nos estamos acostumbrando al barrio y, además, estamos poco tiempo aquí", aunque tienen intención de hacerlo en el futuro. Destaca la labor que lleva a cabo la Comisión y se sienten respaldados por ella, ya que se evidencia que, si necesitan algo, tienen la posibilidad de plantearlo y que serán escuchados.

El traslado de barrio significó un cambio importante, "más trabajo, porque es lejos y la distancia requiere tiempo", dado que las niñas asisten a una  escuela privada del centro y quieren que sigan allí; y,  además, van a patín. “Fue positivo por el verde, por la distracción, el no estar tan pendiente de la televisión  y de la computadora. Pero se necesita más tiempo para llegar a las actividades.”  Un detalle que pone en evidencia la necesidad que sienten los niños de relacionarse con los otros niños del barrio, es que la hija mayor pidió hacer catequismo en la iglesia ubicada frente a   la plaza, muy cerca de su casa. “Ella quiso hacer catequismo en la iglesia del barrio para conocer a la gente de acá, del barrio. Ella lo decidió, para conocer a las nenas que viven acá  y hacer alguna amiga”.

Respecto a las relaciones con los vecinos, su percepción es que aquí parece mejor que en el centro porque están, ”más o menos todos, en la misma situación”. Lo que pasa es que la mayoría trabaja en Bahía y “estamos todos ocupados”.  En su manzana  gran parte de las casas son nuevas y todavía no se han relacionado mucho con los vecinos, pero el trato es ameno. Además, con la vecina se ven cuando salen y entran, ”porque estamos en la misma”. Por eso, los fines de semana  tratan de quedarse para disfrutar de la casa y salir a pasear pues, además, es una actividad que practican muchos vecinos, se ve movimiento en las calles y es muy lindo.

 

Otras connotaciones presenta la  experiencia de Cristina en Patagonia, que  vive aquí con su esposo desde hace cuatro años. En la etapa anterior a este traslado, vivieron en departamentos de la zona céntrica y desde la perspectiva de Cristina, parece que Patagonia está fuera del ámbito bahiense. “Mirá, yo, no volvería a Bahía nunca más. Estoy tan chocha de estar acá”.  Debido a que nació en un pueblo chiquito de la provincia, cuando  vivían en el centro no estaba de acuerdo en venir aquí. Compraron un lote y construyeron sólo la piscina y un quincho. Pero, a medida que comenzaron a quedarse, primero los fines de semana y luego la temporada de verano, comparaba la tranquilidad de este barrio con el ruido del tránsito en el departamento céntrico, que resultaba muy  molesto y los afectaba, especialmente a la noche, para dormir. “Te digo que venir acá, para mí, fue la gloria. Si yo tuviera un banco acá, en la ruta, Bahía nunca más. Yo voy a Bahía a los bancos.” Despacio, han ido completando la casa. Incluso, tienen en  proyecto una ampliación, en planta alta. 

El cambio fue notable en su estilo de vida, pues llegaba el viernes a la noche y sentía desazón, pesadumbre por el fin de semana, en un departamento pequeño. “El domingo  era tétrico. Mi marido dormía y yo me sentaba a mirar televisión”.  Menciona que no le agradan los parques ni lugares cercanos de sierra y mar. “Para ir cerca, lindo, nada. Así que moríamos los domingos encerrados, ahí, todo el día.”  Es evidente que disfrutan de la casa de Patagonia y a Cristina, en particular, le gustan tanto  las actividades al aire libre, en el parque, como estar en el interior de la casa. “Hermoso, es impagable. Yo no lo cambio por nada, así me des un piso en la Avda Alem.”  A pesar de que ha tenido problemas con todos los vecinos, "las relaciones con el resto del barrio, bien". Realiza varias actividades, como gimnasia y pintura, “todo acá, cuestión de no moverme.”  Comenta que se desvincularon de la Sociedad de Fomento porque se olvidó de pagar la cuota, lo que demuestra falta de interés pues, seguramente, en la entidad aceptan que se pague con algún atraso.

Como también tuvo inconvenientes con el sistema de seguridad disponible en el barrio,  se contrató su propio servicio privado. La situación de ellos  es muy particular, pues su esposo hace guardias en el hospital, de noche, y ella se encuentra sola en la casa, de modo que requiere de un servicio de seguridad eficiente. Y este es uno de los tantos aspectos que hace que vivir en Patagonia resulte caro como, también, el mantenimiento del parque, el mayor consumo en servicios. ”Pero sí, el mantenimiento es caro... Con semejante patio, en verano, tenés que tener una luz afuera, una allá, una acá, por seguridad. Cuanto más grande, más luz, más gas para calefacción. Es caro, pero creo que se paga la tranquilidad de vivir. Yo lo pago con gusto.”

Cristina hace referencia a la movilidad  que se está registrando en familias del barrio, señalando dos motivos. Por comentarios que  ha escuchado, se está registrando un movimiento de familias que venden aquí, para  ir a vivir a un lugar más alejado, debido a que  el barrio se ha poblado demasiado. Por otro lado, está el caso de familias que conoce, “que se vuelven a  Bahía”. No es porque no les guste Patagonia, sino porque han crecido los hijos y les requiere muchos viajes al centro, para llevarlos a las distintas actividades: que el colegio, que la fiestita, “entonces, es mucho ir y venir, levantarse a las tres de la mañana para ir a buscar a la nena al  “boliche”, y eso los mata.”  Llega un momento en que se saturan de ser mamá-taxi y papá-taxi.

 

 

Residencias alternativas

 

La preferencia por una localización en el área central parece estar relacionada con la oferta especializada y diversificada de bienes y servicios; el énfasis está en la mínima distancia y el mínimo tiempo; se busca que todo esté cerca. Pero, en primavera y verano,   cuando las temperaturas hacen atractiva la vida al aire libre, la alternativa es la residencia en el barrio parque. 

 

Alicia y Jorge viven hace 14 años en el centro, en el transcurso de los cuales han ocupado 3 domicilios próximos a la Plaza Rivadavia, los dos primeros en alquiler y el actual en propiedad, desde hace unos 7 años; antes vivían en Villa Loreto. Al comentar sobre el motivo del cambio dice Alicia: “la verdad, me cansé de la tierra, de todo lo que tenia que limpiar. Y acá me pareció más limpito, más práctico.”  Con los hijos les pasó lo que a otras familias en situación similar, que se fueron a vivir al centro, “los dos mayores, chochos. La pequeña [en ese entonces tenía 8 años] sufrió mucho, porque extrañó su vereda, su bicicleta, sus amiguitos del barrio. Aquí no hay barrio, no lo suplí con nada a eso. Siempre encerradita, escribiendo; le cambió los juegos. El centro a ella no le aportó.”  En cambio, los grandes estaban en plena actividad con sus amigos, en el lugar típico de los encuentros de adolescentes, que era la peatonal de Alsina.  “Me encanta vivir en el centro. Es cómodo, es práctico, estoy a un paso de todo. Me gusta, te digo, voy a parecer pretenciosa, me gusta desde abril hasta agosto. Después en verano, no me gusta. Me gusta el espacio verde; eso, tal vez, porque vivo en departamento.”

La necesidad de verde en verano fue satisfecha con una casa en Patagonia.

Comenzaron comprando, a principios de los 80, un terreno en Millamapu (enfrente de Patagonia), donde construyeron una piscina y un quincho, en un barrio con muy baja ocupación, en ese entonces; posteriormente, construyeron una pequeña casa. Después, planearon la compra de una casa en Patagonia y, como prueba, alquilaron un verano y les gustó muchísimo; ya hace 2 años que tienen casa propia allí.   

En el edificio del centro reconoce que no hay relaciones de vecindad y, en Patagonia, tampoco se han dado buenas oportunidades: se han encontrado con gente mayor que vive hace muchos años allí y  no salen; una mujer joven, con muchos chicos, que trabajaba todo el día, de modo que sólo saludarse; en el sector actual hay una situación medio conflictiva entre los que viven en forma permanente y prefiere mantenerse al margen. De esa manera, tiene buenas relaciones con todos, que es muy importante porque facilita  que haya más solidaridad ante los problemas de robos que afectan al barrio. Dentro de los cambios recientes, menciona que ha observado una mayor cantidad de gente que circula los fines de semana y el incremento notable de casas que se están construyendo, al entrar desde Sarmiento, en el sector de calle Pilmayquén,  ”lo que creció es impresionante.”  En la actualidad, la pareja está pensando en vender para comprar algo similar que esté cerca de la ciudad, por la familia y por los amigos, pero que resulte más económico. La causa es el costo de mantener una segunda casa, con  el mismo nivel de vida, pues "resulta carísimo". Es un proyecto en el que están pensando y, además, lo están intentando dado que “está bravo para vender en Patagonia”. Cuenta Alicia que cuando ellos compraron, no había casi oferta, compraron lo que encontraron. ”Ahora hay mucha venta y el comentario es que venden porque es muy caro mantenerla”, y menciona los gastos de jardinero, iluminación, etc., lo que pone en evidencia que se notan los efectos de la situación económica en todos lados. Pero, a pesar de estos inconvenientes,  señala que “la combinación departamento en el centro- casa en Patagonia es ideal.”

También agrega, como motivo de venta de las casas de Patagonia, el problema de la distancia y los viajes en el caso de las familias con hijos adolescentes.  Cita como ejemplo el caso de su prima, que tiene la casa en venta, por el problema de los viajes y la necesidad de tener varios vehículos. En su caso también incidió pues, al comprar la casa en Patagonia, Alicia se decidió a manejar y compraron un segundo auto, “porque si no, cómo me trasladaba”.

 

Areas en proceso de ocupación

 

También se detecta una experiencia interesante en el caso de  barrios en formación o áreas de incorporación reciente a la trama urbana, donde se establecen vínculos estrechos entre los nuevos vecinos en el acondicionamiento del barrio, a medida que se incrementa la ocupación del área.

 

Elsa  vive con su esposo en el barrio El Nacional y centra sus comentarios en el proceso de construcción del área, con los cambios que ha ido experimentando desde la  compra del terreno, quince años antes y, en especial, a partir del momento en que llegaron vivir, hace 8 años. La intención era encontrar un lote cerca de Patagonia, porque allí viven sus hijas, y eligieron este lugar de menor valor, cuando recién se estaba iniciando la ocupación. Les gustó este terreno por la ubicación, por el verde que lo rodea. El proceso de ocupación en los años recientes ha sido muy rápido y la calle Agote, desde el cruce con 14 de Julio donde se ubica el refugio de la parada de ómnibus, se ha convertido en el eje principal, donde se concentran las construcciones.

Surge de la conversación, que la elección estaba guiada por la búsqueda de verde, árboles y pájaros, componentes principales del ambiente donde vivían, próximo al Parque de Mayo. Aquí encontraron una oferta similar, apoyada en la arboleda del predio del Club El Nacional. “El  barrio está habitado por personas humildes pero que muestran un gran afán de progreso. Las características del barrio han cambiado, se ha elevado el nivel, referido más a educación que al nivel de ingresos.” Es interesante que al hablar de su experiencia, hace referencia a las características sociales de los barrios en que ha vivido.

Se destaca la participación de Elsa en la construcción y la organización de este nuevo espacio.  El barrio progresó por la acción de los vecinos en la Sociedad de Fomento y el apoyo que recibieron del Delegado Municipal. Hace 3 años que cuentan con gas, agua y luz. “Los cambios  son notorios, ha mejorado mucho el tipo de construcción, la presentación de las viviendas, siguiendo el ejemplo  de quienes se han preocupado por tener lindas casas, como las de dos maestra que llegaron al barrio, que trabajan en la escuela de Patagonia.” A ellos los llaman “los abuelos del chalet”, porque su vivienda, si bien no es grande, está muy bien arreglada y pone en evidencia el aporte del esposo, con amplia experiencia en carpintería de obra.

 En el desarrollo de la exposición queda claro que se han establecido importantes relaciones de vecindad y señala la diferencia con el barrio anterior, Universitario, “donde los vecinos eran de más nivel y las relaciones más formales, menos frecuentes. Aquí la gente es muy humilde y trabajadora, los vecinos son más serviciales”.

Según Elsa, los terrenos han adquirido mayor valor y  el rápido crecimiento que se nota,  ejemplificado en la pronta inauguración del Barrio de Prensa, piensa que traerá más beneficios, como puede ser otro servicio de ómnibus, que pasaría por la calle Remedios de Escalada. Intentos de progreso también se manifiestan en las iniciativas de  vecinos que, en las manzanas próximas,  habían abierto varios negocios, pero con la competencia de los ubicados en el centro comercial de 14 de Julio,  tuvieron que cerrar y sólo quedaron dos.

La actividad cotidiana de la familia está centrada en la vivienda y disfrutan de una situación confortable. A través de sus comentarios se evidencia que  les gusta sentirse acompañados, sentir gente a su alrededor: “El Club el Nacional es muy concurrido, también en invierno. No es molesto, es hermoso. Esta es la parte trasera, se escuchan bocinas, saludos, llamadas de los padres, que son una compañía. Enfrente está el Complejo de Luz y Fuerza, donde a veces también se escucha música.” Lo que para algunos pueden ser ruidos molestos, para ellos  significan compañía.

 

LAS PRACTICAS EN EL  CONTEXTO PERIURBANO     

 

La riqueza de los comentarios pone de manifiesto las diferencias en las experiencias espaciales, en la capacidad de observación, en la vivencia del marco físico, en la sensibilidad respecto a las cuestiones espaciales. Corresponden a los aportes desde diversas perspectivas, en las que se aborda el espacio periurbano en una variedad de situaciones, interpretaciones y experiencias que componen, en conjunto una imagen dinámica de este sector de la ciudad.

Como se señala en forma reiterada, tanto en Patagonia como en Palihue, las dificultades en la accesibilidad están relacionadas con la distancia y la carencia de transporte público, que hace necesario el traslado de los hijos para que asistan a actividades escolares o extracurriculares, resultando más problemáticas las salidas nocturnas.

Los  diversos comportamientos identificados permiten distinguir desde aquellos que manifiestan una acentuada tendencia a la movilidad y la necesidad de interacción, hasta los que prefieren una actividad concentrada en el hogar, con el mínimo de salidas. En los comentarios anteriores ya se puso en evidencia la necesidad de los desplazamientos en las zonas periurbanas, desde los barrios parques, que queda simbolizada en la imagen de mamá-taxi.

El espacio residencial periurbano es dinámico y las nuevas tendencias en la producción y en el consumo también se plasman en su morfología y en las prácticas cotidianas de sus habitantes. En general, las referencias a la conformación de un ambiente barrial, en el sentido del desarrollo de relaciones más o menos intensas entre los vecinos y un tipo de organización más comunitaria y formal, parecen haber sido condiciones prevalecientes hasta hace unos cuantos años y que se conformaban en las situaciones específicas de familias jóvenes que compartían la construcción de un espacio; en esos casos, la atención de los niños también jugaba a favor de la integración. El barrio tradicional, en su sentido sociológico, está ligado más a la permanencia en el tiempo y a la relación residencia-trabajo en el lugar. En cambio, las condiciones de vida hoy están vinculadas a una fuerte movilidad residencial, al trabajo de la pareja, a las actividades extracurriculares de los niños, las pautas de consumo y  recreación ligadas a áreas específicas modernas, aspectos que implican el desempeño de una multiplicidad de roles que llevan, en síntesis, a que el tiempo de permanencia en la vivienda sea más limitado y las relaciones que se pueden establecer en el entorno vecinal sea más funcionales, de menor compromiso, más superficiales.

Como dice Estébanez  “las personas reflejan en su estilo de vida más la clase, la fase del ciclo de vida y los valores culturales de su grupo social que las características que le otorga el residir en un determinado territorio.” (Puyol et al., 1988,pp.424).

Es por ello que los factores de integración se  constituyen en las necesidades de infraestructura y de equipamiento, estableciendo una escasa relación con la entidad barrial que representa la Sociedad de Fomento. Es evidente que ésta funciona como motor para la organización en aspectos de infraestructura y equipamiento, pero con muy baja capacidad de una efectiva organización social, como se infiere de las observaciones respecto a la participación de los habitantes  en sus  respectivas entidades de fomento.

En las áreas residenciales de  mayor prestigio, como Palihue, se nota el efecto de las verticalidades con la llegada de las empresas y sus ejecutivos "móviles", así como en las oportunidades económicas que provocan un cambio importante en las actitudes como es el alquilar la vivienda que, seguramente, es un  "producto familiar". Aquí, al igual que en Patagonia, se observa la forma en que las condiciones del sitio más el valor agregado por la reputación que va adquiriendo- ya que se configura como un área residencial de calidad desde sus inicios- tienen como consecuencia una continua revalorización de estos lugares, que resultan atractivos para las inversiones de alto valor y calidad, componiendo las áreas de mayor prestigio residencial de la ciudad. En ambos casos, se vinculan a la ideología que prioriza amplios espacios, el verde y la tranquilidad que resulta de una baja ocupación. Estas ventajas tienen como contraparte, los altos costos de mantenimiento y accesibilidad. Es notable como las nuevas actividades localizadas en el acceso de Sarmiento introdujeron alteraciones en la calidad de vida de sus habitantes.

 

Tampoco suponen un obstáculo importante las distancias y la necesidad de movilidad propia cuando  se dispone de un nivel de ingresos altos. Los cambios en las pautas de consumo conllevan a la multifuncionalidad de los hogares, la potencialización de los medios de comunicación y software para el comercio electrónico, que enfatiza el individualismo.

Las nuevas tecnologías alteran, en la vida cotidiana, la relación entre localización residencial y la localización de las actividades, en cuanto a la accesibilidad/fricción de la distancia (telecompra, telebanking, trámites administrativos, teletrabrajo). Sin embargo, aunque se está registrando un crecimiento acelerado de los que adoptan estas tecnologías, esto no implica que en el futuro se reduzcan al máximo los desplazamientos, ya que hay servicios y actividades que requieren lugares específicos y para las cuales los contactos personales son insoslayables o irreemplazables. Pero, esta independencia de ciertas actividades rutinarias implica poder utilizar de manera más flexible el tiempo y el espacio; de esta forma, los distintos  lugares adquieren mayor singularidad.

 

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Croquis de la ciudad de Bahía Blanca

 



[1] Paseo habitual de los domingos


Ponencia presentada en el Quinto Encuentro Internacional Humboldt. Neuquén, octubre de 2003.