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Asunto:NoticiasdelCeHu 1100/03 - EL PROCESO PRODUCTIVO DEL ALTO VALLE DE RIO NE GRO Y NEUQUÉN Y LAS PERSPECTIVAS DE INTEGRACIÓN REGI ONAL
Fecha:Sabado, 25 de Octubre, 2003  20:26:51 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 1100/03
 

EL PROCESO PRODUCTIVO DEL ALTO VALLE DE RIO NEGRO

Y NEUQUEN Y LAS PERSPECTIVAS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

 

 

Autores:

Julio Anguita

Oscar Daniel Grasso

Profesor Titular y Becario del

Departamento de Geografía de la

Universidad Nacional del Comahue

NEUQUEN - argentina


Ponencia presentada en el Quinto Encuentro Internacional Humboldt. Neuquén, Argentina - Octubre de 2003.

 

(en archivo adjunto)

 






PERSPECTIVAS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

EL PROCESO PRODUCTIVO DEL ALTO VALLE DE RIO NEGRO Y NEUQUEN Y LAS PERSPECTIVAS DE INTEGRACIÓN REGIONAL

 

 

Autores:

Julio Anguita

Oscar Daniel Grasso

Profesor Titular y Becario del

Departamento de Geografía de la

Universidad Nacional del Comahue

NEUQUEN - argentina

 

Resumen

 

            El aumento de población de los principales núcleos urbanos de la región del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, que se registró en las últimas décadas, generó la expan­sión de sus plantas urba­nas y el surgimiento de nuevas activida­des económicas, junta­mente con un proceso de diferen­ciación y redistribución espa­cial de la población, especialmente a partir del momento en que comienza a insinuarse en todo el mundo el fenómeno de globalización, tornándose más marcada en los años previos a la conformación del Mercosur.

            Dicho crecimiento dio lugar a la formación, dentro del ámbito interurbano y regional, de nuevas asociaciones económico-productivas con modernos mecanismos de comercialización y distribución, generando de esa manera la necesidad de incorporar infraestructura como resultado del aumento de flujos y desplazamientos, los que presentaban diferentes caracterís­ticas.

            Asimismo, paralelamente el Estado Nacional elaboró un proyecto para convertir a la zona en un corredor bioceánico, uniendo los puertos argentinos de Bahía Blanca y San Antonio Este y el chileno de Talcahuano, hecho que obliga a repensar el reordenamiento territorial del área y su integración regional en el marco de esta propuesta. En tal sentido se debe recordar que, por un lado los menores costos de seguros al no trasladarse bienes a través del Cabo de Hornos, la reducción de distancias acercando notoriamente a Asia de Europa, y el actuar como paso complementario del Canal de Panamá, y por el otro, la producción de la zona, que alcanzaría un 20% del total de cargas y pasajeros transportados por ese corredor, convierten a dicho proyecto en una alternativa altamente viable y sumamente conveniente.   

            De lo anterior se desprenden dos elementos importantes en relación con esta propuesta de estudio. Por una parte, la necesidad de contar con un marco con­ceptual que responda a las características del área de refe­rencia y por otra la de reconocer a la producción de espacio como una varia­ble endógena respecto de la estructu­ra y crecimiento regional.

            En consecuencia el objetivo de este trabajo será la elaboración de una serie de pautas tendientes a ordenar territorial y espacialmente la región del Alto Valle en el marco del nuevo rol que jugaría, a partir de la generación de nuevas alternativas socio económicas, como consecuencia de la creación del corredor bioceánico Argentino-Chileno. Para que ello sea posible se deberá tener presente que es necesario redefinir modernas estrategias de inserción local en un complejo marco global.

 

Introducción y antecedentes históricos

 

            El área de estudio seleccionada se localiza en los valles inferiores de los ríos Neuquén y Limay y del valle superior del Río Negro, en las provincias de Neuquén y Río Negro (Fig. 1). Presenta una extensión de 120 km. de largo,  donde viven, aproximadamente,  500.000 personas.   Se trata de una zona agrícola bajo riego, inserta en una extensa meseta semiárida con más de 100.000 has. dedicadas a la actividad frutícola, donde los cambios espaciales han tenido una dinámica particular. La misma integra el denominado Corredor Bioceanico Argentino-chileno Sur.


 

 

La incorporación de estas tierras al ámbito nacional a partir de la denominada Campaña al Desierto (1879), permitió al Estado disponer de las mismas y otorgar parte de ellas, en grandes propiedades, a militares que participaron de dicha campaña. El resto, fue fraccionado en lotes más pequeños y vendido a productores interesados en radicarse en la zona.

            Durante largo tiempo los campos más extensos permanecieron inactivos, situación perjudicial para los propietarios más pequeños ya que no podían realizar ninguna mejora. El alto costo de desmonte y nivelación de las tierras y sobre todo la casi nula posibilidad de incorporar el riego se convirtieron en factores decisivos a la hora de tomar una determinación cuando se pretendía poner en producción un campo.  Estos hechos llevaron al gobierno a elaborar y poner en práctica una estrategia de explotación efectiva del suelo. Por ese motivo y además por los problemas fronterizos existentes con Chile, se decidió por un lado, ordenar el rápido tendido de la línea férrea que uniría Buenos Aires con el Alto Valle (1899) y por el otro, en los años siguientes el comienzo de las obras que dotarían de riego a todo el área. Ambas tareas fueron encomendadas respectivamente, a la Compañía Ferrocarriles del Sud y su subsidiaria The Argentine Southern Land Co.

            En consecuencia, se construyeron sobre el lado rionegrino del valle dieciséis estaciones ferroviarias, las que se encuentran separadas entre sí cada ocho kilómetros, excepto las de Padre A. Stefenelli, General Roca y J.J.Gómez donde, a causa del efecto provocado por un factor natural adverso como fue una crecida extraordinaria del río, se debió trasladar el asentamiento del Fuerte Gral. Roca. Las estaciones de Plottier y Senillosa se construyeron también, luego de que las vías férreas habían cruzado el río Neuquén (1902), sin respetar el esquema propuesto inicialmente.

            La posterior subdivisión de la tierra y la modalidad de producción de los colonos dio lugar a la aparición de pequeños centros urbanos ubicados alrededor de dichas estaciones y destinados a atender las necesidades del ámbito rural. En esos momentos, el auge de la actividad frutícola comienza a generar importantes excedentes que se reinvierten en la región. Tal fenómeno origina la llegada de nuevos aluviones poblacionales, sobre todo jóvenes en busca de trabajo, los que se asientan en la periferia de los centros urbanos provocando la expansión de la ciudad hacia otras áreas.

            La nacionalización del ferrocarril en 1948, las prolongadas huelgas de empleados y los problemas que se suscitan en el traslado de pasajeros y mercaderías, dan lugar a la incorporación y uso masivo del transporte automotor por carretera (década del 50). Tal situación estimula cambios en la organización del espacio generando problemas de fricción en las comunicaciones y un deterioro ambiental generalizado. Problemas que, aunque ya han comenzado a ser tratados, aún no han sido solucionados totalmente.

            Además, se debe tener en cuenta que las ciudades del Alto Valle paulatinamente se fueron especializando en las funciones que cumplían. De esa manera se reprodujo una organización del espacio con características muy particulares, donde si bien, los centros permanecieron separados entre sí, su comportamiento fue complementario.

            La práctica de la actividad dominante -cultivo de manzanas y peras- se desarrolló en la zona desde la segunda década de este siglo en forma creciente, llegando a su mayor producción en los años sesenta, época en la que se produce una diversificación de la estructura productiva, mediante la incorporación de una amplia gama de actividades conexas en lo que a industrias y servicios se refiere. En ese momento, mientras que por un lado se notan avances tecnológicos de importancia, por otro comienzan a manifestarse los primeros  síntomas de una crisis que se mantendrá hasta la actualidad. Para esa fecha la situación se torna crítica en la fase de comercialización, siendo los factores determinantes la competencia creciente con otras áreas productoras a nivel mundial y los vaivenes de las políticas del gobierno central en cuanto al tipo de cambio, los impuestos a las exportaciones y el establecimiento de prioridades en los productos con salida al mercado externo. A este problema también se debe agregar, producto de la marcada subdivisión de la tierra por venta o herencia,  la existencia de explotaciones pequeñas que  no alcanzan a constituir una "unidad económico- productiva"[1]

           La persistente crisis que afectó la actividad resultó, en consecuencia, poco favorable para revertir la retracción de la superficie cultivada, el estado de abandono de algunas explotaciones y el endeudamiento de los productores. Así, algunos chacareros se vieron obligados a vender, subdividir y a veces hasta sacrificar las fértiles tierras de cultivos bajo riego para destinarlas a otros usos.

           A partir de los años '70, se produjeron importantes cambios económicos en el Alto Valle aprovechando el impulso dado por el gobierno nacional a la utilización de las fuentes de energía. Como consecuencia, se licitaron amplias zonas para la explotación de los hidrocarburos y se inició la construcción de grandes represas hidroeléctricas.

           Estas actividades generaron expectativas y posibilidades de trabajo, provocando  un importante movimiento migratorio hacia localidades del área. Los aportes migratorios, compuestos en su mayoría por jóvenes, especialmente familias recientemente constituidas, generaron a su vez una demanda tal de terrenos y viviendas que superaron con creces las posibilidades de la oferta. Este fenómeno incidió notoriamente en el valor y especulación de la tierra, motivo por el que muchos productores abandonaron la actividad y optaron por vender sus explotaciones. Las mismas al valorizarse, entre otros motivos, por la cercanía al ámbito urbano, ofrecían al  chacarero posibilidades concretas de mejorar sus ingresos. 

           En este contexto se produjo un explosivo crecimiento poblacional (Cuadro 1), con los consecuentes problemas ambientales que ello implica. Las ciudades, localizadas en el piso del valle, avanzaron, por un lado, sobre áreas geomorfológicamente inestables no siempre adecuadas para urbanizar y por el otro, crecieron a expensas de áreas agrícolas con la consiguiente pérdida de tierras productivas. La dinámica de este crecimiento fue más evidente en las zonas de contacto urbano-rural.


CUADRO 1: Población Total de Argentina y Alto Valle

Variación porcentual entre los años 1960, 1970, 1980 y 1991

 

 

1960

1970

%

1980

%

1991

%

Argentina

 20.010.539

23.364.431

17

27.947.446

20

32.615.528

14

Alto Valle   

      130.376

     196.122

50

   306.713[2]

56

   462.702 [3]

51

Fuente: Vapñarsky y Pantelides, 1987 Censo Nacional de Población y vivienda, 1991

         

 La ciudad de Neuquén, capital de la provincia homónima, es la que recibió el mayor impacto en este sentido. Creció a un ritmo inusual en el país, de 43.000 habitantes en 1970 pasa a 167.078 en 1991 (equivalente al 43% de la población provincial). La importancia de su crecimiento se refleja también en el aumento de población de otras localidades próximas, como Plottier, Centenario, Cinco Saltos y Cipolletti (Cuadro 2).

 

CUADRO 2:   Población por localidad y variación porcentual

Años 1970, 1980, 1991

 

 

1970

1980

%

1991

%

Neuquén

43.070

90.037

109

167.078

86

Centenario

 4.291

 10.496

145

21.418

104

Plottier

  2.587

   7.951

207

16.768

111

Cinco Saltos

11.122

15.094

36

21.187

40

Cipolletti

23.768

40.123

69

68.348

70

Fuente: Censo Nacional de población y vivienda, 1970,1980,1991

          

 Este crecimiento dio lugar a una expansión de las ciudades en forma desordenada generando conflictos que han llevado a los organismos de gestión, especialmente a los municipios, a solicitar estudios que ayuden a revertir la situación.

 

El punto de partida: la llegada del ferrocarril

 

            Es en junio de 1899, momento en el que una gran creciente del Río Negro destruye el Fuerte General Roca, cuando se inaugura el tramo de la línea ferroviaria que uniría Buenos Aires con el Alto Valle. La crisis suscitada en las relaciones con Chile, llevaron al gobierno argentino a tomar la determinación de construir un ramal desde Bahía Blanca hasta la confluencia de los ríos Neuquén y Limay -unos 650 kilómetros-, para permitir un ágil intercambio de material y tropas si fuese necesario.

            La compañía inglesa que acepta la oferta de construcción recibe como beneficio la “exención total por cincuenta años de impuestos nacionales, provinciales y municipales a todas las propiedades de la empresa, exención de derechos de importación también por cincuenta años a todos los materiales a introducir por la empresa en el país para construir y explotar su red entera, y autorización para construir muelles para uso exclusivo de la empresa en el puerto de Bahía Blanca” (Vapnarsky, C., 1983)

            La línea se construye con tal celeridad que en el lapso de tres años llega a Cipolletti y para 1902 cruza el Río Neuquén donde el tendido de rieles se detiene por varios años. En 1910 y con motivo de las obras de irrigación, que comenzaron con la construcción del dique sobre el mismo río aguas arriba, se inaugura un corto ramal destinado al traslado de  personal y todos los materiales para dicha represa. Por el otro lado, el ferrocarril pronto llegó a Zapala (1914) terminando allí la extensión de la mitad del proyecto que pretendía unir Neuquén con Chile. Aunque la prolongación hasta Las Lajas debía realizarse de inmediato, la línea nunca paso de aquel centro.

            La presencia del tren significó un cambio radical en las comunicaciones, no solo en el traslado de pasajeros sino fundamentalmente en el de cargas. “Significó la generación de cargas que de otra manera no habrían existido, al permitir que se pusiera en producción para mercados lejanos al área agrícola ahora servida por los rieles.” (Vapnarsky, C., 1983)

            El trazado de la línea y la puesta en valor del recurso suelo incidió en la configuración física de todos los pueblos que surgieron al costado de las vías. Paralelamente la empresa concesionaria se propuso acelerar el proceso de colonización y desarrollo económico del Alto Valle, pues la tasa de ganancia que estaba acumulando era de tal importancia, que para mantenerla era necesario actuar rápidamente.

            Con la llegada del ferrocarril no sólo terminó el aislamiento geográfico en que se encontraba el Alto Valle, sino que se abandonó la primitiva idea de destinar la zona a la invernada de ganado en pie para exportarlo a Chile. Es así como el cambio productivo se orientó al cultivo de frutales criofilos.

 

Otro hecho significativo: la construcción del sistema de riego 

 

            Con la construcción de las líneas férreas y a raíz de las buenas posibilidades productivas que ofrecían los suelos vírgenes del Alto Valle, la Compañía de Tierras del Sud decide, apoyada por el gobierno nacional, favorecer el desarrollo económico del área mediante la sistematización de las tierras, el uso intensivo de las mismas y una fuerte incorporación de tecnología. Para que ello fuese posible era necesario construir un sistema de riego de tal magnitud que pudiera llevar agua a todo el Alto Valle. El mismo se extendería a lo largo de cien kilómetros y con posibilidades de conducir un caudal suficiente como para regar unas sesenta mil hectáreas.

            A medida que se avanzó con las obras comenzaron a irrigarse nuevas tierras. Esta situación de incorporación paulatina al riego dejó su marca particular. Cuando llegó el agua a cada distrito, no sólo se produjeron distinciones en los tipos de cultivos prevalecientes sino también en el grado de subdivisión de las parcelas. Además, en la medida en que la canalización fue avanzando hacia el este, los plantíos iniciales fueron reemplazados por otros más especializados. Es así como se reconocen en el Alto Valle tres ciclos productivos fundamentales basados en el tipo de actividad que los caracterizó.

 

El desarrollo de las actividades productivas

 

            El estancamiento de la producción de lana en las mesetas rionegrinas hacia el año 1908 provocó la transferencia, desde el Valle Inferior del río Negro al Alto Valle, del centro de gravedad de la actividad económica del norte de la Patagonia. Actividad económica que se basó en la producción de alfalfa, marcando el primer ciclo de importancia en la producción agrícola, ya sea por el volumen alcanzado como por el significado que tuvo en la base económica de la zona. La superficie cultivada con alfalfa superaba las 20000 has. en 1921 (no alcanzaba a 5000 diez años antes) teniendo su pico más alto hacia 1928 donde alcanzó las 29000 has., representando el 23% del total del Alto Valle. Durante este periodo la producción de esa forrajera fue en aumento paralelamente a la superficie cultivada. De esta manera su pico más alto se da en el mismo año (1928), obteniéndose 200100 toneladas. La rápida difusión de este cultivo se debió a diversas razones tales como la de no requerir suelos seleccionados, ser fácil de cultivar, no ser afectado por las heladas, dar altos rendimientos por corta y además mejorar notablemente la calidad productiva de las tierras. Si bien inicialmente el destino de la producción fue para el pastoreo de animales de la zona, paulatinamente los productores, sobre todo los que detentaban grandes explotaciones, comenzaron a exportar hacia Europa importantes cantidades. La alfalfa se despachaba en fardos a través del ferrocarril hacia Buenos Aires y desde allí en barco a Europa.

            Después de 1930, la producción de alfalfa y los despachos de ésta por ferrocarril no alcanzaron los tonelajes que caracterizaron la década anterior, descendiendo progresivamente en sus volúmenes.

            De esta forma, la alfalfa –principal producto que se enviaba fuera del propio Alto Valle- perdió su posición seguramente desde 1930, año en que comenzó el crecimiento vertiginoso de la producción de frutas para consumo en Buenos Aires o para su exportación. Se observa así, el comienzo de un nuevo ciclo, conocido como “de la fruticultura”. Dicho ciclo tiene sus inicios en los primeros años de la década del ‘30 como consecuencia del mejoramiento de los precios finales de ese producto a nivel internacional. En la región, mientras que el precio de la fruta se mantuvo,  el de la alfalfa decayó bruscamente. El hecho de que esta crisis, que afectó a esa actividad, se mantuviera por varios años y la intervención, mediante asesoramiento e incorporación de tecnología y frutales, de la compañia subsidiaria del ferrocarril, se generó un vuelco fundamental en la orientación de los cultivos. La manzana primero y la pera después, favorecidas por las condiciones climáticas y edáficas de la zona, se expandieron rápidamente. Además, la obtención de buenos beneficios no sólo alentaron la difusión sino que impulsaron la creación de nuevas formas para incrementarlos. De esta manera se suman al circuito el sistema de empaque y una organización del transporte y comercialización adecuados. La Argentine Fruit Distributors (AFD), creada en 1928 y subsidiaria de Ferrocarriles del Sud, permanecieron operando en el mercado por el lapso de diez años, construyendo para ello galpones de empaque próximos a las estaciones del ferrocarril con la finalidad de aumentar la velocidad y eficiencia en la transformación, transporte y comercialización de la fruta. De esta manera la producción de manzanas y peras pasaron de un total de 2100 toneladas en los primeros años de la década del 30´ a un total de 386150 toneladas en el año 1959. De igual manera aumentó la superficie cultivada pasando de aproximadamente 600 has. en 1925 a 23400 has. en 1959.

            Con respecto a la carga despachada por las estaciones del Ferrocarril Roca, realizadas durante este periodo, sólo se poseen datos de los años que van desde 1954 a 1957, y 1960 y 62. Durante dichos años la carga despachada de fruta fue en aumento pasando de 228 mil toneladas a 373 mil toneladas, la cual representaba el 28,6% del total de carga despachada.

            Como se puede observar en el siguiente cuadro, la carga de frutas en el ferrocarril representaban el segundo lugar en volumen, luego de los hidrocarburos. 

 

COMPOSICIÓN DE LA CARGA DESPACHADA Y RECIBIDA POR LAS ESTACIONES DEL FERROCARRIL GENERAL ROCA

(En miles de toneladas)

 

 

 1954

    %

 1955

    %

 1956

     %

 1957

      %

 1960

    %

 1962

Carga despach.       

 

  1381

 

100.0

 

1372

 

100.0

 

1226

 

100.0

 

1310

 

100.0

 

1605

 

100.0

 

     -

Petroleo Fuel oil y Diesel oil

  

  811

 

  85.7

 

   710

 

  51.7

 

  580

 

  47.3

  

  523

 

  39.9

 

  523

 

  32.6

 

  150

Fruta

   228

  16.6

   273

  19.9

   205

  16.7

   373

  28.6

   386

  24.0

  402

Legum-

Bres      

     32

    2.3

     55

    4.0

     28

    2.3

     36

    2.7

      -

 

     -

Lanas

     18

    1.3

     20

    1.5

     19

    1.6

     18

    1.4

      -

 

     -

Pasto

     13

    0.9

     15

    1.1

     20

    1.6

     16

    1.2

      -

 

     -

Minerales

   116

    8.4

   106

    7.8

   195

  15.9

   165

  12.6

   123

    7.7

     -

Sal

       2

      -

       7

       -

       4

        -

     18

    1.4

   168

  10.5

     -

Mercaderia gral.

     39

    2.8

     39

    2.8

     45

    3.7

     45

    3.4

      -

 

     -

Otros

   122

    9.0

   147

  11.2

   130

  10.9

   116

    8.8

 05.4

  25.2

     -

Fuente: Elaboración propia en base a datos de Adolfo Dorfman, La economia de la region norpatagonica y perspectivas para su futuro desarrollo integral, 1959, p.118; y Compendio Informativo de la Federación Productores de Fruta de Río Negro y Neuquén, Nuestra Fruta, Nro. 16/17, Cipolletti, diciembre 1960, p.102. 

 

            Además, como el mercado más importante fue el externo y la comercialización se debía realizar como venta de “fruta fresca” comenzaron a construirse en los años ‘60 los primeros frigoríficos. Con el objetivo de evitar pérdidas de fruta, por ser un producto perecedero, y de obtener mejores precios, al poder venderlas en el momento oportuno, es que rápidamente aparecen distribuidas por toda la zona varias cámaras de frío. Con esta incorporación tecnológica se reconoce el inicio del tercer ciclo o “ciclo agroindustrial”.

            Las persistentes huelgas en el transporte ferroviario, carente de vagones refrigerados y  el mejoramiento del sistema vial automotor (terminación del asfalto de la ruta nacional Nº22 que permitió la interrrelación definitiva con el resto del país)  dieron lugar al cambio en las formas de traslado y comercialización de los productos. Fenómeno observable en la progresiva disminución de la carga de frutas despachadas por las estaciones del Ferrocarril Roca, transportando 386 mil toneladas en 1960; 291 mil toneladas en 1966; 49700 en 1967 y 5000 en 1968. Las transformaciones que se dieron en el transporte, almacenaje, frío y en las plantas de empaque, facilitadas por la existencia de créditos y otras medidas fiscales, favorecieron el mejoramiento de la calidad del producto final, permitiendo de este modo la regulación de las ventas según los precios existentes, en ese momento, en el resto del mundo.

              Entre 1960 y 1970 la actividad frutícola continuó a un ritmo sostenido de crecimiento, tanto en lo referente a la superficie cultivada como a la producción, ya que la demanda externa se mantenía favorable. En este periodo la superficie cultivada pasó de 23400 has. a 35390 has. Paralelamente, la producción de peras y manzanas aumentó de 373 mil a 431800 toneladas. Pero la aparición de nuevos competidores en mercado internacional obligó a los empresarios regionales a aumentar la inversión en las etapas de empaque, frío y transporte y a elevar la calidad de los productos para hacer frente a las nuevas exigencias del mercado internacional.  Uno de los cambios operados es la producción de jugos, que coadyuvó a aumentar la carga existente sobre un sistema vial que no acompañó el desarrollo de la principal actividad productiva.

            En esos años otros hechos destacables se producen en la zona, la planta industrial de Cinco Saltos INDUPA,  alcanza su mayor producción, moviendo el 65% del total del volumen de productos transportados por el Ferrocarril General Roca en la provincia de Río Negro. Se concluye el asfalto de la ruta Nacional Nº 151, uniendo al valle con el oeste, centro y norte del país. Además,  es cuando se pone en valor la explotación de los recursos hidrocarburíferos regionales, los que generan un flujo de población, bienes y servicios, incidiendo notoriamente en la trama actual del Alto Valle.

 

Algunas consideraciones acerca de la actividad frutícola

 

La fruticultura fue durante varias décadas la actividad motora en la producción de espacio y por ende en la producción de infraestructura, situación que la convirtió en el referente obligado a la hora de analizar cualquier fenómeno regional. Tal es así, que el cambio registrado en el aumento de la capacidad de conservación en frío y la incorporación del transporte automotor incidieron notoriamente, por un lado, en la necesidad de acompañar tales cambios con servicios y equipamiento adecuados, y por el otro a mejorar la calidad de la fruta y a regular las ventas según los precios del mercado.

Esta innovación permitió absorber la creciente producción de frutas (cuadro Nº 3) motivada no solamente por incremento de la superficie cultivada entre 1970 y 1988 (ver cuadro nº 4), sino también por los mayores rendimientos obtenidos por hectárea.

 

Cuadro Nº 3: Producción de manzanas y peras de Río Negro y Neuquén en toneladas y porcentajes relación a totales del país. Años 1943/44 a 1988/89.

                                                    MANZANAS                                            PERAS

  Año cosecha

    Toneladas

           %

    Toneladas

          %

      1979/80

779000

80

117500

76

      1980/81

761400

84

92400

71

      1981/82

690000

86

106300

77

      1982/83

640500

78

148600

84

      1983/84

791000

84

124000

80

      1984/85

768100

83

160100

83

      1985/86

450100

75

139100

84

      1986/87

876400

81

217100

87

      1987/88

764750

83

171046

85

      1988/89

715500

80

193900

86

Fuente: Gerardo de Jong, El Minifundio en el Alto Valle del Río Negro, estrategias de adaptación, Ed. Universidad Nacional del Comahue, 1994, p. 41.

 

Cuadro Nº 4  Supeficie implantada con manzanas y peras

 

Años

Superficie implantada (en has.)

1918

                              500.-

1925

                              560.-

1965

                         25.688.- 

1970

                         32.470.-

1975

                         37.960.-

1980

                         45.630.-

1988

                         60.187.-

Fuente: INTA. Estación Experimental Regional Alto Valle. 1990

 

            No obstante la incorporación de nuevas áreas destinadas al cultivo, la situación actual de la actividad en su conjunto es una de las más difíciles por la que atraviesa la misma. La convergencia de problemas en las distintas etapas de la producción y comercialización son las principales causas.

            En tal sentido, se puede decir que el mercado impone hoy condicionamientos tales, que la oferta debe originarse en explotaciones  con una productividad, variedades y calidad que solamente pueden ser obtenidas a partir de la intervención de agentes con una disponibilidad de capital y tecnología adecuados, situación a la que no llega el 67% de los productores. Productores cuyas explotaciones se encuentran por debajo de las 15 ha,  siendo, como ya se dijo, los agentes sociales que más se han extendido en la zona y los que requieren de una mayor infraestructura de circulación; ya sea por los movimientos diarios que deben realizar durante todo el año o por los relativos al transporte de fruta, hacia los galpones de empaque, en epocas de cosecha.

Además este grupo de productores, por un lado, cumple un papel insignificante en la generación y acumulación de excedentes en el subsistema frutícola, y por el otro, ante condiciones de funcionamiento del subsistema que no son exactamente las mismas que hace varios años atrás, actúa por inercia sin poder adecuarse a la nueva realidad. Si bien se puede asumir que en rasgos generales el subsistema opera con los mismos vicios de aquella época, es necesario actualizar algunos fenómenos.

Tradicionalmente, el Alto Valle se ha enfrentado a dificultades para colocar su producción en el exterior. Se han ensayado muchas explicaciones sobre los motivos por los cuales la región encuentra dificultades para competir a nivel mundial, incorporar tecnología, y sobre todo, para producir a precios competitivos la calidad de fruta que requieren esos mercados.

Una de las explicaciones dadas al problema es la ineficiencia que presentan las explotaciones pequeñas en cuanto al uso racional de maquinarias, mano de obra y técnicas de manejo. Pero también es cierto que año a año pareciera elevarse el tamaño mínimo para que la explotación sea rentable. Como ésta, se han ensayado otras explicaciones pero ninguna ha logrado hasta el momento el diagnóstico que permita tomar decisiones en materia de política económica para enfrentar la crisis a largo plazo, y lograr, de esa manera, la incorporación de equipamiento e infraestructura.

Además, en décadas recientes se produjo la aparición de fuertes competencias de otros productores del hemisferio sur, como Sudáfrica y Chile, los que además de servir de estímulo a la innovación tecnológica citada, impusieron la necesidad de competir con una calidad óptima. Esto dio lugar a una contradicción entre la necesidad de mejorar la calidad para competir en tiempo y forma en el mercado en un sentido, y el aumento de los costos de producción y la baja de los precios pagados al productor independiente en el otro.

A modo de síntesis puede recordarse que la ausencia de políticas definidas, la falta de incorporación de nuevas tecnologías y de adopción de sistemas de conducción modernos, han permitido la acumulación de problemas en los distintos niveles de la producción, los que a su vez generaran deterioros en la infraestructura actual afectando de esta manera la calidad de vida del conjunto de habitantes del Alto Valle.

 

 La puesta en valor de los recursos energéticos

 

El desarrollo de la actividad energética en la región adquiere importancia cuando el gobierno nacional implementa el modelo económico que basa su política en la explotación de los recursos energéticos -fundamentalmente petróleo- con el objetivo de lograr por un lado el autoabastecimiento nacional de combustibles y por el otro el desarrollo industrial interno.

Esta política generó un movimiento exploratorio que llevó al descubrimiento de reservas petrolífera: y gasíferas que colocaron a la zona en una situación relevante en materia de recursos energéticos no renovables. A enero de 1988 Neuquén es la primera productora del país, representando el petróleo el 30% de las reservas nacionales y el gas natural el 60% de las mismas.

            Asimismo, dentro de esta política y aprovechando las características hidrológicas de los ríos provinciales, se inicia la construcción y puesta en marcha de grandes complejos hidroeléctricos a los efectos de satisfacer crecientes demandas del mercado industrial localizado principalmente en el Gran Buenos Aires y el Litoral.

Del total de la oferta de energía útil producida, el 96,7% se destina a exportación. Desde el punto de vista económico la exportación de los recursos energéticos genera para la provincia una importante fuente de ingresos a través de las regalías.

Sobre la base de estos recursos los dos estados provinciales diseñaron un modelo de crecimiento que consiste fundamentalmente en redistribuir la renta apropiada entre los distintos sectores económicos y sociales a través de la obra pública y servicios en general.

Si bien las regalías significan una importante fuente de ingresos para las provincias también son el resultado de la apropiación y uso de los recursos naturales por parte del Estado Central que opera en el territorio a través de distintos agentes (empresas petroleras públicas y privadas), muchas veces en contradicción con las aspiraciones regionales, conformando grupos económicos y empresas transnacionales.

Entre los agentes participantes se han generado relaciones diferenciales. Los vínculos establecidos entre los principales actores han originado una serie de situaciones conflictivas derivadas del modo de apropiación de los recursos naturales -tanto renovables como no renovables- cuyo destino al ser extrarregional impide la generación de valor agregado dentro del ámbito territorial. Es así como los  Estado Provinciales (en este caso Río Negro y Neuquén) no tiene poder de decisión sobre los recursos energéticos que constituyen, en este momento, la base de sus ingresos.

A los efectos de revertir tal situación tales gobiernos han reclamado por la propiedad de los recursos y se han manifestado a favor de la industrializaclón de los mismos en origen. Esta posición compartida también por todos los sectores sociales y políticos ha dado origen a la principal reivindicación de una de las provincias.

El sector privado vinculado a la actividad apoya también esta posibilidad de industrialización porque le permitirá ampliar su base económica.

  Desde el punto de vista de los efectos territoriales la actividad energética ha tenido un papel significativo. Las transformaciones operadas a partir de la explotación intensiva de los recursos petróleo, gas y agua convirtieron a la región (sobre todo la prov. de Neuquén) en una zona energética y así el ámbito territorial comienza a adquirir características diferenciales. En efecto, ha definido el surgimiento de centros urbanos como Plaza Huincul-Cutral y Rincón de los Sauces, vinculados directamente a la actividad petrolera. La primera de ellas de gran importancia para la economía regional durante muchos años ya que, a mediados de siglo, su producción de petroleo crudo comenzó a decrecer. Téngase en cuenta que hacia 1954 el 85,7% de la carga despachada por ferrocarril estaba compuesta por petróleo, Fuel oil y diesel oil, cifra que disminuyó al 32,5% en 1960. Situación agravada por la construcción del oleoducto de Challacó a Puerto Rosales entre 1960 y 1961, lo que redujo a un mínimo la carga de petróleo crudo que circulaba por la línea ferroviaria. Entre 1958 y 1962 los despachos de petróleo bajaron de 523 mil a 150 mil toneladas.

La explotación de estos recursos ha llevado también a incorporar una amplia zona de meseta con población muy dispersa y economía de subsistencia, hoy afectada directamente a la explotación, a través de la instalación de plantas de tratamiento de gas, líneas de alta tensión, construcción de gasoductos y oleoductos y apertura de caminos que generan un flujo permanente de población y bienes. 

Asimismo, la actividad energética en su conjunto, ha redefinido desde fines de la década del '60, el rol productivo y la pauta de asentamiento del sector oriental del departamento Confluencia. Hasta esa época el Alto Valle de Río Negro y Neuquén  se presentaba como un sistema urbano integrado por centros físicamente separados pero funcionalmente complementarios.

La situación descripta ha contribuido a definir dos áreas del Alto Valle bien diferenciados: una energética, moderna, de mayor concentración demográfica, política y económica, y otra  tradicional y menos desarrollada.

 

La participación de las actividades productivas del Alto Valle en las exportaciones extraregionales

 

            Se debe aclarar que en el presente informe sólo se tomaran como datos relevantes las exportaciones de frutas provenientes del Alto Valle, ya que las mismas han tenido una fuerte inserción en la economía regional y provincial.

Luego de alcanzar un pico máximo, superior a las 300.000 toneladas a fines de la década del setenta, los volúmenes exportados de manzana para consumo en fresco decrecieron. A lo largo de los años ochenta la exportación nunca superó las 250.000 ton significando entre un 20% y un 25% de la producción. Los valores de lo exportado cayeron significativamente al influjo de la caída en los precios internacionales. En 1980 las exportaciones de manzanas representaban 130 millones de dólares, mientras en 1989 con un volumen exportado levemente menor, apenas se alcanzaron 55 millones de dólares. Cuando a principios de la década el valor FOB de la tonelada rondaba los 500 dólares, hacia fines de la misma no alcanzaba los 300 dólares. Cierta recuperación en los primeros años de la década del noventa se vio nuevamente interrumpida por una excepcional cosecha europea que dificultó enormemente las colocaciones argentinas e hizo caer los precios. En 1993 el ´dólar fruta' se situó "un tercio por debajo del promedio de 1978/91" (Diario Río Negro, Suplemento de Economía y Negocios, 2/1/94).

En peras, la situación es diferente. Las exportaciones argentinas se triplicaron en diez años, pasando de alrededor de 50.000 ton a principios de los ochenta a alrededor de 150.000 a principios de los noventa. Dado que la producción no aumentó tanto la proporción exportada pasó del 30% al 60%. Asimismo, mientras en la primera mitad de la década pasada los valores exportados de peras oscilaban alrededor de los 30 millones de dólares, el incremento ha sido constante desde entonces llegando en 1991 a 84 millones de dólares. Los precios, sin embargo, también cayeron con respecto a los primeros años del decenio anterior.

El principal país comprador de manzanas argentinas durante toda la década fue Brasil, le siguen luego los países de la Comunidad Económica Europea - principalmente Holanda y Alemania - y en tercer lugar los países escandinavos. En 1991 las compras de Brasil sufrieron una merma importante y durante 1992 se produjeron algunos inconvenientes en las fronteras - promovidos por los productores brasileños que no sólo afectaron a las manzanas. Brasil ha desarrollado un programa con fuerte apoyo estatal para incrementar su producción que le ha dado importantes resultados.

Las exportaciones de peras argentinas --cuyo principal destino fue también Brasil en la primera mitad de la década pasada- se han incrementado al influjo de la demanda creciente ejercida por los países de la CEE. En los últimos años las colocaciones en la Comunidad han superado ampliamente a las brasileñas. El tercer lugar en el caso de peras lo ocupa actualmente Estados Unidos.

Los agentes de exportación son numerosos. En 1984 eran 170 , y se destacaban la relevancia de empresas medianas no integradas que colocaban más de un tercio del total (Manzanal y Rofman, 1989). Asimismo, los agentes se han asociado para acceder al mercado externo en mejores condiciones.

El 47% de las exportaciones de manzanas y el 66% de las de peras se canalizan por el puerto de San Antonio Este (Rodríguez de Tappatá, 1992). Este puerto tiene la particularidad de dedicarse casi exclusivamente a la fruticultura y por allí salen los embarques a los mercados de ultramar (las exportaciones reciben un reembolso al utilizar esta boca de salida). En los últimos años ha cobrado vigencia la contratación de buques bajo la forma de charters. Se han conformado cuatro `grupos de carga': uniones de empresas que se encargan de la contratación y del control de la operatoria de carga y manejan casi la totalidad de las exportaciones de ultramar y los resultados fueron mayor agilidad y menores costos. Uno de estos grupos, además de concertar el transporte, ha implementado la unificación de marca, calidad y comercialización en el destino. La empresa Expofrut, de capitales mayoritariamente italianos, fleta barcos individualmente posibilitada por el elevado volumen que exporta.

Con respecto al Mercosur las evaluaciones, en general, tienden a visualizar como positivos los efectos de la conformación del Mercado Común para la fruticultura de pepita argentina. Brasil ha sido siempre un importante - cuando no el más importante - destino para las manzanas y peras del país, y la perspectiva de que el Mercosur facilite las operatorias, suprima barreras, disminuya los costos de fletes, etc. se presenta alentadora. Sin embargo no debe olvidarse que Brasil pergeñó un programa de producción de manzanas en la década del setenta con el objeto de sustituir importaciones y lograr el autoabastecimiento en 1995. Se trató de una política que incluía subsidios en créditos, impuestos y tarifas. El autoabastecimiento está bastante lejos de lograrse, pero la producción brasileña ha tenido buena aceptación en los mercados internacionales aunque producen variedades distintas a las argentinas. En 1991 las exportaciones de Brasil alcanzaron volúmenes equivalentes al 70% de las exportaciones argentinas y sus compradores son los países europeos. También debe tenerse en cuenta que desde hace ya unos cuantos años algunas empresas de capital argentino realizaron inversiones en Brasil, no sólo en la comercialización sino también en el proceso productivo de la fruta. Esto puede apuntar en la dirección de conformar una estrategia conjunta de los socios de Mercosur con respecto al resto del mundo.

 

La necesidad de una integración regional

 

El tema de la integración de los países del Cono Sur estará supeditado fundamentalmente a los beneficios económicos que se puedan generar a través de la nueva forma de comercialización que tiene lugar en el área.

Además, tal fenómeno ha dejado a una gran mayoría de los actores y agentes sociales marginados o rezagados del mismo, pero no de sus costos.

Al optar por una activa inserción internacional, se ha incrementado la dependencia de los mercados internacionales y esto implica que cualquier crisis en los socios comerciales, afectará, de algún modo, a todos los países que integran el Mercosur. Así mismo, la integración se ha restringido fundamentalmente al ámbito económico. Desde la mirada de los actores se observa que la integración no incluye las dimensiones social y cultural.

No obstante, dentro de los acuerdos suscritos recientemente por los gobiernos del área se consideran instancias de integración más amplias. Así, y en el marco de estos acuerdos, se ha planteado una estrategia de integración física-los corredores bioceánicos- que permitirían no sólo que los países del Atlántico puedan salir con su producción por los puertos del Pacífico, sino que facilitaría el traslado de bienes, personas y la prestación de servicios.

            Por otro lado, será necesario tener en cuenta que para mejorar el sistema de relaciones y comunicaciones en la región se deberá mejorar las redes de circulación material, sobre todo las del corredor bioceánico argentino-chileno sur, ya que si bien ofrece muy buenas posibilidades, en las condiciones actuales es imposible lograr una efectiva integración.

            Mientras se sucedían los cambios y transformaciones urbanas y rurales ya mencionados, la infraestructura de comunicaciones se mantuvo sin alterar. Los fuertes condicionantes físicos naturales y la falta de recursos económicos sólo permitieron el desarrollo de una red de circulación material asociada a las formas del terreno. No obstante, éstas pudieron haberse mejorado mediante la incorporación de tecnología. El aumento de las operaciones y transacciones se dio sobre una trama obsoleta. Tal es el caso de las vías del ferrocarril y de las rutas nacionales y provinciales que surcar la región.

            Lo dicho muestra que si bien la zona requiere de una solución global que contemple los cambios actuales y las potencialidades futuras, se debe comenzar a tomar algunas decisiones puntuales tendientes a revertir la situación.

            Por un lado se deberá mejorar la infraestructura y adecuarla a las necesidades actuales y futuras y por el otro se deberá colaborar en el desarrollo de las actividades económicas, ya que tanto la primera medida como la segunda, posibilitarán una mayor participación e integración dentro del contexto de la globalización mundial.

            Para que ello sea posible se deberá actuar con medidas correctivas, de apoyo a las actividades motoras o dominantes, reinvirtiendo en nuevas tecnologías y mejorando el sistema de comercialización de los productos zonales. Además de participar en el proceso de exportación, sobre todo si se tiene en cuenta el nuevo rol que se debe jugar dentro del Mercosur.

 

BIBLIOGRAFÍA

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[1]El Inst. de Coop. para la Agric. estima que la superficie mínima de rentabilidad de una chacra es de 18 ha.

[2]  Población aglomerada y dispersa del Alto Valle de Río Negro y Neuquén en los años 1960/70 y 80. En tales datos no se contempla la población que C.Vapñarsky y E.Pantelides denominan como Periferia del Alto Valle en los Departamentos General Roca (RN) y Confluencia (NQN).

[3]  Información del Censo Nacional de Población y Vivienda año 1991, empleando para su constitución la misma metodología utilizada por C.Vapñarsky y E.Pantelides en lo referente a la determinación de la población que conforma el Alto Valle en los años 1960, 1970 y 1980. La población dispersa que se incluye fue tomada de las cifras del Censo 1980 por no disponerse de la correspondiente a 1991, además porque la variación porcentual en el período considerado no es significativa.