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Asunto:NoticiasdelCeHu 1094/03 - Frente a un profundo abismo
Fecha:Sabado, 25 de Octubre, 2003  00:34:10 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
NCeHu 1094/03
 

El Nuevo Presidente de Bolivia Excluye a los Partidos de su Gobierno

Frente a un profundo abismo


por Ricardo F. Andrade
CORRESPONSAL EN BOLIVIA


Sobre los escombros de un gobierno soberbio y cruel, que prefirió ahogar el descontento popular en la sangre de casi 80 personas muertas y más de 300 heridas, el nuevo presidente boliviano, Carlos Mesa, intenta mantener la inestable democracia boliviana, aquejada por una crisis económica iniciada por los años 80 y agravada en los últimos cinco años, por la negligencia del sistema político.

Mesa Gisbert, historiador y periodista de 50 años, llega al Palacio Quemado de la Plaza Murillo empujado por las trágicas consecuencias de la insurrección de un pueblo que por 13 meses aguardó señales del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada que sacaran al país de una terrible recesión económica.

Lejos de considerar esa prioridad, éste se hundió en una disputa interna por cargos estatales que repercutió en el Poder Legislativo, donde la codicia partidaria del oficialismo encalló, por casi cuatro meses, la nominación de 45 autoridades del Poder Judicial, también con dificultades de funcionamiento por esa irregularidad. Pero la decepción ciudadana, acumulada gradualmente desde comienzos de año y que tuvo su primer estrépito en febrero, cuando el gobierno de Sánchez de Lozada trató de gravar los salarios, estalló el 19 de septiembre porque la gente tenía la certeza de que el gas natural sería enajenado sin consenso nacional.

Bolivia posee una de las reservas más grandes de América Latina, calculada en 54 trillones de metros cúbicos.

Durante su primer gobierno, de 1992 a 1997, Sánchez de Lozada entregó seis empresas estratégicas a inversionistas extranjeros, bajo el rótulo de "capitalización". Cuatro años después, los resultados repercuten negativamente en la economía estatal con un hueco deficitario de casi 8 por ciento en el presupuesto estatal de 2003. Para pagar sólo las pensiones a jubilados, hace una semana, pidió al Consejo Consultivo de París un crédito de 600 millones de dólares.

A la ciudadanía no le convenció la idea de vender el gas y quedarse sin ningún otro recurso natural para las generaciones que vienen. Prefiere que se lo industrialice en el país, dando trabajo a miles de desocupados. Aunque la postura no la comparten las regiones hidrocarburíferas del oriente y sur del país, el occidente fue el epicentro de la sublevación, aplacada a sangre y fuego por militares y policías, pero que acabó tumbando al presidente Sánchez de Lozada, un empresario minero cuya fortuna es incalculable y que sus detractores asocian con capitales transnacionales. En estas circunstancias llega al gobierno, por vía constitucional, el que fuera su vicepresidente, Carlos Diego Mesa Gisbert, simpatizante del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y que un día antes de la debacle se desligó de ese partido arguyendo disentir del uso violento de la fuerza para reprimir a la población.

Su administración nace sin programa de gobierno ni apoyo partidario explícito, sobre todo en el Parlamento, semejante al del abogado y teórico del nacionalismo revolucionario Walter Guevara Arce, quien por esa razón tuvo una efímera gestión y cayó fulminado por un cuartelazo encabezado por el coronel Alberto Natusch Busch, en 1979. Ninguno de los actuales partidos quiso apoyarlo, aunque fue su engendro, y su objetivo era enfrentar los problemas económicos.

Mesa Gisbert tiene, sin embargo, una agenda pública de trabajo, surgida del alzamiento popular que en el Poder Legislativo no tiene adherentes, salvo la oposición minoritaria, de tendencia izquierdista e indigenista. El flamante mandatario se comprometió cumplir con esa agenda en el período más corto, para después dejar el poder, aunque constitucionalmente su período acabaría el 6 de agosto de 2007.

La carencia de un aparato político que le dé capacidad de maniobra en el Parlamento para hacer aprobar leyes, hace impredecible el resultado de la gestión de este Ejecutivo que excluye a los partidos tradicionales, acostumbrados al clientelismo y a la prebenda. El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), del ex presidente Sánchez de Lozada, y el Mo- vimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), de Jaime Paz Zamora, lucharon siempre por tomar el poder para colocar en el aparato estatal a sus miles de militantes que les dan vigencia en las urnas. En esta corriente figura la Nueva Fuerza Republicana (NFR), cuyos mandos superiores coparon puestos jerárquicos al entrar a reforzar al gobierno, desde el 6 de agosto.

Estos partidos, dolidos de haber sido desplazados por el alzamiento ciudadano, no dudarán de boicotear a Mesa, impidiendo consensos a la hora de votar sus iniciativas. Una velada amenaza fue expresada por un congresal movimientista quien dijo que "una cosa distinta es en cancha".

Mesa Gisbert, empero, no es un ángel sin sexo y buscaría alianzas con algunas fuerzas políticas que generarían una pausa en el ejercicio secante y autoritario del poder, dice el sociólogo y profesor universitario Iván Zavaleta Delgado.

Además, a la democracia parlamentaria se le opondría la democracia directa, la del pueblo, cuya agenda pública el presidente Mesa Gisbert está resuelto a ejecutar casi de inmediato, opina el analista Raúl Prada, con relación a la convocatoria a un referendo vinculante para decidir qué se hace con el gas y revisar la Ley de Hidrocarburos, del primer gobierno de Sánchez de Lozada, que bajó las regalías del 50 al 18 por ciento y entregó la propiedad del gas natural en superficie a las petroleras extranjeras. Este será un punto muy conflictivo para su administración por los altos intereses de las empresas trasnacionales puestos en riesgo. El gobierno tendría que presionar con la ciudadanía a los parlamentarios renuentes, dicen los observadores.

Mesa Gisbert también se propone avanzar en la realización de una asamblea constituyente para refundar el país exigida por dirigentes cívicos de Santa Cruz y atacar, frontalmente, la corrupción. Cumplida esta misión dejaría la presidencia porque no quiere servirse del poder, como remarcó al ser investido en el Parlamento.

Bolivia todavía está frente a un profundo abismo, dijo Mesa el domingo al posesionar a su gabinete ministerial apolítico y pedir apoyo congresal para gobernar. *


Fuente: Semanario "Tiempos del Mundo", del 23 de octubre de 2003. Buenos Aires, Argentina.