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Asunto:NoticiasdelCeHu 905/03 - "Deus é brasileiro"
Fecha:Jueves, 3 de Julio, 2003  04:09:01 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 905/03
 
Ingeniosa mirada al Brasil de hoy
 
Charla con el director Carlos Diegues

 
 
"Básicamente mis películas nacen de la curiosidad. Yo no hago cine para enseñar nada, ni para probar nada: hago films para aprender acerca de asuntos que me despiertan curiosidad. En ese sentido, "Deus é brasileiro" también nació de la curiosidad: intenta mostrar ciertos aspectos del Brasil de hoy."
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Carlos Diegues ha venido a Buenos Aires acompañando su último gran éxito, una de las principales atracciones de la semana de cine brasileño que hasta pasado mañana se desarrolla en el Village Recoleta. En el aplaudido realizador, que fue uno de los principales animadores del cinema novo desde su primera obra, "Ganga Zumba", y a quien se deben títulos tan recordados como "Xica da Silva" y "Bye bye Brasil", continúa viva la voluntad de descubrir y revelar los rostros múltiples de su país, aunque sabe que sólo atinará a atrapar un fragmento de ese todo tan heterogéneo y complejo.
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"No existe ese Brasil oficial, real, único. Brasil es un rompecabezas. Cada uno de nosotros, cuando puede, arrima una pieza intentando construir ese puzzle que nunca va a concluirse. Desde el inicio de su historia, el cine ha tenido esa vocación de descubrir pedacitos de eso que llamamos realidad. Pero atrapar el todo es imposible. ¿Qué es Brasil? ¿Copacabana? ¿El Amazonas? ¿El sertao? Son apenas fragmentos, cada uno con rasgos y conflictos diversos: culturales, geográficos, étnicos. Mi generación estuvo muy marcada por una utopía de Brasil, por un proyecto de país, por eso que siempre llamamos búsqueda de la identidad. Hoy ya sé que Brasil no tiene una identidad sola, tiene centenas, y yo me intereso por descubrir algunas, por desentrañar el misterio de cada una.
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-De algún modo retoma el formato de "Bye, bye, Brasil".
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-Pero en otro tiempo, y también en otra dimensión. En aquel film yo usaba la mirada de los personajes para ver lo que pasaba a su alrededor. Aquí, ellos miran más dentro de sí mismos.
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A partir de un cuento
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Para este film que Columbia estrenará aquí probablemente en septiembre, Diegues usó como punto de partida "El santo que no creía en Dios", un cuento de Joao Ubaldo Ribeiro. Con el escritor bahiano desarrolló el guión, pues del breve original sólo se tomó la historia central: Dios, necesitado de descanso, baja a Brasil en busca de un santo que pueda atender sus celestiales asuntos por un tiempo. En esa búsqueda recorre diversos parajes del nordeste brasileño y puede comprobar el contraste que hay entre su proyecto del mundo y el destino de los hombres.
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"Yo diría que "Deus é brasileiro" es un elogio de la imperfección, en el sentido de que ésta es una condición inherente al hombre. No quería plantear temas religiosos; por eso me interesaba un Dios literario: para confrontarlo con lo que los hombres, a quienes les concedió el libre albedrío, han hecho de su creación. De ahí la estructura de road movie. Lo interesante del camino está en lo que sucede en sus márgenes. Y el film se fue enriqueciendo con lo que encontramos a lo largo de 15.000 kilómetros de camino."
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-El film tuvo éxito en Brasil.
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-Mucho. En parte por el momento en que se estrenó, cuando la efervescencia popular por la asunción de Lula cambió el humor social. Había un sentimiento pesimista -incluido un cierto "repudio" por todo lo brasileño- que cambió con el nuevo gobierno: se recobraron la autoestima y el interés por la propia identidad. Por otro lado, es una comedia humanista, quizá triste debajo de su humor, pero con un toque de optimismo en el final.
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-¿Qué público hace un éxito?
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-Después del empobrecimiento causado por la crisis de los años ochenta, el público de cine se redujo: de 300 millones de entradas vendidas por año a 70 millones, y de cerca de 4000 salas a sólo 1400. La gente perdió poder de consumo. Y nadie va a ir a morir de hambre en un cine; hay otras prioridades. En ese período, el cine se transformó en una cultura de shopping center. Es la clase media-media la que va al cine hoy. Hemos hecho muchos esfuerzos para llevar nuestros films a otros públicos, a favelas, en ciudades del interior. Pero la gran revolución que queda por hacer es la de la expansión del circuito de cines (con la creación de salas de acceso popular en la periferia de las metrópolis, en las poblaciones del interior). Brasil tiene 170 millones de habitantes y sólo 10 millones van regularmente al cine. Menos del 10 por ciento, y concentrado: el 70 por ciento está en Río, San Pablo y sus respectivos conurbanos.
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-Pero hay interés en el cine nacional.
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-Claro. El año pasado el cine brasileño, con unos 30 films, alcanzó el 8 por ciento del total de entradas vendidas, y este año, con 40 películas, vamos a llegar a un 20 por ciento. Ha habido éxitos grandes, como "Ciudad de Dios" o "Carandirú", y cada vez que se da cine nacional por TV logra alto rating. Interés hay, lo que no hay es plata.
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Incentivos
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La reactivación -cuenta Diegues- fue producto de la ley del audiovisual, de 1994, que es de incentivo fiscal: habilita a las empresas a deducir de sus impuestos lo que invierten en cine.
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"Ahora está estudiándose cómo mejorarla, porque no contempla el tema de la distribución, que hoy es el nudo de la cuestión: si no se exhibe lo que se produce se crea una industria de films inéditos. Las reformas están siendo analizadas entre el Ministerio de Cultura y los cineastas. Y tenemos el privilegio de que Gilberto Gil sea el ministro."
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-¿Qué quedó del cinema novo?
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-El cinema novo es historia y tiene que ser respetado como tal. Tengo orgullo de haber formado parte, pero no saudade . No tendría sentido reproducir ahora lo que fue hecho 40 años atrás. Creo que una de las grandes virtudes del nuevo cine brasileño es su multiplicidad, su capacidad de ser muchas cosas al mismo tiempo: ficción o documental, films que transcurren en la avenida Paulista o en la floresta amazónica, comedias o tragedias. El cine brasileño no puede ser un género. Es una cinematografía nacional con todas sus tendencias, todos sus estilos y todas sus formas de manifestarse. Y si en algo el cinema novo puede representar un ejemplo para los cineastas de hoy es en ese interés por reproducir la realidad, con la ventaja de que, en democracia, no existen los obstáculos que oponía el gobierno militar en tiempos del cinema novo. También está la gran ventaja de las escuelas que han venido formando a los jóvenes cineastas de Brasil. Comparadas con las primeras obras de los directores de mi generación, cualquier opera prima de hoy -no hablo de lo artístico- tiene una pulcritud técnica muy superior, y eso es resultado de las escuelas y del conocimiento tecnológico que también da la experiencia en publicidad, TV o videoclips. Existe entre los jóvenes -y esto me regocija mucho- un gran respeto por el cinema novo. Pero no puede usarse el cinema novo como un canon, como un dogma por ser reproducido. Un film es una aventura personal y tiene que serlo cada vez más.
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-¿Cómo se enfrenta la hegemonía de Hollywood?
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-Es el gran impedimento para el progreso del cine, no sólo brasileño sino latinoamericano en general. Tenemos algunas leyes de protección en Brasil, como la que marca la cuota de pantalla que corresponde a films nacionales, pero será importante lograr una alianza en el Mercosur porque si nosotros -la Argentina y Brasil, y si fuera posible también México- consiguiéramos que nuestros films integren una economía común tendríamos un mercado interno que nos permitiría ser autosustentables.
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-Aquí hace tiempo que el cine de Brasil no alcanza el eco que tuvo en los años 70.
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-Es una cuestión de cantidad. Si no se cuenta con un número importante de títulos no se crea el hábito. Cada film que se presente será siempre un producto exótico, venido de una cinematografía de la que no sabemos nada. También en el Brasil, cuando se reactivó la producción en el 95, el público se había desacostumbrado al cine nacional. Pero con el aumento de la cantidad de films producidos ese hábito comenzó a volver. El día que el público argentino vea dos, tres, diez films brasileños por año va a tener el hábito de ver cine brasileño y va a comenzar a elegir lo que le gusta más. En sentido contrario, la cosa ya está mejor. Creo que el cine argentino es mejor recibido en Brasil que el brasileño aquí, pero es porque hubo continuidad. "El hijo de la novia", "Plata quemada", "Nueve reinas", "Kamchatka" son films que anduvieron bien. Ya existe el hábito del cine argentino. Y éste es el momento de fortalecerlo, porque nuestros países están pasando por momentos muy parecidos. Un joven brasileño puede identificarse con lo que ve en un film argentino. Y creo que a la inversa también puede ser verdad: que un film brasileño no resulte una curiosidad.
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Por Fernando López

Fuente: Diario La Nación, del 11 de agosto de 2003. Buenos Aires - Argentina.

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