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Asunto:NoticiasdelCeHu 876/03 - Las Inundaciones en Olavarría: una solución local con perspectiva regional
Fecha:Lunes, 30 de Junio, 2003  17:05:12 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
NCeHu 876/03

 

LAS INUNDACIONES EN OLAVARRIA:

UNA SOLUCION LOCAL CON PERSPECTIVA REGIONAL

 

 

Barrionuevo, Federico

Universidad Nacional de Mar del Plata

Ceverio, Luz

Miembro adherente del Centro Humboldt

Universidad Nacional de Mar del Plata 

 

Resumen

 

 

             La ciudad de Olavarría, ubicada en la provincia de Buenos Aires (Argentina), se ha visto afectada a lo largo del tiempo por una sucesión de fenómenos recurrentes de inundación. Ante la magnitud que alcanzaron éstos, se creó un organismo municipal que llevó adelante diferentes líneas de acción con la intención de “resguardar” a la ciudad, para evitar, en el caso de un nuevo aluvión, las consecuencias que generan.

            El particular ámbito natural donde se asienta Olavarría, determinó un manejo de la problemática específico, que contempla los criterios de la microhidráulica.

            Analizar el por qué de la elección y la influencia de la misma en la región, es nuestro objetivo.


 

En la provincia de Buenos Aires (Arg.) se localiza a los 37º LS y 60º LO la ciudad de Olavarría, cabecera del partido homónimo. Fundada en el año 1867, posee una historia que amerita ser contada. Como tantas otras ciudades de la zona, su origen se remonta a la época en que existía la línea de frontera al sur del Río Salado. Hasta el momento de su fundación, el espacio que ocupa actualmente pertenecía al umland (radio de acción de una ciudad mediterránea) del “Partido del Azul”.

“. . . El primer intento de ocupación de los campos del actual partido de Olavarría fue realizado durante la campaña militar contra los indios en 1855 y 1856, en que el teniente coronel Ignacio Rivas levantara sobre la margen derecha del Arroyo Tapalquén, un pequeño fortín . . . ” (Améndola;1987:13). La intención de poblar el paraje fracasó en los adversos combates de Sierra Chica y San Jacinto, quedando los restos humeantes del “pueblo” (o fortín) Tapalqué Nuevo como testimonio del encuentro. Ocho años después, el mismo Ignacio Rivas,  aprovechando la relativa calma que sucedió a los Tratados de Paz con el cacique Calfulcurá, ocupó definitivamente los campos emplazando el “Campamento de las Puntas del Arroyo Tapalquén”, en las proximidades de la actual Plaza Aguado de Olavarría.

El Tte. Cnel. Rivas pidió permiso al ministro de Marina y de Guerra (Gelly y Obes) para formar cuarteles permanentes en el lugar, por considerar que ese era el punto más estratégico para resguardar la frontera aprovechando las barrancas del arroyo como defensa ante las frecuentes invasiones de los indígenas, ya que para ellos ese sitio era un verdadero paso hacia las tierras pobladas. Así lo vio también Alvaro Barros cuando se hizo cargo de la Frontera Sur de la provincia en 1866. Luego de fortificar el campamento inició las gestiones tendientes a obtener la fundación de un pueblo en el lugar. Este accionar sustentaba la idea de Barros de que la resolución del conflicto con los indios pasaba por el poblamiento; fundando pueblos que sostendrían el resguardo en forma permanente del       territorio, encerraría a los indígenas en el desierto, cortándoles todas sus comunicaciones.

 Aunque la idea no le pertenecía exclusivamente, pues igual proyecto había tenido Rivas, la fundación de Olavarría se le adjudica a Barros pues fue quien estableció las bases y distribuyó los primeros solares antes de ser legalizada por decreto. El 23 de Julio de 1868 el gobernador Alsina dictó el decreto que permitió la creación del Partido de Olavarría. 

Dos años después, las primeras cuatro manzanas distribuidas por Alvaro Barros ascendieron a diez, y se encontraban pobladas por comerciantes que vieron en el regimiento acampado en las márgenes del arroyo motivo suficiente para asentarse en el nuevo pueblo.

A partir de esto se puede establecer que el pueblo de Olavarría tuvo su origen en una comandancia de frontera que, al ser abandonada en 1869 por la guarnición, se convirtió en una agrupación de comerciantes que volcó sus esfuerzos a la explotación agropecuaria. Este “embrión de aldea” contaba con una tienda que servía de refugio ante eventuales invasiones indígenas en la margen izquierda y, con el primer fortín para el mismo fin, en la margen derecha.

La fundación de Olavarría significó, para los azuleños, la extensión de sus operaciones a un área más amplia y segura. Es más, el buen resultado obtenido en las tierras del nuevo ejido con la siembra de trigo y maíz, atrajo con el tiempo a numerosos pobladores que deseaban iniciarse en la agricultura.

Esta breve reseña histórica nos brinda los elementos necesarios para conceptualizar el “sitio” de Olavarría. “. . . Las ciudades surgen en lugares especiales para cumplir funciones específicas; [. . . ] el núcleo de Olavarría,  que fue el fuerte, estaba sobre el arroyo Tapalquén,  fácil de defender en una línea de frontera porque la barrera acuática significaba una protección hacia el oeste, ya que la primera función del núcleo urbano sería la de defensa, [. . .] ese sitio, sobre el río, queda comprendido en una brecha entre dos sierras del sistema de Tandilia. [. . .] los elementos de sitio destacables para este núcleo urbano [. . .] se pueden enumerar así: a) la llanura pampeana en un área de contacto con  b) una de sus serranías inclusas que aparecen separadas por un abra y además  c) un arroyo que nace en dichas sierras . . . “ (Améndola;1987:16)

Por lo tanto, así como en algún momento el arroyo Tapalqué significó para el olavarriense “seguridad”, cumpliendo una función estratégica, hoy, el mismo, es un elemento más del paisaje citadino que en momentos puntuales se transforma en un invasor silencioso, desmedido, ingobernable. Estamos hablando de aquellas instancias en que el arroyo Tapalqué se desborda por los picos de crecida que buscan su cauce para desaguar en la pampa deprimida avanzando sobre la ciudad.   Qué paradoja .  .  . 

 

 

El Arroyo Tapalqué

 

 

            Como uno de los protagonistas de esta historia es el arroyo Tapalqué, intentaremos describir de manera sucinta las características más relevantes del medio en que se haya localizado. 

            El mismo recorre dos zonas geomorfológicas netamente diferentes: en la inicial, del tipo serrano, registra fuertes pendientes en su lecho y en las áreas aportantes aledañas (entre el 1, 5‰ y el 10‰), con un cauce que va creciendo a sección a medida que avanza y cuyo límite está en la zona de la Estación Miñana, unos 30 km aguas abajo de Olavarría. Hasta allí recibe los aportes de cursos afluentes, arroyos y algunos cañadones.  De Miñana en adelante las zonas atravesadas por el Tapalqué van haciéndose cada vez más tendidas así como las pendientes del cauce y sus secciones van perdiendo importancia. Luego se transforma en un curso de llanura con marcados meandros, se subdivide, continúa luego unificado por terrenos llanos cada vez más tendidos, llegando a una zona de bañados en los que históricamente se perdió o anegó según el caudal que trajera.

            Estas características por sí mismas permiten afirmar que el curso del arroyo Tapalqué nace en la Pampa Interserrana o Pedemontana y se pierde en el área noroccidental de la Pampa Deprimida.

            Las nacientes se localizan en el sector noroccidental de las sierras de Tandilia; en realidad, más que sierras constituyen una cadena de serranías bajas, colinas y lomadas con un zócalo de basamento cristalino perteneciente al Macizo de Brasilia. Estas serranías fueron vigorosamente disectadas al producirse el alzamiento tectónico cenozoico, que diera origen a la Cordillera de Los Andes. En contraste con el paisaje llano que la rodea, sus 250 msnm las hace parecer significativamente importantes. Lo son para el arroyo Tapalqué porque le permite poseer en un primer momento un cauce definido que va disminuyendo en profundidad a medida que se aleja del frente serrano. ¿A qué se debe el hecho de destacar la posibilidad que brinda la sierra al arroyo de labrar su cauce?, a que los suelos de este sector intermedio entre la Pampa Interserrana y la Deprimida poseen una estructura particular que influye en la formación del mismo.

            Si observamos detenidamente el trabajo realizado por Moscatelli y Scoppa vemos que las nacientes del arroyo corresponden al sector de los pedemontes de Tandilia. En este “. . . las pendientes alcanzan al 8% y consecuentemente la red de drenaje está bien definida y formada por arroyos que corren por cauces marcados, angostos y de barrancas altas [como el Tapalqué] [. . .] El paisaje de lomadas y pendientes se ha modelado sobre espesos mantos de loess que cubren con potencia variable una formación toscosa contínua que caracteriza a los pedemontes [. . .] Los suelos más representativos son medianamente profundos (algunos están limitados a unos 50 cm. por la tosca) [. . .] La permeabilidad del perfil es buena y si bien el manto de tosca seguramente impide la libre percolación no se tienen evidencias de que ello produzca capas colgadas o períodos de saturación prolongados.  En buena medida ello se debe a la pendiente de estos terrenos que hace que gran parte del agua escurra superficialmente [. . .] Desde el punto de vista hidrológico entonces, los suelos del pedemonte no tienen limitaciones considerables . . ." (Moscatelli;1984:1079)    

            Una vez que el arroyo abandona Olavarría, en dirección NE, hacia la ciudad de Tapalqué, comienza a atravesar el sector que ". . . se conoce como el de la tosca generalizada. Esta costra limo calcárea cementada tiene singular continuidad y limita la profundidad de la mayoría de los suelos. El relieve es sumamente plano, solo escapan a esa  generalidad algunos retazos de cordones de origen eólico. Lo más representativo son las dilatadas áreas planas formadas por sedimentos finos apoyados casi siempre sobre la tosca. [ . . . ] [que] es un impedimento físico para la penetración del agua y da lugar a una muy rápida saturación del suelo, en épocas estivales, a una muy pronta disecación y aislamiento de la humedad profunda.  Los horizontes B tienen siempre textura arcillosa [. . .]  condición [que] agrava la ya apuntada dificultad de percolación. . . “ (Moscatelli;1984:1082).

 

 

            Una descripción tan puntillosa del tipo de suelo que recorre el arroyo es necesaria para entender las consecuencias de la interrelación con el clima de la zona. 

En líneas generales se trata de un clima templado que, por la latitud en que se encuentra el área analizada, es del tipo húmedo; sus condiciones de temperatura se ven influenciadas por el efecto moderador que ejerce el océano Atlántico. Distintas masas de aire ejercen su influencia durante todo el año ocasionando cambios bruscos no estacionales.  Así, la zona se halla sujeta a la llegada de los vientos secos patagónicos del SO (Pampero) y del Sur (Polar).

            La temperatura media del mes más cálido (Enero) oscila entre 20ºC y 23ºC y la del mes más frío (Julio) entre 7ºC y 9ºC. En esta última es notable la influencia de la continentalidad por el fuerte enfriamiento terrestre.

            Con respecto a las lluvias, su distribución es marcadamente uniforme a lo largo del año. De todos modos se puede observar una mayor pluviosidad en el semestre cálido, llegando a valores máximos en el mes de Marzo. Estas lluvias de verano suelen concentrarse en pocos días alcanzando gran intensidad, por lo tanto un porcentaje considerable del agua caída escurre superficialmente sin penetrar en el suelo. En la cuenca que estamos estudiando “. . . las precipitaciones medias históricas se ubican en los 800 mm anuales; sin embargo en los últimos 100 años, única base conocida, se han producido dispersiones importantes de este índice, el que alcanzó valores del orden de los 1300 mm/año, incluyendo en ellas caudales compactos de lluvia de 3 a 8 días de duración con intensidades acumuladas de 200 a 450 mm. . .“ (Sec. de Hidráulica;1987:41)

 

 


 


Fuente: Secretaría de Hidráulica de la Municipalidad de Olavarría.

CUENCA DEL ARROYO TAPALQUE.

 

 

Teniendo en mente las características recién mencionadas, especialmente la precipitación media anual, puede resultar paradójico que ahora hablemos de una alternancia de sequías e inundaciones en la zona. Estas, que se dan como parte de un fenómeno cíclico que afecta a la Pampa toda, se evidencian en el tipo de suelo y morfología existente en el lugar.

“Los rasgos geomorfológicos [. . .] [del área] corresponden en general a un paisaje desarrollado bajo condiciones de clima árido o semidesértico, constituído [en el trayecto que recorre el Tapalqué, por] formas típicas de Pedemonte en las vecindades de las sierras y acumulaciones de origen eólico, con formas muy degradadas distribuidas en Mantos de poco espesor pero de importante distribución areal...” (Fidalgo;1983:1059).

Estas características, si volvemos en el tiempo, devienen de períodos en que “. . . extensos mantos de hielo se derramaron sobre los Andes y la Patagonia, dando lugar a cambios en la circulación atmosférica. Las altas presiones ubicadas sobre los glaciares seguramente produjeron vientos predominantes del sector Oeste y Sudoeste, siempre secos, de cuya existencia constituye testimonio...” (Chiozza;1975:174) el paisaje actual. Así, las depresiones, los piedemonte y mantos que identifican a éste, y lo reducido y casi nulo de las pendientes, hacen que hoy, bajo un régimen climático húmedo-subhúmedo, los rasgos dominantes de la morfología heredada de climas áridos del pasado geológico no concuerden con el clima actual. Esto motiva que los escurrimientos superficiales resulten afectados.

“. . . Se trata, cuando hay lluvias adecuadas en cantidad y tiempo, de una red de drenaje insuficiente, hecho que se ve agravado por las características de las pendientes y el endicamiento temporario [que se produce como respuesta a la presencia de suelos arcillosos, que dificultan la infiltración] [. . .] En cambio, si las precipitaciones en su distribución, se producen además en cantidades tales como para que sean más importante la evaporación y la evapotranspiración, son las sequías pronunciadas las que caracterizan a la región...” (Fidalgo; 1984:1059).

Teniendo en cuenta lo antedicho, y que los factores determinantes tanto de inundaciones como de sequías son la secuencia de precipitación y evapotranspiración consideradas en forma integral (en términos del balance hídrico), el mismo en “. . . la Pampa Deprimida, en relación a su complejidad climática (región semiárida y semihúmeda) es alternante considerado un período anual, porque revela excesos de agua en el invierno y déficit en el verano. “Tales fenómenos son consecuencia de que, a pesar de que la región concentra precipitaciones levemente superiores en el semestre más cálido, es en él más elevada la evapotranspiración. Durante el semestre más frío, en cambio, las precipitaciones son también moderadas pero la disminución de las temperaturas y, consecuentemente, de la evapotranspiración crean condiciones favorables para que se produzcan excesos de agua” (Durán;1982:10). . . “ (Durán;1987:66).

La combinación de estos factores permite asegurar que, desde el punto de vista hidrológico, en la cuenca alta del arroyo, se produce una combinación de procesos de transferencia vertical y horizontal; predominan la infiltración, la recarga del acuífero y el escurrimiento superficial, mientras que en la cuenca media y baja la combinación se da mediante evaporación, evapotranspiración, infiltración, recarga del acuífero, ascenso capilar,  escurrimiento superficial y subterráneo local.  A la hora  de elegir algún tipo de solución para las inundaciones creemos conveniente tener presente y claro el tipo de procesos hidrológicos que se dan en el área. Porque “. . . el ciclo hidrológico es Universal pero la Ciencia Hidrológica (descripción, modelos, etc. ) y las técnicas ingenieriles en ella no son Universales y no será lícito y llevará a errores, como ya ha pasado, aplicar . . . “(Fuschini Mejía;1994:24), a zonas con pendiente, modelos y razonamientos desarrollados para otros ámbitos.  

 

 

Características del Arroyo Tapalqué

 

 

Como expresáramos anteriormente, el arroyo recorre dos zonas geomorfológicas diferentes. Más allá de esta distinción, la cuenca total se puede dividir en tres secciones el Tapalqué según la morfología del terreno por el cual se desplaza. Así descubrimos la cuenca alta, la cuenca media, y la cuenca baja,  siendo la primera objeto de análisis en este trabajo.

En la cuenca alta, en el sector anterior al área urbana de Olavarría, se originan las nacientes del arroyo Tapalqué, en el paraje que rodea a la laguna “La Barrancosa” (260 msnm). Olavarría se encuentra ubicada en la  parte más baja de la cuenca alta, a 160 msnm.

El perímetro de esta sección se asemeja a un extenso riñón, abarcando un área de 1700km2 (170.000 ha) aproximadamente. La geoforma que recorre se asemeja a un extendido anfiteatro cuyas graderías convergen sobre la ciudad (Olavarría).

“. . . En la parte alta no existe un único cauce afluente, sino que hay una densa red de escurrimiento muy ramificada y salpicada con pequeños y numerosos reservorios naturales y cursos menores que van uniéndose entre sí para formar el arroyo “El Perdido”, colector principal y definido del área. A medida que éste se aproxima a las estribaciones de las sierras Las Dos Hermanas al Oeste y Sierras Negras al Este, la unificación de afluentes se acentúa [. . .] de tal forma que a unos 8 km antes de la ciudad, y después de recibir el aporte del arroyo “El Encontrado”, toma un único cauce [el Tapalqué] que concentra todo el escurrimiento del agua de la cuenca superior.

Desde este punto, y a través de un lecho de profundas barrancas cavadas en la arenilla por erosión retrocedente, el arroyo Tapalqué  avanza hacia la ciudad, la atraviesa por su núcleo más poblado y sale al campo nuevamente por sus suburbios hacia el norte.

En ese tramo, y en ambas márgenes, recibe el aporte de varios cañadones por los que escurren las cuencas rápidas laterales, que tienen pendientes del orden del 3‰  al 30‰ provenientes de los faldeos de Sierras Negras y Sierras Bayas al Este y Las Dos Hermanas y La China, al Oeste [. . .]

Al seguir el curso adelante y faldear las laderas de Sierra Chica recibe por la derecha al arroyo "San Jacinto", y de ahí en adelante se va transformando en un curso de llanura, con marcados meandros...” (Sec. de Hidráulica;1987:22).

 

Aunque el eje de nuestro trabajo es la cuenca alta, creemos necesario caracterizar brevemente la cuenca media y baja del arroyo Tapalqué, ya que cualquier acción que involucre a la primera, indefectiblemente afectará a éstas.

Una vez que el arroyo deja atrás a Estación Miñana se subdivide, unificándose después en dirección SO-NE. Atraviesa así terrenos llanos sin el aporte de cursos afluentes definidos hasta que, 8 km antes de la ciudad de Tapalqué, sufre una derivación artificial -regulable- al Canal 11.

Si rastreamos su curso natural, olvidando el canal por un momento, observamos que atraviesa la ciudad  de Tapalqué y flanquea durante algunos kilómetros la ruta Nº 51, para perderse posteriormente en una zona de bañados.

Estos bajos evacuaban a través del arroyo San Miguel en el arroyo Las Flores. Esta situación natural se modificó cuando se construyó el canal Piñeyro, de unos 15 km de largo,  que une la entrada a los bajos mencionados con el arroyo Las Flores, bordeando la ciudad de Alvear.

 

 

La cuenca alta

 

Olavarría se encuentra en un valle enmarcado por las sierras Loma Negra, Sierras Bayas y Sierra Chica por la margen derecha, y Las Dos hermanas, La China y La Loma por la izquierda. No podemos dejar de tener en cuenta que estos elementos pertenecen a la cuenca alta del Tapalqué definiendo subcuencas generadoras de escurrimientos mantiformes que buscan el cauce del arroyo o de sus afluentes a través de recorridos cortos y con buenas pendientes. Estos desplazamientos líquidos y los problemas consecuentes, que antes llegaban a los colectores naturalmente, hoy encuentran en su camino a la ciudad de Olavarría que, inevitablemente, modifica sus regímenes con retenciones o aceleraciones localizadas. Por lo tanto, a medida que la ciudad crezca, crecerán también las interceptaciones a las subcuencas y los problemas subsecuentes.

 

Como el comportamiento general de las aguas superficiales que buscan el curso principal es similar en toda la cuenca alta, a ésta la podemos dividir en:

Subcuenca de fondo: Comprende todos los aportes provenientes desde la laguna La Barrancosa y las localidades de El Luchador y 16 de Julio por el SE; desde Santa Luisa y las primeras estribaciones de las sierras Las Dos Hermanas hasta la entrada de la ciudad por el SO y de una franja paralela al arroyo (sobre su margen derecha y de 1 a 5 km de ancho) provenientes de las estribaciones meridionales de las Sierras Negras hasta el paraje Salto de Piedra. Todo el sector abarca un área de aproximadamente 141.000 ha. con pendientes medias de 1,5‰. Desde el borde de la cuenca a 60 km de Olavarría hasta el Empalme Querandíes, el encauzamiento se produce a través de una serie de cursos poco definidos con aguas temporarias, que confluyen en uno más destacado denominado “El Perdido”(nombre del Tapalqué en su parte superior). Desde Empalme Querandíes hasta la ciudad, el aporte de agua se produce en un cauce principal que se presenta ya unificado y bien definido. Este área superior mantiene el caudal permanente del Tapalqué por el escurrimiento básico afluente generado en las napas freáticas. En condiciones normales todas las aguas provenientes de esta zona se encauzan naturalmente sin llegar al área urbana. Pero, los desmesurados volúmenes y caudales generados en esta subcuenca son los que provocan las inundaciones grandes por desbordes del Tapalqué.

Subcuenca La Pampita: Concentra todos los aportes provenientes de la ladera occidental de las Sierras Negras, que a través de pequeños cursos afluentes adquieren su máxima expresión en un arroyo paralelo al Tapalqué que denominamos “El Encontrado”. Este corre entre 1 y 2 km. y confluye con aquel a través de un canal artificial en el paraje Salto de Piedra. El área es de aproximadamente 10.000 ha., con pendientes medias de 6.5‰, llevando aportes superficiales al curso principal sólo en épocas de lluvias. El recorrido máximo de agua de este sector es de aproximadamente 20 km., y por sus características de superficie y pendientes es capaz de generar volúmenes regulares y caudales importantes, con tiempos de concentración menores que la subcuenca anterior, que parecen oscilar entre las 15 y las 20 hs.. Los aportes torrenciales grandes exceden la capacidad natural del “Encontrado” que, al tener sólo aguas temporarias con períodos secos intermedios, sufrió reducciones de cauce en varios lugares por aradas rellenantes o alcantarillas de cruce chicas.

Subcuenca Las Dos Hermanas: Comienza desde las cimas del cerro homónimo, pasa por sus faldeos y llega hasta la periferia ciudadana. No presenta cursos definidos, salvo los provocados por el hombre a través de los caminos y rutas. El escurrimiento superficial corre por bajos relativos, buscando el Tapalqué. Debido a los fuertes desniveles existentes, presenta importantes pendientes, con una media del 6.0‰, y recorridos máximos de 10 km., los que provocan tiempos de concentración seguramente muy bajos (no hay registros). Su superficie, aproximadamente 10.000 ha., genera aportes superficiales sólo en épocas de lluvias. En forma similar a La Pampita, es una subcuenca muy sensible, capaz de generar fuertes caudales y regulares volúmenes, con efectos fuertemente perjudiciales.

Subcuenca Loma Negra: Nace en las cimas de las Lomas Negras, siguiendo por sus faldeos y llegando hasta los barrios del Sudeste de la ciudad. Es la de menor superficie, aproximadamente 5.200 ha., pero es la de mayores desniveles y pendientes (media de 8.5‰). Además es la más urbanizada al incluir importantes villas periféricas. Tiene recorridos máximos de 10 km. Sus escurrimientos se concentran en varios canales y cunetas locales, algunos con descargas indefinidas y otros que alcanzan el arroyo San Jacinto. Estas características dan lugar a tiempos de concentración muy bajos, de 10 a 15 horas, y a la posibilidad de importantes caudales con volúmenes totales menores.

Subcuenca urbana: Teniendo en cuenta la ubicación de la ciudad, es inevitable considerarla como una subcuenca más dentro de la principal, porque recibe, modifica y aporta aguas al sistema. Ocupa un área en constante crecimiento, con una superficie aproximada de 4.000 ha. En condiciones normales, las únicas aguas visibles que ingresan en el área son las que trae el Tapalqué, las originadas por lluvias locales, las de afluentes básicos de las napas en los lechos y conductos, y las aguas domiciliarias no confinadas en las cloacas. Esta “subcuenca” posee un sistema de canales, localizados en las afueras del casco urbano, que interceptan y desvían a cauces permanentes las aguas que llegan superficialmente. Por lo tanto, estas aguas no se cuentan como ingresos efectivos.

            A continuación se puede observar, en el mapa elaborado por la Secretaría de Hidráulica de la Municipalidad de Olavarría, las subcuencas pertenecientes a la cuenca alta del Arroyo Tapalqué.  


 


Para finalizar la descripción del área no podemos dejar de mencionar las subcuencas no interceptadas por el área urbana, que pertenecen igualmente a la cuenca alta del arroyo Tapalqué.

La importancia de estas radica en que  reciben todos los caudales que de una u otra forma pasan por la ciudad. Por lo tanto secuencias desfavorables en el orden de las precipitaciones posibles, pueden alterar la capacidad disponible del curso y retardar desfavorablemente una rápida evacuación del área urbana, con malas consecuencias para la misma.

Llegado este punto es necesario detener al análisis general para adentrarnos en uno más específico; no quiere decir dejar de tener en cuenta el conjunto, sino dar prioridad a un sector en particular (la subcuenca urbana). ¿Por qué hacer de la misma nuestro objeto de análisis?. Porque en ella se manifiesta de manera explícita la relación entre el hombre y el medio con sus causas y consecuencias, sin olvidar que todos los hechos son interdependientes y que se combinan entre sí de la manera más diversa. El universo de esta relación justifica su desarrollo en un ítem aparte.

 

 

La subcuenca urbana

 

           

Si existe un ámbito que pueda dar fe de lo que significa haber trazado obras de infraestructura ferrovial sin considerar las condiciones geomórficas del área, con los problemas que ello implica (complicando la red de drenaje y perjudicando el desagüe natural) ese es el ámbito urbano. Olavarría refleja fielmente lo antedicho ya que el F. C. Roca la cruza sobre un terraplén paralelo al Tapalqué que actúa como dique de contención hidráulico ante el escurrimiento superficial proveniente de las cuencas interceptadas por la ciudad.

“. . .En efecto, el trazado urbano y sus sistemas de escurrimiento pluvial, posteriores al F.C. en el sector SE, ignoraron las obras de arte que transparentaban el mismo en los lugares de mayor concentración de agua. Tan es así que prácticamente todas las alcantarillas y los puentes medianos ubicados en el sector, están inutilizados. . .” (Sec. de Hidráulica; 1987: 32)

El resto de la ciudad escurre directamente al Tapalqué por conductos y canales.

La superficie totalmente urbanizada cuenta con un número importante de viviendas, patios, veredas y calles con infiltración cero lo que provoca pequeños tiempos de concentración y coeficientes de escorrentía altos. Obviamente estas características se acentuarán a medida que la ciudad crezca, trayendo como consecuencia que los picos de crecida originados por el área urbana sean cada vez más concentrados y más intensos.

Para confirmar la notable influencia que ejerce la urbanización en el régimen del arroyo, se puede mencionar que, para las lluvias intensas y de corta duración, esta cuenca principal (2,2 % de la cuenca total del Tapalqué hasta Olavarría) genera picos tan agudos que pueden superar los de la cuenca total. Así, cuando se producían lluvias excepcionales, las capacidades del sistema, hasta 1985, eran rebasadas, y los excedentes se salían del cauce inundando la ciudad.

Como si esto no fuera poco, y para no ser una excepción a la regla, la ciudad creció ocupando el sobrecauce de desborde, y en muchas oportunidades “ganando terreno” con rellenos del propio cauce colector que  dejaron secciones libres de escurrimiento de sólo 150-160 m2. Aún así, quedan lugares sin alterar, con barrancas tendidas, en los que la sección a cota de desborde supera los 500 m2. Si bien ésta es variable aún naturalmente, el promedio original oscila entre los 250 y 350 m2.

Varios elementos se fueron agregando a la topografía natural; obviamente la plantilla antrópica de las obras construidas modificó sensiblemente las características originales del medio, condicionando el funcionamiento del sistema. Las modificaciones se dieron en el cauce, en los sobrecauces, transversales a ambos y en la cuenca. Entre las primeras tenemos presas y puentes; entre las segundas construcciones y rellenos costaneros; entre las terceras rutas, ferrocarriles y la ciudad; y entre las cuartas canales y terraplenes de los caminos o ferrocarril.

Queda por contemplar un factor que siendo natural  no deja de ser producto de una acción antrópica. Nos referimos a la profusa vegetación que existía en todo el cauce urbano, comprendiendo árboles y arbustos implantados en las barrancas desde el tirante del agua normal hasta el borde superior. Con el tiempo muchos fueron cayendo, y al quedar en el fondo del lecho provocaron la formación de islotes sedimentarios. Estas plantas en primavera y verano se cubrían de hojas y, en épocas de crecida, retenían plásticos y basuras, constituyendo una represa natural. En conjunto, todos estos elementos, configuraban un cuadro potencialmente condicionante para  la capacidad del lecho, favoreciendo los desbordes urbanos.

 

 

Las crecidas del Tapalqué y las líneas de acción llevadas a cabo:

Una perspectiva histórica

 

Para desarrollar este punto recurrimos a la memoria y a los registros escritos que permiten rever, diacrónicamente, las inundaciones más significativas que se dieron en Olavarría. De diarios y revistas locales se desprenden los datos que nos brindaron la posibilidad de confeccionar un análisis cronológico de obras e inundaciones.

 

En el l900 una fuerte lluvia originó una inundación como, según antiguos vecinos y pobladores, no se había conocido otra, ni aún en épocas de grandes crecientes. Obras de desagüe y nivelación se habían empezado a construir en l886, pero fueron insuficientes para la enorme masa de agua que, como “avalancha” y con rapidez, convirtió a las dos terceras partes del pueblo en un mar.

En esta oportunidad, y como sucedió en otras, el terraplén, construido en marzo de 1883 desde Azul hasta Olavarría para el ferrocarril, actuó como embalse regulador por insuficiencia de sus puentes. Como no pudo retener el escurrimiento total de las aguas provenientes de la cuenca alta, colapsó en la horquilla ferroviaria de Querandíes, generando picos aluvionales de consideración.

En base a las crónicas se contaba en la época con un gran canal que dividía las chacras de las quintas hacia el sur del pueblo porque se consideraba insuficiente el canal existente para contener el agua que “El Perdido”  arrojaba sobre Olavarría.

En 1904 “. . . fue invadida la planta baja del pueblo por un canal de agua, impulsado por un viento huracanado que corría de SO a NE [. . .]. Hubo partes en que las aguas alcanzaron un metro y medio de altura, con fuerte oleaje. . . “  (Diario El Popular; 11 de agosto de 1904).

Para 1913 existían en el arroyo, a la entrada del pueblo, compuertas de funcionamiento automático que, durante la inundación que se registró en agosto, no funcionaron, elevando el nivel de las aguas y demorando el desagüe de los campos que limitan con esa parte del arroyo.

Para 1915 a las obras mencionadas se agrega, según la crónica, un “inservible y perjudicial zanjón” en el Boulevard Del Valle.

“El 5 de julio de 1919 ha de ser memorable en la historia olavarriense, ya que desde la inundación, jamás los habitantes han conocido un peligro tan grande como en esta fecha”; así consta en el diario El Popular del año 1919. Las lluvias se sucedieron a lo largo de seis días y encontraron una cuenca saturada por 320 mm caídos durante los dos meses anteriores. Las aguas del SE se unían con las rebasadas del arroyo. En los lugares más altos de la ciudad el agua llegó a 0,50 mt. de altura, y a 2,5 mt. aproximadamente, en los más bajos. El desborde del Tapalqué produjo estragos.

El desastre fue ocasionado por la ruptura del terraplén de la vía férrea; cuando ello ocurrió, las aguas retenidas en ese lugar se lanzaron violentamente hacia Olavarría. Más ejemplificador aún, en los alrededores de Querandíes hubo 0,80 mt de agua sobre el nivel de las vías.

Luego de la inundación del 19’, en el área se materializó la alternancia de sequías e inundaciones de las que habláramos oportunamente. Así, entre 1923 y 1935 se dio un “bache seco” con un clímax en 1930. Este período, especialmente el de 1929-1930, se conoce como la “gran sequía” debido a su extensión areal.

El año 1940 tiene en su haber una nueva inundación en la que el Tapalqué creció en forma extraordinaria, permitiendo una comparación de su caudal con el que transportó en 1919.

 En mayo de 1941 se registró en la ciudad otra inundación que la sociedad comparó inevitablemente con la del 19’. Las aguas cortaron el terraplén de las vías del ferrocarril Provincial frente a Sierra Chica. El arroyo había crecido en forma notable y el enorme caudal no pudo ser desaguado por los canales destinados a ese fin con la celeridad que el continuo aumento del líquido elemento requería, por cuya causa, casi todos los barrios de la ciudad se vieron bloqueados.

Entre esta y la inundación de 1955 continuó la alternancia de sequías e inundaciones parciales en toda la región; Olavarría no  escapó a ellas. Resulta interesante destacar que ante la gran inundación del 55’, nuevamente el común de la gente, la comparó con la del 19’. El agua alcanzó en las proximidades del Ferrocarril Roca, hasta un metro de altura, desbordándolo con el paso de las horas. Se abrieron las compuertas del Parque Guerrero para facilitar la circulación de las aguas y la represa del Balneario Municipal resistió el embate de las aguas, aunque el líquido la cubrió.

Una vez superado este fenómeno, y como se puede comprobar en el Cuadro Síntesis sobre la Historia de Inundaciones y Sequías en la Pampa Deprimida, elaborado por Diana Durán, en “. . .vez de producirse una alternancia “normal” de sequías e inundaciones, estas últimas estarían predominando en los años recientes; hecho que confirman en la zona sus habitantes . . . “ (Durán;1987:24). Por lo tanto, desde 1957 en adelante podemos observar un registro de inundaciones parciales en toda la región. Olavarría recién sufrió una considerable en 1978. Desbordó el Tapalqué, pero en ningún momento el agua superó las vías.   

Y llegó abril de 1980. “. . . En todo momento campeó el optimismo, la confianza. . .  esa frágil memoria de los argentinos para los sucesos y las cosas, había dejado atrás no solamente la de 1919, apenas sí recordada por los mayores; sino también, la de julio de 1955,  que debía haber estado en la memoria de todos [. . .] 61 años son muchos, no obstante. De acuerdo a la tesis que abriga la aparición de una generación cada 15 años,  eran 4 las que habían pasado. Además, el Tapalqué, corre retozón por el medio de Olavarría,  para que halla balnearios, parques, los famosos puentes colgantes que todo recién llegado quería conocer [. . .] Sí que había crecido muchas veces [. . .],  pero era como una travesura, casi una bravuconada, como para que se lo recordara algo más cuando había pasado la temporada estival y los bañistas desaparecen [. . .] Pero ese 27 de abril de 1980 [. . .] el Tapalqué se desbordó en magnitud [. . .] Sin embargo “nadie creía” lo que estaba pasando.  Hasta que no le pasaba. . .  vecinos mirando la fuga de quienes estaban a una cuadra no más,  en la confianza de que la suba iba a detenerse [. . .] ¿incredulidad? ¿confianza? ¿irresolución? De todo un poco [. . .] Cuando llegó la noche gran parte de la ciudad estaba cubierta; al día siguiente,  la mañana dejó ver un lento retroceso que persistió pero, a la tarde del lunes 28 comenzó a llover copiosamente, llegó la noche y fue la más trágica por cuanto el martes 29 el aumento tenía niveles increíbles. . . “(Olavarría Increíble;1980:4)

En noviembre de 1985 una vez más el Tapalqué, alimentado por torrenciales y persistentes lluvias que cayeron en su cuenca alta y en la ciudad, desbordó expandiéndose por el casco urbano y las zonas rurales de todo el partido, llegando la masa líquida desde varios frentes. La sensación de alivio que se había generado al comprobar las bajantes de las aguas el jueves,  desapareció ante la intensa precipitación que se descargó sobre toda la cuenca del arroyo a partir de las 5 hs. del día siguiente. El tiempo pasaba y voceros oficiales procuraban calmar a los habitantes asegurando que la inundación no alcanzaría las proporciones aluvionales de 1980. Pero no faltaban razones para preocuparse ya que los registros pluviométricos de la zona rural crecían paulatinamente. Esa tendencia no se revirtió hasta las 14,30hs.  Pero para entonces las cifras eran por demás elocuentes: 120 mm en Laprida, 115 mm en Durañona, 115 mm en 16 de Julio, 113 mm en Santa Luisa, 109 mm en Muñoz, 103 mm en Rocha y 105 en Iturregui; todo ese caudal debía pasar indefectiblemente por Olavarría.

Una tercera lluvia se dio cuando disminuía la onda de crecida originada por los 140 mm caídos en los días anteriores.  Esta última, muy intensa en la cuenca (92 mm en 9 hs.) produjo una importante inundación estando el agua fuera del cauce urbano 48 hs.  En este período la cota de desborde fue superada hasta 1,70 mt a la salida de la ciudad. “. . . Resulta evidente que el tiempo de concentración desde el comienzo de la lluvia [. . .] [al paso del pico por el último puente urbano] está ligado con el volumen, con la intensidad y con la secuencia de las lluvias. Tan es así que en el 1º caso, en que la lluvia fue muy intensa y fuerte, el pico pasó a las 50 hs. ; en el 2º, que fue por una lluvia moderada y extensa, que vino probablemente en parte desbordado (escurrimiento mantiforme), tardó 55 hs., y por fin, el último, fue el de una lluvia intensa que vino agua sobre agua, tardó 27 hs. . . . “(Sec. De Hidráulica;1987:59)

Aproximadamente a las 6 hs. del sábado la altura del caudal había llegado a su máximo nivel en la planta urbana.  Después se dio un período estacionario, y a partir de ese momento se verificó un lento descenso que luego se hizo ostensible y finalmente se aceleró en la noche del mismo día. 

La mañana del domingo dejó ver un paisaje diferente, lleno de puentes destruidos, de calles embarradas y de roturas en el pavimento. El arroyo había vuelto a su cauce natural y en muchos tramos sus barrancas aparecían carcomidas, con la impronta indeleble del meteoro. “Hoy martes 19 de noviembre de 1985, el Tapalqué está en su cauce. Es tarea de todos tratar de que permanezca allí y nunca más se enseñoree de la ciudad. Y es tarea que no tolera un solo día de demora” (Diario El Popular).

 

 

El día después     

 

Haciéndose eco de las palabras emitidas por el diario local y que, no cabe duda, transmitían el sentir de la sociedad, el municipio creó un atípico organismo denominado Secretaría de Hidráulica de la Municipalidad de Olavarría, en diciembre de 1985.  El mismo buscaría respuestas prontas y válidas a las angustiantes expectativas generadas por la sucesión de catastróficos aluviones que afectaron a la ciudad en el corto lapso de un lustro (1980-1985).

Fue imperioso iniciar en el corto plazo una serie de obras puntuales (a nuestro  entender, microhidráulica) para mejorar las condiciones de escurrimiento del cauce principal que así disminuirían la magnitud de los riesgos a que estaba expuesta el área urbana de Olavarría.

Después de recopilar datos, investigar y analizar los mismos, interpretar el sistema, formular propuestas y desarrollar anteproyectos y proyectos, se logró establecer un plan de trabajo dividido en tres líneas de acción.  Las pautas ordenadoras de criterios directores se basaron en la tesis que Ameghino enunció hace más de un siglo con conceptos que comparten actualmente Tricart, Barbagallo, Bellatti, Sabella, Fuschini Mejía y Durán, entre otros.

Según ellos, 1) el agua debe manejarse, 2) para eso habrá que efectuar retenciones en la mayor cantidad posible, donde no se den las condiciones físicas necesarias para ello, y en los lugares donde no existan esas posibilidades, evacuarla, porque el agua que queda va a producir problemas y perjuicios, 3) esto es válido sobre todo en las cuencas altas, ya que regulando en ellas los arroyos, se sabrá cuándo y cuánto descargan a las cuencas medias y bajas,  4) hay que retener el agua porque es un elemento vital y conservarla todo lo posible, amortiguando así los efectos de los meteoros, 5) lo que está ocurriendo en la provincia no es una anomalía meteorológica, sino una manifestación de punta de un fenómeno cíclico: el de las inundaciones y las sequías,  6) no debe hablarse de la solución del problema,  sino de las soluciones, porque éstas, que son varias y diferentes deben referirse a las características de cada zona, respetando naturalmente un concepto integrador.  En las cuencas altas puede pensarse en planes de trabajo simples e inmediatos  que van a ser siempre coherentes con lo que se haga luego en las bajas, 7) el manejo del suelo con prácticas agronómicas, que tienden a retener el agua donde la gota de lluvia lo toca, no se contrapone con las obras de retención, más bien las complementa, porque uno se hace para las situaciones normales y el otro para las excepcionales o de catástrofe, donde el nivel de confiabilidad del anterior fue superado.

Teniendo en cuenta los conceptos vertidos, la Secretaría de Hidráulica consideró que las soluciones posibles aceptaban tres enfoques distintos, no necesariamente sucesivos, sino que podían planearse y ejecutarse en forma separada o simultánea pero condicionándose entre sí. En términos generales son: a) buscar interpretaciones cada vez más confiables del funcionamiento del sistema hidrológico en consideración, y así, prevenir con la mayor anticipación y certeza posible los momentos y magnitudes de inundaciones que vayan a afectar a la ciudad b) aumentar las capacidades del colector principal y de sus afluentes para disminuir los riesgos de rebalse en la ciudad (actual y futura). Obviamente se irán logrando mejoras relativas en el área urbana, pero empeorarán las condiciones de los sectores aguas abajo, por la disminución de los efectos moderadores que ejercían las obstrucciones removidas. Por lo tanto, c) hay que retener total o parcialmente los volúmenes de los picos de crecida en lugares aptos y regular su evacuación en forma acorde con la capacidad remanente del cauce ciudadano o de los cauces siguientes en la cuenca principal.

Estos lineamientos se formularon teniendo muy en cuenta los riesgos de inundaciones a que está expuesta Olavarría. Por la importancia que el problema reviste puntualizaremos algunos conceptos para facilitar la comprensión de las obras propuestas.

Las condiciones físicas de la cuenca alta dan lugar a la formación de ondas de crecida aluvionales, típicas de las zonas pedemontanas, que pasan por la ciudad. Las aguas fluyen en tres ondas bien definidas después de las lluvias. La primera se forma en la ciudad y llega al arroyo  instantáneamente. La segunda viene de las sierras próximas y tarda 24 hs. La tercera proviene de la cuenca alta y tarda tres días en volcarse al arroyo. Si el cauce no está lo suficientemente “limpio” el agua del primer pico eleva el nivel y no alcanza a bajar lo suficiente al momento de recibir los otros, produciéndose en consecuencia el desborde. Su intensidad y poder destructivos dependen exclusivamente de la secuencia y envergadura que tengan las causales meteorológicas provocantes. Estas riadas se desplazan ocupando el sobrecauce de desborde natural del curso, que en la ciudad sirve de asentamiento a importantes barrios. El desarrollo de los mismos disminuye la transparencia hidráulica del arroyo y aumenta las áreas de riesgo.

 A los determinantes naturales hay que sumar las variaciones antrópicas a lo largo del tiempo. El nivel y la cantidad de obras de arte con que se encontró la crecida principal en la inundación de 1919 no tiene comparación con la de 1985. En esta última existió un “efecto moderador” originado por la ciudad misma que operó como un verdadero “dique regulador”.

Una vez quebrada la engañosa tranquilidad con que se ignoraban los datos que la realidad aportaba se estructuró un plan de acción de tres líneas para mitigar o solucionar el problema.

La línea de acción primera se basó en prevenir situaciones críticas. Para esto se recopilaron antecedentes, se definió la cuenca sobre planchetas del IGM y se comenzaron a realizar mediciones sistemáticas de crecidas y precipitaciones.

La línea de acción segunda buscó aumentar la capacidad del sistema. La recuperación del lecho principal fue racionalmente necesaria porque es la de mayor rendimiento en la relación beneficios hidráulicos/inversiones. Para ello se removieron obstáculos interpuestos por el hombre (presas y rellenos), por la naturaleza (árboles e islotes) y se optimizaron las obras de arte existentes. El criterio utilizado fue el de ir sacando obstáculos en función de los inconvenientes que provocaban. Se comenzó con los más grandes y se siguió con los que iban adquiriendo esa categoría por la eliminación de las anteriores.

El objetivo fue lograr las mejoras más importantes con los menores costos y plazos posibles. En poco tiempo de tareas el centro de gravedad de los obstáculos importantes se desplazó aguas debajo de la ruta nacional 226.

La gran mayoría de las obras fueron gestionadas, proyectadas y ejecutadas con recursos municipales. Los trabajos se hicieron mediante licitación entre pequeñas y medianas empresas olavarrienses, colaborando así con la activación económica del ámbito local. Para noviembre de 1986, a un año de la gran inundación, las obras ejecutadas eran: rectificación de márgenes; demolición de una represa; 1º y 2º etapa de destronque y limpieza en zona urbana y suburbana; limpieza y ampliación de sección bajo puentes; profundización del cauce aguas arriba de la represa demolida; ampliación del vertedero y desmantelamiento de compuertas en presa suburbana.

En esta ocasión se registraron cinco precipitaciones, medianas en intensidad y volumen, separadas entre ellas por dos a tres días. El caudal que pasó por Olavarría originado por los 182 mm fue importante, pero los máximos niveles registrados en el cauce fueron bajos. Esto demostró lo acertado de las obras efectuadas.  En marzo del ’87 una sucesión de cuatro lluvias  puso a prueba nuevamente las obras de arte del cauce urbano, dado que tuvieron que evacuar 143 mm en una tarde, con la mayor intensidad detectada desde 1984 (15 mm/hora). Además de las obras mencionadas se contaba con un canal aliviador, la rectificación de márgenes y profundización parcial del cauce en otros sectores.

Las mejoras se siguieron efectuando con el correr del tiempo; tomadas en conjunto son: rectificación de cauce; prolongación, limpieza y ensanche de canales; limpieza del arroyo Tapalqué y San Jacinto; construcción de desagües pluviales; relleno de taludes erosionados; construcción de alcantarillas y desembocadura del canal aliviador; eliminación de rebrotes y arbustos; colocación de conductos construcción de laderas; ensanche de barrancas; construcción de compuertas móviles; perfilado de pilares; construcción y reconstrucción de lozas para balnearios; control de erosión; perfilado y parquización; relevamiento planialtimétrico en zona Empalme Querandíes; canal de descargas pluviales; construcción de puentes.

Una vez en el año 1990, otra en el ’91, cinco veces en el ’92 y tres en 1998, todo el sistema fue puesto a prueba por crecidas que se dieron al registrarse lluvias mayores a los 100 mm por día.

Los trabajos ejecutados mejoraron las condiciones de escurrimiento (velocidad), y al evacuar más rápidamente los aportes de las subcuencas próximas a la ciudad, disminuyeron las posibilidades de superposición de efectos con los provenientes de la cuenca de fondo. Esto no significa que se halla eliminado totalmente el riesgo de sufrir una inundación, pues el control de una secuencia climática desfavorable, capaz de provocar la coincidencia de los picos, excede al ser humano.

La tercer línea de acción propuesta por el municipio al Ministerio de Obras Públicas de la Pcia. de Buenos Aires se basa en la construcción de un sistema regulador de caudales provenientes de las cuencas superiores de la ciudad. Esta solución limitaría las necesidades de aumentar la capacidad del cauce urbano, porque contaría con evacuaciones reguladas del sistema.

Se formuló una propuesta técnica analizando alternativas de posibles sistemas de regulación de crecidas que fue expuesta en distintas oportunidades a técnicos de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación, de Agua y Energía y a Consultores de nivel nacional. Así se logró firmar un convenio con la Pcia. en 1987 por el cual una comisión interdisciplinaria produciría un completo informe sobre la factibilidad del sistema de regulación.

A nuestro entender el proyecto prioriza los conceptos de microhidráulica porque: D promueve la experimentación; D se orienta a realizaciones continuas y en etapas; D favorece la aplicación de criterios de cooperación y participación de la población regional; D incluye la captación de aguas y la utilización de crecidas por derrame; D prevé la construcción de pequeños pantanos aprovechando o no las cubetas preexistentes; D incluye diques de tierra, canales, zanjas y correcciones de pendiente; y D contempla medidas complementarias de control edáfico, favorecedores de una mejor infiltración.

Así, con esta propuesta, Olavarría logró sumarse a los 51 distritos bonaerenses involucrados en el emprendimiento provincial que puso bajo la mira de especialistas argentinos y británicos los 170. 000 km2 que ocupa la cuenca del Salado.

La obra consiguió la declaratoria de interés urbano de parte de la Consultora Internacional Hallcrow and Partners Ltd., contratada por el gobierno bonaerense para la elaboración del proyecto hidráulico. Este sigue considerando la prevención de los picos de crecida mediante la sistematización del recorrido urbano del arroyo,  prevé la construcción de un embalse en el paraje Querandíes y la creación de canales hídricos en las zonas de Dos Hermanas y Loma Negra. Según el anteproyecto desarrollado por el Municipio, la obra de regulación tendría su sitio en una olla natural con una altura de 9 mt y un espacio de resguardo de 1,5 mt. la longitud de terraplenamiento sería de 12 km, con un vertedero de hormigón de aproximadamente 60 mt que cuenta con orificios inferiores, de un metro de diámetro, para dejar pasar el caudal de estiaje. La cota de coronamiento se establecería así en 194 mt, según el IGM para una cota de 192,5 mt, en un área inundada de 1682,4 hm2  y con un volumen acumulado de 44,263 hm3.  Para ello el arroyo requerirá una capacidad de cauce, aguas abajo, estimada en 280 m3/seg.  En el caso de que se produjeran excesos hídricos se contempla la construcción de un canal derivador que, aprovechando singularidades naturales que brinda el área, erradicaría las aguas que no pudieran ser retenidas por el vaso hacia la laguna Blanca Chica. Esta se encuentra a 12 km del casco urbano, en dirección SO, y posee una extensión de algo más de 1000 ha.

Actualmente  se lleva adelante la elaboración de un mapeo y análisis de la situación ambiental de base contemplando tanto los aspectos naturales como antropológicos del área. La tarea es desarrollada por un grupo multidisciplinario conformado por especialistas en modelación matemática y análisis hidráulico, hidrología, diseño de obras civiles, estimaciones de costos y proyecto de obra,  evaluación económica y estimación de daños, evaluación de impacto ambiental, planificación urbana, GIS, elaboración de planos en AutoCad, digitalización de planos y administración del proyecto. Todo el equipo cuenta con la asistencia de expertos internacionales visitantes: Ing. Stuar Suter en Ingeniería, Prof. Colin Thorne en Geomorfología y Lic. Richard Ashby Crane en Medio Ambiente.

Al designarse como prioritaria la obra en el marco del Proyecto Río Salado (P. R. S.), los planos estarían listos este año y, de mediar financiación internacional, sería muy probable que esta se ponga en marcha en el 2001.

 

 

Conclusiones

 

Con la certeza de que este trabajo sólo representa una parte del rompecabezas que es la Pampa Deprimida, y con la satisfacción de haber encontrado un municipio como el de Olavarría, donde la búsqueda de soluciones dejó de lado banderías políticas poniendo en primer lugar el bienestar de la sociedad sin afectar en demasía el medio ambiente, finalizamos considerando que:

D los lineamientos planteados y ejecutados hasta hoy por los diferentes organismos, han seguido un criterio lógico, desde el punto de vista sistémico, que bien podrían imitar otros.

D es importante no traspolar soluciones ad hoc a todas las situaciones de anegamiento e inundación. Hay que estructurar tantos tratamientos hídricos como sitios con problemas halla, considerando micro-relieve, la geomorfología obtenida de un ámbito mayor, la micro-meteorología, suelos y vegetación.

D hay que tener en cuenta las posibilidades que brinda el manejo de la vegetación  para favorecer la infiltración, aumentar la evapotranspiración y la fijación del suelo por las raíces.

 D tener presente el manejo de los suelos con técnicas como labranza mínima, cultivo en contorno, pastoreo controlado y toda labor que atempere el deterioro de la capa de aireación, ya que ésta es un reservorio temporal de agua de los episodios lluviosos y permite disminuir las inundaciones por escorrentía.

D haciendo nuestras las ideas de, entre otros, Diana Durán y Mario Fuschini Mejía, a largo plazo habrá que considerar seriamente la necesidad de yuxtaponer soluciones de microhidráulica con soluciones brindadas por la macrohidráulica.

D sería conveniente contar con mapas de riesgo hídrico para que exista seguridad a la hora de tomar decisiones con respecto a la conveniencia o no de hacer obras en lugares puntuales.

D la idea de derivar los excesos hídricos de la presa a un reservorio natural nos parece la más acertada por cuanto se estará “domesticando” el agua y reservándola con profundidad, impidiendo su evaporación, para así luego aprovecharla en momentos de sequías.

D la tercer línea de acción emprendida en conjunto muestra el espíritu cooperativo que reclamara Diana Durán al brindar una solución que involucra a la cuenca del Tapalqué en su totalidad.  El municipio con lo realizado en la 1º y 2º línea de acción solucionaba la problemática de la “ciudad-dique” trasladando las complicaciones aguas abajo.  El proyectar una 3º línea de acción que regule las crecidas aguas arriba ofreció una respuesta regional.

D hoy, desde el Ministerio de Infraestructura y Vivienda, se habla de un plan de obras públicas que contempla un listado de obras prioritarias. Entre ellas se encuentra la construcción de acueductos y redes de riego para aliviar las inundaciones que padece el NO bonaerense por el inadecuado manejo que se está efectuando con las aguas del Río V.  Esperamos que antes de optar por una “gran” solución tengan en cuenta la factibilidad de realizar manejos en pequeña escala; reiteramos nuestro convencimiento de que las soluciones brindadas por la microhidráulica son las ideales. Y si así se actuara, tener presente que lo que significa solución para un espacio (por ej. 1º, 2º y 3º línea de acción en Olavarría) no necesariamente será solución para otro.

 

 

Bibliografía

 

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-Secretaría de Hidráulica. Municipalidad de Olavarría. Registro de lluvias 1944 a 2000. Registro comparativo de lluvias y nivel de napas freáticas del partido de Olavarría. 

  

  

Agradecimientos

 

 

A la desinteresada colaboración otorgada por el personal de la Dirección de Hidráulica de la Municipalidad de Olavarría; a la Sra. Aurora Alonso de Rocha, Directora del Archivo Histórico de Olavarría y al constante estímulo que nos brindó la Lic. María del Carmen Villar. En lo personal, a nuestras respectivas familias que, con su apoyo, nos permitieron realizar este trabajo.  


Ponencia presentada en el Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata - Argentina. Octubre de 2000.