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Asunto:NoticiasdelCeHu 35/22 - Pobreza, política y poder
Fecha:Lunes, 17 de Enero, 2022  11:13:50 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <noticias @..............org>

NCeHu 35/22

 

Pobreza, política y poder

 

“La pobreza no la crea la gente pobre. Ésta es producto de un sistema que hemos creado …” Muhammad Yunus. Premio Nobel de la Paz.

 

Alfredo César Dachary

 

Al ir desapareciendo los sistemas de solidaridad, desde el trabajo a otros derechos sociales para ser reemplazados por el individualismo, los pobres cambian de posición respecto a ellos y a su relación con el poder, lo cual ha llevado a generar un nuevo e importante campo de análisis político, definido en una pregunta: ¿Por qué los trabajadores apoyan a la derecha?

Un ejemplo interesante se dio en Francia en estos meses donde en las elecciones regionales las candidaturas ecologista, socialista y comunista se retira para frenar en la segunda vuelta al aspirante de la extrema derecha mejor situado en las regionales francesas y apoyar a un candidato de derecha “moderada”.

Para poder entender el caso francés debemos saber que es la ultraderecha, que no es la misma de décadas atrás con el auge del nazismo y otras tendencias, como hoy es Vox en el caso español.

Para Pierre-André Taguieff, politólogo y filósofo francés, ésta es la encarnación de un “nacional-populismo”, que tiene como eje la dimensión “nacional”, partiendo de la premisa de que el pueblo es “homogéneo” y “se confunde con la nación unida”, dotada de una unidad sustancial y de una identidad permanente.

El resto de las ideas que defiende y que es el objeto de su denuncia y crítica orientada en diferentes niveles son los extranjeros y las élites son rechazadas en la medida que son percibidas como “el partido del extranjero”, subordinando así el anti-elitismo a la xenofobia.

De allí que este populismo integrado en el nacionalismo proyecta la figura de un enemigo nuevo: la del extranjero o invasor, por ello son un movimiento antiglobalización, aunque no se definen ni reconocen como tales y sus formaciones enarbolan la bandera de la “identidad nacional” y la protesta contra el establishment: por la apertura a los flujos migratorios, a la deslocalizaciones de las  industrias, la denuncia a la pérdida de soberanía nacional en beneficio de organismos supraestatales como es la Unión Europea; y afirman que la identidad peligra ante etnias o culturas foráneas, identificando especialmente al Islam como la mayor amenaza. Estos partidos cuentan con un elevado componente de voto obrero, lo que les ha valido ser calificados como "partidos neo proletarios".

Daniel Oesch, mediante el análisis de los casos de Austria, Bélgica, Francia, Noruega y Suiza, ha valorado tres hipótesis explicativas que enfatizan distintas motivaciones que llevan a este “nuevo proletariado a votar por la ultraderecha”.

La primera es de orden económico creado por la competencia de la migración en el mercado de trabajo y el temor que ésta genere una presión salarial a la baja y termine reflejándose en medio de la crisis del Estado del bienestar.

La segunda es la racial-cultural, derivada de la percepción de que la inmigración es una amenaza a la identidad del país y, por ello, éstos se plantean el defender a la sociedad que se ha ido abriendo y rechazar el multiculturalismo. El tercer grupo, ante la insatisfacción con el funcionamiento de esta democracia y al no sentirse integrados por entes sociales intermediarios, en especial los sindicatos, pero también la Iglesia y otros pilares sociales.

Es el conjunto de tales transformaciones lo que permite entender el voto obrero migrando a la extrema derecha y para entenderlo hay diez cuestiones para el grupo de análisis encabezado por Xavier Casals, quién ha resumido lo que considera son las claves para entender este nuevo comportamiento:

1.    ¿Mutación política o reajuste entre demanda y oferta política?

El cambio de signo, refleja un ex proletariado hoy dominado por desocupados y marginales, y tiene como único lugar para sus protestas la ultraderecha, el 4° mundo, el de los parados. En el 2001, Moreau estudia a este nuevo mundo y ve que ellos se alejan de la política y lentamente van cambiando de ideas, son los desclasados.

2.    La función “Tribunicia” del comunismo al Nacional-Populismo.

En los 70´, el Partido comunista francés tenía el rol de representar a los sectores populares excluidos de la política, función que fue asumida décadas después por el nacional-populismo, que se ha transformado en las nuevas tribunas del electorado obrero, así éste se adhirió a la liga norte, la derecha italiana, al bloque Flamenco y al partido de Le Pen.

3.    La izquierda ha idealizado a la comunidad obrera.

Perrineau ha destacado los valores del pueblo de izquierda, que entran en contradicción con los valores de sus partidos tradicionales. En este panorama, la ultraderecha ha asumido la defensa del Estado del bienestar sacrificado por el neoliberalismo.

4.    La revuelta del hombre blanco ante la disolución del viejo orden social.

¿Influye el género en los votos de la ultraderecha?, en éstos los hombres eran mayoría y en los ecologistas e izquierda liberal dominaban las mujeres, que son las más reacias a votar por la ultraderecha. El líder del partido de la libertad en Austria, sostenía que las mujeres no debían meterse en política. Marine Le Pen ha logrado influir en el electorado femenino, por ser joven, divorciada y con criterios amplios.

5.    El resentimiento social y la radicalización derechista.

La política de resentimiento de la nueva “Infra clase” es real, ya que éstos son proclives a culpar a las minorías inmigrantes de su situación, con aval de los partidos gobernantes y los Estados.

6.    Un cambio profundo en la disolución de la comunidad obrera.

Moureau sintetizó “…la disolución cada vez más rápida de los socialdemócratas y comunistas, la desintegración de la cultura obrera tradicional y el temor de los neo-proletarios a ser las próximas víctimas de una marginación social a futuro” juegan un papel importante en el decadente proletariado.

7.    El desarrollo de laboratorios políticos: el fin del amanecer dorado.

Los partidos de ultra derecha han desarrollado "laboratorios políticos" con un trabajo sistemático en lugares deprimidos, poblados por sectores populares y de presencia obrera importante, donde han cosechado resultados remarcables. En la región de Nord-Pas de Calais, una zona castigada por el cierre de las minas de carbón y las deslocalizaciones industriales, administrada durante largo tiempo por los socialistas, se ha convertido en un feudo de la ultraderecha.

Los antiguos afiliados al Partido Socialista (PS) y al Partido Comunista Francés (PCF) muestran rencor a estas formaciones por su supuesta traición a las clases populares, lo que allana el camino a un sincretismo que combina nacionalismo y herencia socialista.

8.    La respuesta de la izquierda.

La ultraderecha también se ha beneficiado de la disociación entre los partidos de izquierda y sus electores. En Francia, el PS se ha aburguesado: en sus filas están sobre-representados los titulados superiores, sus élites se reclutan entre las clases medias y la presencia de diputados obreros ha conocido un descenso constante, lo mismo sucedió con el número de militantes obreros, en 1985 eran un 10%, porcentaje que en 1998 se había reducido al 5%.

9.    Las incertidumbres de la era postindustrial.         

El electorado de ultraderecha en Europa occidental presenta rasgos similares y su lógica de voto, en 2002 se detectó que el apoyo a Le Pen procede, en primer lugar, “de las grandes concentraciones urbanas, de los lugares de fuerte delincuencia y de los anclajes importantes de población extranjera”; de “las viejas regiones industriales en crisis e inscritas en el doloroso y largo proceso de reconversión”; de “la tierra de difusión de los miedos urbanos, a veces lejos de las ciudades, en medios rurales o rur-urbanos” y “a menudo rodeando ejes pendulares entre el domicilio y el lugar de trabajo”.

10. ¿Crisis económica equivale a ascenso de la ultraderecha?

Los tópicos del apoyo obrero a la ultraderecha que inducen al error y se pudo constatar la vigilia de las elecciones europeas de 2014, cuando numerosos medios de comunicación asociaron mecánicamente la agudización de los efectos de la crisis económica con el ascenso de la extrema derecha: se argüía que cuanto mayores fueran la crisis y el aumento del paro, mayor sería el volumen del voto extremista. Las elecciones testimoniaron que la crisis favorecía a las formaciones de extrema derecha donde existía una oferta ideológica de este signo que era competitiva en las urnas, pero no la generaba per se allí donde no existía.

Conclusiones: ésta es una visión de Europa post caída del muro, la Europa neoliberal y la que está al frente de la contradicción: Estados Unidos - Rusia.

En América, en condiciones diferentes, se repiten los casos: Argentina en 2021, con 43% de pobres pierde el peronismo y sus aliados; en Ecuador, los pueblos indígenas terminaron votando a la derecha y ahora la apoyan en el Congreso; en Perú, un maestro llega al poder en medio del caos, y tanto la izquierda como la derecha, lo tratan de sacar.

En el campo ha habido cambios productivos fuertes con las nuevas tecnologías y un vaciamiento profundo en sus localidades, lo cual ha llevado a los antiguos campesinos a ser un proletariado periférico de las grandes ciudades.

Las elecciones de Honduras y Chile han dado un respiro a la presión permanente de Estados Unidos y un rasgo de esperanza para el denominado progresismo, en un mundo con profundas contradicciones y amenazas que lo limitan en su desarrollo y en la lucha profunda sobre el mayor enemigo: la pobreza.

 

cesaralfredo552@gmail.com