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Asunto:NoticiasdelCeHu 429/21 - El hambre la otra cara del "desarrollo"
Fecha:Viernes, 31 de Diciembre, 2021  12:24:36 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <noticias @..............org>

NCeHu 429/21

 

El hambre la otra cara del “desarrollo”

 

“Todo lo vence el hombre, menos el hambre” Seneca.

 

Alfredo César Dachary

 

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos asume plenamente como líder de los aliados occidentales la hegemonía del sistema capitalista y arma una estructura internacional con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a la cabeza, el Banco Mundial (BM), luego la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y demás organismos mundiales para aplicar el modelo que se consideraba era el apropiado para salir de la guerra, y allí se genera la ratificación de la alianza invisible pero real del primer mundo: los colonizadores y conquistadores frente a sus víctimas, los colonizados y conquistados.

Para Europa hay un Plan Marshall que tenía un triple objetivo: primero y primordial, acotar el terreno controlado por la URSS por todos los medios posibles desde alianzas con la mafia hasta la acción de las iglesias para evitar que sigan creciendo; segundo, armar países que respondan ideológicamente a Estados Unidos y acompañen los procesos de intervención militar y económica en el resto del mundo; y tercero, armar una alianza militar, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para respaldar estas estrategias en medio de la guerra fría.

Así reemerge Occidente, olvidándose del nazismo, el cual es premiado en la historia al capturar su gran base de científicos y utilizarlos para su potencial armamento mundial tanto por Estados Unidos como por la URSS. La gran mayoría de nazis no solo no fueron juzgados, sino que muchos se incorporaron a los nuevos gobiernos en Alemania, Austria y otros países y otros disfrutaron del amparo y protección en el cono sur donde estaban los gobiernos proclives a las ideas del eje.

Hoy, a finales del 2021 todavía se están “encontrando” ancianos, ya moribundos, ex miembros del poder del nazismo cuyo juzgamiento es una burla para la sociedad y las victimas, ya que es imposible encerrarlos, por el corto tiempo que les queda y así repetir la historia de los vencidos.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) se ha planteado el fortalecimiento del Estado de Derecho y la promoción de los Derechos Humanos que son las piedras angulares de la labor del Programa de la ONU para lograr el desarrollo humano sostenible y erradicar la pobreza extrema.

Lo difícil de explicar es que, si bien el PNUD también facilita actividades más amplias de promoción del estado de derecho de las Naciones Unidas en entornos afectados por crisis y conflictos, lo realiza apoyando a los grupos sociales o políticos que son afines con las ideas del dominio norteamericano en sus regiones y el país.

La labor del PNUD en relación con el estado de derecho y los derechos humanos parten de abrir el acceso a la justicia y a los remedios jurídicos, y ayudar a las personas a hacer valer sus derechos; siempre y cuando coincidan con la mal llamada “Democracia americana”, hoy tenemos varios países en esta lista negra en América, desde Venezuela, país muy rico por ello deseado por Estados Unidos, al caso de Bolivia, con grandes reservas de litio y otros minerales. No hay justicia para sostener una ocupación ilegal y colonial en Las Malvinas y en la zona de Esquivo, rica en petróleo y otros minerales y operada hoy por Gran Bretaña con ayuda de Estados Unidos.

Ayudar a los gobiernos a establecer sistemas de justicia capaces, entre otras cosas, la rápida restauración de los servicios de justicia y los mecanismos de solución de controversias después de crisis o conflictos, algo que hoy ha desaparecido por la gran brecha entre los supremacistas y el populismo de derecha y las ideas progresistas, a los que se sumaron los golpes blandos jurídicos, como el de Brasil a la presidenta, el de Ecuador contra Correa para no dejarlo regresar, y mientras los pueblos originarios son los más olvidados, perseguidos y en casos masacrados, como ocurre en Chile y Argentina con los mapuches.

Otra idea genial que no se cumple ni remotamente es la de aumentar la seguridad de la comunidad y reducir la violencia armada, entre otras cosas, poniendo freno a la proliferación de armas pequeñas y armas ligeras; la violencia sexual y por razón de género y otras perversiones que día a día emergen en la sociedad como “respuesta” a las nuevas ideas que se están imponiendo.

La promoción y protección de los derechos humanos, en particular el fortalecimiento de la labor de las instituciones nacionales de derechos humanos, apoyar la colaboración con los mecanismos internacionales, cada día están más lejos en Estados Unidos, donde el supremacismo blanco ha respaldado a la policía a hacerse justicia con mano propia, a la violencia en escuelas y centros comerciales por jóvenes armados, a los derechos humanos solo queda la posibilidad de un milagro para resolver esta violencia más a la que viene del dominio cada vez mayor del narcotráfico, que ha colocado a varios países en la lista de Estados fallidos.

Pero pese a que estas realidades dominan la escena de la sociedad actual, muchos ciudadanos siguen pensando utópicamente y así fortifican estas posturas.

Después de una década de tímido desarrollo económico, todavía consideramos que la tasa de crecimiento general de Gran Bretaña es un faro en Europa, y aquellos que buscan señales de un inminente choque económico de trenes como resultado del Brexit se sienten provisionalmente reivindicados por las recientes expectativas a la baja de la tasa de crecimiento del Reino Unido por debajo de la de Grecia previstas por el FMI.

Pero el énfasis en el crecimiento continuo como el gran objetivo económico de los países presenta tres grandes contradicciones que deberíamos haber aprendido en los últimos 40 años: primero,  la riqueza no necesariamente “se esparce” entre la sociedad ; segundo, la expansión indefinida de la producción global puede ser insostenible, y tercero los aumentos en la actividad económica monetizada no significan un  aumento automático del bienestar general.

Dos aspectos fundamentales han cambiado para dejar más claro que nunca que el crecimiento, en sí mismo, es insuficiente como ideal económico.

Como lo ha demostrado Thomas Piketty , los años setenta fueron el punto culminante de la igualdad económica. Desde entonces la distribución de la riqueza y las rentas se ha vuelto mucho más desigual, con los ricos apropiándose de la mayor parte del crecimiento que ha ocurrido en cada país.

El segundo cambio fundamental es que la búsqueda socialmente infructuosa de la ventaja posicional, particularmente por parte de los ricos, se ha vuelto especialmente problemática debido a la necesidad de contener algunos aspectos del consumo global, especialmente los que aumentan las emisiones de carbono, los que reducen la biodiversidad o los que contaminan el planeta.

La tesis original de los “límites sociales” en la década de 1970 fue una reacción a un argumento físico de los “límites al crecimiento” basado en la idea de que el petróleo mundial eventualmente se agotaría y que los límites sociales ya existentes para el crecimiento eran mucho más pertinentes que las proyecciones apocalípticas de las condiciones materiales del futuro.

Esta situación acelerada o profundizada por la pandemia y la crisis que viene atrás ya ha dejado profundos resultados, que ha aumentado la huella de la asimetría global y muy especialmente en Latinoamérica y el Caribe, las zonas de influencia directa de Estados Unidos.

En América Latina y el Caribe, el hambre está en su punto más alto desde el comienzo del nuevo siglo, con 60 millones de habitantes que padecen hambre y 267 millones que sufren inseguridad alimentaria, lo que entre 2019 y 2020 aumentó 30%, casi 14 millones, el número de personas que enfrentan inseguridad alimentaria, alertaron a gobiernos y agencias internacionales.

En un nuevo informe, la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Programa Mundial de Alimentos (WFP) con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) muestran como en sólo un año el número de personas que viven con hambre ha crecido en 13.8 millones, para sumar un total de 59.7 millones de personas.

Este panorama regional de seguridad alimentaria y nutricional 2021 apunta a que la prevalencia del hambre en el área se ubica actualmente en 9.1%, la más alta de los últimos 15 años y se traduce en que cuatro de cada 10 personas en la zona –267 millones– experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave en 2020, 60 millones más que en 2019.

En Sudamérica, la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave aumentó 20.5% entre 2014 y 2020, mientras en Mesoamérica hubo un aumento de 7.3 puntos durante el mismo período.

No obstante, señalan las agencias, la inseguridad alimentaria grave, es decir, personas que se han quedado sin alimentos o han pasado un día o más sin comer, alcanzó 14% en 2020, lo que supone un total de 92.8 millones, un fuerte incremento en comparación con 2014, cuando afectaba a 47.6 millones.

Pero no se han visto afectados de igual forma hombres y mujeres ya que, en 2020, 41.8% de las mujeres de la región experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave, en comparación con 32.2% de los varones. Esta disparidad incluso ha ido en aumento en los últimos seis años.

América Latina y el Caribe enfrentan hoy una situación crítica en términos de seguridad alimentaria, ya que ha habido un aumento de casi 79% en la cantidad de personas con hambre entre 2014 y 2020, y que la pandemia ha agravado la situación.

La pérdida de alimentos se refiere a la disminución de la masa de comida que tiene lugar en las primeras etapas de la cadena de suministro, desde que se cosecha y produce hasta que se distribuye. Los desperdicios, en tanto, son las pérdidas que suceden cuando los alimentos se comercializan y se consumen. Pero mucho de los alimentos desperdiciados son codiciados por aquellos que deben recurrir a los desperdicios de otros para alimentarse.

Para la FAO, de todos los alimentos que se producen en el mundo 14% se pierde y 17% se desperdicia, lo que resulta inaceptable que se pierdan esos alimentos cuando en la región el hambre y la inseguridad alimentaria siguen siendo un enorme desafío.

Los grandes avances logrados en las nuevas tecnologías desde la inteligencia artificial, Big data y otros instrumentos, han profundizado la gran brecha en la sociedad moderna y en todos los países, por lo que habría que preguntarse: ¿hacia dónde va el desarrollo tecnológico además que abrir el camino a una pérdida de masiva de empleos a manos de la robótica?

 

cesaralfredo552@gmail.com.mx