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Asunto:NoticiasdelCeHu 422/21 - El ocaso del imperio americano
Fecha:Domingo, 19 de Diciembre, 2021  21:41:54 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <noticias @..............org>

NCeHu 422/21

 

El ocaso del imperio americano

 

“En la política nada sucede por accidente, si sucede usted puede apostar que así se planeó” Franklin D. Roosevelt.

 

Alfredo César Dachary

 

Luego de la crisis del 29, que no pocos vaticinaron como la última gran crisis del sistema, un político excepcional se lleva todas las medallas porque logró en tres quinquenios revertir la tragedia en victoria, hasta el liderazgo mundial del sistema capitalista, y ese político es sin duda Franklin D. Roosevelt.

Hoy para algunos analistas, la situación actual es peor que en el 29, con otras causas y un marco referencial histórico diferente, aunque al final lo que está en juego no solo es la hegemonía de Estados Unidos sino la de una figura que sintetiza este largo proceso de hace cinco siglos atrás y que se denomina “el mundo occidental”, en referencia a que hay otro y no es solo oriental, sino postcolonial, es más que los dos grandes emergentes, China e India, y que en décadas pasadas se denominó el Tercer Mundo.

Plantear el ocaso del denominado imperio americano, no es un placer, quizás sea más el temor a las grandes consecuencias, incluido una guerra mundial o algo peor como la profundización de la pobreza de las grandes mayorías de países emergentes del siglo XX que pasaron de la pobreza a la miseria, aunque el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional quieran disfrazar esto, no se puede ocultar y hoy la pandemia es el espejo para que la sociedad vea a que quedó reducida, en medio de las falsas luces de la sociedad de consumo.

Los principales críticos de la situación están dentro del sistema, no vienen de fuera como es el caso de Nicolás Chaillan, que lanzó una verdadera bomba atómica en una entrevista al Financial Times hace un mes, al afirmar que había renunciado a su puesto como jefe de Ciberseguridad del Pentágono debido a que Estados Unidos ya perdió la batalla de la inteligencia artificial (IA) frente a China, cuando “la ciberseguridad de Estados Unidos en algunos departamentos gubernamentales se encuentra a un nivel de kindergarten”.

Al profundizar sus motivos de renuncia, las afirmaciones son duras y sólidas ya que vienen de un experto excepcional en este tema que afirma, “…no tenemos una oportunidad competitiva para luchar contra China de 15 a 20 años, mientras Pekín se encamina al dominio global debido a sus avances en IA, aprendizaje automático y capacidades cibernéticas”, y concluye afirmando que China está lista para dominar el futuro del mundo, controlando todo, desde las narrativas de los multimedia hasta la geopolítica.

Luego de la derrota en Vietnam, en Irak que fue una batalla ganada a lo pirrio y la retirada de Siria luego de una década de intentar destruir este país árabe, que se sostuvo con el apoyo principalmente de Rusia que vuelve al escenario mundial en un período muy complejo de emergencia de nuevos actores y, por ello, competencia.

Recuperar el dominio mundial es la meta del imperialismo del siglo XXI, para retomar primacía frente a las adversidades generadas por la globalización y la multipolaridad junto al surgimiento de un gran rival y con la insubordinación de sus viejos aliados, que son conscientes de lo que está en juego.

Sus actuales acciones se cimientan en el uso de la fuerza, ya que Estados Unidos perdió el control de la política internacional que exhibía en el pasado, pero mantiene un gran poder militar, pasando todos los límites, incluso los de supervivencia del planeta en caso de una confrontación sin triunfadores.

Estados Unidos busca reconquistar supremacía en tres áreas, comenzando por el control de los recursos naturales, en el final de la era de los combustibles fósiles buscando la nueva riqueza desde las tierras raras al litio. Para ello debe controlar de diferentes maneras los nuevos países que emergieron con la “descolonización” y al final está el enfrentamiento, hoy indirecto de sus rivales, una forma de reconocer que el libre mercado y la democracia son pantallas, no principios, por ello dominan en este rubro amenazas, imposición de sanciones, desestabilizaciones y demás mecanismos para generar “Estados fallidos”.

En la política interior, el tema está o es más grave que la política exterior, ya que del país del American Way of Life solo queda el recuerdo, aunque la desesperación de los caribeños y centroamericanos aún insistan en que no estarían peor que en sus países de nacimiento.

Para una gran población, cuya meta única es el consumo en todos los niveles posibles, resulta que según las últimas encuestas se cuentan 55 millones de pobres, ocho millones más que en 2019 a lo que se une la pérdida de 22 millones de empleos por la Covid-19.

En febrero de 2019, antes de la pandemia de coronavirus, la Oficina del Censo Federal señalaba que dos de cada cinco habitantes estadounidenses no podían cubrir el gasto diario sin endeudarse y para junio de ese año informaba que más de un tercio de los inquilinos no pudieron pagar a tiempo el alquiler. Abocados al desahucio se hallaban 12 millones de personas en enero de 2021, los que debían más de 5,500 dólares a los dueños.

El Presidente Biden generó un gran alivio para esta aterradora situación con las ayudas o bonos financieros otorgados por el gobierno, pero ya ese dinero se ha evaporado y resulta muy difícil encontrar trabajo al quebrar numerosos negocios y compañías.

Varias publicaciones señalan que en la ciudad New York, anhelada por miles de personas en el mundo, los problemas se han acentuado al convertirse varias estaciones del metro en uno de los refugios para personas sin hogar en los cuales van a dormir y a guarecerse del frío.

Peor aún son los grandes edificios públicos de la llamada Gran Manzana que se han transformado en “favelas” donde se aglutinan centenares de personas sin las mínimas condiciones sanitarias y la organización social Human Rights Watch, que fue fundada para servir fuera del país asegura que “millones de personas en Estados Unidos enfrentan una situación de pobreza y hambre que podría prevenirse”.  

Lena Simet, investigadora principal sobre pobreza y desigualdad de esa institución señaló que “…si el gobierno tiene interés en abordar la inseguridad económica y la desigualdad que ha puesto de manifiesto y ha exacerbado la pandemia, debe asegurar que los derechos económicos y sociales sean una prioridad para todos…”.

Para Simet, eso implica “…construir un sistema de protección social sólido y universal e invertir en servicios públicos, especialmente en educación, atención de la salud, vivienda y un estándar de vida adecuado”. ¿Podrá acatar el capitalismo estas sugerencias de la funcionaria de Human Rights?

Otros datos oficiales dan cuenta de la alarmante situación que viven un alto porcentaje de las familias pobres, como señala la encuesta Pulso de Hogares (Household Pulse) de la Oficina Federal de Censos, la cual asegura que, desde el inicio de la pandemia, decenas de millones de personas han perdido su trabajo y la mayoría lo hacían en sectores que pagan salarios inferiores a la media nacional. Ahora se enfrentan a la amarga realidad de haberse quedado sin dinero y sin ahorros.

¿Cómo pudo ocurrir esto a un país rico, con una superficie de país continente, bioceánico y con mucha población?, ¿qué ocurrió? En los años setenta se cerró el ciclo de los años dorados, por el cual Estados Unidos se transformó en un modelo de calidad de vida y de allí a la crisis, el camino fue corto pero muy duro.

En los sesenta la rebelión de una juventud que tuvo las mayores oportunidades fue rebasa por una lucha social impensable en Estados Unidos, el fin del apartheid de la población negra, la lucha por la defensa de la naturaleza, de los jóvenes para ir a una guerra que no les era propia y mucho más.

Esto derivó en los 70´en las grandes tragedias que han marcado la crisis actual, el fin del respaldo oro del dólar transformándolo en una moneda fiduciaria, de poco valor cada vez menos, y obligando al mundo a “seguir “creyendo” en un dinero sin respaldo que un país irresponsablemente abusaba del poder de emisión sin tener como sostenerlo.

La derrota de Vietnam y la creación de la OPEP, abren la puerta a un nuevo modelo: el neoliberalismo, que no solo empobreció a los países de la periferia sino a los propios ciudadanos del primer mundo.

En este nuevo escenario mundial e interior de Estados Unidos, la salida militar es la más viable, aunque los costos son cada vez mayores, desde destruir países como Libia, a intentarlo como Siria y Líbano y otros más, los tiempos no son los mismos y la impunidad cada vez tiene un límite mayor, un freno no previsto para esta etapa, aunque los medios sean manipulados e impregnados de falsas noticias aún quedan fuentes para ratificar éstas, aunque cada vez menos.

El ocaso del imperio es más que el de Estados Unidos, puede ser de un costo mayor según sea el nivel de la desesperación y la inconciencia, ya que es difícil asumir la verdad, no hay pueblos elegidos, el éxito lo logra una clara dirigencia y un pueblo que lo asume, y los ejemplos opuestos son más suficientes, Roosevelt en la crisis de Estados Unidos al liderazgo y China, de ser una de las economías más pobres del mundo, al primer lugar compartiéndolo con Estados Unidos.

No hay países ni razas superiores, eso fue el XIX y reventó en el XX con el nazismo, no hay cultura universal, no hay un mundo occidental, sino una visión del mundo cada vez más cuestionada y, a la vez, más criticada por ser solo una explicación de una tragedia humana, la colonización, el genocidio de pueblos y la esclavitud, todo esto en la base del actual sistema mundial, oculta pero visible en los más de 150 millones de afrodescendientes que hay solo en América.

 

cesaralfredo552@gmail.com