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Asunto:NoticiasdelCeHu 373/21 - LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER EN MÉXICO: UNA PERSP ECTIVA GEOGRÁFICA
Fecha:Domingo, 7 de Noviembre, 2021  01:25:21 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <noticias @..............org>

NCeHu 373/21

 

LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER EN MÉXICO: UNA PERSPECTIVA GEOGRÁFICA

 

Ricardo Guerra Díaz

Universidad Nacional Autónoma de México

Ciudad de México - México

 

 

El presente trabajo tiene como propósito dar a conocer el panorama actual de la distribución territorial e incidencia de la enfermedad de Alzheimer en México, además de analizar algunos de los factores de riesgo más reconocidos por la comunidad científica.

Esta investigación se encuentra dentro del campo de la salud, por lo que es necesario evidenciar brevemente las relaciones entre este campo del conocimiento y la Geografía.

Respecto al objeto de estudio de la Geografía de la salud, Gatrell y Elliott (2009) mencionan que es la disciplina encargada de estudiar la distribución espacial de los procesos salud-enfermedad, de la morbilidad, de la infraestructura en salud, así como de los vectores que ocasionan algunas enfermedades y su asociación con factores ambientales, culturales, demográficos sociales y económicos. Asimismo, Santana (2014, p. 19), considera que “…el objetivo general de la Geografía de la salud, es proporcionar conocimientos que sirvan para comprender las relaciones que se establecen entre las condicionantes de la salud, los resultados efectivos de las políticas y de la organización de los servicios, y sus consecuencias en el desarrollo del territorio”.

En función de lo planteado, conocer la situación de salud de una población en un territorio implica entender el espacio como un lugar en el que convergen un sinfín de elementos culturales, demográficos, sociales y económicos que influyen en el desarrollo de algunas enfermedades.

De acuerdo con Iñiguez (1998), la salud de la población constituye la expresión de determinantes y condicionantes biológicos, ambientales y sociales, tanto históricos como actuales; por lo que todo espacio geográfico posee una historia ecológica, biológica, económica, cultural y social que, de manera inevitable, orientará el proceso salud-enfermedad en los distintos grupos sociales.

Es relevante destacar que la representación e interpretación espacial del binomio salud-enfermedad exige del conocimiento geográfico, ya que todos los análisis relacionados con la situación de salud de las poblaciones son intrínsecamente espaciales y requieren de unidades territoriales para la representación de indicadores. Iñiguez (op. cit.) sostiene que la proximidad y complementariedad de los marcos conceptuales entre la geografía y la salud son evidentes; en contextos geográficos, en puntos, líneas, áreas y redes, operan los problemas de salud-enfermedad y se desarrollan las acciones para su mejoramiento.

Por su parte, Buzai (2015: 32) arguye que la Geografía puede ayudar a comprender e, incluso, intervenir positivamente en las problemáticas de salud al abordar las relaciones existentes entre el ambiente y la sociedad en el espacio geográfico; menciona que, en materia de salud, “Agudizar la mirada sobre el mapa puede ser considerado entonces una de las acciones fundamentales para promover la equidad”.

En el presente trabajo se consideran dos teorías para explicar el estado actual de la enfermedad de Alzheimer (EA): la Transición Demográfica y la Transición Epidemiológica.

En la Teoría de la Transición Demográfica se reconocen tres o cuatro fases consecutivas (dependiendo el autor) (Acosta, 2009):

1.      Fase estacionaria alta. Tanto la tasa de natalidad, como la de mortalidad son altas; las muertes se asocian con hambrunas, guerras y enfermedades. Los incrementos en la población permanecen en un nivel bajo.

2.      Fase de expansión temprana. Se caracteriza por un continuo aumento en la tasa de natalidad y un descenso importante en la de mortalidad; la esperanza de vida aumenta y la población crece.

3.      Fase de expansión tardía. Presenta tasas de mortalidad bajas y estabilizadas, y una reducción en la natalidad; la tasa de crecimiento se desacelera.

4.      Fase estacionaria baja. Tanto la tasa de natalidad, como la de mortalidad se estabilizan, en consecuencia, la población permanece estacionaria.

El modelo de la Transición Epidemiológica también se organiza en fases:

·         Primera fase. La edad de la peste y el hambre.

·         Segunda fase. De la retracción de las pandemias.

·         Tercera fase. Propia de las patologías crónicas y degenerativas, cardiopatías, cáncer y accidentes cardiovasculares.

·         Cuarta fase. Caracterizada por el aumento de las patologías sociales, accidentes, formas violentas de muerte, suicidios, homicidios, entre otras.

Según Acosta (op. cit.: 62), “… la teoría postula la transición de un patrón de causas de muerte dominado por enfermedades infecciosas -con muy alta mortalidad, especialmente en las edades más jóvenes- a otro patrón dominado por enfermedades degenerativas y afecciones producidas por la acción del hombre, como las formas más importantes de morbilidad y causa de muerte”.

Entre 2015 y 2030, se prevé que haya un incremento de 56% en las personas de 60 años y más a nivel mundial, pasando de 901 millones a 1400 millones, y en el año 2050 a casi 2100 millones. El crecimiento global de la población adulta mayor sucederá de manera diferencial, la región de América Latina registrará el aumento más importante en los próximos lustros (71%) (Sosa, Astudillo & Acosta, 2017).

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el Censo de Población y Vivienda 2020, reportó 15 142 976 personas de 60 años y más, lo que representa el 12% de la población nacional; se proyecta que este grupo etario significará el 16.8% de la población en el año 2030 y el 25% en 2050. Las tendencias actuales de la población mexicana hacia la longevidad podrían implicar un gran desafío, ya que los adultos mayores presentan mayor incidencia de enfermedades neurodegenerativas como la demencia.

La demencia es un síndrome clínico ocasionado por múltiples causas; sus principales características son las alteraciones en la memoria, el pensamiento y la conducta.

La EA es un padecimiento que produce la pérdida de funcionalidad en actividades de la vida cotidiana y que da lugar a discapacidad, dependencia y necesidades de asistencia.

En aquellos casos en los que los síntomas inician después de los 65 años, se le conocerá como EA de inicio tardío (o esporádico) y cuando los síntomas comienzan antes de esa edad, EA de inicio temprano (o genética).

Se reconocen dos grupos de síntomas asociados con las demencias (especialmente con la EA) (Roa, Martínez & García, 2017):

·         Síntomas relacionados con las alteraciones de la memoria y de otros dominios cognitivos (AMyOC). Los enfermos inician casi siempre con afectaciones en la memoria, posteriormente, presentan alteraciones de lenguaje, visuoespaciales y de las funciones ejecutivas; estos síntomas se manifiestan con diferente grado de gravedad, en función de la etapa de la enfermedad: EA leve, EA moderada y EA severa.

·         Síntomas neuropsiquiátricos (SNP). Dependen del tipo de demencia y de la etapa de desarrollo en la que se encuentre la enfermedad. La importancia de estos síntomas radica no solo en su prevalencia (reportada en hasta 88% de los casos), sino que además se relaciona con la calidad de vida (del adulto mayor y del cuidador primario) y con un aumento en la dependencia. Las manifestaciones más comunes son: ideas delirantes, apatía, agitación e inhibición.

Según datos de la Secretaría de Salud del Gobierno de México, reportados en los Boletines Epidemiológicos de la Dirección General de Epidemiología, las demencias más comunes son la enfermedad de Parkinson y la EA.

La presente investigación toma como base los datos de los años 2019 y 2020, para así analizar la distribución espacial de la EA en México y el aumento o disminución en las tasas de incidencia a nivel estatal. En 2019, se registraron 3286 nuevos casos de EA, de los cuales 62% corresponde a mujeres y 38% a hombres; las entidades federativas con el mayor número de casos fueron: Jalisco (327), Chihuahua (292), Sinaloa (247), Veracruz (226) y Ciudad de México (201).

Para el año 2020 se reportaron 1637 nuevos casos, 60% de ellos fueron mujeres y 40% hombres. Jalisco con 180, Chihuahua con 131, Michoacán con 112, Sinaloa con 110 y Veracruz con 105, fueron los estados en los que se registró un número importante de casos; con respecto al 2019, 4 de las 5 entidades son las mismas. Es posible mencionar que la cantidad de casos de EA no está en función de la población total, ya que demarcaciones como Chihuahua y Sinaloa no superan los 4 millones de habitantes, mientras que el Estado de México, con poco menos de 17 millones de personas, no aparece en los primeros lugares de incidencia de EA en México.

El abordaje de la EA debe ser “…eminentemente de prevención, pues a la luz de los conocimientos actuales no hay ningún tratamiento que pueda curar la demencia o revertir su evolución, por lo que el enfoque prioritario deberá ser el identificar los principales factores de riesgo (FR) para tratar de evitar o retrasar su desarrollo” (González & López, 2014: 33).

Los factores de riesgo pueden clasificarse en intrínsecos (edad, sexo, grupo étnico, historia familiar, mutaciones genéticas) y extrínsecos (estilo de vida, enfermedades o lesiones, condiciones socioeconómicas, factores psicosociales y ambientales). Se ha constatado que la edad es el principal factor de riesgo, en los mayores de 85 años la prevalencia de EA es de 38%, en los de 75 a 84 de 44%, en los de 65 a 74 de 15% y en los menores de 65 años de tan solo 4% (Ibíd.).

Factores como una mala dieta, tabaquismo, educación, características socioeconómicas, factores psicosociales y ambientales son relevantes en el desarrollo de la EA; asimismo, enfermedades como la hipertensión arterial, diabetes mellitus y traumatismos cráneo encefálicos (TCE) se encuentran asociadas con el desarrollo de las demencias.

 

Referencias

Acosta, L. (2009). Transición epidemiológica. En J. Pickenhayn (compilador), Salud y enfermedad en geografía (págs. 55-65). Buenos Aires: Lugar Editorial.

Buzai, G. (2015) Análisis Espacial en Geografía de la Salud: Resoluciones con Sistemas de Información Geográfica. Buenos Aires: Lugar Editorial.

Gatrell A. y S. Elliott, (2009) Geographies of Health: an introduction. New Jersey: Wiley-Blackwell.

González, G., & López, F. (2014). Factores de riesgo para enfermedad de Alzheimer. En M. d. Reyna, M. González, F. López, & G. González (editores), Demencias: Una visión panorámica (págs. 33-44). San Luis Potosí, S.L.P.: Universidad Autónoma de San Luis Potosí.

Iñiguez, L. (1998). Geografía y salud: temas y perspectivas en América Latina. Cadernos de Saúde Pública, 701-711.

Roa, P., Martínez, A., & García, M. d. (2017). Marco conceptual. En L. Gutiérrez, M. d. García, P. Roa, & A. Martínez (editores), La Enfermedad de Alzheimer y otras demencias como problema nacional de salud (págs. 1-17). Ciudad de México: CONACYT.

Santana, P. (2014). Objetos y métodos en Geografía de la salud. En Introducción a la geografía de la salud: territorio, salud y bienestar. Portugal: Universidad de Coimbra.

Secretaría de Salud. (2019). Boletín epidemiológico. México: Dirección General de Epidemiología.

Secretaría de Salud. (2020). Boletín epidemiológico. México: Dirección General de Epidemiología.

Sosa, A., Astudillo, C., & Acosta, G. (2017). Situación epidemiológica actual. En L. Gutiérrez, M. d. García, P. Roa, & A. Martínez (editores), La Enfermedad de Alzheimer y otras demencias como problema nacional de salud (págs. 19-35). Ciudad de México: CONACYT.

 

 

Trabajo expuesto durante el XXIII Encuentro Internacional Humboldt “La Cuestión China” – Florianópolis, Brasil - 20 al 24 de septiembre de 2021. MODALIDAD VIRTUAL

Para acceder al video de presentación ingresar al canal del Centro Humboldt: https://www.youtube.com/channel/UCyfxfhPdmoy3nWbFYs4E_nQ