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Asunto:NoticiasdelCeHu 274/21 - Una sociedad desigual, un destino diferente t rágico
Fecha:Domingo, 15 de Agosto, 2021  15:33:06 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <noticias @..............org>

NCeHu 274/21

 

Una sociedad desigual, un destino diferente trágico

 

“Que nada nos limite. Que nada nos defina. Que nada nos sujete. Que la libertad sea nuestra propia sustancia” Simone de Beauvoir.

 

Alfredo César Dachary

 

La sociedad del consumo nace con la hegemonía consolidada de Estados Unidos al final de la Segunda Guerra Mundial y consistió en ofrecer una serie mucho más amplia de lo que consumía el medio de la sociedad, desde lanchas a motor-homes, desde la casa propia al auto para cada cónyuge y los hijos mayores.

Pero no nos engañemos, eso fue en una parte del mundo y para un grupo de los habitantes en Estados Unidos, los negros aún no tenían casi derechos y como siempre eran la base de los pobres. En el resto del mundo, la incipiente clase media imitaba en lo que podía a los hijos del poder económico, una minoría, y así sucesivamente por países la realidad era compartida entre pobreza y consumo.

A mediados de los 70´, la profunda crisis de Estados Unidos, que entró en default y no lo quiso asumir, ya que prefería hacer caer el peso de su deuda, cada día más grande, sobre la periferia, el proceso de descolonización y la ruptura de los lazos coloniales amplió la gran mayoría de pobres, que tenían que convivir con la riqueza y ver su disfrute algo que antes no ocurría tan masivamente.

De los 80´ en adelante, Margaret Thatcher y Ronald Reagan se encargaron de empobrecer a los ingleses y los propios norteamericanos, secundados por los nuevos gobiernos neoliberales, la peste del empobrecimiento siguió creciendo en Europa y África, mientras una minoría de países se enfrentaba a la descolonización con programas que le daban al Estado el poder para aplicarlos.

Así llegamos al día de hoy, donde la pandemia es la mayor sumatoria de desgracias de la humanidad, comenzando por el Covid-19 y sus diferentes versiones, fruto de una zoonosis, generada por una naturaleza agobiada, extenuada y reducida en su extensión, que se combinó con una población empobrecida y debilitada por un consumo de comida “chatarra” donde abunda como peste, la diabetes, la hipertensión arterial y muchas otras enfermedades que están en la población más débil de esta sociedad asimétrica, lo que caracteriza a la sindemia, combinación de la mala calidad de vida con bajos ingresos.

Éste es el caso de nuestra América Latina y el Caribe, donde la pobreza y la pobreza extrema alcanzaron en 2020 niveles que no se han observado en los últimos 12 y 20 años, respectivamente, así como un empeoramiento de los índices de desigualdad en la región y en las tasas de ocupación y participación laboral, sobre todo en las mujeres, debido a la pandemia del Covid-19.

Para la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la pandemia irrumpe en un escenario económico, social y político complejo de nuestra América Latina con un  bajo crecimiento, aumento de la pobreza y crecientes tensiones sociales, y ello muestra las desigualdades estructurales que caracterizan las sociedades latinoamericanas y los altos niveles de informalidad y desprotección social, así como la injusta división sexual del trabajo y organización social del cuidado, que atenta contra el pleno ejercicio de los derechos y la autonomía de las mujeres.

Las nuevas proyecciones de la CEPAL, como consecuencia de la fuerte recesión económica en la región, que registrará una caída del PIB de -7,7%; se estima que en 2020 la tasa de pobreza extrema se situó en 12,5% y la tasa de pobreza alcanzó el 33,7% de la población. Ello supone que el total de personas pobres ascendió a 209 millones a finales de 2020, 22 millones de personas más que el año anterior. De ese total, 78 millones de personas se encontraron en situación de pobreza extrema, 8 millones más que en 2019.

Los Estados en la región implementaron 263 medidas de protección social de emergencia en 2020, que llegaron al 49,4% de la población, aproximadamente 84 millones de hogares o 326 millones de personas, y sin esas medidas, la incidencia de la pobreza extrema habría alcanzado el 15,8% y la pobreza el 37,2% de la población.

Este año el Comité de Oxford de Ayuda contra el Hambre (Oxfam) ha sacado un nuevo informe denominado “Privilegios que niegan derechos”, y que el Director General de Oxfam para América Latina y el Caribe define muy claramente.

Este no es un informe más sobre la pobreza, es la radiografía de una región donde conviven personas con muchos privilegios, demasiado ricas con otras demasiado pobres: la más desigual del mundo. Nuestra América Latina y el Caribe, donde una persona llega a ganar hasta 16 mil veces más que otra, donde se concentra la riqueza, y se reproduce la pobreza y desigualdad.

La desigualdad y la pobreza están íntimamente ligadas, pero durante décadas los organismos multilaterales, los gobiernos e incluso las agencias de cooperación han priorizado el crecimiento económico y la lucha contra la pobreza como objetivos de sus debates y políticas, dejando de lado la desigualdad.

Por ello es que las medidas para combatir la desigualdad no han sido suficientes ya que hablar de desigualdad y actuar con rapidez para combatirla es necesario para enfrentar la pobreza y construir un futuro más justo, donde mujeres y hombres disfruten en igualdad todos sus derechos.

El estudio realizado por Oxfam ha calculado que si entre 2011 y 2019 la desigualdad en la región fuera reducida en cinco puntos, unos 17,4 millones de personas podrían salir de la pobreza, pero al contrario un aumento de cinco puntos podría dar lugar a unos 18 millones de nuevos pobres como ocurrió por la pandemia y el proceso de “acuartelamiento” de la población, incluida la más necesitada de trabajar por no tener ingresos ni reservas, ni derechos sociales que la protejan.

El reciente estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula que si aumenta el porcentaje del ingreso total que reciben los pobres y la clase media, la economía crece, mientras que si lo que aumenta es el porcentaje del ingreso que logran los más ricos, la economía de ese país se reduce, y la desigualdad también se relaciona con la violencia.

Por ello no es una casualidad que América Latina y el Caribe sean al mismo tiempo la región más desigual del mundo y más insegura fuera de las zonas en guerra, y la sede de la mayor economía criminal basada en el narcotráfico, lo cual es ratificado por un estudio de caso realizado en más de dos mil municipios mexicanos donde se identificó un vínculo directo entre la desigualdad y la delincuencia, que opera el narcotráfico y sus delitos asociados.

Nos debería avergonzar, pero no ocurre, que la concentración de la riqueza, la tierra y el ingreso es extrema en la región, ya que el ingreso per cápita, en América Latina y el Caribe es la región donde se ubica la mayor desigual del mundo seguida de los países subsaharianos.

En 2014, el 10% más rico de la región acumulaba el 71% de la riqueza y del patrimonio, y la concentración era tan radical que, en ese mismo año, el 70% de la población más pobre apenas logró acumular el 10% de la riqueza y esta tendencia no se reduce.

En el Reporte de Ultra Riqueza 2014, los multimillonarios latino caribeños -personas con un patrimonio neto superior a 30 millones de dólares o más- suman ya 14,805 personas. Su riqueza es equivalente al dinero necesario para eliminar la pobreza monetaria extrema de Brasil, Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Perú.

La tenencia de la tierra, en América Latina ocupa de nuevo el primer lugar en el mundo; y el Caribe, el segundo, ya que los gobiernos han tenido dificultad para definir políticas orientadas a una distribución más equitativa de la tierra y los grandes propietarios han ejercido históricamente presiones para evitar y limitar el desarrollo de reformas agrarias, generando modelos de explotación agraria centrados en los cultivos extensivos, y esto ha golpeado con fuerza a las familias dedicadas a la pequeña producción.

Las desigualdades que afectan a las mujeres interactúan unas con otras y para enfrentarlas es necesario repensar y reestructurar todo el sistema de organización social y económica. Su origen está en las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres y los factores que inciden en su perpetuación, los que son de carácter estructural y reproducen exclusiones históricas.

Pese a los avances logrados en el acceso y aprendizajes educativos, las mujeres aún no disfrutan de igualdad de condiciones en el mercado laboral y por ello existen más mujeres pobres que hombres pobres.

Esta región no aprovechó su “década dorada” para invertir en cambios estructurales y mientras duró la bonanza se lograron avances sociales, pero aún permanecen retos importantes, que se deberán afrontar -y serán aún mayores- en un momento de crecimiento económico casi nulo, donde la desigualdad puede ser un freno para el desarrollo y la garantía de derechos.

A consecuencia de esta sociedad asimétrica e injusta total, se da el secuestro de la democracia que se expresa de varias maneras, desde la influencia en la definición de políticas, que adopta la forma de lobby ilegítimo y tráfico de influencias; corrupción, que se concreta por ejemplo en la asignación irregular y opaca de contratos, la sobrevaluación de obras o la entrega o venta de terrenos estatales subvaluados; y clientelismo, que se manifiesta en compra de votos, contratación de empleados públicos sólo por su adscripción política, priorización de políticas asistenciales y otorgamiento de servicios públicos como favores.

Pese a eso diremos que algunas son ilegales y otras son legales, pero todas ellas son ilegítimas. Las formas de secuestro de la democracia a las que recurren las élites económicas y políticas alcanzan también a los medios de comunicación, que son controlados y utilizados, ya sea para promocionar las ideas que los favorecen o para sancionar las leyes que lo cobijan y justifican.

La asimetría genera una sociedad que, más allá del resentimiento y pérdida de esperanza, pierde la fe en el país y se transforma en fuente de migraciones, así compartimos la pobreza con otros países que logran re-explotar los pobres que van en busca de mejores oportunidades.

 

cesaralfredo552@gmail.com