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Asunto:NoticiasdelCeHu =?UTF-8?Q?241=2F21_=2D_VIAJANDO=3A_Rancagua=2C_un_moj=C3=B3n_en_la_histori?= =?UTF-8?Q?a=2C_en_el_f=C3=BAtbol_y_en_las_vacaciones?=
Fecha:Jueves, 22 de Julio, 2021  15:26:13 (-0300)
Autor:Centro de Estudios Alexander von Humboldt <centrohumboldt1995 @.....com>

NCeHu 241/21


Rancagua, un moj贸n en la historia, en el f煤tbol y en las vacaciones

El 19 de febrero partimos hacia la ciudad de Rancagua, para lo cual tomamos el metro desde la estaci贸n Universidad Cat贸lica hasta la Estaci贸n Central, y desde all铆 el tren. R¡pidamente se llen贸 de gente por ser domingo, pero a los cuarenta y cinco minutos la mayor铆a se baj贸 en la estaci贸n Buin desde donde se acced铆a al principal zool贸gico de Chile en cuanto a la cantidad de animales.

En media hora m¡s llegamos a la estaci贸n de Rancagua y en un taxi fuimos hasta la plaza de los H茅roes, en pleno Centro donde Jos茅 Antonio Manso de Velasco hab铆a fundado la ciudad con el nombre de Villa Santa Cruz de Triana, el 5 de octubre de 1743.

Caracter铆stico de esa plaza, donde en su centro se hab铆a erigido un monumento a Bernardo O鈥橦iggins, era que la cruzaban dos calles formando la 鈥淪anta Cruz鈥, apuntando hacia los cuatro puntos cardinales. Las calles Estado Norte y Sur, la Germ¡n Tiesco hacia el Este y Paseo Independencia al Oeste.

En ese mismo lugar, los d铆as 1ro. Y 2 de octubre de 1814 hab铆a tenido lugar la Batalla de Rancagua, durante la cual las tropas patriotas no pudieron contener a un poderoso ej茅rcito de cinco mil hombres al mando de Mariano Osorio, habi茅ndose cancelado temporalmente el proceso independentista de Chile, y dando inicio a la reconquista espa帽ola. Dicha situaci贸n fue revertida definitivamente con la Batalla de Maip煤 el 5 de abril de 1818 que tuviera como broche de oro el abrazo entre San Mart铆n y O鈥橦iggins, considerados por los chilenos como los dos libertadores.

Pero como en los libros del colegio de la Argentina no se hac铆a menci贸n al 鈥Desastre de Rancagua鈥 yo hab铆a tenido presente en mi memoria, desde ni帽a, a la ciudad de Rancagua, a partir de una an茅cdota vivida all铆 por mi padre.

脡l hab铆a ido a trasmitir el Mundial de F煤tbol que se llev贸 a cabo en Chile en 1962, y en esa oportunidad, a la Argentina le hab铆a tocado jugar en Rancagua. A pesar de haberle ganado a Bulgaria, el seleccionado argentino perdi贸 por tres a uno con Inglaterra, y despu茅s de un empate con Hungr铆a, qued贸 descalificada. ¡Otro desastre!

Entonces, tanto el equipo como los periodistas, deb铆an pegar la vuelta, raz贸n por la cual, el Club de Leones brind贸 a la comitiva argentina, una cena de despedida. De pronto, de manera inesperada, cada uno de los comensales deb铆a pronunciar unas palabras, y cuando le toc贸 el turno a mi padre, tras agradecer todas las atenciones recibidas, dijo lo siguiente:

-聽聽聽聽聽聽聽聽聽 鈥淎s铆 como Rancagua ha significado un moj贸n en la historia, ahora Rancagua vuelve a ser un moj贸n para el f煤tbol argentino.鈥

Y si bien 茅l advirti贸 que algunos se tapaban el rostro con la servilleta, no le dio importancia al hecho y continu贸 conversando con sus adl¡teres sin hacerse problema. Pero al d铆a siguiente, antes de emprender el viaje de vuelta, se encontr贸 con otro periodista argentino que estaba viviendo en Chile desde un tiempo atr¡s, quien le pregunt贸: -鈥溌¿Te acord¡s de lo que dijiste anoche en la cena?鈥

鈥淣o del todo. Tuve que improvisar鈥︹, -contest贸 mi padre.

-聽聽聽聽聽聽聽聽聽 鈥淧ero dijiste que Rancagua era un moj贸n鈥︹

-聽聽聽聽聽聽聽聽聽 聽鈥淪铆, quise decir que representaba una marca, un hito, una se帽al鈥︹

-聽聽聽聽聽聽聽聽聽 鈥淧ero en Chile鈥, ¡moj贸n significa sorete!鈥

Mi padre se quiso morir, jam¡s habr铆a querido decir semejante cosa. 脡l pensaba que si en lugar de haberlo dicho en ese c铆rculo social de elevada instrucci贸n y camarader铆a, donde todos comprendieron que se trataba de una expresi贸n errada y desafortunada, lo hubiese hecho en un circuito popular, tal vez, al sentirse ofendidos, le hubieran dado una flor de paliza.

De todos modos, el moj贸n como marca, le qued贸 a 茅l para siempre, al punto, que pasaron los a帽os y siempre recordaba ese hecho, inculc¡ndome que fuera cautelosa cuando saliera del pa铆s, porque aunque en otras partes tambi茅n se hablara en espa帽ol, los significados de cada palabra o expresi贸n no siempre eran los mismos. Sin embargo, al margen de ese consejo que me hab铆a servido de mucho en mis viajes por pa铆ses de habla hispana, hab铆an grabado en mi mente el nombre de la ciudad de Rancagua y mi curiosidad por conocerla, tal como estaba ocurriendo reci茅n cincuenta a帽os despu茅s.

Monumento a O鈥橦iggins en la plaza de los H茅roes

Como en la mayor铆a de las ciudades hispanoamericanas, alrededor de la plaza principal, adem¡s de edificios p煤blicos, se encontraba la Iglesia Catedral de Rancagua tambi茅n denominada Parroquia El Sagrario de Rancagua. El primer edificio de este templo se hab铆a ido deteriorando con el tiempo, y adem¡s, qued贸 en malas condiciones despu茅s de la terrible batalla de 1814, inaugur¡ndose la nueva iglesia parroquial en 1876, aunque las torres fueron construidas en 1937 y la cripta en 1988. Cuando nosotros est¡bamos all铆, en febrero de 2012, llevaba solo diez meses de ser restaurada tras los da帽os sufridos nuevamente por el terremoto del 27 de febrero de 2010.

Catedral de Rancagua y monumento a O鈥橦iggins en la plaza de los H茅roes

Caminamos por el Paseo Independencia que era peatonal, y a medida que se acercaba el mediod铆a la gente comenzaba a desaparecer. Era l贸gico, si bien se encontraba en un proceso de crecimiento, su poblaci贸n era de poco m¡s de doscientos mil habitantes, lo que implicaba que ese tama帽o permitiera que en las horas de la tarde los negocios se cerraran y que los rancag眉inos pudieran ir a sus casas a almorzar y tener un merecido descanso. Pero adem¡s, en esta ocasi贸n, se trataba de un domingo, d铆a en que la administraci贸n p煤blica no atend铆a y que quienes pudieran, en una jornada a pleno sol y de alta temperatura, se volcaran hacia los espacios verdes.

A trescientos metros de la plaza, cruzamos la calle Bueras llegando hasta la siguiente, que llevaba el nombre de San Mart铆n. Jos茅 Santiago Mar铆a Estanislao Bueras fue un militar que participara en la Guerra de la Independencia, y tras la victoria realista en Rancagua se hab铆a refugiado en Mendoza donde acept贸 el encargo del General Jos茅 de San Mart铆n de viajar en secreto a Chile y organizar una guerrilla en Aconcagua en 1816, siendo descubierto y hecho prisionero. Fue liberado en 1817 despu茅s de la Batalla de Chacabuco, pero perdi贸 la vida heroicamente en la Batalla de Maip煤 en 1818, por lo cual era considerado 鈥Padre del Alma de Caballer铆a del Ej茅rcito de Chile鈥.

Mart铆n y Omar caminando por el Paseo Independencia

Paseo Independencia en el Centro de Rancagua

Paseo Indpendencia y Bueras

Ingresamos a un local de comidas r¡pidas y pedimos chorrillana, un plato t铆pico chileno que consist铆a en papas fritas mezcladas con distintos tipos de carne, vienesas y otros elementos como huevos o cebolla frita, a los que se les agregaban ali帽os y sal. Y mientras mi mam¡ y Omar se quedar铆an en el Centro buscando un sitio al amparo del sol para tomar alguna bebida digestiva y dedicar la tarde a la lectura de 鈥El Mercurio鈥 dominical, yo fui con Mart铆n al Parque Safari.

La idea de llevarlo a esos espacios con animales hab铆a tenido que ver con cerrar la etapa de su tratamiento respecto de la p茅rdida del p¡nico a los animales que se hab铆a originado justamente en Chile dos a帽os atr¡s, cuando un perro lo hab铆a corrido en la costanera de Antofagasta. Y desde ese momento, cada d铆a le ten铆a temor a un nuevo animal, incluso a las palomas. Despu茅s de varios intentos de superar la situaci贸n con la intervenci贸n de psic贸logos, el problema se hab铆a resuelto, aparentemente, mediante medicaci贸n homeop¡tica con el apoyo fundamental de la maestra especial Gabriela Velasco. Justamente, el regreso a Chile se deb铆a a poder andar sin problemas por espacios p煤blicos, y en especial por Santiago, donde abundaban tantos perros callejeros. Y una demostraci贸n de sus avances hab铆a sido la elecci贸n de una remera del club de f煤tbol Universidad de Chile con un b煤ho como s铆mbolo, algo que no hubiese ocurrido poco tiempo atr¡s, y que sumaba tener como base el color azul, preferido por las personas con autismo.

Tomamos un auto colectivo, que consist铆a en una especie de taxi con un recorrido fijo, y que por unos pesos m¡s nos llev贸 hasta nuestro destino que se encontraba a ocho kil贸metros, dado que su circuito habitual terminaba mucho antes.

El Parque Safari hab铆a sido una iniciativa personal de Iv¡n S¡nchez Lobos, un empresario de la zona. Y por su discapacidad, Mart铆n tuvo la entrada liberada as铆 como el safari herb铆voro. El sitio era muy amplio y descampado. No hab铆a demasiadas especies, pero gozaban de una mayor libertad relativa que en los zool贸gicos tradicionales.

En cuanto comenzamos a caminar por el lugar, se cruzaron a cada paso gallos y gallinas, lo que signific贸 una situaci贸n graciosa para Mart铆n. Luego pasamos un puente supuestamente colgante, pero que se encontraba ya sumergido en las aguas de una lagunita por donde nadaban varios patos, y en los alrededores hab铆a diversas aves as铆 como tortugas y diversos animales de granja.

Mart铆n disfrutando del Parque Safari

y luciendo la remera del club de f煤tbol Universidad de Chile con un b煤ho

Amplios espacios en el Parque Safari

Mart铆n cruzando un puente sobre la laguna de los patos

Una pata con sus patitos

Casal de tortugas

Un 帽and煤 junto a los patos

Varios animales de granja

Cuando vi que la reacci贸n de Mart铆n era positiva, lo acerqu茅 al recinto del oso pardo. El oso pardo era un mam铆fero omn铆voro caracter铆stico de los bosques de Europa, el Asia templada y Am茅rica del Norte. En primavera y oto帽o se alimentaba de vegetales, aunque tambi茅n apreciaba las carro帽as, aunque, era muy goloso, ya que su alimento preferido eran los panales de miel. Adem¡s, cazaba peque帽os vertebrados e insectos, y se hac铆a pescador cerca de las orillas de los r铆os cuando remontaban los salmones. Los m¡s grandes capturaban grandes presas como los ciervos. No ten铆an predadores naturales sino que los seres humanos constitu铆an su 煤nica amenaza. Su longevidad llegaba a treinta a帽os en vida silvestre y cuarenta y siete en cautividad. Y si bien no contaban con buena vista, el o铆do era extremadamente agudo al igual que el olfato, siendo su sentido m¡s fino y de mayor utilidad en la vida cotidiana, detectando a distancia su fuente de alimento y el estado de otros animales en la 茅poca de celo. La madurez sexual la alcanzaban entre los tres y los cinco a帽os siendo pol铆gamos. La gestaci贸n duraba unos dos meses pariendo de una a tres cr铆as que permanec铆an junto a su madre hasta el a帽o y medio. Los osos pasaban el invierno en un estado de hibernaci贸n guardando en los tejidos adiposos un setenta y cinco por ciento de la energ铆a obtenida de los alimentos. En las 煤ltimas comidas antes de la hibernaci贸n inger铆an hierbas y tierra para que se mezclara con la saliva formando un bolo alimenticio que al llegar al intestino grueso colapsara el orificio excretor e impidiera su salida. Gracias a ese tap贸n, los alimentos se iban amontonando para que as铆, aparte de la grasa acumulada, tambi茅n pudieran extraer nutrientes realizando la digesti贸n en una forma m¡s lenta. Tambi茅n utilizaban tierra y hierba para acomodar sus madrigueras, en las que dorm铆an con un sue帽o entrecortado, sin variaciones en su temperatura corporal. Cuando despertaban, la obstrucci贸n se expulsaba sin problema y era tambi茅n en ese per铆odo cuando las osas par铆an y comenzaban a criar a sus hijos. Se encontraban en situaci贸n vulnerable con extinciones parciales coincidiendo con las zonas m¡s humanizadas. Las mayores amenazas consist铆an en la destrucci贸n del h¡bitat y la caza furtiva.

Mart铆n viendo al oso pardo

El oso pardo, un mam铆fero omn铆voro

Habiendo tomado confianza, me anim茅 a hacer el safari herb铆voro a bordo de un veh铆culo con el cual comenzamos a transitar por espacios muy abiertos cubiertos por verdes pasturas con un maravilloso entorno monta帽oso.

Al principio, ve铆amos una variedad de animales a la distancia como ciervos, burros, cebras y otros mam铆feros pastando, pero a medida que avanz¡bamos, se nos comenzaron a acercar algunas llamas y carneros buscando alimento, lo que estaba previsto, ya que el veh铆culo contaba con gran cantidad de hierbas.

Mart铆n en el veh铆culo del safari herb铆voro

Maravilloso entorno monta帽oso

Variedad de animales en el mismo campo

Vista panor¡mica del sector de los herb铆voros

Un grupo de ciervos

Un burro

Una cebra pastando

Los animales se acercaban al veh铆culo

Los visitantes los pod铆amo alimentar

Continuando con el recorrido divisamos 帽and煤es y jirafas que deambulaban por los campos de un lado al otro.

Los 帽and煤es Rhea pennata pennata y Rhea pennata tarapacensis, o 帽and煤 de Darwin, se distribu铆an dentro de Chile, y en otras ¡reas andinas, ya que habitaban ¡reas esteparias hasta los 4000 m.s.n.m. Su alimentaci贸n se basaba en hierbas y arbustos como gram铆neas, junc¡ceas y ciper¡ceas.

Se trataba de aves corredoras que con las alas pegadas al cuerpo pod铆an alcanzar velocidades de hasta sesenta kil贸metros por hora. Las hembras pon铆an los huevos cerca del nido, y los machos se encargaban de llevarlos dentro de 茅l, dejando algunos afuera para que se pudrieran, y al nacer los pichones eran rotos por el padre atrayendo a las moscas, principal alimento de los polluelos. En ese per铆odo, los machos se pon铆an agresivos siendo muy sociables fuera de la estaci贸n de cr铆a.

En 1992 se los incluy贸 en el Ap茅ndice II de la Convenci贸n sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestre (CITES), lo que sugiri贸 adoptar una legislaci贸n muy estricta para revertir la situaci贸n, si bien, los cient铆ficos consideraban que tambi茅n exist铆an causas naturales que lo hac铆an vulnerable a su reproducci贸n. Entre las causas naturales se destacaban los predadores como el carancho y el zorro, las inundaciones de los nidos, la puesta de las hembras fuera de los nidos, el comportamiento del macho que solo cuidaba a los primeros pichones que nac铆an abandonando al resto, lo que implicaba que solo eclosionaran el cuarenta por ciento de los huevos, y a los dos meses, solo tuvieran sobrevida el sesenta por ciento de los charabones.

Un 帽and煤 pastando

Y a lo lejos, vimos dos jirafas desplaz¡ndose por el terreno. En este caso se trataba de animales ajenos al territorio americano, ya que su h¡bitat natural se limitaba al continente africano.

Evidentemente, despertaron la curiosidad de todos los que nos encontr¡bamos en el safari debido a su altura y a las caracter铆sticas de su cuerpo, no s贸lo por las manchas de su cuero sino por el largo cuello que le permit铆a consumir alimentos a los que los dem¡s herb铆voros no pod铆an acceder.

Los machos establec铆an una jerarqu铆a social, mediante duelos en los cuales utilizaban el cuello y la cabeza como arma. Solo los machos dominantes pod铆an acoplarse con las hembras, siendo ellas las que se dedicaban en forma exclusiva a la cr铆a de los terneros.

Sus enemigos naturales eran los leones, los leopardos, las hienas manchadas y los perros salvajes, adem¡s de los cocodrilos en el momento en que se inclinaban en los r铆os para tomar agua. Y ocurr铆a lo mismo que con en el resto de los animales, los seres humanos se constitu铆an en sus m¡s peligrosos predadores, ya que eran objetivos comunes para todo tipo de cazador a lo largo de 脕frica. Las diferentes partes del cuerpo ten铆an utilidad, ya que la carne era un alimento; los pelos de la cola serv铆an como matamoscas, pulseras, collares e hilo; la piel era usada para fabricar escudos, sandalias y tambores; los tendones, como cuerdas de instrumentos musicales; los curanderos quemaban su piel para el tratamiento de hemorragias nasales; y los exploradores europeos del siglo XIX las cazaban por diversi贸n. Por otra parte tambi茅n estaban sufriendo los efectos de la destrucci贸n de su h¡bitat. Sin embargo, a pesar de todo, a煤n exist铆a en 2012, un gran n煤mero de ellas en los parques nacionales y reservas de caza.

Las jirafas desplaz¡ndose por el terreno

Un 帽and煤 caminando pl¡cidamente

Nuestro veh铆culo circulaba cada vez m¡s lentamente, y de repente, se comenzaron a acercar los 帽and煤es y las jirafas. Sab铆an perfectamente que llev¡bamos los vegetales que ellos consum铆an, y gustaban de comer de nuestras manos.

Yo tem铆 que Mart铆n se asustara ante esa presencia tan cercana, pero, para mi sorpresa, lejos de que ocurriera eso, se divert铆a mucho ante esa situaci贸n inesperada. Por lo tanto, di por superada definitivamente su fobia, lo que le permitir铆a no s贸lo m¡s libertad en sus paseos, sino tambi茅n un mayor disfrute en relaci贸n con los animales.

El 帽and煤, caracter铆stico de Am茅rica

Dos 帽and煤es junto a nosotros

Un 帽and煤 y una jirafa se nos acercaron

El 帽and煤 buscando alimento

Varios animales junto al veh铆culo

La jirafa comiendo de nuestra mano

A Mart铆n lo divert铆a el acercamiento de los animales

Si bien hab铆a otros safaris ofrecidos, como uno en el cual los visitantes eran transportados en jaulas y los leones se sub铆an a los veh铆culos, consider茅 que exponerlo a esa situaci贸n arruinar铆a todo lo logrado, y que como fiera, solo conservara consigo el tigre de peluche que mi mam¡ le hab铆a comprado el d铆a anterior en el Zool贸gico Nacional.

Mart铆n con su tigre de peluche frente al ingreso al Safari de Leones

Me pareci贸 oportuno llevarlo a ver los p¡jaros, ya que, como hab铆a ocurrido en otras ocasiones en el zool贸gico de Buenos Aires, lo atra铆an sus gorjeos y se quedaba escuch¡ndolos por un buen tiempo.

Un p¡jaro ex贸tico

Y cuando ya est¡bamos por retirarnos, Mart铆n vio que varias personas hac铆an tirolesa y quiso tirarse tambi茅n 茅l. Nunca lo hab铆a hecho, y sinceramente, tuve bastante miedo a c贸mo fuera a reaccionar. Pero insisti贸, y entonces, por un lado pens茅 que ya ten铆a veinti煤n a帽os y que a pesar de su autismo, lo estaba sobreprotegiendo demasiado, y por otra parte, que era bajita y que no ofrec铆a peligros. De todos modos les indiqu茅 a las personas que estaban a cargo de la actividad cu¡l era su condici贸n para que estuvieran al resguardo, y ellos me inspiraron confianza.

¡No solo que todo estuvo bien, sino que quiso repetir la experiencia! Sin duda, una alegr铆a para ambos.

Mart铆n haciendo tirolesa

Eran casi las siete de la tarde cuando decidimos volver al Centro, y continuaba haciendo mucho calor porque, a pesar de la hora, todav铆a el sol estaba a pleno. Caminamos hasta la ruta y esperamos un buen rato el colectivo que nos llevar铆a hasta la estaci贸n. Subimos apretadamente en el estribo, hasta tal punto que no pod铆a pagar el boleto.

Luego, en un taxi pasamos a buscar a mi mam¡ y a Omar quienes permanec铆an en la peatonal, y en taxis colectivos volvimos a la estaci贸n en dos tandas. Sacamos boletos pero no pudimos subir al tren de las 20:15 por la cantidad de pasajeros que ya tra铆a; y tampoco pudimos hacerlo en el de las 21:00. En otros dos taxis colectivos llegamos al Tur Bus y nos dijeron que ya no hab铆a pasajes para esa noche. Entonces nos trasladamos hasta la terminal O鈥橦iggins que quedaba sobre la ruta. ¡Ninguna empresa ten铆a pasajes! Nuestra preocupaci贸n mayor era mi mam¡ que en ese momento ten铆a ochenta y ocho a帽os, y no era conveniente que estuviera dando tantas vueltas sin poder saber a qu茅 hora podr铆amos volver. Pero, de pronto, vimos que en una boleter铆a estaban vendiendo boletos para un micro agregado. Y si bien viajamos sentados subi贸 mucha gente parada, lo que dificult贸 nuestro descenso, ya que lo hicimos en la Alameda antes de llegar a la terminal. Y en ese momento, Mart铆n olvid贸 su tigre de peluche. Eran las once de la noche. Ya no funcionaba el metro y tampoco conseguimos taxi. Tuvimos que caminar varias cuadras a pesar del cansancio, aunque lo vivido lo hab铆a valido.

Sin duda para nosotros, ese domingo en Rancagua tambi茅n hab铆a significado un moj贸n en nuestras vacaciones, pero con la acepci贸n argentina.

Ana Mar铆a Liberali