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Asunto:NoticiasdelCeHu 215/21 - ¿Qué está pasando?
Fecha:Lunes, 21 de Junio, 2021  21:10:53 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 215/21

 

¿Qué está pasando?

 

“No vemos las cosas como son, vemos las cosas como somos” Anaís Nin.

 

Alfredo César Dachary

 

Anaís, como escritora y un personaje del mundo mágico del cine, logró una imagen muy nítida de esa pregunta aparentemente filosófica, ¿qué somos y adónde vamos?, un tema que hoy en el siglo XXI es cada vez más vigente en medio de una tormenta de desesperanza, cuyo fin no parece emerger.

El mundo se va hacia la derecha, respuesta fácil a un tema complejo, que nos tranquiliza por no estar en la gran manada de los “equivocados”, cuando en realidad nos debería aterrorizar, porque la mayoría va camino al abismo y al final todos caeremos en él.

Alienados en una sociedad lúdica que nos oculta cuál es el verdadero paisaje y lo cubre de visiones idílicas, haciéndonos creer que vamos camino al edén, la gran muchedumbre ha optado por asumir la desesperanza como libertad y el trabajo como castigo, que luego lo disfrutamos en la dimensión del consumo, ese submundo que nos ha cegado al extremo de no poder disfrutar solo acumular, aunque sean selfis. 

Hace unas semanas, se presentó en el sur un último libro de Naomi Klein: “En llamas”, donde plantea que el futuro de la humanidad puede cambiar y hace la apuesta en los jóvenes, que en estos últimos años han sido los únicos que sin organización ni idea política que los unifique, excepto la autodefensa de la vida en el planeta, han marchado contra el sistema.

 En marzo del 2019 nos recuerda Naomi, más de 100,000 jóvenes salieron a las calles de Milán, 40,000 hicieron lo mismo en París y 150,000 en Montreal, el lema que los unía e integraba era muy claro: la defensa del paneta ante el cambio climático ya evidente y una de las pancartas era “¡No tenemos un planeta B!” ratificada con datos en otros carteles: “Hemos perdido el 45 % de los insectos como consecuencia del cambio climático y el 60 % de los animales han desaparecido en los últimos cincuenta años”. “¡Nuestra casa está en llamas!”.

Es que la crisis climática cuestiona la mentalidad extractora y expansionista que durante tanto tiempo ha gobernado nuestra relación con la naturaleza”, precisa la periodista y activista que forma parte de la Junta Directiva de 350.org, un movimiento internacional de acción climática, además de ser una de las promotoras del manifiesto “Dar el salto”, una declaración en favor de una reestructuración rápida y justa que ponga fin al uso de combustibles fósiles.

Morris Berman, intelectual estadounidense, historiador cultural y crítico social, ha realizado planteamientos muy claros sobre esta “tormenta perfecta”, que se da en Occidente, como preámbulo al ocaso de la hegemonía hasta hoy dominante. En su libro “La edad oscura americana” hace una descripción clara y precisa de nuestra realidad, aunque la misma fue escrita a comienzos del siglo XXI, como premonición de lo que viene.

Comienza con la globalización, que es el microcosmos de los infelices detalles de nuestra vida controlada por el “Capitalismo de la vigilancia” según lo define claramente S. Zuboff, en un texto amplio y excepcional.

Pero Berman luego pasa a hablar del macrocosmos, de este nuevo proceso que se inicia en los 70´con el default de Estados Unidos y el retiro del respaldo oro del dólar, que coincide con el auge de las grandes transformaciones tecnológicas comenzando por el Internet.

Para Berman, hay dos maneras garantizadas para arruinar a una sociedad, dejar que el mercado sea el único rector del destino de los seres humanos y permitir que la tecnología impregne cada aspecto de nuestras vidas; y estos dos acontecimientos han convergido, creando un gran sisma entre ricos y pobres, algo que ratificó el Informe de Oxfam presentado en Davos en el 2020.

El panorama que tenemos del Occidente real es muy diferente del Oriente real liderado por China, Corea y Japón, aunque este último, que fue la primera potencia de Oriente a comienzos del siglo XX, hoy esté entrampado en una crisis que ya pasó un cuarto de siglo.

India y Paquistán son dos países conocidos por su pobreza, pero desconocidos en su crecimiento anual y que además son dos potencias nucleares que no necesitan protección externa; ambos, a diferentes niveles, crecen y se van reposicionando, Pakistán como aliado de China e India su “enemigo histórico” oscilando entre Oriente y Occidente.

La crisis se presenta siguiendo la lógica que se dio hace cinco siglos, que definió al centro y la periferia, siendo el centro el más afectado como fruto de la decadencia del imperio, que además tiene que mantener el poder militar, aunque esta vez acotado por nuevas potencias mundiales.

Así se arma un escenario mundial de inseguridad y potencial guerra que, de darse, sería la última de este planeta, donde es posible no haya ganadores solo sobrevivientes.

En el escenario de la cotidianidad, la gente comienza a entender ese libro icónico titulado “1984”, y razonar que ya estamos contagiados de un vicio que nos terminará matando como el tabaco y el alcohol: el mundo digital, que nos copta como personas y no aliena como especie, a partir de un modelo de control-digitalización de la vida y vigilancia.

El fin del trabajo estable y de los derechos sociales se ha transformado en la nueva cotidianidad de los jóvenes que prolongan su “dependencia económica” de sus padres y en algunos casos de abuelos; son los jóvenes más libres, pero menos independientes, siempre viven de alguien que les crea y los apoye.

Por ello, hoy los grupos extremos, ya no del fascismo, ese queda encasillado en el siglo XX, éstos son una combinación de resentimiento y crisis del sistema, ya que no ven salida en un mundo donde la economía del trabajo cada vez está más alejada de los humanos. Son anarco-liberales, una contradicción, como lo es el discurso que tienen, ya que ellos saben que no pueden salir del circulo vicioso y los más ricos podrán incrementar sus ganancias sin control, son los nuevos agentes útiles del poder, su rebeldía es su debilidad, porque oculta la gran frustración y crisis de esperanza.

El concepto de juventud se ha ampliado, como antes fue el de clase media, cada vez son mayores y mantienen la rebeldía juvenil como bandera de libertad, sin poder comprender que es su cadena de opresión que funciona a través del mecanismo de alienación.

Pero la reflexión sería incompleta si no hacemos referencia a la población total del globo donde la mayoría de la población, un 60 % aproximado, sobrevive fuera del sistema o en la periferia del mismo, o sea, el grupo humano que podrá perder el empleo es menor que el pensado.

Sin embargo, hay una profunda diferencia en vivir en un país rico y ser pobre a ser pobre en países pobres. Esta situación la describió John Steinbeck en el éxodo de Oklahoma a California de los agricultores ahogados por el crack del 29.

Jessica Bruder ha seguido la peregrinación de los náufragos por la recesión que es la responsable de la nueva pobreza en Estados Unidos y que describe en “País nómada” que es el acta de nacimiento de una nueva clase social: los tecnopeones o Workampers (trabajadores acampados) o workers on wheels (trabajadores sobre ruedas).

Hay otras mil formas de llamar a esos estadounidenses que soñaron con ser parte de la clase media y se han despertado en la pesadilla del capitalismo más salvaje, que los dejó incapaces de pagar una hipoteca o un alquiler, viven en sus vehículos, con remolques o no, mientras recorren el país en busca de trabajos temporales que les permitan sobrevivir, no vivir.

La mayoría tienen edad de sobra para estar jubilados, un lujo que no se pueden permitir, y ellos se definen a sí mismos como nómadas o gitanos, y los apóstoles del neoliberalismo los llaman “desplazados económicos”, “refugiados autóctonos”, “vagabundos modernos” o, en el colmo de la desvergüenza, “los sintecho acomodados”. 

Para ello, la autora conoció a mujeres y hombres que alquilan su fuerza de trabajo de aquí para allá. De la recolección de las frambuesas en Vermont a las manzanas en Washington o los arándanos en Kentucky. Cuidan bosques, vigilan piscifactorías, controlan las entradas en los circuitos de carreras o los accesos a los campos de petróleo de Texas, y un día venden hamburguesas en los partidos de béisbol de la Cactus League en Phoenix y a la semana siguiente atienden tenderetes en los rodeos y en el Super Bowl.

Son también los recepcionistas de campings y parques de caravanas. Empresas subcontratadas por el Servicio Forestal de Estados Unidos reclaman sus servicios desde el Gran Cañón del Colorado hasta las cataratas del Niágara, con sueldos bajos y trabajo extenuante, horas extras que no se computan y en cualquier momento les pueden despedir, “en función de los intereses o necesidades de la empresa”.

“Quieren quitarnos la decencia”, denunciaba Steinbeck. “Siempre ha habido poblaciones itinerantes y trabajadores ambulantes”, pero ella ha encontrado a personas que jamás se imaginaron con una existencia trashumante y a las que no les ha quedado más remedio que echarse al camino. Viven y viajan en camionetas o auto-caravanas de segunda mano y se debaten entre dilemas: “¿Comer o ir al dentista? ¿Los plazos del coche o medicinas? “¿Un abrigo o gasolina?”.

En la periferia del sistema, la pobreza es una cotidianidad, por ello es más fácil que se integren a la misma o simplemente regresen a sus orígenes, sin tener la presión de un pasado mejor que los abofeteó como verdaderos fracasados.

Unos huyen hacia adelante sin trabajo y viviendo de los padres, de una beca, de un vicio u otra cosa; otros entran al mundo del nomadismo y una gran mayoría vuelven a sus barrios miserables y el pasado fue como un sueño.

En este escenario se mueven los jóvenes, y el sistema aprovecha la crisis de referentes, de modelos, de opciones, en síntesis, de esperanzas, para iniciar el camino de la deconstrucción del futuro trabajador en el nuevo marginal que termina siendo un alcohólico, drogadicto u otra especie rechazada por el poder.

 

cesaralfredo552@gmail.com