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Asunto:NoticiasdelCeHu 186/21 - VIAJANDO: Del bullicio urbano al silencio pueblerino
Fecha:Domingo, 30 de Mayo, 2021  02:41:51 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 186/21

 

Del bullicio urbano al silencio pueblerino

 

El miércoles 13 de noviembre de 2019, por la tarde, junto a mis colegas Solange Redondo y Alan Rebottaro, partí desde la terminal de ómnibus de Retiro rumbo a la provincia de La Rioja.

Como era previsible, la ciudad era un caos de tránsito, bocinazos e insultos, muy especialmente por tratarse de una hora pico, en que gran parte de los trabajadores de la Ciudad de Buenos Aires regresaban a sus hogares en el Conurbano, por lo que ese trayecto fue tedioso.

Luego el micro avanzó por la autopista Panamericana, donde lentamente, comenzó a despejarse el panorama. Y a casi cuatro horas de viaje, hizo, como era habitual, una parada en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe.

Nosotros veníamos de varios días de intensa actividad laboral, así que nos dormimos profundamente, sin poder disfrutar del cielo cordobés, que solía presentarse plagado de estrellas a medida que disminuían la humedad ambiente y el efecto lumínico de las ciudades.

Al despertarnos, ya había amanecido, y estábamos ingresando a los Llanos de La Rioja, desde donde, tomamos la ruta nacional número setenta y cuatro, y transitamos por el valle Antinaco-Los Colorados. La zona, muy árida, no llegaba a los doscientos milímetros de lluvias anuales, por lo cual, además de escasa, la vegetación era arbustiva.

 

Circulando por la Ruta Nacional Nro. 74

 

 

Pasamos por Nonogasta, y en veinte minutos más arribamos a Chilecito. Ambos centros urbanos se encontraban limitados al este por el sistema de Velasco y por el oeste con el Famatina, pertenecientes a las Sierras Pampeanas.

Estos cordones montañosos, que tuvieran su origen desde los tiempos precámbricos hasta el Paleozoico Inferior, fueron ascendidos posteriormente, durante el Terciario, y por encontrarse más próximos al movimiento andino, presentaron mayores alturas, de entre 4000 y 6000 m.s.n.m.

 

Cordón del Velasco, en las proximidades de la ciudad de Nonogasta

 

 

Ya día jueves, a mitad de mañana, Emilce Llanos, una persona dedicada al Derecho, que debía ir a hacer un trámite a los Tribunales de Chilecito, segunda ciudad de la Provincia, se había ofrecido gentilmente para ir por nosotros.

En cuanto comenzamos a andar, atravesamos el Famatina por la cuesta de Miranda, una zona impactante, con un paisaje de color rojo intenso, con vegetación concentrada solamente donde había retención de agua, que, para la zona, representaban auténticos oasis.

 

 

Ingresando a la Cuesta de Miranda

 

 

Y, en determinado momento, en ese camino sumamente sinuoso, encontramos un espacio con mayor amplitud, que estaba diseñado como mirador, y aprovechamos para que nuestra amable conductora, nos tomara una fotografía.

 

 

Con Alan y Solange en un mirador de la Cuesta de Miranda

 

 

 

Camino sinuoso en la Cuesta de Miranda

 

 

Al llegar a Villa Unión, nos esperaba la Profesora Marcela Yañez, quien propuso visitar el santuario de “Miguelito, el Angelito”, un bebé momificado al que se le atribuían milagros. Mis compañeros aceptaron, pero yo preferí abstenerme.

Luego continuamos viaje hasta la Villa San José de Vinchina, siendo hospedados en el hotel que se encontraba enfrente de la terminal de ómnibus.

Eran las primeras horas de la tarde, y la calma era absoluta. No solo porque la siesta era sagrada, sino porque tanto en la calle lindera, que, en realidad era la ruta nacional número setenta y seis, como en la terminal de ómnibus, no había ni un solo vehículo. Era muy impactante para nosotros, haber partido de un conurbano de quince millones de habitantes y encontrarnos en un pueblo que no llegaba a los tres mil. No se respiraba neblumo, nadie sabía lo que era un embotellamiento de tránsito, se caminaba despacio, y se podían oír los sonidos del silencio. ¡Otro mundo! ¡Otra vida!

Nada es perfecto, todos los sitios tienen sus virtudes y defectos, y si bien yo estaba sintiendo una paz increíble, me quedé pensando, que difícilmente me adaptaría a residir permanentemente en un lugar así. Había nacido y vivido la mayor parte de mi existencia en Buenos Aires, siendo el bullicio parte de mi ADN, ya que tomando en cuenta varias generaciones hacia atrás, no he sabido de ancestros rurales. Y cuando había tomado la decisión de radicarme en Ushuaia, en la época en que solamente la habitaban ocho mil habitantes, no aguanté más que un año y medio. Yo hacía todas estas elucubraciones, mirando por la ventana de la habitación sin divisar ser vivo alguno…

 

 

Terminal de ómnibus de Vinchina desde el hotel sin tránsito ni gente

 

 

Ya estaba avanzando la tarde, y nuestro apetito crecía a medida que pasaba el tiempo; y ante la imposibilidad de encontrar algún lugar abierto para poder contar con algún bocado, logramos que nos prepararan una minuta en el mismo hotel, cuando ya casi deberíamos haber merendado.

A lo largo del día fueron llegando Anabella Graffigna procedente de Catamarca, el Doctor Alberto Espeche, y los profesores Facundo Rojas y Pablo Rizzo desde Mendoza, con quienes compartimos la cena, y lógicamente con buen vino riojano. Y tras una larga sobremesa a la que se sumó el Profesor Ariel Barrera, excelente anfitrión, todos nos retiramos a descansar para asistir al día siguiente a las II Jornadas Provinciales de Geografía de La Rioja, por las cuales habíamos sido invitados.

 

Ana María Liberali

 

www.viajandoconanamaria.blogspot.com

 

 



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