Inicio > Mis eListas > humboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 1901 al 1920 
AsuntoAutor
Socializacion Urba VDC
807/03 - ACTIVIDAD Humboldt
806/03 - ESPECIALI Humboldt
805/03 - Comisión Humboldt
804/03 - Geography Humboldt
803/03 - POSTGRADU Humboldt
Acerca de las esca VDC
808/03 - Seminario Humboldt
Re: NoticiasdelCeH Hilda Pu
811/03 - El Medio Humboldt
810/03 - MARRUECOS Humboldt
809/03 - Social Sc Humboldt
821/03 - Universid Humboldt
819/03 - Argentina Humboldt
820/03 - American Humboldt
817/03 - Argentina Humboldt
815/03 - Globaliza Humboldt
813/03 - ACTIVIDAD Humboldt
812/03 - ESPECIALI Humboldt
814/03 - AFICHE QU Humboldt
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
Noticias del Cehu
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 2103     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:NoticiasdelCeHu 811/03 - El Medio Natural y la Formación Profesional e n Geografía
Fecha:Lunes, 23 de Junio, 2003  15:35:33 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 811/03
 
EL MEDIO NATURAL Y LA FORMACIÓN PROFESIONAL EN GEOGRAFÍA
REPAROS

Lic. C. Santiago Böndel

Miembro activo del Centro Humboldt

Docente e investigador de la Universidad Nacional de la Patagonia "San Juan Bosco"


“No asevero que la actitud teórica sea la suprema; que debemos primero filosofar y luego, si hay caso vivir. Mas bien creo lo contrario. Lo único que afirmo es que sobre la vida espontánea debe abrir, de cuando en cuando, su clara pupila la teoría, y que entonces, hacer teoría ha de hacerse con toda pureza, con toda tragedia” (José Ortega y Gasset) .

Las reflexiones que siguen no son producto de una investigación en sí, sino fruto de una convivencia intensa con la realidad ambiental patagónica, llena de matices, exploradora y ‘participadora’, por decir de algún modo, en la vida comunitaria. De todas formas el impulso para esta presentación surge en buena medida de avances en el proyecto “Uso humano del territorio y aspectos ambientales críticos en Patagonia Andina”, donde puede comprobarse que varios de los argumentos que aquí se exponen se reafirman con vigor.
 

El medio natural, lo geo-ambiental ¿comentaristas?

 
Temas agobiantes del medio físico y biótico de nuestros días, al menos en esta parte del planeta, son contempladas por los geógrafos en sana competencia y complementariedad con otras ramas del saber. Pero a la hora de operar, de abordarlos, como se ha buscado desde la profesionalización de la geografía, el geógrafo se encuentra en desventaja y muchas veces groseramente subordinado. Situación que tiene raíces profundas en el rol casi estrictamente académico y cultural que se le atribuye a la ciencia de ‘los paisajes del hombre’. Claro que no se trata desdeñar ni mucho menos esa asociación diríamos ‘culta’ hacia la geografía, por una parte porque no seríamos quién para ello y por la otra porque es allí donde se encontrarán las esencias de nuestro saber.
El planteo que aquí se hace obedece tan sólo tratar de visualizar criteriosamente el porqué de las resistencias (internas y externas) que encuentra el profesional cuando se introduce en la gestión y el tratamiento específico de problemáticas geo-ambientales.
A pesar de la moda ‘ambiental’, entre los geógrafos se constata la existencia de una suerte de auto-obstáculo respecto de la competencia para el abordaje práctico y comprometido con el medio natural, en especial en situaciones de coyuntura. Hasta se percibe una tendencia que se limita a la participación comentada, es decir de corte especulativo y no de acción ante, por ejemplo, problemas de contaminación, de drenajes o meteorológicos demandantes de zonificaciones y relevamientos expeditivos o de gestiones integrales.
Nadie duda que la información y capacidad de transformación humana se han multiplicado exponencialmente, pero también ha crecido nuestra sensibilidad respecto del acaecer ambiental y con ello no es posible ‘hacer la vista gorda’. También es cierto que la naturaleza nos sigue sorprendiendo con sus facetas inesperadas de escala y complejidad. Aquella sequía extraordinaria, el vendaval súbito, la marejada inoportuna; heladas y deshielos, inundaciones y sismos, o tal plaga e incendio forestal, no hacen más que advertirnos sobre una riqueza de comportamientos que reclama estrategias y acciones. Es más, aún en lo cotidiano Natura nos toma por sorpresa y son corrientes los comentarios sobre, una lluvia repentina, la calzada helada, fisuras en muros y veredas, polvo en suspensión, etc.. Justamente, no se trata de quedarnos sólo con los comentarios.
En realidad, existe una contradicción visible entre la sólida raigambre teórica de la geografía (con un llamativo número de vertientes en enfoques e ideologías) y su relativa inmovilidad frente al incesante reclamo de la sociedad por la atención de temáticas ambientales. Se verifica, es cierto, aquello de que los hechos desbordan la capacidad de diagnóstico y hasta se comprueba que por falta de ejercicio poco o nada se hace ante la necesidad ‘urgente’. Claro que la urgencia puede llevar a apresuramientos, pero no por ello va a dejar de desbordar el río o comenzar un incendio de campos. Se conoce de memoria la comparación entre lo urgente y lo importante, pero desvincular ambas cosas también es riesgosa y nos puede dejar hablando de cosas ‘importantes’ mientras la urgencia nos tapa de basura o deja en ‘fuera de juego’.
 

Lo aplicable, las coyunturas.

Por ello se propone un aporte para la discusión sobre el tema formativo, no desde lo didáctico-pedagógico sino desde la aplicabilidad profesional, desde la intencionalidad formativa, aunque sólo sea para un segmento del universo geográfico.
Ya en los ‘60-‘70 los enfoques ‘utilitarios’ tuvieron una cuota importante de participación en los planteos sectoriales y desde la geografía pareció verse en los modelos, especialmente cuantitativos, respuestas acordes. Pero por entonces la realidad (aquella de la calle, de la gente, de los paisajes) quedó relegada, casi sumisa, a lo ideológico y a lo intelectual; lo más visible tal vez fue el esfuerzo para que las circunstancias fueran obedientes a los modelos. Para el caso la cita que Ortega Cantero toma de Harvey es elocuente “...existe una clara desproporción entre el complejo marco teórico y metodológico que estamos utilizando y nuestra capacidad para decir algo realmente significativo sobre los acontecimientos tal y como se están desarrollando alrededor nuestro... (1988:86).
A todo esto una inercia tradicionalmente pasiva ante lo contingente, lo inmediato, implicaron una expansión desde otras orientaciones del saber hacia las problemáticas ambientales de neto corte territorial.
Entendemos entonces que la inquietud que aquí se presenta se torna válida desde el contexto ambiental contemporáneo, concreto y conflictivo, donde la prudencia parece estar alejada de la audacia que supone enfrentarse con los hechos de la vida en los diferentes lugares del mundo. Se diría que jugamos con fuego y esto limitándonos al entorno de la geografía física, es decir relegando las infinitas cuestiones que hacen a la geografía humana, económica y política. Basta, por ejemplo, con valorar alguna de las transformaciones de los sistemas naturales y sus situaciones coyunturales (colapsos en general), como para no dudar del importante aporte potencial del profesional geógrafo.
 

La demanda social (a modo de encargo).

Cabe insistir que no es intención ir a la raíz de la profesionalización en sí; para ello habría que recorrer un camino largo de estudios y debate. Lo que se trata aquí es de arrimar alguna instancia superadora de cierta apatía en cuanto de actualizarse para responder a la demanda social respecto de los problemas ambientales, es decir, tan sólo de una parte de los problemas geográficos.

Se podría señalar por ejemplo: “...

· ... planes estratégicos ( reguladores, de ordenamiento, plan director, etc.)
· ... instancias prácticas en la enseñanza, tratando de no ‘ceder terreno’ en materia de relevamientos, mediciones y experiencias, por más que temas físicos, químicos o biológicos puedan borronear un tanto el enfoque socio-territorial de ciertas tareas (seguimiento de información meteorológica, reconocimiento y mapeo de situaciones ambientales críticas, individualización de unidades de paisaje, etc. de los métodos sectoriales, naturales o sociales)
· ... estudios integrales (impacto, evaluaciones, diagnósticos, etc.)
· ... demandas de los municipios, catastros, hospitales, ministerios y secretarías, vecindarios, cámaras, y cuanta actividad o fenómeno tenga una cuota sustantiva de componentes geo-ambientales.
 

¿Cómo, cuándo y desde dónde intervenimos?

Todos temas ‘demandados’ cotidianamente y que por ahora parecieran estar más en la preocupación formativa y operativa de otras ciencias que en la nuestra. Como respuesta parcial se observan iniciativas puntuales (laboratorios SIG, cátedras explícitas, capacitaciones, reuniones) y hasta la concreción de licenciaturas y tecnicaturas ambientales (como en nuestra facultad en Comodoro Rivadavia, Luján, Comahue, Tandil, etc.) que, aunque miradas con cierto recelo desde varios ámbitos geográficos, obedecen a una preocupación genuina y espontánea de responder a aquel encargo social.
Seguramente queda la sensación de otro “chocolate por la noticia”, aunque es probable que el dicho se relacione a una sorpresa jocosa y en la realidad, en cambio, hay poco de sorpresa y mucho de serio.


Escalas, mapas y ‘pertenencias’.

Claro que existen problemas de escala, y no es que se trate de estudios globales vs. ‘provincianos’ (como se ironiza inocentemente), sino de alcanzar marcos de referencia problemáticos y realistas. Y en verdad, es creíble que desde la geografía se puede estar en una posición saludable visto esto tanto desde un punto de vista epistemológico como de acción profesional. Es más, adaptándonos a los tiempos y en relación con las escalas, sería auspicioso que el concepto de zoom, como lo es la brújula, alcanzara una jerarquía emblemática para nosotros.
Con esta nueva ola globalizante de la ‘posguerra fría’, se percibe algo así como cierta ‘euforia territorial’, con cambios estructurales en cuestiones de localización, posición geográfica, distancias, vínculos, obstáculos, y muchísimos etcéteras. Hasta sería válido referirse como a pieza de museo al mapa arraigado en nosotros, casi estático y en buena medida soporte intelectual de muchísimas ‘conquistas occidentales’.
La mezcla, el ‘ruido’, guste o no, es hoy lo prevalente, como si se navegara en un mar de dudas, bajo un dominio económico feroz donde sus imposiciones inundan terrenos culturales, sociales y ambientales. Si hasta se habla de geo-zapping para referirse al turismo, aquella industria ideal y sin chimeneas (Dimitriu, Andrés, comunicación personal) o lo que es más dramático, el visible re-encuentro o suma de ‘sumergidos’, unidos por una paradójica y novedosa inmovilidad marginal. Dice Santos “...La migración, en última instancia, es, sin paradoja, consecuencia de la inmovilidad...” (1996:54.
A todo esto, y para no salirnos del carril, es lícito afirmar que el mapa sigue siendo clave, un mapa de sólida estructura y, en cierta forma, de ‘escurridizo’ contenido. La moda , el sustento ambiental o la orientación política, por caso y a diferencia de tiempos menos vertiginosos, pueden en semanas transformar decisivamente las fisonomías y usos del espacio (cf.: Haggett, P.. 1988:639).
Por supuesto que tendremos problemas de solapamientos y temáticas que nos desbordan, pero ¿dónde no ocurre? ¿o será que la larga discusión epistemológica entre una geografía científica y otra cultural debe caer por madurez y no sospechar que, interesadamente, el discurso geográfico sólo resulta complicado para los geógrafos?.
 

En síntesis

Cabría suponer que al habernos ‘librado’ de esa carga inventarial tan cuestionada por los enfoques sistemáticos y que ya Hartshorne, aún desde lo regional, quiso quebrar hace 50 años, se ha alcanzado la codificación e informatización de millones de datos (¡y cuántos se seguirán agregando día a día!). Con ello hemos encontrado y aceptado con resolución una vertiente bien geográfica para su operatividad responsable (los SIG), las dudas, sin embargo, parecería que todavía prevalecen dudas sobre si se debe o no ‘aggiornarse’ en materia de formación y gestión.

Resulta visible que, salvo honrosas excepciones:
· ... estamos ausentes para la elaboración de catastros y códigos territoriales;
· ... la legislación ambiental en general y territorial en particular, son para nosotros terrenos de claroscuros. De hecho, hasta la gestión de los EIA y otras demandas contemporáneas parecieran ser auto-excluídas de nuestras incumbencias. Es más, en general las invalidamos de plano sin proponer alternativas que no pasen por la utopía operativa.
 

Ambiente (¿medio ambiente?), conceptualización.

... “Puede afirmarse que las políticas o principios en base a los cuales deberían orientarse, planificarse y llevarse a cabo las acciones que permitan el logro de una Gestión Ambiental exitosa de un determinado plan, programa, proyecto o conjunto de proyectos deben concebirse sobre una concepción amplia, holística, del ambiente, entendida como resultante de una interacción de factores bióticos y abióticos, socioeconómicos y culturales”... (Albina Lara)

Aunque es una cuestión discutida con asiduidad y, porqué no, con cierta liviandad, será bueno insistir con aquello de las implicancias territoriales que conlleva el concepto ambiente, superador del más limitado de ‘entorno’ (environment); implicancias atadas a la intervención humana que no debe mirarse como una externalidad ni como una situación “abrochada”; la intervención es una condición estructural del ambiente. Sin ella nos estaremos refiriendo a otra cosa, a la atmósfera, o los ríos, o la fauna y los glaciares, pero no al ambiente. En definitiva no se trata de ‘un soporte’ apenas neutro, del mero sostén físico, sino de un medio percibido, interpretado o, mejor aún, valorado, a decir de la escuela francesa tradicional.
Con esto, a la hora de la ‘acción’, pareciera que a los geógrafos nos cubre un halo poco menos que de curiosos seres, con indiscretas conductas y preocupaciones (y no es original esta visión). Para peor, las sospechas son válidas si con nuestro desempeño profesional no respondemos a las peticiones comunitarias, sean éstas de sesgo cultural, económico o científico.
A modo de analogía, podría decirse que con actitudes de cierta nobleza, como la inquietud del filatelista o con la exquisitez del coleccionista de violines, no hacemos una profesión preocupada por los hombres en el espacio terrestre, que interpreta una realidad compleja, explica con la generalización y sugiere estrategias de manejo, apropiación y de convivencia para la humanidad, en escalas minúsculas o continentales.


¿Lo académico vs. la intervención profesional?

Aun cuando habrá quienes puedan minimizar la ‘brecha’, bastará con ver las problemáticas de tal arroyo o aquel aeropuerto y ver los pliegos licitarios en tal o cual emprendimiento de fuerte contenido territorial, para ver nuestra ‘ausencia’, tanto en la gestión como en la intervención. Claro que más que nunca resulta falsa la dicotomía: ACADÉMICO-PROFESIONAL y no será novedoso insistir sobre el indispensable continuo ida y vuelta retroalimentado que demandan los estudios geográficos, caso contrario dejarían de existir ambas ‘vertientes’ (como lamentablemente se insinuó más de una vez). ¿Sería pensable que los académicos de la medicina no consultasen informaciones y experiencias que tal vez provengan de un paraje aislado, del paciente marginal más infortunado y del sanatorio más sofisticado?.
Se trata de re-volver aquello de la Geografía Teórica y la Geografía Aplicada (¿Activa?); aunque por supuesto lo de versus debe olvidarse; ¿o habrá que pensar que Dudley Stamp fue sólo un ‘aplicado’?.
Geografía ‘académica’: aquella del estudio, la indagación, la propuesta. Curiosa, inquisidora, exploratoria, investigadora. Estudiosa, revisora y ‘rescatadora’ a la vez. En definitiva, de raíz teórica y ‘orientadora’ en nuestro mar de intereses.
Geografía ‘profesional’ (operativa): de la acción, de la prevención y participación responsable, del compromiso social. Inquieta, ordenada, criteriosa. Abarcativa de todas las orientaciones y abierta a la multidisciplina.

Es de imaginar el cúmulo de sorpresas que hemos tenido en los últimos 15 años, viendo como desde campos como la biología, la geología, la economía y muchos más, nuestro “discurso” geográfico de raíz holístico e integrador entró en una metamorfosis que logró hacerse eco en la sociedad, a punto tal que no sólo ya nadie discute ese tipo de enfoque, sino que hasta se lo defiende a rajatabla. Tal vez, nuestra cómoda actitud contemplativa nos lleva ahora a tener que ganar no sólo un espacio práctico de trabajo cotidiano sino que, además, a recuperar terreno perdido.
 

Punteo para la discusión.

Desde lo geo-ambiental y en lo formativo, se entiende la necesidad de:
· ... afianzar los enfoques de la problemática ambiental desde los comportamientos y actitudes sociales.
· ... reforzar el carácter básicamente exploratorio de la geografía . ¿O acaso están los tugurios de la tercera parte del planeta o el continuo paisaje de ‘recambio’ cotidiano ya no necesitan de la exploración?.
· ... fortalecer con contundencia el sesgo cartográfico del futuro profesional. (en nuestros días debería ser el disparador indiscutido).
· ... capacitar para la gestión técnica y política (gestión e implementación de proyectos de ordenamiento ambiental, participando en equipos interdisciplinarios de evaluación de impacto, elaboración de planes de gestión ambiental, realización de auditorías ambientales, en proyectos de inversión y programas de concientización).
· ... orientarse hacia la educación ambiental (mejor, geo-ambiental) formal e informal como una herramienta de vínculo trascendente en el tiempo y comprometido con la realidad.
· ... capacitarse en técnicas para la resolución de conflictos, mediación, dinámica grupal y de audiencias públicas. Elaboración de estrategias de chequeo ambiental, evaluación de impacto ambiental, aplicación de normativas de calidad, gestión organizativa, empresarial y comunicacional, auditorias ambientales.

También y ya en un plano más estructural e, insistimos, con una orientación geo-ambiental, se entiende que merece continuar la discusión más o menos instalada en forma espontánea y dispersa de:
· ... la búsqueda de un mayor equilibrio entre la formación académica ‘pura’ y la formación profesional ‘operativa’.
· ... la inserción plena en el marco general de la geografía. de las carreras universitarias ‘ambientales’ de orientación socio-territorial. No fuera cosa que terminemos con una ‘geografía paralela’.
· ... la discusión sobre si en el ámbito académico (institucionalmente) se incluye con la intensidad necesaria el tratamiento de problemáticas geográficas de ‘abordaje’ y que necesitan respuesta (en las recientes reuniones departamentales a nivel nacional se observa una relevante inquietud al respecto).
· ... el incentivo a la participación extra-geográfica en la capacitación del geógrafo.

 
Bibliografía citada:

Haggett, Peter. (1988). “Geografía. Una síntesis moderna”. Ed. Omega, Barcelona.
Santos, Milton. (1996 ).“Metamorfosis del espacio habitado”. Ed. Oikos-tau. Barcelona.
Ortega Cantero, Nicolás. (1988). “Geografía y Cultura”. Alianza Editorial. Madrid.
Pech, P. y H. Regnauld. (1997). “Geografía Física”. Editorial Docencia. Buenos Aires.

Comodoro Rivadavia, junio del 2001

Artículo publicado en Posición Internacional - La Revista Virtual del Centro Humboldt. Año 2 - Nro 2 -