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Asunto:NoticiasdelCeHu 304/20 - De la narrativa al territorio
Fecha:Domingo, 11 de Octubre, 2020  23:53:34 (-0300)
Autor:Noticias del CeHu <noticias @..............org>

NCeHu 304/20

 

De la narrativa al territorio

        

“El arte aquí no está solo en los museos” Ferran Adrià. España.

 

Alfredo César Dachary

 

Los procesos de descolonización, que se dan en la mitad del siglo XX, iniciaron el cuestionamiento de la facultad del capitalismo para construir significados, que asumen el papel de verdaderas historias regionales.

Estas construcciones sociales fueron iniciadas por los libros de viaje escritos por europeos sobre partes no europeas del mundo y que ayudaron a crear el orden imperial para todos y a los descendientes de éstos les otorgaron un lugar de privilegio dentro de él.

De allí la importancia de la literatura de viajes que logró que la expansión colonial llegase a ser significativa y deseable para las poblaciones de estos países, aunque solo unos pocos participaban de los beneficios materiales que el gran imperio colonial acumulaba.

Las transiciones históricas generalmente terminan alterando la manera en que la gente escribe, porque afectan sus experiencias y con ello también la manera de imaginar, sentir y pensar el mundo en que viven.

De allí que sea necesario examinar la interacción de la literatura de viajes europea, con la historia natural de la Ilustración, interacción que produjo de forma eurocéntrica, de conciencia global o planetaria, que hoy es dominante, como expresión del eurocentrismo.

 

Destinos e historias

Cualquier destino turístico se enfrenta a dos grandes retos en el proceso de construcción de su pretendida identidad; primero, trata de lograr una narrativa que sea aceptada por la población local, porque forma parte de su identidad y base de su cultura y, la segunda es que ésta sea atractiva para el turismo, el cual es un agente espectacular de reestructuración del mundo y su percepción. Por ello, cuando más exótica es la narración más atractiva es para una actividad en la que la originalidad es uno de sus ejes.

Recuerdo la historia del origen de Cozumel moderno y luego turístico, que se basaba en que un barco había quedado varado en la isla por problemas técnicos y los empresarios y gente que fueron a ponerlo en funcionamiento quedaron prendados de la belleza de ese pueblo de pescadores, pequeño, casi sin tráfico, donde la amabilidad era el común denominador de la gente y se sintetizó en este grupo en la idea del “descubrimiento” de un futuro destino turístico.

Una experiencia similar ocurrió en Ambergris Caye, en Belize, tan bello y solitario como Cozumel, que los compradores de langosta que arribaron a la isla fueron a su vez los grandes promotores de ella iniciando, sin pensarlo, el proceso de transición de la pesca al turismo.

Historias similares hablan de Isla Mujeres, que fue por muchos años el refugio de la Flota del Golfo de los cubanos que pescaban en esta zona, o más recientemente Holbox, que hasta final del siglo pasado era un pueblo de pescadores, hoy un destino de turistas mayoritariamente italianos.

La mayoría de los destinos turísticos mundiales son territorios que pasaron por la conquista y colonización y a partir de esto se impuso una nueva cultura, de allí que la gran opción es saber cuál es la narrativa que se adecua más al pensamiento de la mayoría de los ciudadanos, que en la generalidad de los casos desconocen a los pueblos originarios y tarde descubren que antes de las nuevas pirámides hoteleras hubo otras más elevadas que se hicieron para complacer a los dioses de esas épocas.

Parece un absurdo, pero el turismo activo el “redescubrimiento de los pueblos originarios” de sus zonas de influencia, no por razones sentimentales o nacionales, sino como un mecanismo que generaba una verdadera diversificación de la oferta, que era inicialmente de playa y luego se potencializó con lo histórico cultural.

Esto abrió un amplio espectro de opciones desde las gastronómicas, hoy uno de los ejes del turismo cultural, a las que tienen que ver con el patrimonio intangible que muchas veces complementaba la visión del patrimonio natural a través de leyendas, mitos y la propia religión.

Hoy el Caribe mexicano es doblemente apreciado por su naturaleza y su historia, por su diversidad biológica y la riqueza cultural de sus pueblos originarios, que mantienen sus tradiciones y forma de vida en el interior de la península, como guardianes de una de las cuatro grandes culturas de América Latina y el Caribe: los mayas.

En países como México, en que los pueblos originarios, pese al saqueo y la destrucción cultura y patrimonial, mantienen las culturas tanto o más importantes que los coloniales, con la que les toca convivir en medio de un discurso de dualidades y contradicciones que no siempre resulta constructivo.

Esa puja se termina al final del siglo XX cuando el turismo, que transforma todo en dinero, logró mercantilizar el patrimonio y con ello entran ambas culturas, la de los colonizadores y de los colonizados en el proceso del sistema, lo cual en muchas experiencias terminan afectándolas, transformándolas, lo que es peor cuando las folclorizan, al vaciarlas de su verdadero contenido.

Hoy en día, el escenario turístico es quizás el que mejor resume las contradicciones de las sociedades tardo modernas, que presentan cinco características, siendo la primera la tensión entre lo local y lo global, algo que puede sufrir cambios en esta nueva etapa del post - Covid, donde todo lo global quedó en el discurso y lo local y regional asumió el control de la respuesta a la pandemia.

La segunda es la extinción de todo vestigio de naturaleza intacta, ya que ésta se la altera para adecuarla al paisaje turístico. En el siglo XVIII, Linneo que fue un naturalista sueco que desarrolló la nomenclatura binómica para clasificar y organizar los animales y las plantas, base para el control del mundo “natural”, pero justificada “científicamente”.

En 1735 publicó su obra “Sistema natural”, el primero de una serie de trabajos en los que presentó su nueva propuesta taxonómica para los reinos animal, vegetal y mineral, que sirve de referencia al futuro pensamiento racista, “de base científica” aunque hoy falsa.

La tercera de estas características es la más peligrosa, que es la pérdida del sentido histórico, ya que el turismo es un gran transformador de la sociedad, la cultura y la historia, la simplifica, y adecua para que sea aceptable por todos, así lo que fue una tragedia, como eran las plantaciones de caña o algodón se transforma en una comedia, como las grandes plantaciones en el Caribe movidas por la esclavitud; hoy son un atractivo para la gente que visita la región, que lo aborda desde una narrativa casi infantil e idílica.

El cuarto es la hegemonía de la imagen en la articulación de lo social, ésta se asume como la cara deseada del turista y, por ende, en ella se basa la continuidad del atractivo del destino, además de otras características como el servicio, la sustentabilidad y hoy el control sanitario estricto.

Y la quinta y última es la conquista total del tiempo de ocio por las relaciones de producción capitalista; todo pasa a ser asumido por el entretenimiento, ya desaparecen los dos tiempos: el de trabajo y el de descanso, ambos se integran en uno solo que domina el ocio, como un nuevo atractivo, permanente y combinado con el trabajo.

La sociedad del entretenimiento es una construcción socio-histórica, su ambivalencia y complejidad, a partir de pensadores como Zygmunt Bauman y Scott Lash, entre otros. Ésta aborda el debate en torno a la economía de lo intangible o “long tail” y el “capitalismo de ficción” y al final propone una estructura sectorial de las llamadas industrias de la cultura, la comunicación y el entretenimiento.

Hoy se ha recorrido un largo camino en el que se ha ido perdiendo el espíritu del viajero romántico; hoy es el consumidor de un paquete de ocio enlatado, este turista es un verdadero autómata que busca lo que ya se le vendió como lo único que debe ver y no se sale del guión.

Esto es más fuerte cuando se trata de destinos como Disneylandia, que es un ejemplo real de simulacro, es el texto de un país que no existe, un hiperreal instalado sobre un territorio borrado, un no lugar creado para turistas y sin población residente, es una no verdad absoluta.

El antecedente de éstos fue el comienzo de un tratamiento espectacular de la naturaleza con fines mercantiles, como fue el caso de las Islas Canarias que comienzan a llegar, en 1890, los primeros turistas; se vende un simulacro “la vuelta al mundo” alrededor de una de las islas y estaba dirigido a turistas de salud que venían por el sol y reposo.

Ellos planificaron muy bien su promoción, ya que no era Egipto o Grecia que se vendían solas por su significado histórico cultural, pero descubrieron algo nuevo, el clima como algo excepcional y el archipiélago como un continente en miniatura.

Por ello son un ejemplo de lugares exitosos que logran consolidarse como destinos con muy pocos atractivos tradicionales y que lo que más ha incidido ha sido la reconstrucción de la realidad para adecuarla al interés del turismo, esto incluye la narración de la historia del archipiélago y sus islas.

De allí que las postales son más que meros subproductos culturales derivados de la industria turística, porque permiten descubrir códigos esenciales en los que se fundamenta la mirada del turista, porque los “lugares turísticos” son grandes superficies para el consumo del placer en todas sus formas, que funcionan como paisajes de tránsito a un estado ideal y temporal de bienestar.

De la narración al territorio hay un camino que se construye con la primera y le da forma al segundo, haciendo una realidad ideal como un buen objeto turístico, un “no lugar”, donde el placer reina y la felicidad se renta por el tiempo de estadía; esa es la “magia del turismo”.

 

cesaralfredo552@gmail.com